Acerca de Gabriela Cabrera Castromán

Lic. en Comunicación / Lic. en Cs. de la Información / Mag. en Estudios Organizacionales

Abanico de sabores en ReencontraTé


En ReencontraTé Boutique de té (Punta Carretas, Montevideo) hay tés, infusiones y accesorios desplegados con esmero, pulcritud y belleza. Entre estantes de madera y con pequeñas luces cálidas, se muestran las mezclas que viajaron desde Oriente con escala en Alemania. Además, hay tazas, teteras, infusores, termos y latas de diversos tamaños.

En esta tienda, el té —verdadero protagonista— y sus accesorios se exhiben como piezas de joyería o de museo, y los objetos narran a través de sus formas y colores. Y cuando se abren las latas con las hebras, se escuchan las conversaciones milenarias del cultivo del té. Entre susurros, tonos y brillos, los sentidos se interpelan y llegan a su máxima expresión con la degustación de la bebida del día.

“El té es como una cápsula, en el proceso de marchitado y en la espera, durante el secado, se logran encapsular idealmente todas las propiedades”

Detrás de esa cuidada puesta en escena está María Victoria Rodríguez (42), “tomadora de té desde la niñez, debido a una intolerancia a la lactosa”. “Junto a mi abuela, tomaba ceylón, que es el té más común”, explica Victoria. Y aprovecha la ocasión para mostrar un ceylón op, “un té premiado por su calidad, el mejor en su rubro”, agrega con orgullo. Observamos la hebra que es larga, carnosa y perfumada. La ocasión es propicia para desplegar la veta didáctica de Victoria que agrega: “es una hebra que se hidrata, se abre y cuenta. Porque el té es como una cápsula, en el proceso de marchitado y en la espera, durante el secado, se logran encapsular idealmente todas las propiedades. Es como un zip de aceites naturales, antioxidantes, vitaminas, historia, tradición, valores y cultura”.

“Durante los años de estudio, el mate desplazó al té que regresó a mi vida hace un tiempo con otro sentido, como un ritual de familia. Se transformó en una ceremonia sencilla para esperar la infusión de un buen té. Muchas veces eran los cinco minutos en familia en los que nos sentábamos a conversar, a la espera del tiempo justo para tomar un té que, además, siempre es ofrenda.  Se tornó relevante, pasó a ser parte de mí y mis amigas y mi familia me lo hicieron notar”. Así narra Victoria los antecedentes del emprendimiento, mientras trabajaba en agencias de viaje y en proyectos de business intelligence, y tomaba el té que conseguía en el exterior.

El entusiasmo profesional en su vida, explica, se infusionaba en un cuenco de té. “Mi esposo es un apasionado de su trabajo (es controlador aéreo) y siempre me decía que yo debía encontrar mi pasión y entregarme. Sabía que tenía razón y un buen día me convencí de darle forma”.

Decidida, Victoria buscó un lugar para estudiar y así surgió el Club del Té en Buenos Aires. “Me llevé a mi esposo, como cable a tierra, para evaluar la viabilidad del proyecto porque cuando viajé ya sabía que tenía que formarme para después poner mi tienda. Fui con un propósito bien definido: armar un espacio donde la gente encontrara lo que yo quería encontrar en el mundo del té”.

“Aquí, en esta boutique, el té es lo más importante”

“Victoria Bisogno, del Club del Té, es mi docente y guía. Yo estudié en Argentina, pero la escuela está en otros países con certificación internacional y presencia a través de los miembros del tea team. Soy sommelier de té y tea blender y continúo estudiando. Tengo, entre manos, una certificación internacional a punto de rendir. Pero no me gusta hablar de mí”, dice Victoria. “Aquí, en esta boutique, el té es lo más importante”.

Esa bisagra en la conversación marca el protagonismo y los valores del emprendimiento con el producto como esencia. Victoria se toma un momento, sirve más té (Tesoros de China, una mezcla de té verde con aportes de tés blanco y azul) y comenta: “es antioxidante”. “Para estar más jóvenes”, respondo. Ella sonríe con timidez y aprueba con convicción. Hay magia en el momento que parece suspenderse… es el encanto del té y que Victoria riega con sus aportes: sobre el origen de las hebras, la selección de cada té, la importancia del tiempo y del agua.

Regresamos a la realidad con los sucesos que le permitieron dar vida a su sueño. Ya con la formación necesaria —aunque aclara, con insistencia, que recién ha comenzado— buscó muestras para armar su carta y cató más de 300 referencias. “No se puede comprar por catálogo sin probar. Fue una instancia maravillosa, aunque muy demandante”. Los detalles de esa cata son deslumbrantes, pues resulta una tarea difícil de abordar. “Cuando catás, hacés una taza pero no te la tomás toda. De lo contrario, te enloquecés”, agrega Victoria. “Tomás, olés, mirás, describís y calificás. Ese es el proceso. Utilicé una ficha técnica de cata que aprendí en el Club del Té. Tiene descriptores de calidad. El té se analiza desde la hebra en seco que debe de tener ciertas condiciones. El especialista debe poder darse cuenta si está ante un té de calidad, ante un té viejo o con notas no deseables. Así hice el primer descarte”.

“Si bien la hebra seca aporta datos, la hidratada habla más”

Después, con la primera ronda ya pronta, preparó los tés con las hebras seleccionadas. “Si bien la hebra seca aporta datos, la hidratada habla más”, explica. “La hebra humectada se huele en el ataque, en el medio y en el final, tres momentos diferentes que brindan datos diferentes. Así se descompone el abanico de notas de un té que puede ser de alta calidad o plano, de baja calidad, y que ofrecerá menos porque es más sencillo”.

Victoria quería una carta variada y por eso en la tienda hay infusiones —las frutales y las herbales—, rooibos y los seis tipos de tés, “los que tienen camellia sinensis”: el negro (que los chinos llaman té rojo y que en Occidente se conoce como negro), el blanco, el verde, el amarillo o dorado, el azul (oolong) y el dark tea (fermentado, añejado). Son hebras de Oriente, “magistralmente mezcladas por los mejores maestros alemanes”.

El nombre del emprendimiento surgió del encuentro familiar y “de reencontrarme con la Victoria que quería demostrar, con ejemplos, la importancia del valor y de atreverse”. Con ese espíritu, salieron a buscar el lugar. “Con Gustavo (Banfi, 43), mi esposo, evaluamos en qué zona instalarnos. Decidimos que Punta Carretas era el lugar perfecto porque es una ´zona boutique´. No teníamos un presupuesto para un local de 200 metros cuadrados porque lo nuestro es un emprendimiento familiar y recorrimos el barrio con esa consigna. Un día, desde Blanca del Tabaré vi la agencia de viajes El Corte Inglés. Mi ojo de ´agencias de viaje´ se fijó en el lugar y supe que tenía que ser ahí”.

“Convencidos, agrega, comenzamos a hablar con Guillermina, la directora. Fue una propuesta diferente y ella estuvo abierta al diálogo, desde el inicio. La sinergia que hemos logrado con la agencia es genial, sumamos valores y una experiencia de trabajo”. La alianza suma en las experiencias de cotrabajo (cowork) que fermentan en Montevideo y que se observan en diferentes puntos de la ciudad con la apertura a emprendimientos gastronómicos y de diseño.

“Haberlo intentado es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hija, más allá de cómo resulte comercializar el té”

Abrieron la tienda en noviembre de 2017 con el propósito de ofrecer “un té novedoso a un precio accesible, un té de calidad, el que yo me traería de un viaje. Y la gente es inteligente, percibe de qué se trata y comienza a aceptar otros sabores”, explica la sommelier. “Vamos al ritmo que podemos seguir, pautado por nuestra fuerza de trabajo y el aprendizaje. Porque aprendés de todo. Ahora sabemos las claves del negocio y esa la forma, para nosotros, de ser los verdaderos dueños”.

Victoria agrega que, además, “hay que tener motivos fuertes para mantenerse en el camino y no tumbarse”. Se toma un momento y, con suavidad y seguridad, agrega: “Todo te tumba. Los reglamentos no están pensados para un emprendimiento chico. Es un baile complicado, lleno de triangulaciones. Pero las cosas que te pasan no son las que te definen, sino qué hacés con lo que te pasa. Con fuerza, voluntad, valentía y miedos se puede seguir adelante, así lo siento. Haberlo intentado es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hija, más allá de cómo resulte comercializar el té”.

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Las coordenadas. José Ellauri 555, Punta Carretas (Montevideo). Facebook, Instagram y @reencontra_te en Twitter.

Los tés. Hay 60 variedades estables y las mezclas que salen a pedido, porque Victoria elabora sus propios blends personalizados, “que son muy habituales en las tiendas de té de Europa”, explica. Suele hacerlos en función de solicitudes puntuales, para una celebración, por ejemplo. Averigua las preferencias del agasajado y también indaga con qué se maridará. En el festejo, se sirve su té en un elegante samovar y los invitados se llevan una muestra como souvenir.

Los accesorios. Hay termos modernos, muy coloridos. También cuencos, tazas y jarras de diversos diseños. Se lucen las clásicas teteras, algunas con infusor, y las transparentes que permiten ver el color del licor. Las bolsitas reutilizables de seda —patentadas en 1901— son originales en el mercado uruguayo y concuerdan con el compromiso ecológico del emprendimiento (también usan el sistema de pago con tarjeta sin tique que envía el recibo de compra por teléfono o correo electrónico).

Efectos del cotrabajo. Viajes El Corte Inglés Uruguay, asociado al Club del Té de Argentina, ofrece un viaje por Japón en junio de 2018 para conocer todos los detalles del té con la compañía de expertos en la materia.

Un té para un cafetero. “Para un cafetero, la oportunidad es para el chai porque tiene fuerza y presencia”.

Cada momento del día tiene su té. “Todo es a gusto, obviamente. Sugiero comenzar con un pu-erh para aprovechar la fuerza de la teína. A media mañana, un té verde, por ejemplo. Después de almorzar, es bienvenido un herbal porque es digestivo. También puede ser un rooibos y hay tés negros que van muy bien, el Christmas que nació para ser digestivo, por ejemplo. En la tarde se bajan las cafeínas. Un té negro o verde según la merienda. Y para la noche, un rooibos, un té descafeinado o algún té chino con baja cafeína”.

Sabores para regresar por más. El Christmas tea, la receta que tomaba la reina Victoria luego de la Navidad. Es un té robusto, con cuerpo, que ofrece abiertamente sus notas cítricas.

El chai que despierta la tradición de la medicina ayurvédica. Transporta al invierno, a una taza que abriga ante las inclemencias del tiempo.

Rascal, una infusión de frutas con flor de hibisco, pasas de Corintino, manzana, rosa mosqueta, papaya, piña, cereza y frambuesa. Es una bebida con la pasión del rojo escarlata, profunda y frutal, para tomar caliente o fría, perfecta para mitigar el calor del verano uruguayo.

Winter´s Delight, otra infusión frutal con trozos de manzana, sultaninas amarillas, canela, pera, banana y almendras. ¡La versión líquida del crumble de manzana! Inolvidable.

 

 

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Ordenar para comenzar

Ordenar, clasificar, identificar objetos importantes y descartar los prescindibles suelen ser tareas tediosas que se postergan una y otra vez, salvo para los amantes del orden que han encontrado en las redes sociales el ambiente propicio para mostrar su pulcritud. Más allá de KonMari, Alicia Iglesias, Fay Wolf, Jen Woodhouse y otras tantas celebridades del orden que reinan en Instagram y Pinterest, desde el sur del mundo y con mucho menos presupuesto es posible encarar la cuestión, aunque los estantes griten atestados ante la presencia de innumerables objetos.

Las estrategias para comenzar a ordenar son diversas, según relatan quienes se especializan en el tema (gurús y terapeutas del orden, psicólogos y expertos en economía doméstica). Parecería que hay que quitarse el miedo, en primer término, a enfrentarse a los cajones y clasificar sin titubear. Con buena música, el ambiente ventilado e hidratación (limonada, café, té o mate) se hace más fácil y hasta entretenido.

Clasificar es una tarea engorrosa, pero esencial puesto que facilita las etapas siguientes: el descarte y el orden. Los criterios de clasificación suelen ser diversos y responden al uso (algunos objetos demandan disponibilidad inmediata, por ejemplo). Armar pilas del material mientras se procesa es una buena táctica: los que se quedan, los que están en duda y los que se irán. Este grupo, por principio, va directo a una bolsa, ¡para no titubear!

El descarte suele ser difícil, en especial para quienes se aferran a ciertos bienes, y dependerá, además, del lugar disponible y de la desaprensión. Emaús Grupo Aportes en el Cordón recibe y recolecta donaciones para su venta económica y para pedidos de emergencia y solidaridad. Están deseosos de recibir colaboraciones y son muy amables.

Luego del descarte, comienza el orden. En las farmacias suelen regalar cajas de diferentes tamaños que se pueden pintar o forrar para mejorar su aspecto. También hay en los supermercados y en las papelerías, incluso están las de mimbre y materiales similares que se venden en bazares. Los precios varían y las más lindas suelen ser las más tentadoras y costosas, ¡por supuesto!

Con bolsas de papel, que abundan en casi todos los hogares, se pueden armar separadores (elementos que no son habituales por aquí y que se ofrecen de diversos materiales en otros mercados). También los potes de plástico son adecuados y, de esta manera, se extiende su corta vida en un buen ejercicio de reutilización. Los cosméticos, los útiles de papelería, las medias y la ropa interior suelen generar caos visual y los compartimentos mantienen la disposición y el material al alcance de la mano. Y las bolsas con cierre son propicias para mantener en orden papeles, esos que no se pueden tirar y que juntan polvo aunque estén guardados.

Identificar los objetos es un aspecto importante en la clasificación y el orden. Las cajas o bolsas elegidas requieren de un rótulo para visualizar fácilmente su contenido y ni qué hablar de los objetos de uso en ámbitos compartidos (la escuela, el club, talleres). Para eso hay etiquetas de los más diversos tamaños que se adhieren a la ropa, a los zapatos y a útiles de todo tipo. Son resistentes, hasta para objetos que suelen tener contacto con el agua (caramañolas, potes de cosméticos y de alimentos, por ejemplo). En Nombretinas, se compran a través de la web, se pagan a través de transferencia o con tarjeta y se elige el lugar de retiro (Centro, Pocitos, Punta Carreras, Prado, Carrasco y el interior con cargo). Son etiquetas económicas que se pueden personalizar con nombre, apellido, tipo de letra y hasta agregar un diseño propio —incluso con información para medicamentos o intolerancias alimenticias—. Son fáciles de usar y muy prácticas, ¡también como tarjeta de identificación de regalos! Las de ropa no producen alergias y resisten al lavarropas y a la secadora.

Ordenar es una tarea habitual al comienzo de cada año, pues se relaciona con los propósitos que consciente o inconscientemente nos fijamos para esa nueva etapa. Pero si no se concretó en enero, antes de comenzar el año lectivo es buen momento también. ¡En particular si hay niños en el hogar, puesto que hay que comprar material y para eso es necesario saber con qué se cuenta! Rotular cada objeto, por otra parte, evita pérdidas y favorece la economía.

Después de varias horas, incluso días, dedicados a la clasificación, descarte y ordenamiento, la sensación de alivio es sorprendente. Y comienza una nueva etapa, la de sostener el estado alcanzado. También hay una batería de estrategias con ese fin y entre tantas hay una que resulta de una coherencia absoluta que facilita el propósito solo por su sencillez: por cada objeto que entra, otro debe salir.

 

Leer a Leila

“Plano americano”: la cultura hispanoamericana a través de perfiles

Plano americano, de Leila Guerriero (Argentina, Junín, 1967) recoge veintiún perfiles; son reseñas de mujeres y hombres vinculados a la cultura de Hispanoamérica publicados en diversos medios escritos. Guerriero, impecable periodista, colabora con destacadas revistas y diarios de América y de España y Ediciones Universidad Diego Portales (Chile) seleccionó un conjunto de esas publicaciones en un libro ineludible para el periodismo narrativo.

Fluye. El texto de Leila fluye. Es de una mecánica perfecta, es como salir a andar en bicicleta por la rambla de Montevideo en una máquina de alta gama. En la escollera Sarandí se ven el río y los pescadores; más adelante, en el barrio Sur, el verde de la Embajada de Estados Unidos y luego el Parque Rodó con la Ramírez, una playa de arena ancha.

Así, con ritmo y cadencia, al igual que en esa bicicleta de impecable funcionamiento, en los textos de Leila se avanza en imágenes que describen y narran diferentes situaciones, sin sobresaltos innecesarios pues las comas están en su lugar y los puntos dan cuenta del manejo de cada párrafo (algunos cortos y otros más largos, para dar ritmo).

La velocidad que las piernas le imprimen a la máquina se siente en la respiración, que también es rítmica. No hay jadeos, aunque se eleven las pulsaciones en una recta perfecta. Al igual que la escritura de Guerriero: sin interrupciones, salvo las que ella propone para hacer un énfasis, generar una duda en el lector, otorgar importancia a una frase que el entrevistado propone.

Leuda. Las historias de Leila leudan sobre datos que se abrigan en un manto de firme metodología. En los perfiles emergen las horas de entrevista cara a cara, las conversaciones con otros, las referencias históricas y las visitas a las bibliotecas, incluidas las de los entrevistados.

Se siente la solidez de la investigación, la rigurosidad de cada dato contrastado una y otra vez. En los perfiles no hay cabos sueltos y el lugar de la duda está dado por la opinión del entrevistado, nada más. Por eso, los textos de Leila se elevan desde una estructura sólida de datos contrastados y se apoyan en un magnífico manejo del español. Las reseña que traza Guerriero leudan, se hinchan, fermentan.

Entrelaza. Los perfiles de Leila se entrelazan, las historias se cruzan y los entrevistados se miran y conversan asicrónicamente. A su vez, se reflejan en espejos colectivos que dan cuenta de vínculos y relaciones, amores y rencores. En las historias, también hay referencia a otros actores contemporáneos, íconos del accionar cultural de una Hispanoamérica prolífera. Hay hombres, mujeres, ciudades, editoriales, diarios y revistas que ofrecen un panorama fértil de desarrollo de símbolos.

En Idea Vilariño se despliegan referencias a Juan Carlos Onetti, vínculo ineludible. Onetti también está en Homero Alsina Thevenet. Homero, con sus consejos para periodistas, está siempre presente en los textos de la propia Leila y Emil Rodríguez Monegal es también un nombre que se surge una y otra vez. Nicola Constantino y Felisa Pinto estrechan referencias, en Felisa también está Pablo Ramírez. En Hebe Uhart está Juan José Millás y así un hilo, como el de Ariadna, recorre el laberinto de una Hispanoamérica culta a través de mujeres y hombres que la han hecho grande.

Leer a Leila es imprescindible para los que gustan del periodismo narrativo; además, el género y la periodista invitan a otros públicos. El libro se devora porque genera placer intelectual ante párrafos que se deslizan entre datos, anécdotas y frases. Plano americano puede leerse —fagocitarse— de un tirón, de una historia a la otra tal como se proponen y, en futuras ocasiones, releer aquellas historias que más interés concitan: por gustos personales, por la estructura del perfil, por amor o, incluso, rechazo al entrevistado.

Plano americano es una invitación de regocijo intelectual porque fluyen los textos, leudan las historias, se entrelazan los actores y, fundamentalmente, se aprende.

“Todo café parte de un ´espresso´ que debe estar espectacular, esa es la base”

Una propuesta para sibaritas expandió el menú cafetero del Cordón Soho. En Ganache del Mercado Ferrando, Dahianna Andino (34 años), primera barista del Uruguay con formación internacional en la temática y sólida experiencia ganada en Colonia del Sacramento, propone café de Colombia para conquistar paladares.

Ganache Ferrando está sobre la calle, es el primer local al entrar al Mercado que fue inaugurado en noviembre de 2017 y que concita el interés de montevideanos y extranjeros. El recinto es pequeño y armoniosamente decorado ―a cargo de Elisa Uriarte―, con detalles finos (una lámpara, un marco, el color de una de las paredes), sin ser cursi. Ganache tiene equilibrio y personalidad. “Es una tienda de café”, explica Andino. “A diferencia del local de Colonia que tiene sándwiches y grandes tortas, en Ferrando ofrecemos opciones secas individuales para acompañar un buen café colombiano”. Al entrar al lugar, el aroma penetrante de la infusión viaja de la nariz al cerebro sin escalas y pone a funcionar las papilas gustativas de inmediato.

La carta de cafés es tentadora y admite diversas preferencias; además, está didácticamente presentada en las pizarras, con las bebidas agrupadas (los solos, con leche, con chocolate y los fríos) y responde a las tendencias del momento, jerarquizando a las infusiones y con la presencia del café frío.

Entre los solos de máquina, en Ganache Ferrando sirven espresso, americano y espresso doble. Las infusiones (brew) son tres: V60, aeropress y la prensa francesa. Con leche las opciones son macchiatto, cortado, café con leche, capuchino italiano y capuchino il Pepe. Con chocolate hay mochachino y submarino, y para el verano están los fríos: el clásico, con leche y también con helado.

A los alfajores, conitos, brownies, cookies y budín de naranja, se le suman té, agua mineral y refrescos Jariola. También venden pequeñas cafeteras (prensa francesa y Melita con filtro), accesorios y café en grano, que muelen en el momento según el tamaño del grano que el cliente necesite (con asesoría, si es necesario).

Preparar un café de barista, como el que sirven en Ganache, requiere método. Andino lo realiza con pasión y lo cuenta con calma, como si lo saboreara. Se detiene en los detalles y vuelve sobre los aspectos que considera importantes. Es precisa en la explicación y se apoya en los gestos para indicar los movimientos, “es que me gusta bailar y preparar el café es una danza”, agrega.

“Para realizar un buen café en máquina de espresso, primero hay que seleccionar el café de especialidad que ya está tostado, buscar la molienda adecuada y molerlo en el momento en función de la presión que el barista le imprimirá. Son entre 7 y 10 gramos de café que se presionan con el tamper. Más o menos, en mi caso, aplico unos 15 kilos de presión al café en el portafiltro. Luego, el portafiltro se coloca en la ducha de la máquina para la extracción que oscila entre 21 y 30 segundos. Si es un espresso, ya está pronto. Pero si el cliente quiere un cortado o capuchino, en la lanceta se hace el aireado para la crema. Y después, el cliente dirá”, resume la barista que ostenta el título de primera mujer tostadora de café del Uruguay.

Una pequeña barra que mira a la calle —con enchufes y buena luz para trabajar— y el área común del Mercado aguardan a los clientes que llegan desde las 8 AM a desayunar. Las mañanas de verano del Mercado son frescas, tranquilas y luminosas, perfectas para trabajar. Los visitantes del mediodía levantan el clásico café luego del almuerzo y en la tarde, principalmente, están los que se atreven con el café frío que fue infusionado durante 20 horas en agua fresca (casi un elixir). “La gente no está acostumbrada al café frío todavía, pero lo prueban y gusta. Vamos de a poco. El uruguayo se aleja del café en verano, que nosotros recomendamos ampliamente porque hace tanto bien… es un subidón, muy necesario cuando baja la presión por el calor”.

Además de servir café de especialidad, los baristas tienen el propósito de educar. Dice Andino que es un proceso a largo plazo, que demanda tiempo porque hay que desacostumbrar al paladar y enseñarle nuevos sabores. Confiesa que le gusta y mucho. “En eso estamos”, agrega. “Los clientes de Ganache Ferrando están interesados en conocer más y quieren degustar un buen café, que debe tener equilibrio entre el sabor y la presentación. Todo café parte de un espresso que debe estar espectacular, esa es la base. Un dibujo muy lindo en un café malo no tiene sentido”.

Dahianna sugiere tomar el café sin endulzar. “Me rompe el corazón cuando me piden Sucaryl. Pero hay que tener cintura, es parte de enseñar. Muchas veces, cuando puedo conversar con el cliente, recomiendo que lo pruebe sin nada porque el café con el que trabajamos nosotros, de especialidad, es de altura y ya tiene azúcares naturales. Y si luego necesita endulzarlo, está todo bien porque en definitiva lo que importa es la experiencia de beber un buen café que hace bien, que levanta. Un buen café es inspirador, te funciona la cabeza, te da energía”.

El capuchino italiano de Ganache es así de inspirador, tiene todo: energía, cuerpo y aroma, y solo se le puede pedir una repetición y otra más… Lo sirven con leche entera o descremada y con un arte late que va directo a Instagram. Es verdadero equilibrio entre sabor y presentación. Es un imperdible del paisaje gourmet de Montevideo; para el mejor desayuno, un rato de arduo trabajo a media mañana o el shock de energía de la tarde. Es un viaje de sabor desde Colombia, con la experiencia uruguaya de Dahianna Andino, para elevar el nivel cafetero del Cordón.

Ganache Mercado Ferrando

Chaná 2120 esq. Joaquín de Salterain.
Abierto de lunes a sábados de 8 a 20 h y domingos de 8 a 16 h (un acierto para las mañanas montevideanas que están escasamente provistas de opciones dignas para desayunar y trabajar).

Mercado Ferrando: lunes a viernes de 8 a 01 y domingos de 9 a 16 h.

Shots del diccionario barista

Aeropress: cafetera de émbolo
Capuchino italiano: dos ristrettos con la leche bien encremada.
Capuchino Il Pepe: “un capuchino bien servido, con una decoración de chocolate”.
Macchiatto: un espresso “marcado” por la leche.
Mochachino: capuchino con chocolate.
Prensa francesa: cafetera de émbolo.
V60: cafetera con filtro.
Ristretto: un espresso abreviado, un café pequeño, corto.
Submarino: chocolate con leche.

Más lecturas sobre cafés

 

 

[Artículo publicado el domingo 21 de enero y editado el lunes 22]

Estampas mínimas

La nieve siempre gana

Val-d’Isère, Francia / 17 de enero de 2018. Puede ser una tormenta o una nevada fuerte, imposible saberlo al no contar con referencias. Se siente tremenda, por momentos. Para los locatarios, es habitual en el invierno y para los del sur del mundo es toda una novedad. Lo cotidiano se vuelve inusual en la mirada del extranjero que se sorprenderse ante a lo que sucede con frecuencia. Así, una ventisca del invierno en los alpes franceses se convierte en un hecho interesante para el que lo vive por primera vez. Es seductor, pero sumamente molesto al no saber cómo actuar: si es peligroso salir, con cuántas capas cubrirse, cómo caminar.

Son las 10 de la mañana, hay ocho grados bajo cero, 97 % de humedad, vientos de 53 km/h y la visibilidad es de 200 m. La sensación térmica ―la que realmente se siente, se instala y se padece― es de 19 grados bajo cero. Está frío. Muy frío.

El conjunto es abrumadoramente blanco y áspero, en las antípodas de la imagen romántica que venden el cine y la literatura. Los filos de las montañas se funden en el cielo, solo se distinguen algunas protuberancias no cubiertas y los pinos marrones que se mueven lentamente con algo de nieve en las ramas, a pesar de que el viento sopla decidido. Más abajo, en la ciudad, todo está cubierto de nieve: espesas capas sobre techos y balcones, muros de nieve acumulada, autos totalmente ocultos por la nieve que se posa en todo lo que encuentra (carteles, cubos de basura, canteros) y que va tapizando las veredas y la calle.

El viento es molesto porque esparce a los copos que golpean con firmeza y, convencidos, se meten donde pueden. La nieve siempre gana: pincha y quema los breves espacios de la cara que quedan descubiertos: los pómulos, la nariz. Se mete en todas partes y se pega a la ropa. Es impertinente y tenaz. El viento golpea las ventanas, cimbra los árboles y los postes; es tal, que suena como el mar.

La visibilidad, que es escasa, impone una única escena con una garúa dura de copos blancos y densos que suben, bajan, van y vienen y que finalmente se depositan en el suelo que va subiendo con constancia. Salir a la intemperie es una aventura incómoda para quienes no conocen de estas inclemencias. Los demás se mueven con cierta pericia, pero tampoco mucha. Todo es robótico, salvo el viento y la nieve que tienen su propia danza.

Ciudades en domingo

El primer saludo a Apolo: la mañana del domingo
Ocio sin consumo / Niza, enero de 2018, temporada baja
Movimiento sobre manto blanco / Val-d`Isère, enero de 2018, temporada alta

El primer saludo a Apolo: la mañana del domingo

Desde el año 321, los domingos son días de reposo para la gran mayoría de los trabajadores. Salvo ciertos rubros, los demás gozan de un día libre para “conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol”, a instancias del emperador Constantino. Los domingos, entonces, se celebran ritos familiares, religiosos, deportivos y sociales porque, en definitiva, se descansa. También se celebran ceremonias menos prosaicas, las de limpieza y compras para el hogar, por ejemplo.

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Oro, incienso, mirra y un arcoíris

Este año, mi regalo de Reyes llegó con algunas horas de anticipación, como un guiño a la ansiedad que sentía de niña en la víspera de cada 6 de enero.

En la tardecita del 5, salí a correr. Una tormenta veraniega se había gestado durante todo el día, en la tarde llovió con timidez y cuando paró, bajé a la rambla montevideana. Tomé rumbo sur, hacia la escollera Sarandí y, al regreso, continué hasta el inicio de Punta Carretas. El viento era insistente; de frente oficiaba de pared y de espaldas agobiaba por la humedad que impregnaba todo del ambiente. Durante el trayecto llovió, al principio, con cierta regularidad y luego las gotas se mantuvieron a modo de testimonio, exclusivamente.

Fue una corrida pesada por las condiciones atmosféricas, a pesar de que la temperatura era ideal. Había poca gente en la rambla, aunque la suficiente para no sentir soledad. Me crucé con algún que otro corredor y casi ningún ciclista.

Al regresar, el sol fue guareciéndose entre nubes densas, plomizas, llenas de agua. Cuando casi tocó el río, una luz ambarina lo invadió todo. El color era sorprendente por su originalidad y otorgaba nitidez. El río se tornó oscuro, la ciudad brillaba y las canteras del Parque Rodó adquirieron un profundo tono verde inglés. El ambiente era conmovedor. Sobre la ciudad, además, comenzó a formarse un arcoíris. Modesto al principio, adquirió forma y se completó totalmente. El añil de la esfera inferior era contundente y el rojo del extremo exterior se diluía entre las nubes. Se sostuvo un buen rato y por momentos fue doble.

Lamenté no tener la cámara o, al menos, el celular para captar tal momento. La fotografía era la actividad de todos los que estaban en la rambla, pues concitaba interés y admiración de grandes y chicos. También me apenó no contar con piernas rápidas para ir a buscar la cámara y testimoniar una postal digna de libro objeto. Sabía que no llegaría tiempo y entonces me dediqué a disfrutar plenamente del momento, mientras corría y buscaba adjetivos que dieran cuenta de la luz, las sombras, los colores.

Dejé la rambla con la sensación que aporta la adrenalina del entrenamiento y el alma en gozo ante la belleza natural que otorga un aporte diferente a un acontecimiento cotidiano (siempre corro en la misma zona). Lo sentí como un regalo y se lo atribuí a los Reyes Magos, relato que me conmueve.

La leyenda de los sabios de Oriente es bella y me atrajo desde siempre. Mis memorias de niña se mezclan con la ansiedad de la víspera de Reyes, juegos y anécdotas. En particular, recuerdo una representación teatral en clase de catequesis. Nair, la docente, nos propuso recrear la leyenda de Artaban, el cuarto rey mago.

Tengo imprecisas imágenes de aquel suceso, pero me veo de vestido blanco con pintitas celestes en composé y con un libro entre mis manos, pues oficié de narradora. Hilvanaba escenas de un cuento —publicado en la Selecciones del Reader’s Digest, versión del texto The Other Wise Man de Henry van Dyke— que narra las peripecias de Artabán, el cuarto mago, quien llevaba piedras preciosas para entregar a Jesús. A diferencia de Melchor, Gaspar y Baltazar, Artaban no llegó a tiempo porque en el camino se entretuvo con diversas causas que requirieron de su comprometida acción cristiana.

Para la mayoría, los reyes son tres. Yo tengo mis dudas a partir de la leyenda de Henry van Dyke y, a pesar de las vagas referencias históricas y pocas en las sagradas escrituras, la historia de los sabios de Oriente me sigue cautivando. Cada año, leo algún artículo en busca de datos y de verosimilitud, y me encuentro con algún detalle más que aporta contexto al relato de aquellos magos de Oriente que ofrecieron preciados tesoros al Mesías. Todos los años, celebro que los imaginarios reyes vuelvan a ofrecer oro, incienso y mirra, aunque lo hagan en otros términos. Y a mí, este año, me los dejaron en forma de acoríris.