Algo en común

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Somos diferentes: altas y bajas, chicas y grandes, rubias, castañas y morochas, con distintos intereses y realidades, aunque somos todas espléndidas… Es visible que tenemos algo en común a pesar de esas diferencias, el placer de bicicletear nos une y nos motiva a realizar mil gestiones personales para disfrutar de un fin de semana de pedaleo y relax.


Por eso el último fin de semana de noviembre era muy esperado para todas nosotras, sabíamos desde hacía meses que esas 48 horas eran nuestras y que realizaríamos, como hace varios años, la salida anual en bici de ruta para mujeres organizada por Trek. La consigna de 2012 era sencilla de explicar pero ardua de pedalear: ir de Montevideo a Solanas por las rutas 8 y 9 con subida al Cerro San Antonio. Vicky (Trek) se encargó de la gestión y lo hizo excelentemente, como siempre. Todo estaba previsto y solo necesitábamos buen tiempo pues ganas siempre sobran.

Y el sábado 25, bien temprano en la mañana, salimos de Trek Pocitos hacia Trek Américas. Veintiocho mujeres, Nacho en la camioneta de apoyo y Fernando para “empuje y armado” encaramos la ruta 101 primero y la 8 después. La primera parada fue en Soca a los 55 k y luego continuamos rumbo a la ruta 9. Antes de cruzar la interbalnearia hicimos la segunda parada y desde ahí, pedal tras pedal, nos dirigimos al Cerro San Antonio.

En cada una de los descansos intercambiamos apreciaciones, comentarios y vituallas. Había de todo: fainá, pasta fría, sándwiches, ticholos, barritas de cereales, aceitunas, agua, gaseosas, bebidas energizantes. El paisaje de mujeres y bicicletas se inundaba de sabores compartidos. Entre risas y jolgorio hicimos esas “paradas técnicas” aprovechando las estaciones de servicio, nos volvimos a poner filtro solar y recargamos la energía de las piernas con las delicias mencionadas.

El San Antonio nos esperaba con sus tres k de casi continua cuesta y cada una a su ritmo lo encaró para testimoniar el logro en lo más alto con flashes de varias cámaras. Bajamos y seguimos, faltaba poco. Bordeamos la costa y salimos a la interbalnearia y luego de seis horas de pedaleo llegamos a Solanas.

Comenzó la segunda etapa del fin de semana: descanso, piscina, regalos, comidas compartidas regadas de anécdotas. El ciclismo es, en apariencia, nuestro aspecto en común, pero en realidad tenemos en común el gusto por la superación. Solo quienes quieren superarse saben del esfuerzo que significa pedalear seis horas, vencer las ganas de bajarse de la bicicleta, soportar calor y ansiar llegar cuando falta un buen trecho todavía. El pedal es un deporte sacrificado que requiere determinación, entrenar con viento, frío y, muchas veces, hasta con lluvia. Las salidas en bicicleta suelen ser largas y el asiento molesta, las piernas se cansan y el agua para hidratarse se calienta.

Así es el deporte que elegimos por eso tenemos en común la voluntad, el esfuerzo y las ganas. Somos mujeres fuertes que vamos siempre por más y disfrutamos del logro que significa llegar. En esta ocasión fueron 148 k en bici de ruta, sabemos que serán más en la próxima oportunidad.

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Abandono por distancias

Este blog nació, creció y de repente tuve que abandonarlo. Ese abandono fue temporario pues mi energía se concentró en la creación de DISTANCIAS SOLIDARIAS y sus cuentas en redes sociales.

DISTANCIAS SOLIDARIAS es un incipiente grupo de amantes del deporte que unen la actividad física y la solidaridad en un binomio muy conocido en otros países. Se trata de difundir una causa a través del deporte. En nuestro caso hacemos running y bicicleta y el proyecto fue iniciado por dos personas —Osmar y yo— para rendir tributo a la vida con el espíritu de Uruguay por Livestrong (filial local de Livestrong Foundation).

Hoy, gracias al impacto de las redes sociales, DISTANCIAS SOLIDARIAS ya tiene otros miembros y se posiciona tímidamente en el medio como una herramienta de difusión y un “marco energético” para personas afectadas con cáncer.  Porque en DS identificamos a sobrevivientes, enfermos y familias aquejadas por esta enfermedad y les rendimos tributo portando un cartel con el nombre del homenajeado. El cartel dice “en honor a”, un par de días antes de la carrera lo armamos, lo fotografiamos y lo posteamos en las redes sociales para crear ambiente. En carrera lo portamos con orgullo y saber que corremos “en honor a” alguien nos motiva siempre a más.

En el blog (distanciasolidarias.wordpress.com) se cuentan las crónicas de cada carrera y en la fan page (http://www.facebook.com/Distanciasolidarias) publicamos fotos, eventos, resultados, etc.

DISTANCIAS SOLIDARIAS es la razón por la que temporariamente abandoné “para despuntar el vicio”; ahora que el grupo comienza a crecer volveré a encauzar la pasión de escribir también en este blog.

Annabell Wolf: fuerza y convicción

A Annabell Wolf la conocí hace varios años cuando comencé a trabajar en el Instituto Crandon. En aquel tiempo almorzábamos juntas todos los días. Recuerdo con especial afecto a Annabell, sus palabras de cariño y su preocupación constante; ella y su amiga María Rosa Caimi fueron personas muy importantes en momentos turbulentos de mi vida laboral y personal.

Annabell es una persona delicada y dedicada, sutil, afectuosa, no en vano su color favorito es el rosado. Ese detalle no me parece banal pues ese tono la representa tal cual es: primorosa y tersa.

La lucha de Annabell y la carrera en su honor están en el blog de DISTANCIAS SOLIDARIAS: http://distanciasolidarias.wordpress.com/

Necesitamos un ME GUSTA en Facebook para promocionar la causa, contamos contigo… http://www.facebook.com/pages/Distancias-solidarias/113372802141881

 

Por Juan Cerviño: con la garra de un luchador

Juan Cerviño falleció el pasado 11 de agosto, tenía 53 años y hacía tres años le habían diagnosticado un tipo de cáncer muy raro —carcinomatosis peritoneal, una metástasis de un cáncer primario que nunca encontraron—.  En su momento el diagnóstico fue categórico: solo tres meses de vida pues su enfermedad estaba muy avanzada.

La vida de Juan y su familia (su esposa y sus dos hijas) cambió radicalmente. Los cuatro hicieron todo lo posible para contrarrestar al cáncer: él soportaba el tratamiento y ellas se informaron y se contactaron con médicos de Estados Unidos, Argentina, Brasil, China… no dormían pues se dedicaban a buscar datos pues querían llevar a Juan a cualquier lugar del mundo donde se pudiese curar. Esa búsqueda vinculó a Verónica (una de las hijas de Juan) con Laura Martínez Feller y Laura le brindó el espíritu de la Fundación Livestrong. Verónica conoció la historia de Lance Amstrong  y se transformó en un miembro activo de Uruguay por Livestrong, por eso Osmar y yo tuvimos el gusto de conocer a Vero y disfrutar de su risa y de sus lindos ojos verdes.

Esa risa y esos ojos Vero los heredó de Juan; quienes lo conocieron dicen que era un canto a la vida y su hija en un emotivo relato (en http://www.uruguayporlivestrong.com/juan.html) expresa que era ese tipo de persona con la que todo el mundo quiere compartir la vida, ese amigo con el que se puede pasar horas y horas a las risas, ese esposo que se preocupa por hacer feliz a su amada, ese yerno que se desvive por sus suegros, ese papá que cualquier hijo quisiera tener…

Mucha fuerza de voluntad, quimio y tratamientos alternativos permitieron a Juan vivir tres años en lugar de tres meses. Vero nos comentó que fueron los mejores tres años que un enfermo de cáncer pudo tener ya que su sobrevida fue excelente y sin complicaciones.  Juan hacía deportes, trabajaba y disfrutaba.

El 26 de agosto Juan cumpliría años, esta carrera se realizó una semana después de su fallecimiento y una semana antes de su cumpleaños.  Parece que el destino nos la regaló para homenajearlo.

La semana venía gris y reinaba el mal tiempo con lluvias y mucha humedad. En varias ocasiones debimos cambiar el entrenamiento pero en mente teníamos a Juan y a su familia. Cuando decidimos correr en su nombre y contactamos a Vero nos sentimos muy honrados pues el 19 de agosto sería muy especial ya que Osmar correría la Transmontaña en Tucumán (junto a un gran amigo, Sebastián Giuria) y yo la Half de Montevideo —21 k—.

El jueves comenzamos el “agite Livestrong”, el viernes Osmar y Sebastián se fueron a Argentina y el gran día estaba cada vez más cerca. El domingo amaneció resplandeciente, con cielo azul y sol de color Livestrong. Dos amigas (Luana Cuadro y Mariana O’Neill) pasaron a buscarme y llegamos a la zona de la largada, retiramos los chips y nos fuimos al arco. En el camino encontré a Pipe Rego que siempre corre por su abuelo y después vi a Alejandra Pizani que corría en nombre de Florencia Machado (otra referente de Uruguay por Livestrong).

Caminamos un poco, disfrutamos del ambiente, busqué al pacer de 01:50 y esperé el momento que más me emociona: la largada.

Salimos y el pacer —Nacho— se me disparó, tuve que “meter pata” para alcanzarlo y comenzamos el recorrido (después me enteré que los pacers se amontonan en la salida pues deben cumplir con los tiempos netos y por eso al principio se complica llegar a ellos). La rambla estaba muy disfrutable y había poco viento, la temperatura era ideal y seguíamos corriendo a buena velocidad.  En algún momento, no me acuerdo cuándo ni dónde porque mi memoria de carrera es muy débil, me encontré con Diego Segredo que también corría en honor a Juan. Fue muy grato ese momento y una energía especial me dio las fuerzas que necesitaba para continuar al ritmo de 05:12 el k. Sé que a Diego le pasó lo mismo, lo vi en su rostro, en una sonrisa luminosa.

Hasta el kilómetro 17 pude seguir al pacer pero después fue imposible, su cadencia era demasiado rápida para mí y el tiempo de carrera se hacía sentir. Seguí sola y en la rambla encontré el apoyo necesario con aplausos y gritos del público; había mucha gente y el entusiasmo de los espectadores se funde con la adrenalina de los corredores. Traté de continuar con constancia y determinación, no aflojé y al llegar al kilómetro 20 dejé alma, corazón y piernas para hacer ese último kilómetro como Juan merecía.

A la meta llegué cuando el cronómetro oficial marcaba 01:50:20 y sentí que el homenaje se coronaba con un regalo especial ya que mi mejor tiempo de 21 k había sido 01:53. En los registros oficiales de Kronos mi tiempo neto es de 01:49:20. Contudente. Es que el domingo 19 de agosto corrí con Juan Cerviño en el alma y él era, además de todo lo mencionado, un gran deportista.

La odisea de Osmar: la Transmontaña. Esta carrera es conocida como una de las más duras de la región; Pocos uruguayos han tenido la oportunidad de participar debido a la gran exigencia física que demanda y a la distancia que nos separa con San Miguel de Tucumán. A principios de año, en un arrebato de “locura”, Sebastián Giuria y Osmar decidieron participar juntos de esta odisea (es una carrera en pareja). Se inscribieron y entrenaron a pesar del trabajo, de las gripes y de estados del tiempo muy cambiantes que dificultar rodar en bici.

El 17 de agosto partieron rumbo a Tucumán con muchas ganas y una “ansiedad galopante”. El viaje pasó sin grandes inconvenientes y solo tuvieron un retraso en Buenos Aires con la conexión a Tucumán. Llegaron a San Miguel de Tucumán a la tarde y el calor los invadió gratamente (en invierno hay 25º) aunque soportaron algo de humedad. Ese día se acreditaron y la ansiedad aumentaba minuto a minuto…

El sábado 18 hicieron el descenso técnico —conocido como Calle 15—: una bajada entre árboles que hace que el ciclista se inunde de adrenalina. La disfrutaron al máximo y, para tranquilidad de todos, sin grandes percances.

El domingo 19 llegó y les regaló una jornada soleada y de agradable temperatura. En la largada se encontraron con una multitud, una verdadera fiesta. Al subir a la rampa sus corazones marcaban la llegada del gran momento y minutos después volaban en la selva tucumana arriba de sus amadas bicicletas.

Fue una carrera muy dura, con bajadas muy técnicas, subidas casi imposibles, cruces de ríos, barro y polvo. Dice Osmar que en varias ocasiones las ramas de los árboles acariciaban el cartel “en honor a” que portaba en su espalda… recordaba así por quién corría y Juan le daba las fuerzas para seguir.

Completaron el recorrido de 49 k en 4 horas y 46 minutos, muy cansados, luchando contra los calambres y con una sonrisa indescriptible en sus rostros. El objetivo se había logrado y Osmar lo hizo para honrar a Juan y su lucha.

Paola dio color al Prado

El sábado 4 de agosto falleció Paola Picco. Me enteré en la tarde y el fin de semana se vistió de profunda tristeza. Algo de alivio sentí cuando decidí correr nuestra próxima carrera en su nombre. Comenté la idea a dos personas muy vinculadas a Paola (Mario Barité y Gladys Ceretta), me alegró saber que a ellos les parecía buena idea y Gladys me puso en contacto con Gustavo, el esposo de Paola.

A través de un correo electrónico puse en conocimiento a Gustavo de nuestras carreras “en honor a” quien me escribió diciendo que se emocionaba ante la idea de hacer deporte y luchar frente al “cáncer que no da tregua (…) y que se cobró la vida de [su] dulce esposa y compañera”.  Me quebré al leer ese mensaje tan profundo que me brindó una fuerza particular para abordar una dura semana de entrenamiento.

Paola Picco era Lic. en Bibliotecología y docente de la Escuela de Bibliotecología y Ciencias Afines, la conocí porque fue mi docente de Procesos Técnicos I hace ya unos cuantos años. Era una profesional muy dedicada —con altura y orgullo ejercía su profesión— y una docente correcta y justa. La recuerdo con cariño y admiración por la pasión que imprimía a su profesión y a la labor docente. Paola era una persona luchadora y enfrentó su enfermedad con determinación; lamentablemente en esta ocasión ganó el cáncer y ella ya no está con nosotros.

El plan original para el domingo 12 de agosto era correr 55 k de mountain bike en Colonia.  El martes nos tocó un entrenamiento de 25 k de running por diversos terrenos (pasto, arena, trillos, asfalto) y con distintas intensidades. Salí cansada y fue duro pero estaba muy motivada pues ese día (7 de agosto) era el Día del Maratonista y además tenía el empuje de correr en honor a Paola.

El jueves el mal tiempo que se avecinaba obligó a suspender la carrera de Colonia y en su lugar decidí ser parte de los 10 k de Maturana de la Agrupación de Atletas del Uruguay (AAU). Las carreras de la AUU son muy lindas, dan participación a los barrios o localidades y son además muy rápidas. El sábado salimos nuevamente a correr y Paola fue conmigo, hicimos 15 k juntas preparando los diferentes objetivos: la carrera de Maturana primero, la maratón de Buenos Aires después.

La amenazante lluvia llegó en la tardecita con tormenta eléctrica incluida. Durante la noche cayó mucha agua y se escuchaban profundos truenos.  El domingo nos levantamos bien temprano para ver en directo la maratón masculina de los Juegos Olímpicos de Londres. ¡Qué placer ver a esos corredores! ¡Y por la ciudad de Londres! La maratón, clásico de los clásicos, engalana y cierra cada Olimpíada. En esta ocasión fue muy disfrutable para mí pues luego de mi primera maratón, y con vistas a la segunda, comprendo más cabalmente el esfuerzo que significa esta carrera.

Al Colegio Maturana llegamos temprano para inscribirnos, Osmar decidió ir ya que el mal tiempo le impedía entrenar en bicicleta. Sumamos así más esfuerzos y multiplicamos energía para que el “honor a” de esa carrera fuese todavía más intenso. Mariana pasó a buscarnos y esperamos a Luana en el auto luego de obtener nuestros números, chips y camisetas. La lluvia fue parando de a poco y llegó la hora. Salimos con el desafío de correr y sin tiempos marcados debido a una semana de altas cargas —en total completaríamos 50 k de running—.

El Prado nos esperaba. El circuito, de dos vueltas, se cuela en el barrio y pasea a los corredores por lindas avenidas (Juan Carlos Blanco, Buschental, Delmira Agustini, Lucas Obes), por la puerta del Viera (estadio de Wanderers), por Plaza Prado y la boletería de la cancha de River. Corrí casi toda la carrera sola, me crucé con cientos de corredores y en muchas ocasiones intercambiamos palabras de aliento. En las carreras se vive una solidaridad muy particular que genera lazos de pertenencia a un grupo que domingo a domingo transpira pasión.

El circuito no tenía marcados los kilómetros, encontré en el piso algunas referencias pero no sabía si fiarme de ellas. Iba rápido y esforzada, sentía en mi cuerpo el cansancio de la semana. Y terminé la primera vuelta a los 24 minutos. Encaré la última parte con audacia y buscando llegar antes de los 50 minutos. Paso a paso me acercaba a la meta y cuando vi el arco azul me di cuenta que la carrera no terminaba, ese arco marcaba el fin del primer recorrido pero faltaba todavía para terminar la carrera. Di vuelta a la derecha y me esperaba la última bajada, me solté para encarar mejor la pequeña cuesta que seguía y que se coronaba con el arco blanco de la AAU. Y llegué a los 48:11, para mi sorpresa segundos antes de mi mejor marca —48:27 en Florida—.

En un día plomizo Paola dio color al Prado, la carrera fue estupenda porque fue en su honor. Estos 10 k son mi homenaje a una persona que vivió con pasión, dignificó la profesión de Bibliotecóloga, entregó sin miramientos su saber como docente y luchó por vivir.  Con la fuerza de Uruguay por Livestrong el domingo 12 de agosto Paola y yo recorrimos el Prado en honor a la vida.

Dua por Grazziela

La semana comenzó con una planificación deportiva muy exigente. El lunes 30, después de haber corrido 21 k el domingo en Durazno, bien temprano en la mañana encaré 15 minutos de trote y la rutina de fuerza (pesas, abdominales y lumbares) en casa. El martes nos tocó correr, estaba frío y al llegar a casa se largó la lluvia. El miércoles teníamos que hacer velocidad en bici de ruta, a la mitad del entrenamiento debimos volver pues la rambla se había vestido de blanco con una espesa y peligrosa niebla. Completamos la jornada con una pequeña rutina de fuerza, para nos sentirnos tan en falta. El jueves volví a los 15 minutos de trote y la lluvia con ansiedad me esperaba… me empapé pero igualmente resistí. Al volver: ¡rutina de fuerza! Y el viernes la lluvia y la niebla suspendieron el entrenamiento más fuerte de la semana. Pasamos entonces la corrida para el sábado y pudimos hacerla en la tardecita. Fueron 15 k progresivos de corrida por una rambla que nuevamente estaba vestida de niebla.

Fue una semana dura, con muchos cambios y con entrenamientos en situaciones adversas.  En mente teníamos varios objetivos y en particular nos habíamos propuesto correr por la mamá de Dilva, una gran amiga. Grazziela Villaamil tiene cáncer y en este momento da dura batalla para continuar disfrutando de la vida y en especial de los nietos —entre ellos, Manuel, hijo de Dilva—. Grazziela me acompañó día a día durante toda la semana: bajo la lluvia, la niebla y el frío.

El sábado terminamos cansados y el domingo bien temprano en la mañana comenzaron los aprontes: bicicletas, cascos, guantes, zapatillas, zapatos para correr, camperas, caramañolas y mucho más. Pasamos a buscar a María Inés, una amiga de trotes y bicicleteadas, y partimos rumbo a Villa Argentina para participar del duatlón de El Águila. La rambla nuevamente lucía un manto blanco y cuando llegamos al punto de encuentro el estado del tiempo no había mejorado.

Comenzaron a aparecer los participantes y saludamos a muchos amigos. El duatlón de El Águila nuevamente convocó mucha gente, había participantes de diversas edades y de diferentes puntos del país. Bicis de todas las marcas —montaña y ruta—, cascos y zapatillas decoraban la playa de exclusión. Hubo duatlón para niños, charla técnica y a las 10:30 h largamos.

La salida fue rápida, intensa y yo estaba muy fría ya que el calentamiento había sido escaso.  Los primeros minutos fueron duros pero luego el cuerpo entró en calor. Corrimos 1,25 k por el asfalto, de Villa Argentina a Atlántida para tomar su linda rambla. Luego bajamos a la playa y volvimos hasta El Águila para subir por una escalera resbalosa y muy empinada. Yo fui con mi bici de ruta (la Reina) y Osmar prefirió su bici de montaña.  El recorrido de ruta era de 20 k (cuatro vueltas, con subidas, bajadas y sinuosas curvas) y el de montaña era de 16 k (3 lindas vueltas, según mencionaron los participantes). Al finalizar nos esperaban 5 k de running, la mitad por asfalto y el resto por arena con la misma subida al final.

El cansancio del entrenamiento “nos pasó factura”, pero el espíritu de Uruguay por Livestrong y la fuerza que brindan las ganas fueron superiores. En nuestras espaldas portábamos con orgullo el cartel en honor a Grazziela y eso se hizo sentir. Saber que corríamos en homenaje a la madre de una amiga nos permitió una particular entrega. En esta oportunidad ofrecimos running, bici y running, la combinación de las dos disciplinas requiere una técnica particular que habitualmente no podemos entrenar pues no tenemos un lugar adecuado para hacerlo y este duatlón es una excelente ocasión para realizar los dos deportes que tanto amamos.

Nuestros tiempos fueron excelentes y se nota el esmerado plan que Claudia, nuestra entrenadora, realiza con nosotros:

—00:12:24 primer recorrido pedestrismo de Osmar, 2.5 k —00:50:47 16 k mountain bike  —00:23:01 segundo recorrido running de Osmar, 5 k —01:26:12 total

—00:14:22 corresponden a mis dos primeros 2.5 k —00:48:16 20 k de bici de ruta —00:25:15 5 k finales —01:27:53 tiempo total.

Al llegar a casa miramos los 400 metros vallas de Londres 2012 ya que participaba Deborah Rodríguez, nuestra compatriota. Deborah hizo una excelente carrera y logró un nuevo récord nacional con sus 57.04. Fue una actuación excelente y nos alegró su logro; agrego entonces a Deborah como homenajeada y, en su honor, también va mi duatlón.

El espíritu olímpico ha permeado estas semanas y se suma el espíritu altruista de Uruguay por Livestrong. El entrenamiento hacia la maratón de Buenos Aires se hace sentir pero la fuerza de los mejores del mundo en las más diversas disciplinas y de quienes luchan frente al cáncer nos motiva día a día.