#MuseosEnGranizo: Gustavo Ferrari y el MuHAr

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Nota publicada en Granizo / 29 de octubre de 2018 / Fotografías: Fátima Costa

Esoeris: la estrella del Museo de Historia del Arte

Una momia y mucho más. En el Museo de Historia del Arte (MuHAr) hay una momia. Es Esoeris (o Eso Eris, Gran Isis, Aset Weret), una sacerdotisa egipcia. Es la única momia que hay en el Uruguay que fue adquirida, a título personal, por un compatriota —el Ing. Luis A. Viglione— en El Cairo en 1889. Un año más tarde, Viglione donó la momia al Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo. Desde el 2000, forma parte del acervo del MuHAr y de la mayor colección de arqueología egipcia de nuestro país. Esoeris es la más visitada, «es la estrella del Museo», explica Gustavo Ferrari Seigal, el director del museo.

El MuHAr —ubicado en Ejido y 18 de Julio, en una de las esquinas de la sede central de la Intendencia Municipal de Montevideo (IM)—, depende del Departamento de Cultura de la IM. Además de Esoeris, hay varios miles de objetos más. El MuHAr fue fundado en 1971, aunque la colección que lo originó comenzó a formarse en los años 50, y su objetivo es abarcar la producción estética del ser humano a lo largo de la historia.

El principal acervo del MuHAr se originó a instancia de su creador, el Arq. Fernando García Esteban, profesor de Historia del Arte. «Él fue encomendado, incluso en misiones oficiales, para adquirir piezas para lo que en aquel momento era el Consejo Departamental de Montevideo, hoy Intendencia de Montevideo», explica Ferrari. Además de objetos seleccionados por García Esteban, el primer núcleo del MuHAr se constituyó con réplicas del Museo Nacional de Bellas Artes (actual Museo Nacional de Artes Visuales, MNAV) y calcos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, «que responden a una época en la que se estudiaba a través de los calcos, con el dibujo directo, muy centrado en lo europeo», dice Ferrari.

Hoy el Museo sigue, con gran dificultad, adquiriendo piezas. El director explica que en su gestión —como coordinador primero y como director después— se han realizado compras directas a través de subastas públicas, «en algunas períodos con mayor apoyo, obviamente, por razones económicas o administrativas».

Fotografías: Fátima Costa

Originales y réplicas con fines didácticos. El propósito del MuHAr es explicar la historia del arte. «Somos un museo didáctico y por eso tenemos originales y muchas réplicas. No somos un museo de Bellas Artes, sino un museo que reúne y divulga la producción estética humana en sus más variadas culturas y épocas», explica Ferrari.

El museo tiene casi tres mil metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles. En el segundo subsuelo se exhibe el arte precolombino y hay una sala dedicada al arte africano. Un piso más arriba, en el primer subsuelo, se despliega la colección de calcos desde la Prehistoria a Roma y en la planta baja están la galería para exhibiciones —sobre la calle Ejido -, la cafetería, la recepción y una sala polivalente. El primer piso alberga la principal biblioteca de arte del Uruguay, el sector administrativo y una sala de docentes.

La colección del museo, que responde al guion museográfico planteado por el actual director, se muestra por áreas geográficas en recorridos históricos. «Hay algunos saltos —explica Ferrari―. Es que algunas piezas emblemáticas, por su envergadura, están dispuestas de otra manera para poder disfrutarlas».

Además de la colección permanente, que tiene gran diversidad de piezas, hay muestras transitorias del acervo del museo más otras itinerantes. La selección está a cargo del director y, si son externas, tienen curadoría propia. La temática siempre es la historia del arte. «Las salas no se abren para exhibir obras puntuales, salvo que se vinculen con la historia del arte en general o estén en diálogo con el museo», aclara Ferrari.

El MuHAr tiene, en la actualidad, un equipo docente menguado. «Antes había cuatro docentes; hoy quedan dos. El mínimo necesario, por horarios y por las peculiaridades de la colección, es de cuatro», dice el director. El área didáctica del MuHAr tiene, a juicio de Ferrari, un impacto menor que el deseado. «Ser una institución pública —explica— nos da ventajas. No tenemos que pensar en generar proventos, pero el presupuesto es acotado y es mucho menor del que quisiéramos». Con los dos docentes y con Ferrari, que muchas veces oficia de guía, el Museo recibe un número importante de visitantes: público en general, turistas y, principalmente, liceales y escolares.] Para Ferrari, el enlace que establecen con los jóvenes es motivo de orgullo. «No son el gran público en los museos, llegan obligados por la clase pero se interesan por la temática. Les resulta atractiva la puesta en escena de la colección, y logramos enganchar a la mayoría. Hay feeling y así lo dicen».

Fotografías: Fátima Costa

Diversos objetos, diversos problemas, diversos encares. La función de conservación del Museo de Historia del Arte es compleja debido a los distintos materiales que conforman la colección. La pregunta ineludible es acerca de la conservación de Esoeris. Y, al respecto, el director señala: «La momia, manteniendo las condiciones que tiene de temperatura y humedad —esta última es fundamental― no presenta problemas. Los egipcios hicieron un muy buen trabajo, así que la cuestión es continuar ese trabajo».

En la colección del MuHAr conviven los más diversos objetos y, por lo tanto, diversos problemas técnicos. En palabras de Ferrari: «Tenemos un Taller de Restauración, pero no contamos con restaurador. Sí tenemos una conservadora textil, a través de un contrato. Hay poca cosa de pintura y tenemos algo para restaurar ahora; no contamos con el presupuesto para ello y debemos contratar a un restaurador externo».

En el MuHAr se desarrollan líneas propias de investigación, con mucho interés y compromiso, pero poco presupuesto. «Egiptología, a través de un conservador honorario. Además hay una curadora honoraria, que trabaja desde hace muchos años, en el sector asiático. Ambos casos fueron resolución del Intendente —agrega Ferrari―. En el sector precolombino, el más numeroso en originales, no hay un curador y es importante para conservar e investigar. Son más de 800 piezas».

Accesibilidad y estrategias para la implicación emocional. El guion museográfico está pensado para contemplar las piezas expuestas. El material original se exhibe en vitrinas, mayormente, y las réplicas están expuestas al público. «Cuando se tocan, se dañan», explica el director. «En el mejor de los casos, con la mano abierta se transfiere grasitud. Los daños, con la uña o un anillo, pueden ser incluso mayores».

El Museo no cuenta con audioguías, por ahora. «Están faltando y la cuestión presupuestal incide, obviamente». Sí tiene ascensor, fundamental en el proyecto museístico de Ferrari que comenzó a implementarse en los años 90. «La obra del ascensor, que cosía los cuatro pisos, se hizo con el Museo funcionando. Implicó demolición, se encamisaron los cuatro pisos y se trabajaba en una zona de obra mientras el resto era un museo en funcionamiento. No es algo habitual y lidiamos con eso».

Fotografías: Fátima Costa

Gustavo Ferrari: “El mundo de los museos es parte de mi vida. (…) Cuesta estar a cargo de todo”

La charla con Gustavo Ferrari Seigal, director del Museo de Historia del Arte (MuHAr), fue corta, pero rica en contenido. Ferrari habla rápido y claro, es conciso, da respuestas breves y concretas. No suele abrir paréntesis, salvo que la cuestión amerite una larga explicación. Es menudo y enérgico, atento y diligente.

Al comienzo de la entrevista, aclara que no es arquitecto recibido. Lo hace como muestra de su honestidad intelectual y agrega que tiene toda la carrera terminada, pero no entregó la carpeta final. Además, fue docente en la Facultad de Arquitectura (Universidad de la República) de la asignatura Expresión Gráfica y también trabajó en Composición Arquitectónica del Taller López Perdomo. En el ámbito en el que desarrolla su labor, se formó en la tecnicatura en gestión cultural en el Centro Latinoamericano de Economía, «ni bien se abrió la carrera».

Es director del MuHAr desde hace seis años, aunque aún es interino. Está vinculado a la gestión del Museo desde 1991. Trabajó junto al arquitecto responsable de la obra y estuvo a cargo del guión museográfico del actual Museo. «En el 91 el museo estaba desmontado y en obras. El guion curatorial era definitorio y me empecé a interiorizar en el acervo, en los depósitos, catálogos y fichas. Armé un guion básico y el ajuste del edificio se hizo en función de ese guion. Al año, me hice una oficina, en un pequeño rincón abajo para estar al lado de la obra». Palpitó su crecimiento, vivió las decisiones, sintió el polvo y respiró el aire de la remodelación. Ha sido coordinador de montaje, coordinador general después, conservador (por llamado y concurso de oposición y mérito) y luego director interino hasta el momento. Está próximo a retirarse y dice que, una vez jubilado, seguirá vinculado al mundo de los museos porque esa es su vida.

Su oficina está en el primer subsuelo del MuHAr. Sin vista a la calle, se despliega el escenario de su trabajo cotidiano entre numerosos estantes y mesas repletas de carpetas, papeles y hojas. «Siempre soy director del Museo, trabajo diez horas mínimas de lunes a viernes», agrega. Y explica que, al no contar con personal técnico, el trabajo se recarga en él. «Me encargo del Facebook, de la página web, también de cuestiones de investigación, del relacionamiento con los curadores honorarios o externos y de la carga administrativa. Por suerte hay una jefa administrativa, muy buena, que me alivia el trabajo. Es cambiar el chip continuamente. Cuesta estar a cargo de todo».

Muchas veces, también oficia de guía. Lo hace cuando quienes están a cargo no pueden, a pesar de la enorme cantidad de tareas de las que se encarga. Sus conocimientos le permiten cubrir los dos niveles del Museo: arte precolombino e historia del arte. Además de gestionar los recursos del MuHAr, tiene «el orgullo» de haber puesto en escena la vasta colección de objetos de una manera visualmente «agradable y cálida».

Ferrari confiesa, como tantos otros en su mismo rol, que les es muy difícil dejar de ser director del MuHAr cuando no está en el Museo. «Continuamente estoy pensando en beneficiar al Museo. Cuando voy a otro, me fijo en una fotografía, en una experiencia o en un contacto para el MuHAr». Más allá del cometido y su compromiso con la función, el arte lo interpela, como al resto de sus colegas: «Sí logro abstraerme, en un momento, y disfrutar del arte. Soy muy sensible a las manifestaciones etnográficas que aportan datos más íntimos, más cercanos, más cálidos. Ese el tipo de museos que me llega más».

Fotografías: Fátima Costa

●●●Qué ver en el Museo de Historia del Arte
En el Museo de Historia del Arte hay, aproximadamente, dos mil piezas. En palabras de Gustavo Ferrari, «visitar el MuHAr puede ser una experiencia muy removedora, para cualquiera, tanto para el amante del arte como para el neófito». Para este último, habrá interesantes objetos y «el amante del arte, que sabe apreciar la calidad de los originales y de las copias, podrá disfrutar de un breve recorrido con piezas que están dispersas en otros».

Además de la momia Esoeris, que es la estrella del MuHAr, el Museo exhibe «otras piezas importantes. Dentro de cada una de las categorías, hay algo para ver. La colección precolombina es la más importante en exhibición en el Uruguay, también»

●●Dónde está el museo
Ejido 1326, Centro

●●Web y redes
Con poco personal —en la actualidad trabajan diecinueve personas, mientras que llegaron a treinta en su mejor momento―, el director del MuHAr también se encarga de la comunicación y de las redes. El Museo tiene página web y cuenta de Facebook, herramientas de difusión que se actualizan con asiduidad.

●●Público/Privado/Costo
Museo público con entrada libre y gratuita. Consultar horarios y días libres en la web del Museo.

●●La tienda y la cafetería del MuHAr
El MuHAr tiene cafetería a cargo de la concesionaria que brinda los servicios de la Intendencia Municipal de Montevideo. Aún no tiene tienda; está prevista en el proyecto, pero no ha podido concretarse por cuestiones presupuestales.

●●Estacionamiento para bicicletas
Si bien el MuHAr no cuenta con estacionamiento específico para bicicletas, hay buena disposición e interés en la cuestión. «Aunque no es la constante; en el Centro hay pocos ciclistas y los turistas, en general, llegan caminando», explicó Ferrari.

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Cinco ensaladas montevideanas para #Alacarta.uy

Publicado en Alacarta, 25 de setiembre de 2018 y en El Observador, 30 de marzo de 2019

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La primavera renueva ropa, accesorios y menú. En la estación de los vientos, las ensaladas cobran preponderancia, en especial las que incluyen productos de estación. Aunque en algunas cocinas están presentes todo el año —gracias al trabajo educativo de los nutricionistas—, el aumento de temperatura favorece la ingesta de platos livianos y las ensaladas se lucen con su especial variación cromática. La mixta, la César, la Waldorf y la caprese se encuentran dentro de las más clásicas, pero otras son las de moda en la actualidad. En Montevideo, hay algunas propuestas que se destacan por su originalidad. El Berretín, Gabbs Power Salads, Ola Poke, La Petit Pâtisserie de Flor y La Vanguardia 1934 nos muestran sus creaciones y nos tientan a volver una y otra vez.

Las ensaladas son tan versátiles que pueden ser una entrada o un plato principal. Hay muchos tipos y pueden usarse diversos productos en incontables combinaciones. Son muy populares, especialmente entre quienes cuidan el balance calórico en cada ingesta. Se preparan con verduras crudas o cocidas, carne, pescado, cereales, frutos secos, frutas o quesos. Y, aunque el ingrediente más común suele ser la verdura de hoja verde, su uso tampoco es obligatorio.

El clásico libro de gastronomía On Cooking menciona que «el color, la textura y el sabor de los ingredientes de la ensalada deben complementarse». Cada elemento debe sumar en el conjunto porque no se trata de agregar al azar. Una ensalada debe tener criterio, consistencia y una razón de ser. Por su parte, el aderezo cumple un rol fundamental pues aporta armonía y su función es realzar, sin enmascarar.

En la enciclopedia Larousse Gastronomique se clasifican las ensaladas en simples y compuestas. Las primeras están preparadas con «un solo ingrediente de base, crudo o cocido y se sirven frías». Las segundas, «más elaboradas, reúnen varios productos, siempre bien surtidos. Pueden intervenir ingredientes simples o muy rebuscados, pero siempre con sentido de la decoración y del color».

Las ensaladas simples suelen ser entradas o acompañamientos y las complejas se consumen como plato principal. En los restaurantes capitalinos se encuentran ambas y las complejas han cobrado relevancia en el último tiempo. Montevideo ofrece ensaladas clásicas y de autor y los chefs las presentan de atractiva manera. Los clientes responden ante los nuevos sabores, las jugadas texturas y los nombres originales. La tendencia se acompaña con fotos y etiquetas en las redes sociales, una costumbre ya naturalizada.

Las cinco ensaladas seleccionadas son una muestra de diversos sabores que actualmente se encuentran en los restaurantes de Montevideo. Hay más, por supuesto. Este recorrido es solo un ejemplo, un indicador de la evolución de un plato que hace un tiempo era elegido como acompañamiento y que hoy tiene ganado presente y prometedor futuro.

El Berretín (Punta Carretas). Ensalada de ricota torrada: elegante y sutil

El Berretín es un lugar con historia y personalidad. Tiene diferentes ambientes bien cuidados, arte —mesas pintadas por la artista plástica Lara Campiglia— y plantas, una carta variada y arraigo. Además de haber sido un almacén de barrio, cuando lo remodelaban surgió un berretín (acopio ilegal de armas) en el subsuelo. El hallazgo aportó el nombre del lugar y la decisión de mantener esa zona intacta y cubierta con un vidrio, como si se tratase de un museo.

El restaurante se define como una parillada de barrio con toques gourmet. Además, ofrece pastas, pescados, milanesas, sopas en invierno y varias ensaladas. La de ricota torrada es sutil y elegante, tiene hojas verdes y un aderezo de rúcula. Fue idea de uno de los socios y el chef Alejandro Botta la interpretó perfectamente. «Con el cambio de estación se pide más, pero estuvo todo el invierno porque la ricota está tibia y eso gusta. Tiene tanta salida como la clásica César», explica Marisel Espíndola, una de las encargadas de la cocina.

La ensalada es constante en sabor y presentación. Las hojas verdes (lechuga y rúcula) son seleccionados cuidadosamente y presentadas con arte; los dos triángulos de ricota están saborizados con sal, pimienta y un secreto muy bien custodiado. La ricota está sellada a la plancha y cubierta con un aderezo de rúcula que le aporta más suntuosidad.

Es un plato suave que, por su tamaño, se vende como entrada o como principal para una elección liviana. Es un hallazgo en el menú montevideano que se sostuvo desde el año pasado cuando se incorporó a la carta. «En el cambio de estación, al salir del invierno, hacemos una evaluación de los platos y buscamos algo original o nuevo. Discutimos entre los dueños y con el chef que lleva gran parte de la decisión. Si bien habrá cambios, la ensalada de ricota llegó para quedarse», comenta Herman Burguer, uno de los socios.

Gabbs Power Salads (Ciudad Vieja). Una barra de ensaladas que también incluye frutas

Una base entre verdes, arroz y quinua roja. Una proteína para elegir entre garbanzos, porotos negros, pollo, salmón, queso o ricota. Cuatro vegetales con una amplia variedad para todos los gustos: maíz, cebolla, zanahoria, manzana, remolacha, espinaca, kale, rúcula, calabacín, aceitunas, pepino, cherries. Una cobertura de frutos secos o croutons y el aderezo que aporta suavidad y ligazón. Porciones grandes, productos frescos y a la vista, todo muy bien mezclado y servido en un imponente bowl estilo vintage. La barra de ensaladas de Gabbs es tan diversa que las combinaciones permiten variar todos los días del año.

Además del bufé, siempre hay una ensalada pronta en la heladera para llevar. Porque el emprendimiento se basa en la calidad y en la respuesta. La barra tiene una atención rápida y también la caja. Todo se mueve con celeridad, todo está calculado, todo tiene un fundamento, un número y surge de un proceso. Todo está estudiado e instrumentado por Diego Beinhacker, ingeniero industrial y dueño de Gabbs Power Salads.

El local abrió hace un año y la respuesta fue inminente. Usan varias plataformas de distribución para responder a los pedidos personalizados por la web y para la ensalada del día. Entre las 12:30 y las 14:00 h el flujo de público es intenso y las pocas mesas que tienen se llenan. «La gente lo que más quiere es armar su ensalada, elegir entre todas las opciones y los aderezos que son caseros y son un diferencial porque no se encuentran en otro lado», explican Valeria Gómez y Cindy Zorn, encargadas.

En Gabbs usan productos de estación. La ensalada del momento se llama Tropic y tiene frutillas. Ya no hay brócoli y sumarán pepino y berenjena entre las opciones del verano. Aunque la ensalada que más sale es la de pasta porque es clásica, los clientes se animan a probar otros sabores y la manzana, en el otoño, tuvo buena recepción, también la frutilla en lo que va de la primavera.

Todos los días preparan pan de campo, casero y de masa madre. También limonadas, y en invierno sumaron sopas y cazuelas. La propuesta de Gabbs es sabrosa, variada, saludable y comprometida con la naturaleza. «En las ensaladas para llevar usamos plásticos biodegradables e incentivamos a los clientes a no usarlos. Si traen el recipiente, tienen un veggie extra».

Ola Poke (Mercado Ferrando, Cordón). Bowls hawaianos en Montevideo

Frente a la barra de Ola Poke en el Mercado Ferrando la pregunta es casi siempre la misma: «¿sushi desarmado o ensalada?». «¡Somos pokes!», responde Andrés, uno de los socios. Desde la apertura del Mercado, Rafael Ubilla, Juan Martín Lecueder y Andrés Martino han sido los responsables de introducir, al Uruguay, una comida hawaiana que incluye una base de verdes, arroz o quinoa, pescado crudo, verduras crudas y salsas.

Los poke son originarios de Hawai, se hicieron mundialmente conocidos en Estados Unidos —en California— y son furor en Europa. Si bien es una propuesta atípica para el mercado uruguayo, la respuesta fue presta y positiva. «La gente se anima y hay clientes muy fieles. Tenemos una estrategia para premiar esa fidelidad con una tarjeta con sellos con la que regalamos el décimo poke y estamos por abrir un segundo local en Cowork World Trade Center», comenta Andrés.

El poke del Mercado Ferrando es una alternativa diferente a las ensaladas montevideanas. En la barra hay varios ingredientes para elegir y combinar: verdes, arroz (integral y blanco, siempre de sushi), quinua, pescados —salmón, atún rojo, pulpo — y mariscos, tofu, verduras crudas (repollo, zanahoria, cebolla, pepino y rabanito), kanikama, palta, ananá y salsas para marinar primero y aderezar después. Son cinco pasos que se explican en un cartel sencillo y a la vista. La barra funciona con celeridad, la atención es de movimientos rápidos y el producto se aprecia claramente. «Salen muchos pokes sin tener que esperar. El salmón es el ingrediente estrella entre los pescados. El jengibre es muy pedido y lo recomendamos con mesura, si es la primera vez que la persona lo consume».

Si bien la propuesta es fija y responde a la esencia del poke, hay margen de cambio. En el año incorporaron tofu y probaron garbanzos, y evalúan otros productos. El invierno próximo habrá novedades en las bases porque piensan incluir algo caliente. Todas las incorporaciones surgieron de escuchar a los clientes.

La calidad y la frescura de los ingredientes es una de las claves de Ola Poke. Y un sólido equipo con Martín Guarnieri como chef ejecutivo. «Él es una pieza clave y será el chef del segundo local también», explica Andrés.

Los pokes, al igual que el sushi, van ganando terreno en el paladar de los uruguayos. Estos bowls tienen sabor, equilibrio y vistosa presentación. Son coloridos, diversos, atractivos y muy fotogénicos. «Funcionaron. Nuestro esfuerzo fue fundamental, creíamos en la marca desde el primer momento y los clientes los han adoptado», concluye uno de los emprendedores.

La Petit Pâtisserie de Flor (Sinergia Design, Cordón). Con la contundencia de las lentejas

En 2011, Florencia Barros abrió un local en Pocitos. Ya estaba trabajando en el rubro gastronómico desde hacía unos años con especialidad en postres. «Había un vacío en Montevideo, entre la panadería y algunos pocos que hacían pâtisserie. Abrí el garage para hacer los postres y ya que estaba puse un mostrador que fue creciendo día a día. Pasó a ser el ochenta por ciento del negocio con la idea de salir del sándwich de milanesa. Los clientes me pedían algo más liviano, más sofisticado y un wrap, por ejemplo, permite un montón de variaciones«. Tiempo después llegó Ezequiel Español en un doble rol: pareja y chef. El negocio comenzó a crecer más y las ensaladas se incorporaron naturalmente porque «se trata de escuchar al cliente. Estar muy atentos y responder».

En La Petite Pâtisserie de Flor hay varias ensaladas que, al igual que el resto de la carta, buscan «satisfacer y hacer sonreír». La de lentejas surgió «a partir de la experiencia de varios viajes y está inspirada en la que hace mi madre en cada Navidad», dice Florencia. Desde hace más de tres años es parte de su propuesta gastronómica y no dudó en ofrecerla en el local de Sinergia Design que abrió en agosto de 2018 con la renovación de la plaza de comidas del mercado de diseño.

La ensalada de lentejas tiene tiene repollo (morado y blanco), zanahoria en láminas, brotes de soja, calabacín asado al horno, semillas de girasol, cebolla caramelizada y abundantes lentejas. El aderezo es de mostaza, miel, con gotas de limón y aceite de oliva virgen. Es una de las más originales del mercado montevideano y es suculenta, nutritiva y apetitosa. Tiene balance de texturas y una ligazón perfecta. La cebolla caramelizada y la vinagreta le aportan elegancia.

El menú de La Petit cambia con cada estación. «Para esta temporada se vienen las verduras en vinagreta y la palta en un tostón con pan sin gluten», adelanta Florencia. «Estamos ajustando la carta, habrá cambios pero la ensalada de lentejas se quedará porque el público así lo pide».

La Vanguardia 1934 (Punta Carreras). Salmón y langostinos con toques de maracuyá

En Punta Carretas, en 21 de Setiembre y Roque Graseras, La Vanguardia 1934 despliega una gran cocina a la vista para apreciar cortes, armado y presentación de los platos. En la carta hay tapas, sándwiches, varias ensaladas (cuatro vegetarianas), los principales con los clásicos de siempre: hamburguesas, chivitos, milanesas, y también postres. «Vanguardia significa aprendizaje, innovación, seguir tendencias pero mirar lo clásico. Así somos. El nombre suma un homenaje a El Copetín del Paso, un bar que funcionaba en este lugar y que fue fundado en 1934», explica Juan Martín Berro, chef y socio.

Desde hace un año y cuatro meses, Juan Martín e Ignacio Salvo —amigos y socios— llevan adelante una propuesta que recoge la experiencia del chef en cocinas de Uruguay y de Europa. La ensalada de salmón, langostinos y aderezo de maracuyá —que identifica al restaurante— es nuestra elegida entre un conjunto de ensaladas que son servidas con la contundencia de un plato. «Es cítrica, jugada y desafiante», dice Juan Martín.

El salmón premium es fresco y está cortado al estilo sashimi para sentir su carnosidad. Los langostinos medianos están pelados y grillados y el maracuyá envuelve todo. «Va muy bien con el salmón, es original, bien fresco y, al mismo tiempo tiene amargor y dulzor». Además, tiene cherries que aportan frescura y color y una importante base de verdes (diversas lechugas y rúcula). Es una propuesta que se destaca por sabor, la presentación —con el brillo del aderezo y armonía colores— y el equilibrio de pocos productos bien definidos.

«Esta ensalada sale muchísimo al mediodía y también en la noche. Tiene sus fieles seguidores. Y llegó a la carta para quedarse porque los clientes así lo piden», explica el chef.

Fuentes
Sarah Labensky y Alan Hause. On Cooking. Prentice Hall, 1994.
Larousse Gastronomique en Español. Éditions Larousse, Barcelona, 2007.

Fotos: Sergio Gómez

Las caras dominicales de Montevideo en #GranizoUy

Publicado en Granizo / 22 de octubre de 2018

Rambla, deporte, ferias, gastronomía y museos. 

Con suave temperatura y ondulante viento, Montevideo se quita, minuto a minuto, los resabios del invierno. A media mañana de un domingo de fines de setiembre, muestra colores de primavera en el cielo, los árboles, el césped, las ropas y los rostros. Rambla, deporte, ferias, gastronomía y museos: así es una de las caras dominicales de Montevideo.

Fotografías: Erika Keuroglian

La rambla es uno de los escenarios más originales de la capital. Desde las primeras horas hay ciclistas (algunos con vistosas bicicletas, ropas y accesorios y otros en birrodados más modestos), corredores y caminantes. Hay locatarios y también hay turistas que se identifican por su voz, alguna bandera distintiva y por las sucesivas fotos en los icónicos emplazamientos de la ciudad. En la zona también hay muchos autos y algunos pocos buses.

En veintidós kilómetros de rambla, Montevideo enseña edificios y casas, áreas verdes, dos puertos, monumentos, plazas, palmeras y algunos bancos. Todo mira al Río de la Plata. La rambla es un borde sinuoso que divide dos mundos. De un lado, hay verde, arenas blancas o rocas y el agua mansa de un río marrón lechoso; del otro, la gran metrópoli del país con sus luces y sombras, que los domingos elige despertarse más tarde. En ese borde ondulante se congregan miles de personas para hacer deporte y pasear. La rambla es un motivo de encuentro, de esparcimiento y de inspiración que se refleja en el arte: pintura, fotografía, literatura, música. En las veredas y en los parques linderos los uruguayos toman mate. Algunos lo hacen en solitario, otros en pareja o en pequeños grupos. También hay cafés para degustar buenos granos, los de especialidad, una tendencia internacional que Montevideo acompaña. En la tarde, hay vendedores ambulantes que ofrecen helados: barritas, conos, sándwiches. Son cremosos, dulces y de estridentes colores; son los preferidos de los más pequeños.

Desde Carrasco —encumbrado barrio capitalino— hacia el Puerto (el kilómetro cero) hay puntos estratégicos para contemplar la ciudad y el manso recorte del horizonte. El largo collar se forma con el Hotel Carrasco, un imponente edificio que fue inaugurado a principios del siglo XX con reciclaje a cargo de la cadena Sofitel, la playa para kite surf y otros deportes de viento en Malvín, el Puerto del Buceo, el cartel de Montevideo en Pocitos que es cita obligada para la foto turística, el Club de Golf y el Parque Rodó que aportan sus espacios verdes, la Fotogalería de la zona —una exposición a cielo abierto que se renueva periódicamente—, la pista de patinaje y el otro embarcadero, el fundamental collado de Montevideo con fama de tener el mejor calado del Río de la Plata.

Fotografías: Erika Keuroglian

Sobre el Puerto hasta Palermo se congregan los pescadores con sus cañas y carnadas en una zona en la que la rambla es ancha y bastante más tranquila. Ahí también se toma mucho mate y reinan la concentración y el silencio. No se escuchan estridencias, solo el ronroneo de los autos y de alguna radio. Los pescadores comparten escenario con los ciclistas que, afanados contra el viento que siempre sopla en Montevideo, pegan la vuelta hacia el este, y también con los patinadores que cada día son más.

En la rambla o en algún otro barrio montevideano es habitual encontrar carreras pedestres. El runninges un deporte fermental en el Uruguay, como en el resto del mundo. Si bien en la ciudad hay carreras todo el año, en primavera y en verano el calendario es más activo. En estos encuentros hay despliegue de color, endorfinas, sudor, música y jolgorio contagiante.

En las zonas de playa hay bañistas que aprovechan el sol. La temperatura del agua está fría y se ven pocos en el agua, solo los más atrevidos. La mayoría se asolea en la arena. Hay pocas sombrillas y mucho filtro solar que hace brillar la piel. Algunos juegan a la pelota, otros al tejo y varios se entretienen leyendo.

Montevideo es una ciudad muy arbolada —con más de doscientos mil ejemplares, algunos centenarios— y en primavera se lucen varias especies. El palo borracho (Ceiba speciosa) muestra brillantes flores rosadas, de cinco pétalos que, muy tupidas, generan un manto como de croché. Los plátanos (Platanus acerifolia), que emanan molestas pelusas que se pegan en la garganta, se meten por los ojos y la nariz y dan a la piel textura de arcilla, preparan sus frondosas ramas que regalarán excepcional sombra en el verano.

En la ciudad florece el lapacho (el amarillo y el rosado) que es autóctono. También el jacarandá que es regional y que se adaptado muy bien al país. Hay ceibo, espinillo y coronilla —todos criollos—  en el Parque Rodó. Los primeros están en su esplendor y la última tiene flores algo discretas, todavía. Los paraísos perfuman el ambiente montevideano, hay grandes ombúes cerca del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío, en la zona del Club de Golf, con flores masculinas y femeninas en el mismo ejemplar. Y las palmeras nativas (Butiá yatay, Butiá capitata y Pindó), que perlan toda la rambla, exhiben grandes racimos de flores que luego serán coquitos.

Fotografías: Erika Keuroglian

Cada domingo, durante todo el año, Montevideo arma sus ferias. En la avenida Julio Herrera y Reissig, en el Parque Rodó, se despliegan en paralelo cientos de puestos con ropa y accesorios, fundamentalmente. También se venden pequeños muebles y enseres para el hogar; hay plantas, juguetes y diversos puestos de alimentos. La del Parque Rodó es una feria colorida en la que se muestran las tendencias de moda. En una de las esquinas, además, hay una pequeño mercado de productos orgánicos: frutas, verduras, lácteos y comidas. Un reducto para sibaritas.

Cerca está la Feria de Tristán Narvaja: otro clásico. Más chabacana, más genuina y con el atractivo de los contrastes. En Tristán —así se la conoce familiarmente— se vende de todo. ¡De todo! Hay comida para perros y gatos, frutas y verduras, sellos postales, ropa, juguetes (casi siempre viejos), choripanes, buñuelos y arepas, jugos y bebidas, productos de limpieza, cosméticos, libros nuevos y usados, revistas y diarios viejos, lentes de sol y de aumento —con armazón de colores, de pasta, de acrílico, de metal— y partes de electrodomésticos, también de autos y de motos. Tristán Narvaja es la suma de diversas miradas. La feria tiene perfumes y olores, y despierta estupor ante la exuberancia porque se puede encontrar hasta una dentadura postiza usada a un precio accesible, ¡por supuesto!

Fotografías: Erika Keuroglian

La Ciudad Vieja brilla los sábados con interesantes museos (se destacan Figari, Torres García y Gurvich, reconocidos pintores nacionales), una feria de antigüedades, otra de artesanías y múltiples comercios abiertos. Los domingos muestra su pluralidad de símbolos históricos en un marco más apagado, más deslucido. En el barrio, ameritan una visita el Palacio Salvo, la Plaza Independencia y la puerta de la Ciudadela, el Teatro Solís, la Plaza y la Iglesia Matriz, las peatonales, la Plaza Zabala y el Mercado del Puerto, entre otros.

Para el almuerzo montevideano hay una variada ofertas en sabores y precios: los puestos de las ferias con choripanes, milanesas al pan y chivitos; las clásicas parrilladas uruguayas desperdigadas por toda la ciudad; restaurantes con suculentos platos de pasta que dan cuenta de una viva tradición italiana y los mercados con su especificidad. Hay cuatro en este momento: el del Puerto en la Ciudad Vieja (icónico y con suculentas parrillas carnívoras), el Agrícola de Montevideo con un edificio que merece una visita, el Ferrando que es gastronómico exclusivamente y el Sinergia Design que tiene aires vintage y mucho estilo.

La tarde de los domingos invita a visitar museos, aunque hay varios que cierran ese día. El Museo Nacional de Artes Visuales en el Parque Rodó —en la misma acera de la feria— cuenta con la pinacoteca más grande del país, además de un hermoso jardín que es patrimonio nacional.  En El Prado, está el Museo Blanes que muestra obras de Juan Manuel Blanes y de otros artistas nacionales. El Museo tiene un delicioso parque —el Jardín de los Artistas— y comparte escenario con el cuidado Jardín Japonés. Muy cerca también está el Rosedal que fue construido a principios del siglo XX y que actualmente exhibe más de trescientas variedades de rosas híbridas y silvestres en arcos, columnas y pérgolas.

Fotografías: Erika Keuroglian

Montevideo sostiene tradición de nutridas librerías. Además de las que están en la calle Tristán Narvaja y los puestos de la propia feria, por su especificidad (gastronomía y diseño) merecen una visita la Librería del Mercado en el Mercado Ferrando y la de El Virrey en Sinergia Design. También hay modernas tiendas de libros en los centros comerciales. Visitarlos, una alternativa con otro enfoque, es una opción oportuna para los días en los que no acompaña el estado del tiempo. Hay varios en la ciudad y, en términos arquitectónicos, el más original es el de Punta Carretas que albergó un penal desde 1915 a 1986.

Para la puesta del sol, la rambla se posiciona, una vez más, como uno de los escenarios más atractivos. La Plaza Virgilio, en Punta Gorda, ofrece una vista panorámica de la ciudad. La perspectiva, con la alcurnia del barrio, es abierta y permite apreciar el agua que muchas veces toma color fuego, la playa que se oscurece y la ciudad que brilla en luces ocres. Pocitos y Punta Carretas muestran gran movimiento de público y el Parque Rodó se ilumina con la atmósfera setentista de su parque de diversiones. Sobre las calles hay larga fila de autos y en las veredas hay jóvenes en flirteo permanente. En la rambla se escucha música, algún que otro auto «roncador», se insinúa, se muestra… Hay escotes, brillos, tacos. Hay seducción. Es un plató para dejarse ver.

Montevideo tiene mil esquinas y fachadas, cientos de oportunidades, decenas de posibles dibujos. Hay innumerables esquemas turísticos. Este trazo hace foco en ciertos matices y revela algunas de las capas de una ciudad que vive en diferentes ritmos, que se sostiene con tenue brillo y que ofrece la cadencia de una exigua capital que mira al mar.

Fotografías: Erika Keuroglian

Cócteles con café: más allá de ristrettos, espressos, lungos y machiattos

El bartender y barista Raúl Martirené dará el Taller de Coctelería con Café el martes 23 de octubre de 2018, a las 15 h, en ¿Te acordás? (Pablo de Maria y Charrúa, Montevideo). Habrá recetas internacionales y de autor, bebidas calientes y frías, con y sin alcohol, y mucha degustación.

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El Irish Coffee —Café irlandés— es uno de los cócteles de la selecta lista de «clásicos contemporáneos» de la Asociación Internacional de Bartenders (IBA) y el Espresso Martini también comparte ese exclusivo catálogo. Ambos tienen café. El primero es caliente y el segundo es frío. Son tragos que se degustan en las barras del mundo y, cada día más, en las cafeterías. Es que la creciente tendencia del café se amplía y se inmiscuye en el espirituoso universo de los cócteles. Los paladares del Uruguay se suman a la corriente y los operadores del área responden.

Por ello, Raúl Martirené —barista y bartender— ha diseñado un Taller de Coctelería con Café con «recetas ricas, fáciles de preparar y especialmente seleccionadas para la primavera y el verano». En una jornada práctica —que hará especial énfasis en tragos para la temporada de reuniones—, el docente brindará las bases de la coctelería con café en el bar de tapas y restaurante ¿Te acordás?, en el Cordón Soho.

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«El objetivo es formar para diversificar el consumo de café y explorar una tendencia de moda en el mundo», explica el barista. «El café es parte de la coctelería desde hace un buen tiempo y los bares de vanguardia de Buenos Aires, por ejemplo, lo están utilizando como un ingrediente más».

Martirené se incorporó al café de especialidad luego de más de veinte años de experiencia como barman y docente. Se formó como barista en Argentina, en el Centro Internacional de Coctelería, y luego sumó talleres y seminarios. Tiene certificación como barista intermedio por la reconocida Specialty Coffee Association (SCA) y hace más de dos años da cursos en Uruguay. Es docente en Cocktail Club Bartenders, en el Instituto Politécnico de Montevideo (ITHU) y recientemente en el Instituto de Gastronomía (UG) de Punta del Este.

Eligió ¿Te acordás? porque «es lo más alto en coctelería en Montevideo, lo más moderno que hay en la ciudad». Y el barista agrega que, con esos parámetros, era «el lugar» para hacer un curso en el que mostrará el café desde otra óptica. «El mundo el café también es parte de la coctelería internacional y va más allá de ristrettos, espressos, lungos, machiattos y americanos».

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No todos los tragos tienen alcohol, aclara el docente. «Los famosos caramel machiatto que ofrecen Starbucks y otras cadenas son cócteles. Porque cóctel es una mezcla de ingredientes para formar algo diferente, único y replicable». En el taller, entonces, habrá recetas con y sin alcohol, siempre con café y con diferentes agregados: jarabes, tónica, leche, helado, entre otros.

«Quiero que los participantes se lleven herramientas, recetas y recomendaciones para hacer en su casa, en una cafetería o en un bar. Son recetas internacionales y de autor, fácilmente replicables, tienen ingredientes que se pueden adquirir en el mercado local y se pueden hacer en el hogar y en un bar, restaurante o cafetería para ampliar una carta», agrega Martirené.

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Taller de Coctelería con Café

Docente: Raúl Martirené, bartender y barista
Martes 23 de octubre de 2018 / 15 h / ¿Te acordás? (Pablo de Maria y Charrúa, Montevideo)
$ 500
Inscripciones en Cocktail Club Bartenders y Asociación Uruguaya de Barman

Cuando el café se convierte en arte: campeonato de baristas en «La Farmacia Café»

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Crédito Salome Watel en Unsplash

El miércoles 17 de octubre de 2018, en modalidad throw down, se medirán los baristas locales en el arte y la técnica del dibujo sobre el café. Habrá show asegurado para quienes gustan del café de especialidad.

Primero comenzaron los corazones y los café con leche se llenaron de amor por el grano, la bebida y el servicio. Después aparecieron los helechos y las espigas, las flores, los cisnes, los osos y otros animales. Las espumas dibujadas se ven en las redes sociales, en libros, en los programas gastronómicos de televisión y, por supuesto, en las cafeterías del mundo. Se llama latte art y se ha impuesto, ha ganado adeptos y, desde que nació en Seattle (Estados Unidos) en los años 80 se ha profesionalizado tanto que hay escuelas, campeonatos y ahora están de moda las figuras en 3 D.

«Hay un cuadro en mi taza» titula la periodista argentina Sabrina Cukuliansky en El libro del café (editorial Catapulta) para presentar uno de los nuevos ingredientes del café de especialidad. El latte art, que los baristas recrean en vasos y en tazas, demanda estilo, técnica y mucha práctica y es una estrategia que «hace crecer a los reyes de la barra cuando manipulan la leche».

El latte art entusiasma a baristas y se espera, con la obviedad de lo impuesto, en las bebidas con leche en las cafeterías de especialidad. Uruguay no es ajeno a la tendencia y por ello, además de surgir dibujos en las espumas de cortados, cafés con leche y capuccinos, comienzan a aparecer los campeonatos.

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Crédito Tyler Nix en Unsplash

La Farmacia Café, una cafetería de especialidad con estilo y buenos granos en la esquina de Ituzaingó y Cerrito (en la Ciudad Vieja de Montevideo), plantea la primera edición del Campeonato Amateur y Profesional de Latte Art. Será el miércoles 17 de octubre de 2018 a las 21 h y sus los responsables promocionan dicen que será «una jornada de aprendizaje y diversión» para aficionados y profesionales.

Erick Argueta barista con formación y vasta experiencia en El Salvador es uno de los organizadores del campeonato. Trabaja en La Farmacia Café desde hace cinco meses y será uno de los miembros del jurado. Formará terna junto a otros dos baristas de cafeterías del medio que no están definidos todavía. Mientras Erick tira bebidas a clientes locales y turistas, responde preguntas, vuelve al servicio, está atento a las bebidas que sirve y a los detalles del campeonato. «Será una competencia divertida y dinámica en la modalidad throw down en la que los baristas compiten de dos en dos», agrega.

En este tipo de prueba, «los baristas no hacen su dibujo a partir de una fotografía, sino que realizan una figura que se elige a la suerte del azar, al tirar un dado», explica. En el campeonato de la Farmacia Café, el dado tendrá cinco diseños pautados y uno libre. Las figuras preestablecidas son clásicos del latte art: la roseta, el wave of love (una ola con corazón), el tulipán de seis hojas, el corazón y el cisne. Y si el dado cae en la cara opcional, los baristas tienen vía libre para dibujar.

A través del puntaje, los jueces considerarán cuestiones de técnica y arte. En este tipo de competencias se suele evaluar contraste, definición, creatividad, belleza y velocidad, según se explica en la web de Perfect Daily Grind, referentes en el tema. Con el puntaje otorgado, se definirá quién pasa a la siguiente ronda y así sucesivamente hasta obtener un ganador.

Los premios serán en efectivo y ya hay muchos participantes confirmados, expresa Erick quien es fanático de las rosetas y del cisne. Para el barista, el latte art es divertido, además de ser una práctica exigente y muy gratificante. «Nosotros tenemos la oportunidad de trabajar detrás de una barra y que la gente nos diga qué buen café me tomé y eso es bueno. Pero es mejor cuando te dicen que además está lindo porque un café con leche siempre tiene que ir con una figura, es parte del servicio».

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Crédito Nathan Dumlado en Unsplash

Campeonato Amateur y Profesional de Latte Art
La Farmacia Café (Ituzaingó y Cerrito)
Miércoles 17 de octubre de 2018 a las 21 h
Inscripciones a través de la cuenta de Instagram (@cafelafarmacia) o por WhatsApp al 099 125 800

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Referencias
Sabrina Cuculiansky. (2016). El libro del café. Buenos Aires: Catapulta.
Perfect Dialy Grind