Los cafés porteños: especialidad y seducción

En Argentina, el consumo de café es considerablemente menor al del mate, la infusión reinante (seis kilos de yerba mate per cápita por año frente a un kilo de café). Aún así, Buenos Aires es la ciudad de las cafeterías. La costumbre de consumir un espresso o un cortado está arraigada en el paisaje porteño desde el siglo XX. La aguda crisis de las cafeterías que afectó a Montevideo entre fines de los años 60 hasta la primera década del siglo XXI no fue tal en Buenos Aires. Con diversas estrategias —apuntalar a los Bares Notables con arraigo histórico, por ejemplo—, los cafés porteños subsistieron y, con el fervor del café de especialidad, el escenario del «oro negro» ha adquirido un nuevo vigor.

La apertura de cafeterías especiales está en alza (hay casi cien, según datos de Pablo Montes, presidente la Cámara de Cafés y Bares) y también la adecuación de los recintos cafeteros ya existentes que buscan estar a tono con las nuevas tendencias. Hay cursos para baristas y tostadores, y también para los consumidores que se sofistican día a día. Buenos Aires tiene una feria de café (FECA) que se realiza dos veces por año, un Festival y una Fiesta del Café, iniciativas de la periodista Sabrina Cuculiansky. Y, para acompañar esta exaltación, en 2019 se publicaron dos guías en formato papel para dejar constancia y no perder detalle de las rutas cafeteras.

María Belén Rivero García, de Upsala, coordinó la edición de Cafés de Especialidad. El libro se lanzó al público en mayo y recoge veintiún cafeterías que conforman el «mapa de una nueva cultura». El primer reciento es Coffee Town pues, según se menciona en la publicación, fue la cafetería de especialidad que inauguró la tendencia en Buenos Aires.

Pocos meses después, la Cafeteguía de Martín Dalla Zorza aportó una nueva mirada al mercado. Con más de cincuenta cafeterías, la guía incluye reseñas de cafés clásicos (El Tortoni y Los Galgos, por ejemplo) y de especialidad. Incluye, además, un mapa cafetero.

En ambos textos se recogen las tendencias con las que los actores del café —baristas, tostadores y clientes— dan vida al panorama porteño que amalgama las últimas peculiaridades internacionales con detalles locales. En las cafeterías de Buenos Aires hay tiendas pequeñas, grandes superficies, escuetas barras, rincones escondidos. Se despliegan íconos cafeteros (granos y métodos); importantes máquinas para preparar espressos; molinos finamente calibrados y datos de los cafés (país, altura, beneficio, tostado). Los baristas hilvanan historias y las cartas de bocados acompañan con opciones modernas, cuidadosamente seleccionadas que tienen como propósito elevar el café, la esencia de las cafeterías de especialidad.

Buenos Aires está en constante movimiento y se nutre de turistas y de emprendedores deseosos de ubicar a la capital en el concierto internacional del café. Así que dejarse tentar y guiar, permitirse la sorpresa, ampliar el paladar, escuchar sugerencias y confiar en el instinto son las sugerencias para conocer el «mapa de esta nueva cultura».


Conviene visitar el Obrador de Panes & Galletas en el amplio horario del brunch y con apetito. ¡Con mucho apetito! El local enamora y el café, que no es la estrella, acompaña con brillo propio. Diferentes ambientes, una puesta en escena de hogar, detalles cálidos y armónicos y porciones generosas hacen de Obrador un lugar para afincarse. El local se distancia de la estética del café, pero sabe cómo seducir a los cafeteros con la combinación de texturas de panes de masa madre y los granos de Ninina, una reconocida cafetería de especialidad. Obrador es una síntesis de todo lo que está bien.

Obrador de Panes & Galletas / Chile 524, San Telmo

Pequeño, elegante, masculino y de refinado gris. En una única estancia, The Shelter Coffee se rinde al café de especialidad en una de las calles más europeas de Buenos Aires. La cafetería se muestra con la intimidad de un club selecto, pero abraza al visitante con tazas de cafés bien tratados. Desde la máquina, el barista es el centro y, quien decodifique esos símbolos, sabrá que The Shelter es su lugar, un refugio de cuidada iluminación, con madera, cuero y contrastantes tazas de loza color bordó.

The Shelter Coffee / Arroyo 940, Retiro

El área de elaboración de bebidas de LAB Tostadores de Café de Belgrano es el corazón, como si se tratara de un restaurante con cocina a la vista. Así, en el medio del salón principal los baristas cortejan una imponente cafetera Dalla Corte. La barra, generosa en tamaño, rodea el corazón y ofrece diferentes vistas que permiten percibir el ritmo de los cafés. La estética es de laboratorio fabril con detalles de la narrativa cafetera y toques en rosado brillante. Los granos de dos grandes tolvas se mueven constantemente. Los datos del origen y del tueste están a la vista todo el tiempo porque, en ese laboratorio, son indiscutidamente los protagonistas. La carta de bocados que acompaña las bebidas tiene sabores y texturas de jugada combinación. En LAB todo es innovación.

LAB. Tostadores de café / Echeverría 1550, Belgrano

Usina Cafetera es pura hospitalidad. La casona de Recoleta tiene varios ambientes, una vidriera con vistosa pastelería y servicio a la mesa. Al igual que las clásicas cafeterías porteñas, el cortado llega con un minibocado dulce. Usina es la síntesis de dos mundos: ofrece granos seleccionados en bebidas cuidadosamente preparadas, los mozos portan insignias con su nombre, hay azúcar y edulcorante en la mesa y la carta es extensa con opciones desde el desayuno a la cena. Es una síntesis amalgamada que logra su mayor expresión en taza con extracciones para repetir. Por ello, además, tienen tarjeta de fidelidad, un detalle para volver una y otra vez.

Usina Cafetera / Antonio Beruti 2751, Recoleta

Cuervo Reducto es pequeño y multitudinario; moderno y desenfrenado. Es perfecto para una parada de recarga cafetera o para una pausa más decantada. El ambiente cafetero se respira antes de entrar y los símbolos de la «internacional cafeteril» —elocuente expresión del periodista Nicolás Artusi— hablan, sugieren, seducen. La Marzocco está bien a la vista y una tolva reluciente acompaña el estrellato. Hay, además, libros, cafeteras de métodos, paquetes con café, vasos y molinos expuestos en una toda una pared. Cuervo Reducto es ritmo y movimiento, es la revelación de cómo un espacio reducido puede mostrar con claridad las áreas de servicio, de circulación y de estadía. En síntesis, cómo servir buen café en pocos metros con personalidad.

Cuervo Reducto / El Salvador 4580, Palermo

Hacienda Coffee es una cafetería femenina en estética y hospitalidad. Tiene tremenda barra, mucha madera, iluminación cálida, una cafetera Rocket que muestra todo su encanto, arte en las paredes (un mural cafetero y un gran espacio para exhibiciones) y el área de tostado está a la vista. Todo es muy prolijo y los baristas están deseosos de compartir experiencias, recomendar cafés, aportar detalles de tuestes y sabores. Hacienda invita a quedarse y trabajar, a quedarse y estudiar, a quedarse para que el tiempo pase, para tomar buen café y degustar productos venezolanos que, con orgullo, han incorporado.

Hacienda Coffee / Armenia 1929, Palermo

Duca Caffè & Apericena es la esquina italiana del café porteño. Es el reino de @tanobarista, un lugar donde el café y la puesta en escena llegan a la máxima expresión de la justa elegancia. El barista prepara, explica, cuenta, describe y anima. Maneja una bellísima Victoria Arduino con celeridad y delicadez. Aporta detalles de la molienda, destila show y carisma. Y los cafés tienen balance entre técnica y arte, profesionalidad y creatividad.

Duca / Thames 1759, Palermo

Fotografía: Florencia Diano Borghini, @floraaad
Relevamiento y textos: Gabriela Cabrera Castromán
Buenos Aires, setiembre de 2019

Café para todos los gustos en la cuarta edición de FECA Buenos Aires

Nota publicada en Círculo Café / 10 de mayo de 2019

El sábado 27 y domingo 28 de abril se realizó FECA, el Festival de Café de Buenos Aires, organizado por el gobierno de la ciudad y Exigí Buen Café (EBC). Fue la cuarta edición y, durante el fin de semana, cincuenta mil personas recorrieron los veinticinco puestos de café ubicados en la Plaza República del Perú, en Palermo.

Además de café y bocados, hubo charlas y talleres, música y foodtrucks. El gobierno de la ciudad de Buenos Aires aportó la logística del programa Buenos Aires Capital Gastronómica y FECA mostró armonicidad en el diseño con luminaria vintage, banderines, cartelería, los puestos y un mobiliario urbano —reposeras, mesas, sillas, lonas para pícnic y grandes almohadones— propicio para relajarse y disfrutar de la actividad.

Había cafeterías de especialidad, tradicionales y, entre las notables (históricas), esta vez le tocó a Las Violetas. Con un montaje especial, este clásico café porteño recreó la esquina de Medrano y Rivadavia en la que se ubica desde 1884. «Al principio era difícil porque nadie entendía muy bien cuando yo convocaba», explicó Sabrina Cuculianksy, responsable de EBC y creadora de la idea. «Los cafés tradicionales no entendían cómo hacer para sacar sus mesas de la esquina de siempre, traerla acá y reorganizar su personal. Y los de especialidad, que generalmente son lugares más pequeños, también tienen que abrir un día de descanso, cerrar su local o conseguir una máquina prestada. Pero hoy, en la cuarta edición, todos quieren estar y tengo lista de espera, porque no solo es una difusión, sino un negocio».

Para Pablo Montes, presidente de la Cámara de Cafés y Bares de Buenos Aires, la sinergia de los diferentes actores hace posible este tipo de actividades. «Buscamos que puedan convivir los cafés de especialidad y los tradicionales. Notamos que todos se preocupan en brindar un servicio de calidad con materia prima de primera y con capacitación». FECA, que se hace dos veces al año, muestra la mejor cara del café de Buenos Aires y lo hace, además, con precios muy accesibles. «El Festival está dirigido a fomentar la actividad, entonces queremos que todo el mundo pueda probar distintos estilos y para lograr eso hay que tener un precio accesible. Ese es el esfuerzo que hacemos entre todos: vender a un precio acorde, para que la gente pueda probar».

La oferta de bebidas y exquisiteces se complementó con los talleres y las charlas sobre los granos de especialidad, el café y el deporte, los métodos para el hogar, cocinar y hacer cócteles con café. También hubo algunos encuentros más técnicos sobre el desafío de las cadenas, cómo abrir una cafetería, los secretos del tueste, el espresso perfecto, el latte art y la sustentabilidad en el proceso del café.

La cuarta edición de FECA comenzó con un sábado inhóspito, con persistentes lluvias y  particularmente pegajoso. A pesar del mal tiempo, a media mañana el mercado de puestos estaba listo para ofrecer sus cafés, con los baristas y cafeteros expectantes. Y el público no falló. «El sábado, el hashtag era “TodoPorElCafé” porque, a pesar de la llovizna, se veía a la gente, con paraguas, tomando café sentada en el pasto y, en el auditorio, escuchando las charlas. La impresión es que el café está creciendo; la gente está cada vez más fanatizada, se anima a probar y los que ya conocen siguen saliendo. Cada vez hay más gente en este club de fan del café», comentó Cuculiansky, responsable de EBC.

El domingo amaneció despejado y luminoso. El barrio, que se caracteriza por amplios espacios verdes, jardines y árboles, desplegó su encanto con la temperatura propicia para un paseo al aire libre. Fue el marco ideal para el cierre de FECA que mostró un espectáculo genuino en torno a una bebida elegida por jóvenes y adultos, baristas, cafeteros, tostadores y mozos con moñito, porque, como sintetiza Cuculianksy, «el café nuclea diferencias».  

FECA en sorbos: las razones por las que hay que ir, tomar varios cafés, y volver a la siguiente edición y volver a la siguiente edición
—La amplia oferta de cafés de especialidad.
—Los buenos precios con opciones desde $ ARS 30 por un espresso y $ ARS 400 para 250 gramos de café de especialidad.
—La buena onda con la que los baristas explican sobre los granos, el tostado y los métodos que ofrecen.
—Las bolsas con café para mirar, tocar y oler de la Cámara de Cafés y Bares de Buenos Aires.
—La larga fila en ÖSS Kaffe para probar bebidas y charlar con Fernando Iglesias Molli, dueño del local, arquitecto y responsable de crear una cafetería que es una experiencia para los sentidos.
—El despliegue de cafés, tés y especias de El Gato Negro.
—Los libros de Nicolás Artusi (Café y Manual del Café) y el de Sabrina Cuculiansky (El Libro del Café), periodistas argentinos, especialistas en el tema.
—Las tazas de cerámica que simulan loza de Exigí Buen Café.
—Los bocados clásicos (las medialunas porteñas), los reversionados (los alfajores de coco y dulce de leche), los gigantes (las palmitas con chocolate) y los más nuevos (los rolls de canela).
—El Red Hot Chilli Cappu de Hábito que incluye salsa Tabasco, chocolate amargo, café y leche.
—El Cinnamon Latte de Plácido Café Bar que tiene almíbar de canela, café, leche caliente y crema batida.