#MuseosEnGranizo: Andrés Azpiroz y el MHN

“Muchas casas, muchas cosas”. Con Andrés Azpiroz, director del Museo Histórico Nacional

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Un museo atípico. El Museo Histórico Nacional —MHN, creado en 1838— tiene ocho casas, algo atípico, «un invento del Prof. Pivel Devoto. Es el único con estas características y la sede principal es la Casa de Rivera», explica Andrés Azpiroz, su director.

Una de las preocupaciones académicas del Prof. Juan Pivel Devoto (1910-1977, historiador) fue el estudio de los partidos políticos del Uruguay. «La coparticipación y la tradición de los partidos hace a nuestra nación. Y el esquema de estos museos es el de los partidos: la Casa de Rivera, la Casa de Lavalleja, la Quinta de Batlle y la Quinta de Herrera», expresa el director. El bipartidismo, la realidad de aquel momento, se puede abordar en el esquema del MHN con casas y salas que se se pueden recorrer «como si se leyera un texto escrito por Pivel Devoto».

El objetivo del MHN es acercar la historia del Uruguay y lo hace a través de diversas locaciones. Son ocho, aunque no todas están abiertas al público. La colección del museo es muy vasta, tanto que «complejiza su misión, en la conservación y en la muestra», expresa Azpiroz.

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#MuseosEnGranizo: Enrique Aguerre y el MNAV

“El arte es una gran patria”. Con Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV)

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La pinacoteca más importante del país. El Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), en funcionamiento desde 1911, «es la pinacoteca más importante del Uruguay. En artes visuales, el Museo tiene el mayor acervo de artistas como Rafael Barradas, Petrona Viera, Carlos Federico Sáez, Torres García y sus discípulos», explica Enrique Aguerre, director desde 2010. La cobertura del MNAV abarca desde fines el siglo XIX hasta la actualidad porque el Museo, además, aloja los premios nacionales. Para Aguerre, en las colecciones del MNAV «hay una instantánea única y fantástica de 140 años de arte nacional».

El acervo del MNAV se construyó, originalmente, de forma aluvional y, según el director, «todavía hay que hacer muchas compras para poder narrar los distintos períodos del arte nacional, que es muy rico. En Uruguay, hay muchos artistas. Hay una vida cultural riquísima».

El MNAV —que depende de la Dirección Nacional de Cultura, del Ministerio de Educación y Cultura— adquiere obras a través de la Comisión de Patrimonio. Lo hace por compra directa en remates, galerías y ferias. También acepta donaciones y legados. Cuando se realizan compras, el arte nacional es la prioridad con obras de autores uruguayos o que vivieron en el país. Por su parte, los premios nacionales «son una manera de engrosar el patrimonio uruguayo en artes plásticas y visuales, ha sido así desde su creación en 1937, desde la organización de aquellos primeros salones», explica Aguerre.

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“La competencia me obligó a estudiar y a practicar, tuve que hacerme una rutina”

Charla con María Gracia Sosa, MasterChef Uruguay

Dice que le encanta la cocina y describe su pasión con elocuencia y ritmo caribeño. Aclara que le gusta “desde siempre, desde que era niña”, cuando probaba recetas en su Venezuela natal. Cuando cocinaba con el libro de Armando Scannone, “algo así como el Manual de Crandon aquí”, explica. Es seguidora de MasterChef porque “ama el formato”. Los mira todos, el último que siguió es el de México que finalizó en diciembre, uno pocos días después del que la coronó a ella como segunda MasterChef Uruguay.

 

Es María Gracia Sosa, tiene 29 años y es médica. Es la antítesis del cliché de mujer venezolana: es menuda, un poco tímida y para nada exuberante. Tiene un dejo casi aniñado, aunque se desenvuelve segura y se muestra genuina. Vive en Uruguay desde hace tres años y le gusta salir a la calle y recibir el reconocimiento de la gente, “con respeto, como caracteriza al uruguayo”, acota.

“Uno de los miedos de los inmigrantes es justamente el rechazo, así que es muy gratificante que me pidan fotos. Desde el primer programa me comenzaron a reconocer por la calle, especialmente por la voz. Cuando me asomo en la puerta de la Emergencia [trabaja en la Asociación Española] y nombro a los pacientes, ¡me reconocen! Me encanta y es más emocionante cuando me dicen que estaba en sus casa todos los lunes”.

“Soy venezolana hasta la médula, pero creo que para que un inmigrante se sienta parte de otro país, debe dejar de lado su origen. Yo estoy aquí y concursé en MasterChef Uruguay porque vivo aquí. Sé que hubo algo de polémica; no estoy al margen, pero yo vivo en Uruguay y me desempeño profesionalmente aquí. Dejé de lado algunas cuestiones de Venezuela para adaptarme a las costumbres y a la gente de Uruguay. Mantengo mis costumbres venezolanas, pero mi cultura se ha enriquecido porque he sumado otras costumbres y no solo gastronómicas”.

“Elegí Montevideo porque quería vivir en Latinoamérica, en particular Uruguay me atrajo por el nivel de vida y por la seguridad. También tenía que ser un lugar en el que pudiera revalidar mi título y continuar estudiando porque quiero especializarme. Me gustan la cirugía y la ginecología. Aunque ahora tengo que replantearme todo, sé que tengo que continuar formándome en medicina, pero no sé si podré hacer una especialidad próximamente porque estudiaré cocina”.

“La competencia me obligó a practicar, tuve que hacerme una rutina de estudio y de práctica. Leí libros, mis compañeros de trabajo me prestaron varios, y miré muchos videos en YouTube. Una de las primeras pruebas fue la de deshuesar un pollo, yo había aprendido a hacerlo en YouTube y la hice en siete minutos. Me dio un poco de vergüenza decirle a Sergio Puglia que lo había aprendido en un video, pero era la verdad”.

Invertí mucho en ingredientes, fue una de las cosas más difíciles. Yo tenía debilidad en la preparación de achuras, así que tuve que practicar: una molleja, un hígado, un corazón. Y para la cena en casa había una molleja con una mousse dulce, por ejemplo. Porque en casa no se tira nada. El que más comía era mi novio, aunque no quedara rico”.

“Nuestra economía se vio afectada en la competencia. Bajé las guardias a la mitad, por ende el sueldo, y además iba al supermercado y la compra era muy rara: mondongo con frutillas, queso crema e hígado, jamón con espárragos y endibias. La lista era en función de lo que tenía que practicar”.

“La locura comenzó después de la final. Ganar fue sorpresivo, realmente no me lo esperaba. Fue así desde que comenzó MasterChef: sin expectativas. La noche de la final nos fuimos a dormir tarde, yo estaba muy cansada. ¡Al despertarme, al otro día, tenía 50 mensajes con entrevistas y compromisos! Mi novio que es comunicador social y publicista es el que me ayuda. En el celular anoto los compromisos de MasterChef y en la agenda las guardias. He tenido muchas entrevistas aquí en Uruguay, también de Venezuela y de venezolanos por el mundo. Ya me caigo mal yo misma de tanto escucharme… Aunque me ha sorprendido mi facilidad de palabra, he agarrado el ritmo y lo disfruto porque se va a acabar”.

“He conocido médicos que hacen otras cosas, además de la profesión. Son músicos, pintores, humoristas y logran armonizar su vida. Me gustan los retos: la medicina y la cocina son dos cosas que me encantan y me gusta que sean diferentes. Me saco el chip de uno cuando me dedico al otro y funciona como una limpieza mental. Si estoy en la cocina, ese es mi mundo y cuando estoy en las guardias, me olvido totalmente de la gastronomía. Será un reto y será difícil. Espero lograrlo, por lo pronto ese es mi plan. Me emociona muchísimo el curso que haré el año próximo [Cocina en Crandon Gastronómico], aprenderé de verdad. Me tomo muy en serio la formación en cocina, al igual que me tomé en serio mi carrera en medicina. Le voy a aplicar todo el tiempo y el estudio que sean necesarios. Siempre quise hacer un curso de cocina y esta es la oportunidad”.

“Mi mamá está muy contenta. De pronto me dice: `María, si es que tú ganaste MasterChef`. Y yo le respondo: `Sí, mamá`. Y nos abrazamos, como locas.

Al conversar con María Gracia, el paseo por los sabores de Uruguay —los que la han cautivado— es inevitable, porque la comida está siempre presente. Todo es sabor para María Gracia. Dice que se enamoró de la carne de aquí y explica que la de Venezuela es de cocción lenta porque no tiene comparación. El boniato zanahoria fue otra sorpresa y se entusiasma al contar las diversas maneras de preparación que ha descubierto: como chip u horneado en papel de alumnio, con canela y azúcar. Los dulces son su debilidad y, al respecto, comenta que ¡la pastafrola es perfecta para desayunar y hasta para cenar! Aclara que le fascina el membrillo, y por eso también le gustan los pasteles criollos. Su voz suena dulce mientras relata que aprendió a preparar la pastafrola, los buñuelos de banana y las empanadas en una de las residencias en las que vivió al llegar a Uruguay. “Viví en un apartamento temporario al principio, en varias residencias, otro apartamento temporario cuando vino mi madre y volví a las residencias. Vivir con chicos del interior y de otros países fue muy bueno porque aprendí muchas recetas y conocí sabores de diversas partes del mundo”.

Antes de terminar, agrega que cuando sale a la calle calcula todo con más tiempo, porque la gente la para y le piden fotos. “Y me gusta”, explica. Esa tarde, María Gracia tenía una entrevista en Abrepalabra, Océano FM y sabía del programa y de la radio. Dice que se toma en serio su trabajo y averigua datos con anterioridad, “por respeto al profesional que está del otro lado”.

Al salir de nuestra charla, atravesamos el Mercado Ferrando. Era una tarde de diciembre, había relativamente poca gente y los presentes la reconocían. Saludó, se sacó fotos, recibió más felicitaciones y respondió a cada uno con candidez.

 

 

Fotos extraídas de https://www.elobservador.com.uy/maria-gracia-sosa-la-venezolana-que-llego-escapar-la-crisis-y-acabo-ganando-masterchef-n1150840

“Aprender y superarse”

Entrevista a Natali Santos: persona, productos, procesos y proyectos detrás de Cactus objetos

Elocuente, sincera, detallista y humilde. Así es Natali Santos, una de las diseñadoras de Cactus objetos. La entrevista, fijada hace un tiempo, debió posponerse porque Natali se fracturó la muñeca derecha. Fue un tropiezo, con fuertes implicancias en el trabajo, que le sirvió para tomar decisiones y replantearse varias cuestiones de su vida, en especial las relacionadas con el emprendimiento.

A pesar del dolor, de la escasa movilidad y del tiempo que le ha demandado la recuperación, Natali es muy positiva. “Cuando me sacaron la férula no podía mover la mano y sentí que se me caía el mundo. Después de unos días, hice toda la mímica del trabajo y me puse a hacerlo, pero no tenía fuerzas ni para abrir un frasco. Fue difícil, pero estoy en camino nuevamente”, expresa.

Dice que tuvo mucho tiempo para pensar y que sintió la falta de “la costura y del armado”. Extrañó el contacto con la producción mientras se recuperaba. Durante ese tiempo, recalculó y recapituló y hoy está en el camino de potenciar Cactus.

Con un espíritu provechoso y de innegable esfuerzo, la diseñadora relató su experiencia y los aprendizajes que ha cosechado en su vida de emprendedora. Habló de su historia, de los objetos que diseña y cose, y de los proyectos. Habló con fluidez y soltura, con amor y dedicación, con la entrega de quien deja cuerpo y espíritu en lo que hace.

“Soy artesana desde que tengo uso de razón”

“Soy Natali Santos, estudiante del Centro de Diseño y mamá de Maite (9 años) y Dante (2). Soy artesana desde que tengo uso de razón, de toda la vida. En casa no había nadie con un don así, salvo mi padre que era muy bueno para los arreglos del hogar”, se presenta. Agrega que fue un hogar en el que se la impulsó a desarrollar la creatividad a través de las manualidades, sin importar cuánto podía ensuciar.

Natali es de esas personas que crea todo el tiempo, más allá de los materiales con los que cuenta. Es un don que la acompaña desde siempre y que ahora, con orgullo, visualiza en Maite, su hija. La vida de emprendedora de Natali se inició en la adolescencia. “A los 12 años comencé a vender mis manualidades en un quiosco cerca de casa. Incursioné en todas las técnicas que pude conocer. No sé si calculaba bien los costos, creo que no, pero me fascinaba el hecho de que un adulto pagara por mi trabajo”.

A pesar de probar y dominar los más variados métodos en el rubro artesanal, aprendió a coser de grande, a los 19 años. Trabajaba en un taller y le enseñó Raquel, “una compañera, que destinó su hora libre durante un par de días. Me pagaron una deuda con una de las máquina de coser del taller y comencé a trabajar a fasón. Necesitaba el dinero y me animé”. Dice que, a prueba y error, aprendió y perfeccionó una técnica que hoy es fundamental para el emprendimiento.

Tiempo después comenzó a hacer bolsos y en 2014 nació Cactus objetos. “Conocí a Milagros Serra y entre las dos dimos vida a Cactus. Coincidíamos en la Feria Ideas +, ambas con bolsos. En aquel año, teníamos ganas de hacer algo nuevo y potenciamos el camino que habíamos recorrido en nuestros emprendimientos. A ambas nos apasionaba el estampado y decidimos que esa técnica sería nuestra diferenciación”.

Productos funcionales que transmiten trabajo y dedicación

Cactus ofrece bolsos, carteras y accesorios para mujeres. Después de un tiempo de investigación en conjunto, además de la experiencia anterior que cada una había cosechado, Natali y Milagros decidieron diseñar productos que se distinguen por el estampado a través de la serigrafía.

Son productos limpios, con un estilo bien definido, en los que las diseñadoras combinan colores lisos, estampados y mucho blanco. Utilizan algodón con apresto, ecocuero y herrajes. “Son productos funcionales que transmiten un relato: el trabajo que hay detrás. Se hace énfasis en los detalles, los que les gustan a las mujeres reales a las que se dirige Cactus”, acota Natali.

Dice que todo las inspira: la naturaleza, un paseo, el arte. “Buscamos crear objetos atemporales, aunque siempre tenemos algo nuevo para ofrecer y dar respuesta a las demandas. Ahora, por ejemplo, lanzamos una línea de mochilas”. Cactus sintetiza diversos valores: creatividad, diseño, artesanía, cuidado por el ambiente. “Reciclamos los estampados que no quedan perfectos, los usamos para el bies, por ejemplo. Siempre que podemos, damos nueva vida a una tela”.

Aprendizajes constantes

El proceso de elaboración de un bolso, cartera o accesorio comienza con un diseño ya ensayado y aprobado que se traduce en un molde con un estampado en particular, explica la diseñadora. “Cuando llega el momento de la producción, compramos el algodón, lo cortamos y achicamos. Después, se seca, se corta y se estampa”. Natali lo cuenta y explica con sus manos, dibuja en el aire el corte, muestra cómo se arma y el proceso de estampado que realizan a través de la serigrafía. Mientras sus manos se mueven para revelar el trabajo, describe con voz tenue, pero firme. Natali narra con convicción.

“En casa tengo montado un taller con máquinas fuertes que pueden coser estos bolsos”, agrega. “Pero nos quedó chico porque no nos daban las horas del día para producir, fundamentalmente en momentos en los que he compartido Cactus con la maternidad y con otro trabajo”. Entonces, desde el año pasado decidieron incorporar un taller que confecciona una parte de la producción. “Probamos muchos y finalmente encontramos uno con la calidad que nosotras buscamos. Fue muy difícil porque cuidamos las terminaciones, y por suerte estamos contentas con la elección que hicimos porque nos permite aumentar la producción. Es importante tercerizar cuando querés dar un salto”.

La materia prima, un elemento fundamental, la compran en Uruguay. Al respecto, Natali detalla las vivencias surgidas luego de buscar y seleccionar el proveedor cuidadosamente. “Un día llegamos y quien nos vendía el algodón nos avisó que no tenía más. Era noviembre, estábamos cerca de la feria de fin de año —nuestro gran momento— y nos quedamos sin material. Comenzamos a averiguar y encontramos otro proveedor. Hicimos las pruebas necesarias y funcionó. Pero puso en peligro nuestra producción. Por eso, ahora estamos pensando en buscar otro proveedor en la región, aunque desde el inicio queríamos favorecer a los proveedores nacionales”.

“Con los herrajes nos pasa lo mismo”, enfatiza la diseñadora. “Las tintas las compramos aquí, compramos los colores primarios y hacemos una carta propia que se basa en los ecocueros que hemos conseguido”. Agrega que “estas vueltas son aprendizajes constantes” porque así es la vida del emprendedor. Están los aprendizajes relacionados con los proveedores, los de las técnicas que utilizan y los de las ventas. Así, le ha tocado investigar sobre las redes sociales, cómo vender y promocionar los productos. “Siempre es aprender y superarse”, acota.

“Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”

Llega el momento de hablar de las utilidades y de si es posible vivir de un emprendimiento así. Natali, con la misma sinceridad con la que abordó cada pregunta, responde: “Es muy difícil vivir de un producto que no es de extrema necesidad, pero si hacés las cosas bien, se puede. Y eso es lo que quiero. Después de la caída y fractura, decidí dedicarme a Cactus, no voy a volver a otro trabajo. Me encanta Cactus y es muy gratificante cuando alguien elige tu producto”. 

Se viene Instagram en Cactus, está en los planes más próximos de Natali. Sabe que cuenta con material gráfico suficiente y un gran amor por lo que hace. “Etsy también nos gustaría, pero somos conscientes de que necesitamos sostener una producción constante”. Además, agrega que les falta mucho en la comunicación de la marca,  entienden que “es súper importante, pero no hemos podido dedicarle el tiempo necesario”.

Menciona que necesitan un punto de venta más céntrico, una vidriera permanente. Dice que extraña el trabajo del local y de las ferias que desarrolló en otro tiempo. Agrega que le hace falta porque le gusta hablar con la gente, pero es consciente de que le quita tiempo al diseño y a la producción. Entonces, suspira y sueña… “Tendría que ser diferente. Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”.

Pero aclara que, antes de dar estos pasos, deben estabilizar la producción. Y desarrollar otras líneas para desestacionalizar los bolsos que emergen en la primavera, fundamentalmente. Porque tienen que vender todo el año y como los textiles son su pasión, menciona que se “viene la línea hogar” que ya está a la venta en Facebook. Hay organizadores, individuales y senderos. Y tienen ganas de incursionar en una línea de escritorio con fundas para tabletas y computadoras. “Estamos trabajando en un modelo original que se adapte a la gran variedad de medidas y modelos del rubro”.

Además, para esta primavera-verano, Cactus innova en mochilas de mediano porte que, según Natali, son ideales “para la diaria, para viajar, para las que andan en bici, para ir a trabajar, para todo momento”. Al igual que los demás productos de la marca, las mochilas de Cactus transmiten energía y tienen encanto, porque “Cactus es un espíritu, más que una edad, son productos con personalidad, solo es cuestión de saber llevarlos”.

 

Encontrás Cactus objetos en:

Sietemilímitros Objetos
Facebook Cactus objetos
Feria Ideas + cada diciembre en el Parque Rodó (Montevideo)

SlowFashionUY: moda con conciencia sustentable en el blog de Macarena Algorta

Bloguear en Uruguay: de la persona al gravatar

“Hago una minicuraduría de lo que cubro. No escribo sobre todo lo que existe en moda sustentable en Uruguay, sino que hago una selección. Todas las entrevistas y publicaciones que hago tienen un porqué, hay una causa, por algo me gustaron”.

Macarena Algorta (25 años) es estudiante de Diseño Textil en el Centro de Diseño (EUCD). En este momento está haciendo su tesis y el blog SlowFashionUy, con el que se la conoce en la blogósfera local, nació a partir de su colección de cuarto año en la que utilizó desperdicios fabriles, fundamentalmente restos de lanas. “Investigando el nicho que me interesa como diseñadora, comenzaron a aparecer conceptos como la sustentabilidad y la moda lenta, además de la situación actual de la industria textil. Me empecé a informar de muchas cosas que durante toda la carrera no me habían enseñado y que estaban lejos de mi vida también. Empecé a descubrir otro mundo a partir de mi colección final. Esa colección, más allá de terminar cuarto año, pretendía dar mi mensaje como futura diseñadora, mostrar el lugar en el que yo quiero posicionarme. La hice usando lana que es el textil que más me gusta trabajar y trabajé creando un nuevo textil a partir de deshechos”.

En 2015, Macarena terminó las clases y en julio de 2016 presentó el proyecto de tercero y la colección final, ya interiorizada en los conceptos de moda sustentable y reciclaje textil. En agosto comenzó una pasantía de tres meses con Ana Livni, “una referente local. En ese momento surgió la necesidad de crear mi blog porque veía emprendimientos y conceptos vinculados al consumo y la sustentabilidad en la moda que no estaban difundidos en ninguna plataforma en Uruguay. Me planteé llevarlo en paralelo, no fue una meta, sino un medio de expresión para fomentar y concientizar, además de generar vínculos”.

Su blog sobre moda sustentable ha crecido significativamente, fue un emprendimiento que nació tímidamente y hoy tiene proyección en Facebook, Instagram, Twitter, otros blogs (Couture) y revistas (Post y Seisgrados). “Estoy muy contenta con el feedback de los seguidores, a pesar de que comenzó hace recién un año y unos meses. La moda sustentable crece a nivel internacional y acá, en Uruguay, nadie trataba el tema. Desde el día uno sabía que no tendría miles de seguidores, aunque internacionalmente hay blogs con amplio impacto, era consciente de que en Uruguay no sería así. A mí lo que más me importa, más allá del número, es el engagement.

Las primeras publicaciones de Macarena comenzaron en el círculo más cercano de compañeros y amigos de la Facultad. Desde el nacimiento, el blog ha marcado postura. “Hago una minicuraduría de lo que cubro. No escribo sobre todo lo que existe en moda sustentable en Uruguay, sino que hago una selección. Todas las entrevistas y publicaciones que hago tienen un porqué, hay una causa, por algo me gustaron. Hay algunos materiales, como el cuero, que son controversiales y prefiero no cubrir. Además, a mí me gusta la lana”.

Los influenciadores uruguayos comienzan a ejercer liderazgos segmentados y, como en el resto del mundo, lo hacen más allá de los medios tradicionales. Los blogueros especializados en determinados temas comentan marcas y productos, generan contenidos específicos y editorializan en el ámbito en el que se mueven. A ese respecto, Macarena acota: “Soy transparente y cada vez que una marca me regala un producto o una prenda lo menciono abiertamente. Quiero ser franca, transparente y abierta para que los seguidores me tengan confianza”. De esta manera, Macarena crea su gravatar —su identidad digital— moviéndose en el mundo de la moda, amparada en el concepto de la sustentabilidad y promoviendo prendas y servicios locales e internacionales que procuran responsabilidad y cuidado.
Cerrar el círculo: vivir de modo sustentable

“Intento ser sustentable en todo momento (…) porque los pequeños cambios hacen la diferencia en todas las áreas de la vida. Se puede comenzar por una, la comida o la moda, y es un efecto dominó”.

La moda sustentable, también conocida como slow fashion surgió a partir de un concepto macro de vida lenta que se materializó, en primer lugar, en el slow food. Macarena explica y argumenta un modo de vida, da detalles y agrega que “Carlos Petrini, quien dio origen al movimiento lento en la comida, menciona tres pilares: sano, limpio y justo. Esos pilares son trasladables a la moda: prendas justas en relación con el precio, que sean limpias para que no contaminen el medio ambiente y sanas para que no dañen la piel”. El paradigma de vida sustentable implica “cerrar el círculo. Ser consciente de cómo nos movemos, qué comemos, así el slow lifestyle. Es un movimiento más abarcativo, yo lo comencé con la moda porque es lo que me gusta. Pero intento ser sustentable en todo momento (…) porque los pequeños cambios hacen la diferencia en todas las áreas de la vida. Se puede comenzar por una, la comida o la moda, y es un efecto dominó”.

Vivir de un modo lento implica, en términos de vestimenta, un guardarropas limitado porque en el slow lifestyle hay un lema que dice `más vale calidad que cantidad´ y se aplica a la moda con pocas prendas que las podés combinar y que te van a durar mucho tiempo, en lugar de tener un montón que las usás pocas veces, las tirás y que van a parar a vertederos textiles que contaminan. Hay que erradicar la creencia de que la moda sustentable es carísima y para unos pocos. Existen alternativas como el reciclaje, tiendas de second hand y también propuestas de prendas básicas de uso diario con precios accesibles. La moda sustentable no es solamente un abrigo de lana de $ 9000, eso es algo que trato de mostrar en el blog. También para la revista Post publiqué un artículo con abrigos sustentables de distintas marcas y materiales”.

Macarena finaliza con varios conceptos que hilvanan, en otros patrones, el modo de vida lento en términos de moda y vestimenta: una apuesta diferente al impacto negativo del consumismo, una alternativa a la explotación laboral de las marcas que estimulan el consumo sin frenos y una opción para minimizar los vertederos textiles que son la segunda causa de contaminación ambiental en el mundo. Y con sigilo pero seguridad, agrega: “Si bien hoy en día es una tendencia porque está trendy ser slow, hay mucha gente que lo toma como un estilo de vida. Para mí es, claramente, una forma de vivir”.
El gravatar se proyecta desde el círculo de vida sustentable

“Me encantaría generar el match de diseño e influencer. Siento que la gente en Uruguay está abierta y muestra interés. En Montevideo hay locales con propuestas sustentables, orgánicas, con consciencia”.

En el mundo de los blogs se cuentan historias de éxito y solvencia económica, hay influenciadores de otras latitudes que viven de sus publicaciones. Entre seguidores y marcas, han generado una comunidad redituable que parece lejana en Uruguay. Por aquí, las proyecciones de los blogueros se cuantifican en otros ámbitos. Al respecto, Macarena expresa: “Una de las metas que tiene el blog es mostrar que en Uruguay se pueden llevar adelante eventos y conceptos vinculados al mundo de lo sustentable. Además, me gustaría que la gente me vea como un referente confiable, un modelo a seguir, un punto de encuentro de información en moda sustentable en el slow lifestyle. Es una apuesta como diseñadora y como bloguer. Me encantaría generar el match de diseño e influencer. Siento que la gente en Uruguay está abierta y muestra interés. En Montevideo hay locales con propuestas sustentables, orgánicas, con consciencia. También me gustaría que el concepto de sustentabilidad en la moda se incorpore en la formación del Centro de Diseño, es algo que yo no tuve en la carrera y que me parece importantísimo”.

 

Prendas para bebés que responden a demandas de una nueva vida más natural

Canica según Fernanda Madeira

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Silvana Sastre y Fernanda Madeira son las responsables de Canica, un emprendimiento de ropa e indumentaria para bebés confeccionadas en materias primas nobles (algodón orgánico certificado y lana merino). Las prendas son diseñadas y elaboradas en Uruguay, y estampadas con tintas naturales.

Entre tanta oferta de ropa para niños pequeños, Canica se diferencia por la simpleza, una paleta armónica y original, y un envoltorio acorde. La marca llama la atención y la ropa, pequeña y delicada, invita a tocar. Detrás de Canica hay dos mujeres jóvenes con grandes sueños y muchísimas horas de trabajo. Ya tienen vasto camino recorrido, aunque les falta mucho, pues quieren conquistar grandes mercados. Dicen que pueden hacerlo, fundamentalmente porque los productos Canica responden a demandas de una nueva vida y porque están hechos con amor.

La idea de elaborar prendas ecoamigables vive con Fernanda desde hace muchos años. Intentó llevar adelante el emprendimiento, pero no “se dio”. Justo cuando estaba a punto de abandonar el proyecto porque “que ya no daba para más”, Silvana se ofreció a darle una mano. Fernanda y Silvana son compañeras de trabajo, trabajan juntas en la agencia Grupo Perfil y luego de ese ofrecimiento se volvieron socias porque “la mano pasó a ser la otra mitad del emprendimiento”.

“Nos equivocamos, pero no fallamos, sino que aprendemos”

Silvana es licenciada en comunicación y Fernanda diseñadora de modas. Los talentos de ambas se conjugan en una marca con una estética muy cuidada. En las redes sociales muestran un emprendimiento atractivo y con unas fotos muy limpias que ―aunque no lo parezcan― están tomadas en un set que arman en la casa de Fernanda. Porque se las ingenian, arremeten, prueban y aprenden: “nos equivocamos, pero no fallamos, sino que aprendemos”, dice Fernanda.

Comenzaron con 50 prendas en el verano de 2014 y en la actualidad producen más de 500. Su modelo de negocios se basa en la venta a través de las redes sociales y en locales de terceros. “Creamos una muy buena dupla para trabajar, tanto que hoy Canica ya es una empresa. Nosotras dos estamos al frente con distintas responsabilidades, nuestros novios (Maxi y Nicolás) nos ayudan también, está Gustavo que es el cortador, Mariela y Daniel ponen los avíos de las prendas, Florencia las estampa y Rosana las cose. Además, estamos sumando a Mireya en la confección porque Canica crece. Somos un gran equipo con una cadena de producción fuerte”, asevera Fernanda con una sonrisa que demuestra el orgullo de materializar un sueño.

Desde el inicio decidieron no encargarse de la producción, porque no tenían tiempo para una faena tan demandante y porque Fernanda, quien conoce del tema, prefiere dedicarse a cuestiones más creativas. “A mí me gusta dibujar, volar y mirar. Miro prendas que se usan en Europa y pienso cómo instrumentarlas acá en Uruguay. Reinterpreto los colores, por ejemplo. El negro, para bebés, no es común aquí, aunque por suerte, estamos saliendo tímidamente del cascarón del rosado y del celeste. El gris, muy nórdico, prende y lo hemos trabajado. Me gustaría trabajarlo más, incluso”.

Canica ofrece líneas básicas sin estampa que solamente tienen su logo en la grifa y las colecciones cápsula. La colección de este invierno estuvo inspirada en flores y en la galaxia, mientras que el año pasado el motivo principal fue el bosque con animales que ya forman parte del “cuerpo estable de amigos” de Canica. En 2016 la colección fue unisex y los animales tuvieron la misma paleta de colores, pero este año las prendas están segmentadas: las flores para las niñas y la galaxia para los varones. Ambas estrategias han funcionado y los clientes de Canica han respondido a las propuestas de las emprendedoras. Florencia no demuestra preferencia por ninguno de los dos estilos, aunque confiesa que uno de sus propósitos es debilitar la dicotomía e imposición del rosado-celeste.

 

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Trabajan por temporada, definen las producciones y apuestan fuertemente al exterior. “Usaremos la lana, en ese caso, porque es la carta de presentación de Uruguay. Trabajamos con Ruralanas que es una empresa con valores similares a los nuestros. Hay mercados en los que la lana va primero que el algodón y en otros no. En la tienda que vamos a abrir en Etsy, usaremos algodón, lana y lino que próximamente integraremos”.

El lino es parte de la apuesta para la próxima colección primavera-verano que todavía está en la cabeza de Fernanda y que pronto bajará al papel. “Puedo adelantar que incorporará lino y nueva moldería. Habrá bodies de lino lisos y otros con estampas de Tiro al Aire, como siempre. Seguiremos con el algodón orgánico, hilados de algodón y lana merino que es termorreguladora y que se usará cada vez más en Uruguay durante casi todo el año”.

Las materias primas son el corazón del emprendimiento, por eso Fernanda viajó a Perú para conocer de cerca el algodón orgánico con la que trabajan. Además, buscan proveedores todo el tiempo, son asiduas a Internet y manejan “de taquito” las estrategias de búsqueda de Google. “Estamos en todo el proceso, buscamos precios afuera, tuvimos que aprender de importación, conocemos de diseño y fuimos vinculándonos con todas las variables de la producción”.

Dice Fernanda que emprender en Uruguay es difícil y que demanda tiempo y esfuerzo en grandes cantidades. Insiste en que en Latinoamérica los emprendedores deben manejar muy bien la frustración para no paralizarse y entender que la desilusión implica experiencia y aprendizaje. “El Estado debería apoyar mucho más a los emprendedores, como en Finlandia, por ejemplo. Los dos primeros años te financian los impuestos y luego los devolvés en cinco años. Eso es fantástico porque la cabeza de los emprendedores ayuda en todo sentido, aquí en Uruguay hay que trabajar la cultura del emprendimiento”.

“Volver a lo de antes, abandonar el úselo y tírelo, cuidar la piel, cuidar la alimentación…”

Para Canica, emprender ha implicado abordajes específicos vinculados a los productos que ofrece la marca. Por ello, Fernanda y Silvana han trabajado en el consumo de materias orgánicas porque es como “volver a lo de antes, abandonar el úselo y tírelo, cuidar la piel, cuidar la alimentación. Es un desafío a largo plazo y en Uruguay pasará lo mismo que en otros países en los que la gente elige lo que consume con mucho cuidado”.

Su experiencia como emprendedoras ha significado, además, manejar los flujos de adrenalina que oscilan del supéravit al abatimiento. También deben combinar todas las obligaciones porque, por ahora, Silvana continúa trabajando en la agencia de publicidad a tiempo completo. Fernanda, por su parte, desde principios de este año trabaja cuatro horas en la agencia, así que ahora Canica cuenta con más horas de una de las socias.

Los sueños y los proyectos de Canica “son enormes… Internacionalizarnos es uno de los más grande y está cerca”, dice Fernanda. “Cierro los ojos y veo a Canica en Europa, por ejemplo. Nuestros productos pueden competir porque son productos que tienen amor y los mejoramos todo el tiempo. Paulatinamente incorporaremos trabajos de responsabilidad social porque están en nuestras metas. Queremos educar sobre el emprendedurismo y sobre el consumo ecológico, por ejemplo. Y queremos vivir de Canica. Sé que ambas lo haremos”.

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Puntos de venta en redes sociales: Facebook, Instagram, Pinterest

Puntos de venta en locales. Montevideo: Artesanos del Uruguay, Peekaboo Uruguay, EcoAlmacén y Entre Aurelias y Aurelianas. Punta del Este, Manantiales: La Casita.