Bicis en la ciudad

Marianela tiene 31 años y tiene una bici dorada, simple y glamorosa. Es muy original. Daniel usa su bicicleta para trabajar. Es limpiavidrios y vive en La Teja. Se mueve por toda la ciudad. Le robaron 59 bicis, tantas como sus años de vida. Betania anda en bici porque la desconecta y porque le «embolan los bondis». A Diego le gusta su bici porque le es fiel y nunca lo dejó a pie. Bruno también piensa lo mismo. Santiago dice que en unos años lo «llevará a recorrer el mundo». Para Cecilia, el peor enemigo de la bici es el viento. Su opinión es compartida por otros. Martín elige este medio de transporte por economía, ecología, autonomía y salud. Luna es chilena y dice que la bicicleta, en su país, es una manera de resistencia.

En la cuenta de Instagram Bicicleta.uy y en la web http://www.bicicletaaa.com cada semana hay microhistorias de ciclismo urbano con otras Marianelas, Brunos, Martines y Lunas. Son relatos cortos, fotorreportajes mínimos que se muestran como un álbum de figuritas, siempre con un elemento en común: el birrodado en la ciudad.

«Me acuerdo del momento justo en el que me la regalaron»

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Andrés Amodio (34) es el responsable de estas postales que perfilan a ciclistas urbanos. Él también se mueve en bicicleta por la ciudad. Es diseñador gráfico, docente y le gusta la fotografía. La entrevista fue en Tándem —un café pensado para ciclistas— porque las bicis llaman a las bicis.

Su amor por la bicicleta comenzó de niño y su primera chiva fue una Graziella roja que no siente como la primera. «La que más me acuerdo era una BMX celeste con las ruedas amarillas que tenía los polifones en el manillar y en el cuadro. Tenía todos esos chiches. Las ruedas, cuando estaban nuevas, tenían pelito, como unos pinchos. Me acuerdo del momento justo en el que me la regalaron». Narra la anécdota con brillo en los ojos y cadencia en la voz. Hay un sentimiento que contagia en sus palabras, hay ritmo de pedaleo.

Su actual bicicleta es amarilla y roja, tiene los colores de los superhéroes. Parece Flash. «La compré usada y tenía un cuadro metalizado que se partió y tuve que cambiarlo. Fui a una bicicletería y justo tenían ese que es amarillo, también metalizado». Tiene un guardabarros aerodinámico —una pieza que se adosa de marca Ass Saver— de color rojo, como el manillar. «La bici fue armándose de a poco. Es una rutera con ruedas de la marca Create y asiento Brooks». La de Andrés, es una bici que parece haber viajado en el tiempo. Es un poco setentosa y para completar el atuendo, su casco es como los que usaban los motociclistas antiguamente. «Quería que fuera simple y lindo para usarlo», explica.

Contagiar porque «hace bien»

Andar en bici me «hace sentir bien» —dice Andrés—. «De niño y adolescente andaba en bici, pero estuve un buen tiempo sin andar porque me la habían robado. Después retomé como un medio de transporte, me pareció lógico e inteligente para no andar en ómnibus. La bici es un transporte feliz. No se ven ciclistas enojados, no es el rostro del estrés de quienes manejan otros vehículos. Es un disfrute» .

Tan bien se sentía que se propuso «intentar contagiar» y para eso le pareció buena idea «contar las historias que hay detrás de los ciclistas». De referencia tenía el proyecto Humans of New York que «es un catálogo increíble», agrega. «Mi idea no es llegar a tanta profundidad porque tiene que ser algo rápido: un par de preguntas, unas fotos y nada más».

Pedaleó el proyecto en su cabeza durante más de un año, sin animarse a salir. «Lo pensaba y lo pensaba y no lo hacía. Lo pensaba y nada. Como soy diseñador, armé la gráfica y hasta que no estuvo lista no quería largarlo. Después busqué cuatro o cinco personas cercanas para no tener un Instagram vacío al iniciar».

Así, en marzo de 2018, empezaron los primeros fotorreportajes. Luego tomó coraje y se animó a parar ciclistas por la calle, contar su propósito, preguntar y tomar fotos. Comenzó con una cuenta de Instagram y después sumó una web. Dice Andrés que las herramientas son adecuadas para cierto rango de edad. «Hay historias muy interesantes, de gente adulta que —como no entienden de qué se trata esto de las redes—, no aceptan salir».

Bicicleta.uy tiene casi cuatro mil seguidores en Instagram, un número significativo para Uruguay y para un segmento tan concreto. «No sé si es tanto», dice con humildad. Y agrega con cadencia de anhelo: «Me gustaría llegarle a más gente. Quiero contagiar y contagiar».

Todas las microhistorias de Bicicleta.uy tienen un mismo formato: una foto bien cuidada y siete imágenes más solo con texto en blanco y negro. Breves y concretas, con ocho secuencias se relata una experiencia ciclista con nombre, edad, ocupación, el traslado de ese día, la primera bicicleta, el peor enemigo, la mejor bajada, el porqué de la bici en general y de esa en particular. Son historias sencillas y genuinas que demuestran amor por una máquina que fue creada hace doscientos años. «La gente se siente orgullosa de su bici. Es que la bici te representa. Entonces ahora me contactan, me envían sus fotos porque quieren salir». Entre tantos relatos, el que más le llegó es el de Ruben. «Él trabaja en un Frigorífico y se mueve en la bici para dar los servicios sanitarios. Lleva una valija pesada y los baldes. Es muy diferente a la gente con la que me cruzo habitualmente».

Diversos actores con un propósito en común

En Uruguay, como sucede en otros países, surgen biciactivistas como Andrés. El cicloctivismo es una herramienta de cambio a partir de las bicis (Cicloesfera), es global y diverso y se expresa en personas y organizaciones. Y nuestro país no está ajeno, por eso han surgido diversos grupos ciclistas y un número significativo de personas que usan el ciclismo como medio de transporte. Han surgido también colectivos como Masa Crítica, Café con ruedas y cafeterías especializadas: Tándem y KOM, recientemente inaugurada.

Cada actor, individual o grupal, aporta su identidad y todas las voces ponen el foco en la bicicleta más allá del objeto e instan a otros a movilizarse de esta manera en términos de rebeldía, autonomía, individualidad y estilo.

Bicicleta.uy en Instagram
http://www.bicicletaaa.com

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Bicis que encuentran cafés

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Punto de encuentro

Café Latente abrió un nuevo local en el Parque Rodó y desde hace unos meses, está en Panyaro, un centro recreativo en Luis Piera casi Jackson. La cobertura de este nuevo café fue polifónica, a modo de entrevista cruzada, con los ciclistas de Café con Ruedas a quienes quería cubrir desde hace un tiempo, por la novedosa actividad que realizan.

El martes 6 de marzo, a media mañana, llegaron tres de los integrantes de esta original comunidad. Son cinco ciclistas uruguayos y han creado Café con Ruedas, un grupo que “visita diferentes lugares de venta de café en busca de nuevas experiencias para usuarios y amantes de la bicicleta”. Martes y jueves hacen el programa, que está en Facebook exclusivamente y que puede verse siempre, solo hay que buscarlo en la cuenta de la red social. Después de rodar un par de horas —salen muy temprano y a buen ritmo—, entran a un café, toman algo, charlan y puntúan el lugar. Tienen buena onda, son muy amenos y distendidos. Acumulan, en casi un año de vida, una experiencia interesante, con miles de kilómetros recorridos y más de sesenta cafés relevados.

Tuvimos una charla “de contertulios”, en un lugar que merece una parada. Café Latente en Panyaro es un café cien por ciento “biciamigable”, tanto que ese día estaban instalando un nuevo bicicletero —fuerte, robusto, indestructible— porque el anterior había sido vandalizado. Sirven buenas bebidas, cuentan con potente wifi y una vista inmejorable: al Río de la Plata.

Hechas las presentaciones, comenzamos a rodar. Con cadencia liviana, para entrar en calor.


Los primeros kilómetros

Ese martes, los chicos de Café con Ruedas venían del este, en sus bicis ruteras, equipados con el maillot del grupo, como siempre. E inmediatamente aclararon: “salimos para el mismo lado, no somos como los ciclistas [se refieren a los profesionales] que salen con viento en contra para volver con viento a favor”, aclaró Marcos Martínez.

Antes de entrar al local, con la cámara del celular ya prendida, Marcos hizo la presentación para la audiencia que ya esperaba en el mundo virtual. Luego habló con las chicas que estaban a cargo del café y describió la propuesta. Así empezó el programa, con el ritual de siempre. Luego armaron la mesa (el “set”), pidieron los cafés, el jugo “que debe ser natural” y los sólidos. El programa estaba en su curso natural y ya rodábamos los primeros kilómetros de acondicionamiento o entrada en calor.

Fue una charla muy divertida, una conversación informal. Debo confesar que a escasos minutos, me había olvidado de la cámara ante la naturalidad con la que se manejan. Porque esa es su fortaleza: la soltura, la picardía y el intercambio de intereses en común. Ellos hablan y se “pisan”, se ríen, hacen comentarios y anotaciones al margen y las que van al margen del margen, todo con efusividad y elocuencia. Son simpáticos, manejan cierto humor negro en determinadas circunstancias y se ríen de sí mismos. Si bien, pedalean de verdad, no lo hacen saber.

En una articulación de entrevista cruzada que no había sido pautada, quisieron saber mi experiencia como ciclista urbana. Hablamos de la vestimenta, de los zapatos, del casco y de otras cuestiones del ciclismo de ciudad. Convinimos en que los cambios de Montevideo no han sido significativos, pues todos esperábamos más y la ciudad necesita un acondicionamiento vial en el que se incluyan los birrodados a pedal. Observamos, con preocupación, el gran número de ciclistas que salen con audífonos y los que no usan casco, y Marcos fue rotundo: “Salir sin casco, no es de ciclista”. Alejandro Rodríguez y Marcelo Gopar tienen hijos pequeños y comentaron la naturalidad con la que sus niños usan el casco. “Bien por las nuevas generaciones”, concluimos.

Sostuvimos una conversación caótica, que nunca decayó, saltamos de tema en tema que osciló entre cuestiones de ciclismo urbano, las carreras, este blog, los cafés, su experiencia como deportistas y la historia de Café con Ruedas.


Constancia, ritmo y cadencia

Entre los ciclistas que usan las redes sociales, Café con Ruedas ya es un punto de encuentro que suscita comentarios. La iniciativa “surgió mucho antes que el programa”, explica Marcelo. “El año pasado entrenamos Marcos y yo solos, y al terminar íbamos a la ANCAP del Faro por un ´café con cookies´. Una promo que estaba buenísima. Lo hicimos así todo el invierno”. Y Marcos agrega: “Cuando dábamos la vuelta, en El Pinar, ya estábamos pensando en esas cookies. Estábamos deseando llegar a la ANCAP”.

Mientras tomaban ese café y degustaban las galletitas, que dicen estaban deliciosas, charlaban unos cuantos minutos más. “Lo mismo que ahora”, dice Marcelo. “No inventamos nada nuevo, es igual que ahora. Solo que pusimos la cámara”, aclara Marcos.

Marcelo es muy cafetero, tiene sus rituales y buen paladar para la bebida. Durante sus jornadas laborales, suele parar en Los Araucanos y un día invitó a sus compañeros de entrenamiento a cambiar de lugar. En ese entrenamiento, también estaban Juan Alloy. Fueron a Los Araucanos y a Marcos se le dio por filmar desde su cuenta de Facebook, era mayo de 2017 y así, con la espontaneidad que los caracteriza, surgió Café con Ruedas.

Ya están por celebrar el primer aniversario. “Habrá catorce barras y quince orquestas”, dice Marcos con desparpajo. Y comenzó el sprint de ideas, inusitados planteamientos que se suceden uno tras otro y que van perfeccionado con los agregados que aporta la audiencia. Esa dinámica, constante y jocosa, les sale naturalmente, pues la tienen muy bien aceitada.

Para el festejo proponen repartir café de un balde de veinte litros de pintura, “¡pero con decorado!”, dice Alejandro. Y lo servirán con cucharón o “se podrá tomar directamente”, aclaran. El pie era obvio: comenzamos a contar historias de hidratación en carreras. Y así, se escaparon de un tirón, dejaron el pelotón y tuve que ir a buscarlos.

Armamos nueva escalera y Marcos acotó que la primera filmación fue malísima, casi no tenían experiencia. Mejoraron rápidamente, armaron una página en Facebook y, cuando tuvieron seguidores, comenzaron a emitir desde Café con Ruedas. Meses después surgió la ropa y tienen merchandising también: gorros, remeras, buffs y jarritos.

Son cinco en total: Marcos Martínez, Marcelo Gopar, Juan Alloy, Alejandro Rodríguez y Daniel Guerequiz. Rara vez pueden salir todos, pero se las arreglan para darle continuidad. Entre solo dos y un día cualquiera, los he visto “remar” un programa. Con sagacidad, con pasión y constancia. “Lo nuestro es todo improvisación”, dice Marcos. Alejandro aclara que están atentos a los cafés y reciben piques de los seguidores y “de las familias, que no los abandonan”. Tienen más de sesenta lugares visitados y el orgullo de no haber repetido ninguno. Café con Ruedas ha cubierto un menú amplio, desde Carrasco a Ciudad Vieja y con áreas inexploradas porque advierten “que no han peinado el Centro, ni el Prado, por ejemplo”.


Cuestiones de técnica y vuelta a la calma

La evaluación de café, al final de cada encuentro, es fundamental y se lo toman en serio. Manejan diversos criterios que dejan claros mientras los comentan. Marcos acota que “un cinco ruedas, máxima calificación, debe ser un lugar bikefriendly, con productos buenos y un bicicletero seguro y a la vista. La bici tiene que estar segura y próxima al ciclista. No vamos, ni entramos si no es así, porque si no están dadas las condiciones, no es para Café con Ruedas”.

Dentro de las cinco ruedas, están también “las de carbono”: ¡la máxima expresión! Alejandro recuerda que “en Café Nómade entramos rodando. Fue superior: un lugar pensado para la bici”. Hay tres “cinco ruedas de carbono” en Montevideo: MAPI Café, Café Nómade y Tándem.

La charla se extendió, el programa fue el más largo hasta el momento y aportó otra cuestión novedosa: fui la primera mujer ciclista en participar. Marzo era un mes propicio para incorporar la experiencia femenina y así lo observaron las espectadoras. Varias de ellas eran mis compañeras de Chicas en Bici, vale decirlo. Pero había muchas más, porque las mujeres somos parte activa del ciclismo que, en Uruguay, viene creciendo pedal a pedal.

Con la cadencia de la vuelta a la calma, hablamos del futuro y Marcelo dejó bien en claro que “la impronta natural es el espíritu del grupo, algo que no se puede perder. Estas charlas son como las que tenemos en una reunión de amigos. Esta es la consigna”. Alejandro acotó que brindan información que el ciclista o el amante de la bici quiere tener, “queremos seguir en esa línea y seguir siendo espontáneos”.

Café con Ruedas ha generado un espacio de información en el ciclismo competitivo, además, porque no hay medios que cubran esas actividades. Ellos aprovechan las carreras, comentan y brindan datos, y cuentan con la ventaja de conocer a los ciclistas profesionales (con los que comparten competencias). Han hecho coberturas especiales en diferentes carreras y encuentros: La Eroica Punta del Este, Rutas de América, la Doble de Melo y desde Piriápolis, Cardona y otros tantos lugares. También reciben invitados, los improvisados y otros agendados previamente. “Nos gustan los invitados, sus historias y anécdotas. Nos gusta que nos cuenten ´las perdidas´, fundamentalmente”, acotan.

La interacción con los espectadores es lo más importante que tienen, mencionan una y otra vez. Por eso están en Facebook y no en YouTube. Tienen muchos seguidores, en todo el país y también en el exterior. Y uno en particular, el sexto integrante: Rodolfo Alejandro Miguez, un amante del ciclismo que los sigue desde el primer día.

Pronto habrá autoadhesivos Café con Ruedas para los lugares que han visitado, una de las tantas ideas que nació en el programa. Habrá más iniciativas, sin lugar a duda, porque son una usina de proyectos. Ahora se preparan para la cobertura de Café con Ruedas en el Gran Fondo Schneck 2018 que convocará, a fines de abril, a 1200 ciclistas. Llegarán al punto de encuentro de este Gran Fondo, frente al glamoroso Hotel Casino Carrasco, en un carro de bomberos con sirena abierta, en bote o en un carro tirado por caballos. Habrá que ver.

 

Café con Ruedas y Para despuntar el vicio:
https://www.facebook.com/cafeconruedasuy/videos/395896114214403/

Los cafés cinco ruedas
Café Solana / Diego´s Coffee & Food / La Farmacia Café / Farola / Café & Animé Shop Macaco / Pachu´s / Tropical Smoothies / Beatniks Café / Amadeo BAR / La Isla Surfshop Café / Nescafé Dolce Gusto Uruguay / Deli / Café Doré / Café Latente en Alma Libre / Tienda de Café / Almacén de Pizzas / Café Latente en Panyaro

La Farmacia, un elegantísimo café de la Ciudad Vieja, fue el elegido por los seguidores en una votación que realizaron en diciembre de 2017.

Los cinco ruedas de carbono
MAPI Café en MAPI Museo: “El primer cinco ruedas de carbono. Llegás por ciclovía, tienen estacionamiento cerrado y con minitaller. Generaron un espacio para ciclistas, lo crearon aunque el edificio no tenía las condiciones, quisieron hacerlo y lo lograron”.

Café Nómade: “Entrás andando con la bici, es lo máximo. Está pensado así. Y ellos ya nos seguían, fue todo una sorpresa. Cuando nos dijeron que la rampa estaba pensada para entrar andado, ¡colapsamos! Ese programa fue compartido hasta en Brasil con el comentario: ´Cuando las bicis encuentran café´”.

Tándem: “Bici, taller y café, ¡es el sueño del pibe! Todos los ciclistas queremos tener un café así. Tienen nuestro espíritu, nos sentimos a gusto”.