Ordenar para comenzar

Ordenar, clasificar, identificar objetos importantes y descartar los prescindibles suelen ser tareas tediosas que se postergan una y otra vez, salvo para los amantes del orden que han encontrado en las redes sociales el ambiente propicio para mostrar su pulcritud. Más allá de KonMari, Alicia Iglesias, Fay Wolf, Jen Woodhouse y otras tantas celebridades del orden que reinan en Instagram y Pinterest, desde el sur del mundo y con mucho menos presupuesto es posible encarar la cuestión, aunque los estantes griten atestados ante la presencia de innumerables objetos.

Las estrategias para comenzar a ordenar son diversas, según relatan quienes se especializan en el tema (gurús y terapeutas del orden, psicólogos y expertos en economía doméstica). Parecería que hay que quitarse el miedo, en primer término, a enfrentarse a los cajones y clasificar sin titubear. Con buena música, el ambiente ventilado e hidratación (limonada, café, té o mate) se hace más fácil y hasta entretenido.

Clasificar es una tarea engorrosa, pero esencial puesto que facilita las etapas siguientes: el descarte y el orden. Los criterios de clasificación suelen ser diversos y responden al uso (algunos objetos demandan disponibilidad inmediata, por ejemplo). Armar pilas del material mientras se procesa es una buena táctica: los que se quedan, los que están en duda y los que se irán. Este grupo, por principio, va directo a una bolsa, ¡para no titubear!

El descarte suele ser difícil, en especial para quienes se aferran a ciertos bienes, y dependerá, además, del lugar disponible y de la desaprensión. Emaús Grupo Aportes en el Cordón recibe y recolecta donaciones para su venta económica y para pedidos de emergencia y solidaridad. Están deseosos de recibir colaboraciones y son muy amables.

Luego del descarte, comienza el orden. En las farmacias suelen regalar cajas de diferentes tamaños que se pueden pintar o forrar para mejorar su aspecto. También hay en los supermercados y en las papelerías, incluso están las de mimbre y materiales similares que se venden en bazares. Los precios varían y las más lindas suelen ser las más tentadoras y costosas, ¡por supuesto!

Con bolsas de papel, que abundan en casi todos los hogares, se pueden armar separadores (elementos que no son habituales por aquí y que se ofrecen de diversos materiales en otros mercados). También los potes de plástico son adecuados y, de esta manera, se extiende su corta vida en un buen ejercicio de reutilización. Los cosméticos, los útiles de papelería, las medias y la ropa interior suelen generar caos visual y los compartimentos mantienen la disposición y el material al alcance de la mano. Y las bolsas con cierre son propicias para mantener en orden papeles, esos que no se pueden tirar y que juntan polvo aunque estén guardados.

Identificar los objetos es un aspecto importante en la clasificación y el orden. Las cajas o bolsas elegidas requieren de un rótulo para visualizar fácilmente su contenido y ni qué hablar de los objetos de uso en ámbitos compartidos (la escuela, el club, talleres). Para eso hay etiquetas de los más diversos tamaños que se adhieren a la ropa, a los zapatos y a útiles de todo tipo. Son resistentes, hasta para objetos que suelen tener contacto con el agua (caramañolas, potes de cosméticos y de alimentos, por ejemplo). En Nombretinas, se compran a través de la web, se pagan a través de transferencia o con tarjeta y se elige el lugar de retiro (Centro, Pocitos, Punta Carreras, Prado, Carrasco y el interior con cargo). Son etiquetas económicas que se pueden personalizar con nombre, apellido, tipo de letra y hasta agregar un diseño propio —incluso con información para medicamentos o intolerancias alimenticias—. Son fáciles de usar y muy prácticas, ¡también como tarjeta de identificación de regalos! Las de ropa no producen alergias y resisten al lavarropas y a la secadora.

Ordenar es una tarea habitual al comienzo de cada año, pues se relaciona con los propósitos que consciente o inconscientemente nos fijamos para esa nueva etapa. Pero si no se concretó en enero, antes de comenzar el año lectivo es buen momento también. ¡En particular si hay niños en el hogar, puesto que hay que comprar material y para eso es necesario saber con qué se cuenta! Rotular cada objeto, por otra parte, evita pérdidas y favorece la economía.

Después de varias horas, incluso días, dedicados a la clasificación, descarte y ordenamiento, la sensación de alivio es sorprendente. Y comienza una nueva etapa, la de sostener el estado alcanzado. También hay una batería de estrategias con ese fin y entre tantas hay una que resulta de una coherencia absoluta que facilita el propósito solo por su sencillez: por cada objeto que entra, otro debe salir.

 

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Leer a Leila

“Plano americano”: la cultura hispanoamericana a través de perfiles

Plano americano, de Leila Guerriero (Argentina, Junín, 1967) recoge veintiún perfiles; son reseñas de mujeres y hombres vinculados a la cultura de Hispanoamérica publicados en diversos medios escritos. Guerriero, impecable periodista, colabora con destacadas revistas y diarios de América y de España y Ediciones Universidad Diego Portales (Chile) seleccionó un conjunto de esas publicaciones en un libro ineludible para el periodismo narrativo.

Fluye. El texto de Leila fluye. Es de una mecánica perfecta, es como salir a andar en bicicleta por la rambla de Montevideo en una máquina de alta gama. En la escollera Sarandí se ven el río y los pescadores; más adelante, en el barrio Sur, el verde de la Embajada de Estados Unidos y luego el Parque Rodó con la Ramírez, una playa de arena ancha.

Así, con ritmo y cadencia, al igual que en esa bicicleta de impecable funcionamiento, en los textos de Leila se avanza en imágenes que describen y narran diferentes situaciones, sin sobresaltos innecesarios pues las comas están en su lugar y los puntos dan cuenta del manejo de cada párrafo (algunos cortos y otros más largos, para dar ritmo).

La velocidad que las piernas le imprimen a la máquina se siente en la respiración, que también es rítmica. No hay jadeos, aunque se eleven las pulsaciones en una recta perfecta. Al igual que la escritura de Guerriero: sin interrupciones, salvo las que ella propone para hacer un énfasis, generar una duda en el lector, otorgar importancia a una frase que el entrevistado propone.

Leuda. Las historias de Leila leudan sobre datos que se abrigan en un manto de firme metodología. En los perfiles emergen las horas de entrevista cara a cara, las conversaciones con otros, las referencias históricas y las visitas a las bibliotecas, incluidas las de los entrevistados.

Se siente la solidez de la investigación, la rigurosidad de cada dato contrastado una y otra vez. En los perfiles no hay cabos sueltos y el lugar de la duda está dado por la opinión del entrevistado, nada más. Por eso, los textos de Leila se elevan desde una estructura sólida de datos contrastados y se apoyan en un magnífico manejo del español. Las reseña que traza Guerriero leudan, se hinchan, fermentan.

Entrelaza. Los perfiles de Leila se entrelazan, las historias se cruzan y los entrevistados se miran y conversan asicrónicamente. A su vez, se reflejan en espejos colectivos que dan cuenta de vínculos y relaciones, amores y rencores. En las historias, también hay referencia a otros actores contemporáneos, íconos del accionar cultural de una Hispanoamérica prolífera. Hay hombres, mujeres, ciudades, editoriales, diarios y revistas que ofrecen un panorama fértil de desarrollo de símbolos.

En Idea Vilariño se despliegan referencias a Juan Carlos Onetti, vínculo ineludible. Onetti también está en Homero Alsina Thevenet. Homero, con sus consejos para periodistas, está siempre presente en los textos de la propia Leila y Emil Rodríguez Monegal es también un nombre que se surge una y otra vez. Nicola Constantino y Felisa Pinto estrechan referencias, en Felisa también está Pablo Ramírez. En Hebe Uhart está Juan José Millás y así un hilo, como el de Ariadna, recorre el laberinto de una Hispanoamérica culta a través de mujeres y hombres que la han hecho grande.

Leer a Leila es imprescindible para los que gustan del periodismo narrativo; además, el género y la periodista invitan a otros públicos. El libro se devora porque genera placer intelectual ante párrafos que se deslizan entre datos, anécdotas y frases. Plano americano puede leerse —fagocitarse— de un tirón, de una historia a la otra tal como se proponen y, en futuras ocasiones, releer aquellas historias que más interés concitan: por gustos personales, por la estructura del perfil, por amor o, incluso, rechazo al entrevistado.

Plano americano es una invitación de regocijo intelectual porque fluyen los textos, leudan las historias, se entrelazan los actores y, fundamentalmente, se aprende.

“Todo café parte de un ´espresso´ que debe estar espectacular, esa es la base”

Una propuesta para sibaritas expandió el menú cafetero del Cordón Soho. En Ganache del Mercado Ferrando, Dahianna Andino (34 años), primera barista del Uruguay con formación internacional en la temática y sólida experiencia ganada en Colonia del Sacramento, propone café de Colombia para conquistar paladares.

Ganache Ferrando está sobre la calle, es el primer local al entrar al Mercado que fue inaugurado en noviembre de 2017 y que concita el interés de montevideanos y extranjeros. El recinto es pequeño y armoniosamente decorado ―a cargo de Elisa Uriarte―, con detalles finos (una lámpara, un marco, el color de una de las paredes), sin ser cursi. Ganache tiene equilibrio y personalidad. “Es una tienda de café”, explica Andino. “A diferencia del local de Colonia que tiene sándwiches y grandes tortas, en Ferrando ofrecemos opciones secas individuales para acompañar un buen café colombiano”. Al entrar al lugar, el aroma penetrante de la infusión viaja de la nariz al cerebro sin escalas y pone a funcionar las papilas gustativas de inmediato.

La carta de cafés es tentadora y admite diversas preferencias; además, está didácticamente presentada en las pizarras, con las bebidas agrupadas (los solos, con leche, con chocolate y los fríos) y responde a las tendencias del momento, jerarquizando a las infusiones y con la presencia del café frío.

Entre los solos de máquina, en Ganache Ferrando sirven espresso, americano y espresso doble. Las infusiones (brew) son tres: V60, aeropress y la prensa francesa. Con leche las opciones son macchiatto, cortado, café con leche, capuchino italiano y capuchino il Pepe. Con chocolate hay mochachino y submarino, y para el verano están los fríos: el clásico, con leche y también con helado.

A los alfajores, conitos, brownies, cookies y budín de naranja, se le suman té, agua mineral y refrescos Jariola. También venden pequeñas cafeteras (prensa francesa y Melita con filtro), accesorios y café en grano, que muelen en el momento según el tamaño del grano que el cliente necesite (con asesoría, si es necesario).

Preparar un café de barista, como el que sirven en Ganache, requiere método. Andino lo realiza con pasión y lo cuenta con calma, como si lo saboreara. Se detiene en los detalles y vuelve sobre los aspectos que considera importantes. Es precisa en la explicación y se apoya en los gestos para indicar los movimientos, “es que me gusta bailar y preparar el café es una danza”, agrega.

“Para realizar un buen café en máquina de espresso, primero hay que seleccionar el café de especialidad que ya está tostado, buscar la molienda adecuada y molerlo en el momento en función de la presión que el barista le imprimirá. Son entre 7 y 10 gramos de café que se presionan con el tamper. Más o menos, en mi caso, aplico unos 15 kilos de presión al café en el portafiltro. Luego, el portafiltro se coloca en la ducha de la máquina para la extracción que oscila entre 21 y 30 segundos. Si es un espresso, ya está pronto. Pero si el cliente quiere un cortado o capuchino, en la lanceta se hace el aireado para la crema. Y después, el cliente dirá”, resume la barista que ostenta el título de primera mujer tostadora de café del Uruguay.

Una pequeña barra que mira a la calle —con enchufes y buena luz para trabajar— y el área común del Mercado aguardan a los clientes que llegan desde las 8 AM a desayunar. Las mañanas de verano del Mercado son frescas, tranquilas y luminosas, perfectas para trabajar. Los visitantes del mediodía levantan el clásico café luego del almuerzo y en la tarde, principalmente, están los que se atreven con el café frío que fue infusionado durante 20 horas en agua fresca (casi un elixir). “La gente no está acostumbrada al café frío todavía, pero lo prueban y gusta. Vamos de a poco. El uruguayo se aleja del café en verano, que nosotros recomendamos ampliamente porque hace tanto bien… es un subidón, muy necesario cuando baja la presión por el calor”.

Además de servir café de especialidad, los baristas tienen el propósito de educar. Dice Andino que es un proceso a largo plazo, que demanda tiempo porque hay que desacostumbrar al paladar y enseñarle nuevos sabores. Confiesa que le gusta y mucho. “En eso estamos”, agrega. “Los clientes de Ganache Ferrando están interesados en conocer más y quieren degustar un buen café, que debe tener equilibrio entre el sabor y la presentación. Todo café parte de un espresso que debe estar espectacular, esa es la base. Un dibujo muy lindo en un café malo no tiene sentido”.

Dahianna sugiere tomar el café sin endulzar. “Me rompe el corazón cuando me piden Sucaryl. Pero hay que tener cintura, es parte de enseñar. Muchas veces, cuando puedo conversar con el cliente, recomiendo que lo pruebe sin nada porque el café con el que trabajamos nosotros, de especialidad, es de altura y ya tiene azúcares naturales. Y si luego necesita endulzarlo, está todo bien porque en definitiva lo que importa es la experiencia de beber un buen café que hace bien, que levanta. Un buen café es inspirador, te funciona la cabeza, te da energía”.

El capuchino italiano de Ganache es así de inspirador, tiene todo: energía, cuerpo y aroma, y solo se le puede pedir una repetición y otra más… Lo sirven con leche entera o descremada y con un arte late que va directo a Instagram. Es verdadero equilibrio entre sabor y presentación. Es un imperdible del paisaje gourmet de Montevideo; para el mejor desayuno, un rato de arduo trabajo a media mañana o el shock de energía de la tarde. Es un viaje de sabor desde Colombia, con la experiencia uruguaya de Dahianna Andino, para elevar el nivel cafetero del Cordón.

Ganache Mercado Ferrando

Chaná 2120 esq. Joaquín de Salterain.
Abierto de lunes a sábados de 8 a 20 h y domingos de 8 a 16 h (un acierto para las mañanas montevideanas que están escasamente provistas de opciones dignas para desayunar y trabajar).

Mercado Ferrando: lunes a viernes de 8 a 01 y domingos de 9 a 16 h.

Shots del diccionario barista

Aeropress: cafetera de émbolo
Capuchino italiano: dos ristrettos con la leche bien encremada.
Capuchino Il Pepe: “un capuchino bien servido, con una decoración de chocolate”.
Macchiatto: un espresso “marcado” por la leche.
Mochachino: capuchino con chocolate.
Prensa francesa: cafetera de émbolo.
V60: cafetera con filtro.
Ristretto: un espresso abreviado, un café pequeño, corto.
Submarino: chocolate con leche.

Más lecturas sobre cafés

 

 

[Artículo publicado el domingo 21 de enero y editado el lunes 22]

Estampas mínimas

La nieve siempre gana

Val-d’Isère, Francia / 17 de enero de 2018. Puede ser una tormenta o una nevada fuerte, imposible saberlo al no contar con referencias. Se siente tremenda, por momentos. Para los locatarios, es habitual en el invierno y para los del sur del mundo es toda una novedad. Lo cotidiano se vuelve inusual en la mirada del extranjero que se sorprenderse ante a lo que sucede con frecuencia. Así, una ventisca del invierno en los alpes franceses se convierte en un hecho interesante para el que lo vive por primera vez. Es seductor, pero sumamente molesto al no saber cómo actuar: si es peligroso salir, con cuántas capas cubrirse, cómo caminar.

Son las 10 de la mañana, hay ocho grados bajo cero, 97 % de humedad, vientos de 53 km/h y la visibilidad es de 200 m. La sensación térmica ―la que realmente se siente, se instala y se padece― es de 19 grados bajo cero. Está frío. Muy frío.

El conjunto es abrumadoramente blanco y áspero, en las antípodas de la imagen romántica que venden el cine y la literatura. Los filos de las montañas se funden en el cielo, solo se distinguen algunas protuberancias no cubiertas y los pinos marrones que se mueven lentamente con algo de nieve en las ramas, a pesar de que el viento sopla decidido. Más abajo, en la ciudad, todo está cubierto de nieve: espesas capas sobre techos y balcones, muros de nieve acumulada, autos totalmente ocultos por la nieve que se posa en todo lo que encuentra (carteles, cubos de basura, canteros) y que va tapizando las veredas y la calle.

El viento es molesto porque esparce a los copos que golpean con firmeza y, convencidos, se meten donde pueden. La nieve siempre gana: pincha y quema los breves espacios de la cara que quedan descubiertos: los pómulos, la nariz. Se mete en todas partes y se pega a la ropa. Es impertinente y tenaz. El viento golpea las ventanas, cimbra los árboles y los postes; es tal, que suena como el mar.

La visibilidad, que es escasa, impone una única escena con una garúa dura de copos blancos y densos que suben, bajan, van y vienen y que finalmente se depositan en el suelo que va subiendo con constancia. Salir a la intemperie es una aventura incómoda para quienes no conocen de estas inclemencias. Los demás se mueven con cierta pericia, pero tampoco mucha. Todo es robótico, salvo el viento y la nieve que tienen su propia danza.

Ciudades en domingo

El primer saludo a Apolo: la mañana del domingo
Ocio sin consumo / Niza, enero de 2018, temporada baja
Movimiento sobre manto blanco / Val-d`Isère, enero de 2018, temporada alta

El primer saludo a Apolo: la mañana del domingo

Desde el año 321, los domingos son días de reposo para la gran mayoría de los trabajadores. Salvo ciertos rubros, los demás gozan de un día libre para “conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol”, a instancias del emperador Constantino. Los domingos, entonces, se celebran ritos familiares, religiosos, deportivos y sociales porque, en definitiva, se descansa. También se celebran ceremonias menos prosaicas, las de limpieza y compras para el hogar, por ejemplo.

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Oro, incienso, mirra y un arcoíris

Este año, mi regalo de Reyes llegó con algunas horas de anticipación, como un guiño a la ansiedad que sentía de niña en la víspera de cada 6 de enero.

En la tardecita del 5, salí a correr. Una tormenta veraniega se había gestado durante todo el día, en la tarde llovió con timidez y cuando paró, bajé a la rambla montevideana. Tomé rumbo sur, hacia la escollera Sarandí y, al regreso, continué hasta el inicio de Punta Carretas. El viento era insistente; de frente oficiaba de pared y de espaldas agobiaba por la humedad que impregnaba todo del ambiente. Durante el trayecto llovió, al principio, con cierta regularidad y luego las gotas se mantuvieron a modo de testimonio, exclusivamente.

Fue una corrida pesada por las condiciones atmosféricas, a pesar de que la temperatura era ideal. Había poca gente en la rambla, aunque la suficiente para no sentir soledad. Me crucé con algún que otro corredor y casi ningún ciclista.

Al regresar, el sol fue guareciéndose entre nubes densas, plomizas, llenas de agua. Cuando casi tocó el río, una luz ambarina lo invadió todo. El color era sorprendente por su originalidad y otorgaba nitidez. El río se tornó oscuro, la ciudad brillaba y las canteras del Parque Rodó adquirieron un profundo tono verde inglés. El ambiente era conmovedor. Sobre la ciudad, además, comenzó a formarse un arcoíris. Modesto al principio, adquirió forma y se completó totalmente. El añil de la esfera inferior era contundente y el rojo del extremo exterior se diluía entre las nubes. Se sostuvo un buen rato y por momentos fue doble.

Lamenté no tener la cámara o, al menos, el celular para captar tal momento. La fotografía era la actividad de todos los que estaban en la rambla, pues concitaba interés y admiración de grandes y chicos. También me apenó no contar con piernas rápidas para ir a buscar la cámara y testimoniar una postal digna de libro objeto. Sabía que no llegaría tiempo y entonces me dediqué a disfrutar plenamente del momento, mientras corría y buscaba adjetivos que dieran cuenta de la luz, las sombras, los colores.

Dejé la rambla con la sensación que aporta la adrenalina del entrenamiento y el alma en gozo ante la belleza natural que otorga un aporte diferente a un acontecimiento cotidiano (siempre corro en la misma zona). Lo sentí como un regalo y se lo atribuí a los Reyes Magos, relato que me conmueve.

La leyenda de los sabios de Oriente es bella y me atrajo desde siempre. Mis memorias de niña se mezclan con la ansiedad de la víspera de Reyes, juegos y anécdotas. En particular, recuerdo una representación teatral en clase de catequesis. Nair, la docente, nos propuso recrear la leyenda de Artaban, el cuarto rey mago.

Tengo imprecisas imágenes de aquel suceso, pero me veo de vestido blanco con pintitas celestes en composé y con un libro entre mis manos, pues oficié de narradora. Hilvanaba escenas de un cuento —publicado en la Selecciones del Reader’s Digest, versión del texto The Other Wise Man de Henry van Dyke— que narra las peripecias de Artabán, el cuarto mago, quien llevaba piedras preciosas para entregar a Jesús. A diferencia de Melchor, Gaspar y Baltazar, Artaban no llegó a tiempo porque en el camino se entretuvo con diversas causas que requirieron de su comprometida acción cristiana.

Para la mayoría, los reyes son tres. Yo tengo mis dudas a partir de la leyenda de Henry van Dyke y, a pesar de las vagas referencias históricas y pocas en las sagradas escrituras, la historia de los sabios de Oriente me sigue cautivando. Cada año, leo algún artículo en busca de datos y de verosimilitud, y me encuentro con algún detalle más que aporta contexto al relato de aquellos magos de Oriente que ofrecieron preciados tesoros al Mesías. Todos los años, celebro que los imaginarios reyes vuelvan a ofrecer oro, incienso y mirra, aunque lo hagan en otros términos. Y a mí, este año, me los dejaron en forma de acoríris.

“Hablo de la carrera y me sube la adrenalina”

Trail run por etapas en Uruguay: la primera edición del Raid de las Sierras

El último fin de semana de octubre de 2017 una carrera pedestre de tres etapas en la serranía de Minas debutó en el calendario del trail run del Uruguay. El Raid de las Sierras es la segunda carrera en su modalidad en nuestro país ―la primera es la MATT Trail Run―  y cuenta con un detalle que la hace singular en el Uruguay: es la única, en el rubro, con pernocte incluido. Este estilo de carreras, por etapas y con alojamiento, se ha popularizado en el mundo; en la región, incluso, hay clásicos que concitan interés internacional (el Cruce Columbia y el Raid de los Andes, por ejemplo).

El Raid de las Sierras estuvo a cargo de Elequipo Eventos Deportivos. Rodrigo Tomas, Marcos Martínez y Cecilia De Oliveira dieron vida a la carrera a partir de la experiencia recogida en las ediciones 2016 y 2017 de la Scott Marathon MTB, también bajo su responsabilidad. Este raid uruguayo, en su primera edición, acumuló más de 70 km en las sierras de Minas (Aguas Blancas) del 27 al 29 de octubre con cerros, cuchillas, senderos de ripio, campo, una cantera de piedra laja, más campo, algo de agua, trillos, barro, lluvia y sol.

Marcos Martínez fue el encargado de trazar los circuitos con la ayuda de Cecilia, quien además es su esposa. “El armado es la parte más fácil, lo más complicado es que te dejen pasar por esos lugares porque son predios privados. Fuimos armando los circuitos, buscamos que fueran lindos a la vista, atractivos para los corredores y con cierta dificultad. Los tres fueron diferentes, unos más técnicos y otros más rápidos”. Los circuitos se diseñan con suficiente anterioridad, se marcan con gps y tres días antes los vuelven a hacer para señalizarlos. Además, “24 horas antes de cada etapa, lo hacemos nuevamente para revisar todo, por si se vuelan marcas o si alguien las quita, no queremos que los corredores se pierdan”, acota Martínez.

La carrera se promocionó en Uruguay exclusivamente, aunque contó con algunos participantes extranjeros. “Quisimos hacer la prueba con corredores de aquí, porque es muy difícil vender un producto que no existe”, explica Martínez. “Se anotaron y pagaron algo más de cien corredores. Era lo que esperábamos, sabíamos que iban a ser pocos participantes y trabajamos para lograr el cien por ciento de satisfacción. Eso será lo que le dará el crecimiento, como en la Scott Marathon”.

El jueves 26 de noviembre el cielo de Minas estaba gris y llovía, el retiro de kits fue ágil y la charla técnica con pocos asistentes. El viernes 27, el día 1 de la carrera, bien temprano en la mañana el bus esperaba los bolsos de los corredores y la “cosa se animaba”. Había música y rostros expectantes. La salida fue desde la ciudad, con la Iglesia de fondo y una vuelta a la plaza, en “tren controlado” hasta llegar a un camino vecinal que dio comienzo al trail. El recorrido fue largo, de 34 k, y los corredores arribaron al camping de Aguas Blancas.

Ese día, de mayor kilometraje, había dos puestos de hidratación durante el recorrido y uno al llegar. Los puestos ofrecían “tres tipos de gomitas, maní, maní con chocolate, pasas de uva, barritas energéticas, pastafrola, naranjas, bananas y manzanas. Además, gatorade y agua para la hidratación”, explica Cecilia De Oliveira. Al llegar a la meta, había naranjas y agua fresca; un detalle que los corredores agradecían y consumían antes de alojarse en las carpas y pasar por las duchas. 

Mientras la élite ya se encontraba en manos de los kinesiólogos (un servicio extra de uso opcional), la mayoría de los corredores comenzó a arribar al campamento.  El almuerzo estaba pronto y el bufet ofreció carnes roja y blanca (recién salidas de la parrilla), pasta (se consumieron más de 90 kilos durante la competencia) y salsas, lentejas, verduras frescas y cocidas, pan, fruta y postre. Había abundante agua y bebidas Salus, y también vino. Martínez explica que “el menú fue definido por profesionales en nutrición para cubrir las demandas de los deportistas. Consideramos a los vegetarianos y veganos, también. Estaba todo calculado”.

“La organización superó mis expectativas, me había llevado comida por si había poco y volví con todo. No necesité nada. Los desayunos, almuerzos y cenas estuvieron muy bien, disfruté del vino en la noche, incluso”, Juan (30 años)

Participé en carreras similares en el exterior, también de tres etapas con campamento. Y el Raid de las Sierras no tiene nada que envidiarle a una carrera de afuera.  Solo le agregaría algunos kilómetros más al final; aunque estás muerto, es bueno para los más veloces” (Celika, 50 años)

En las primeras horas de la tarde del viernes, se descolgó la lluvia y una tormenta inusualmente fuerte con mucho viento, situación inesperada a pesar de que el pronóstico no era bueno. “Fue terrible prueba. Se complicó todo, no solo lo que se voló en el campamento, sino que estábamos marcando la segunda etapa y se hizo muy difícil, además tanta lluvia nos obligó a cambiar el recorrido del tercer día. Esa tormenta no fue algo lindo, pero hay que estar preparado y pudimos sobrellevar uno de los obstáculos más difíciles que puede tener una organización. Tuvimos, además, el apoyo de los corredores. En el campamento se sentía buena onda”.

La tormenta desalentó a algunos corredores que decidieron no continuar con el Raid, otros se fueron a dormir a Minas (que ya no tenía alojamiento, por otra parte) y algunos enfrentaron la adversidad y pernoctaron en el campamento que era un lodazal. La carpa comedor estuvo casi vacía en la noche del viernes, pero el espíritu de quienes cenaron fue animoso, así lo recuerdan los corredores consultados. El bufet repitió la oferta y los corredores iban y venían en busca de alimentos para reponer energías.

El sábado el desayuno no defraudó, según comentan los participantes. Además de café y té para consumo permanente, había fruta, cereales, yogur, pan, queso y dulces (mermelada, dulce de membrillo y dulce de leche) y tortas caseras.

El circuito del segundo día, de 25 k, implicaba un traslado en bus hasta las Cumbres del Ramallo en la ruta 60, una de las alturas más altas del país con un paisaje de abundantes sierras. La etapa se largó algo tarde, ya con calor, y los participantes fueron testigos, nuevamente, de un circuito privilegiado con la agreste naturaleza de las sierras como protagonista principal.

La tarde fue diferente, ya sin viento y con sol, el camping mostró su carácter: el almuerzo fue distendido, la siesta tranquila para recuperar las piernas y, más tarde, la cena para socializar y recuperar energías. Las fotos y el video del día despertaron comentarios, mientras los ganadores se preparaban para la entrega de premios que sumó, además, los del día anterior.

El recorrido del tercer y último día debió cambiarse y sumó un kilómetro más. Parece algo menor, pero cuando el acumulado es significativo, hasta un metro cuenta. La etapa del domingo salió del camping y regresó al mismo lugar. Fueron 16 k rápidos porque el acto de cierre con las premiaciones (de la etapa y la final) sería largo y los corredores, cansados, se disponían a regresar a sus hogares.

“Lo mejor de la carrera fue la organización, que fue excelente. El campamento fue brutal porque es una forma de compartir experiencias con otros corredores y, además, los recorridos estuvieron muy buenos”, (Celika, 50 años)

EL RAID EN DATOS

3 personas a cargo: Rodrigo, Marcos y Cecilia.
3 encargados de logística. 
35 personas que trabajaron durante la competencia.
110 carpas armadas.
1 carpa comedor para el servicio bufet con escenario incluido.
1 semana de armado y 4 días de desarmado.

Duchas con agua caliente. Conexión eléctrica para la carga de 
artefactos. Hospital de campaña. Zona de prensa. 
Zona de patrocinadores. Zona de recuperación. Almacén. Vigilancia.

5 categoría para individual damas + 5 para individual caballeros
4 categorías para duplas damas + 4 para duplas caballeros 
4 categorías para equipos mixto

Para Mónica (43 años), con experiencia en carreras similares en el exterior, el balance de la carrera es altamente positivo. “El Raid merece un lugar en el calendario uruguayo de trail. Volveré a correr la carrera otra vez. La recomiendo, sin lugar a dudas. Hablo de ella y me sube la adrenalina”.

A mediados de enero comienza la promoción del Raid 2018, explica Cecilia, y la carrera promete crecer porque, como dice Daniela (49 años), “Marcos y Cecilia son muy responsables y cuidadosos. Todo estuvo muy prolijo, un grupo de trabajo dedicado, ni hablar de cómo sacaron adelante todo luego del temporal fuerte del primer día”.

Dice Martínez que “para la segunda edición, con un producto que ya existe y está probado, saldremos a la región”. “Tenemos la experiencia de los corredores que ya hicieron el Raid en 2017 y un registro de imágenes, fotografía y video de calidad porque contratamos un equipo muy profesional”, confiesa Martínez con un dejo de orgullo. Las fotos estuvieron a cargo de Paola Nande y los videos son responsabilidad de Niko Silva Audiovisuales.

El primer Raid de la Sierras tuvo alrededor de cien participantes y la infraestructura permite entre 400 y 500 participantes. “Ese es el crecimiento esperado”. “Creemos que el año que viene el número de participantes se duplicará porque el producto es bueno y el trail run viene creciendo a nivel mundial”.

En las carreras de este tenor se anudan otras carreras, se hilvanan experiencias y anécdotas de otras instancias similares. En la carpa comedor, en cada encuentro, se escucharon proezas con relatos pasados y con el cansancio, la sed, las ganas de llegar y algunas caídas como protagonistas. También estuvieron los relatos de cada día, de 60 kilómetros, fueron relatos con lluvia, barro y mucho sol. El tiempo compartido, luego del esfuerzo, permitió tejero nuevos vínculos y proyectos, algunos locales y otros más lejanos, todos con el esfuerzo del entrenamiento y del placer de la vida al aire libre.

“El Raid significó superación. Fue un esfuerzo que realmente valió la pena. La complejidad estuvo dada por el acumulado de kilómetros y, a pesar de que me costó, quería subir más y ver las sierras desde la más alta”, Juan (30 años).