Bicis que encuentran cafés

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Punto de encuentro

Café Latente abrió un nuevo local en el Parque Rodó y desde hace unos meses, está en Panyaro, un centro recreativo en Luis Piera casi Jackson. La cobertura de este nuevo café fue polifónica, a modo de entrevista cruzada, con los ciclistas de Café con Ruedas a quienes quería cubrir desde hace un tiempo, por la novedosa actividad que realizan.

El martes 6 de marzo, a media mañana, llegaron tres de los integrantes de esta original comunidad. Son cinco ciclistas uruguayos y han creado Café con Ruedas, un grupo que “visita diferentes lugares de venta de café en busca de nuevas experiencias para usuarios y amantes de la bicicleta”. Martes y jueves hacen el programa, que está en Facebook exclusivamente y que puede verse siempre, solo hay que buscarlo en la cuenta de la red social. Después de rodar un par de horas —salen muy temprano y a buen ritmo—, entran a un café, toman algo, charlan y puntúan el lugar. Tienen buena onda, son muy amenos y distendidos. Acumulan, en casi un año de vida, una experiencia interesante, con miles de kilómetros recorridos y más de sesenta cafés relevados.

Tuvimos una charla “de contertulios”, en un lugar que merece una parada. Café Latente en Panyaro es un café cien por ciento “biciamigable”, tanto que ese día estaban instalando un nuevo bicicletero —fuerte, robusto, indestructible— porque el anterior había sido vandalizado. Sirven buenas bebidas, cuentan con potente wifi y una vista inmejorable: al Río de la Plata.

Hechas las presentaciones, comenzamos a rodar. Con cadencia liviana, para entrar en calor.


Los primeros kilómetros

Ese martes, los chicos de Café con Ruedas venían del este, en sus bicis ruteras, equipados con el maillot del grupo, como siempre. E inmediatamente aclararon: “salimos para el mismo lado, no somos como los ciclistas [se refieren a los profesionales] que salen con viento en contra para volver con viento a favor”, aclaró Marcos Martínez.

Antes de entrar al local, con la cámara del celular ya prendida, Marcos hizo la presentación para la audiencia que ya esperaba en el mundo virtual. Luego habló con las chicas que estaban a cargo del café y describió la propuesta. Así empezó el programa, con el ritual de siempre. Luego armaron la mesa (el “set”), pidieron los cafés, el jugo “que debe ser natural” y los sólidos. El programa estaba en su curso natural y ya rodábamos los primeros kilómetros de acondicionamiento o entrada en calor.

Fue una charla muy divertida, una conversación informal. Debo confesar que a escasos minutos, me había olvidado de la cámara ante la naturalidad con la que se manejan. Porque esa es su fortaleza: la soltura, la picardía y el intercambio de intereses en común. Ellos hablan y se “pisan”, se ríen, hacen comentarios y anotaciones al margen y las que van al margen del margen, todo con efusividad y elocuencia. Son simpáticos, manejan cierto humor negro en determinadas circunstancias y se ríen de sí mismos. Si bien, pedalean de verdad, no lo hacen saber.

En una articulación de entrevista cruzada que no había sido pautada, quisieron saber mi experiencia como ciclista urbana. Hablamos de la vestimenta, de los zapatos, del casco y de otras cuestiones del ciclismo de ciudad. Convinimos en que los cambios de Montevideo no han sido significativos, pues todos esperábamos más y la ciudad necesita un acondicionamiento vial en el que se incluyan los birrodados a pedal. Observamos, con preocupación, el gran número de ciclistas que salen con audífonos y los que no usan casco, y Marcos fue rotundo: “Salir sin casco, no es de ciclista”. Alejandro Rodríguez y Marcelo Gopar tienen hijos pequeños y comentaron la naturalidad con la que sus niños usan el casco. “Bien por las nuevas generaciones”, concluimos.

Sostuvimos una conversación caótica, que nunca decayó, saltamos de tema en tema que osciló entre cuestiones de ciclismo urbano, las carreras, este blog, los cafés, su experiencia como deportistas y la historia de Café con Ruedas.


Constancia, ritmo y cadencia

Entre los ciclistas que usan las redes sociales, Café con Ruedas ya es un punto de encuentro que suscita comentarios. La iniciativa “surgió mucho antes que el programa”, explica Marcelo. “El año pasado entrenamos Marcos y yo solos, y al terminar íbamos a la ANCAP del Faro por un ´café con cookies´. Una promo que estaba buenísima. Lo hicimos así todo el invierno”. Y Marcos agrega: “Cuando dábamos la vuelta, en El Pinar, ya estábamos pensando en esas cookies. Estábamos deseando llegar a la ANCAP”.

Mientras tomaban ese café y degustaban las galletitas, que dicen estaban deliciosas, charlaban unos cuantos minutos más. “Lo mismo que ahora”, dice Marcelo. “No inventamos nada nuevo, es igual que ahora. Solo que pusimos la cámara”, aclara Marcos.

Marcelo es muy cafetero, tiene sus rituales y buen paladar para la bebida. Durante sus jornadas laborales, suele parar en Los Araucanos y un día invitó a sus compañeros de entrenamiento a cambiar de lugar. En ese entrenamiento, también estaban Juan Alloy. Fueron a Los Araucanos y a Marcos se le dio por filmar desde su cuenta de Facebook, era mayo de 2017 y así, con la espontaneidad que los caracteriza, surgió Café con Ruedas.

Ya están por celebrar el primer aniversario. “Habrá catorce barras y quince orquestas”, dice Marcos con desparpajo. Y comenzó el sprint de ideas, inusitados planteamientos que se suceden uno tras otro y que van perfeccionado con los agregados que aporta la audiencia. Esa dinámica, constante y jocosa, les sale naturalmente, pues la tienen muy bien aceitada.

Para el festejo proponen repartir café de un balde de veinte litros de pintura, “¡pero con decorado!”, dice Alejandro. Y lo servirán con cucharón o “se podrá tomar directamente”, aclaran. El pie era obvio: comenzamos a contar historias de hidratación en carreras. Y así, se escaparon de un tirón, dejaron el pelotón y tuve que ir a buscarlos.

Armamos nueva escalera y Marcos acotó que la primera filmación fue malísima, casi no tenían experiencia. Mejoraron rápidamente, armaron una página en Facebook y, cuando tuvieron seguidores, comenzaron a emitir desde Café con Ruedas. Meses después surgió la ropa y tienen merchandising también: gorros, remeras, buffs y jarritos.

Son cinco en total: Marcos Martínez, Marcelo Gopar, Juan Alloy, Alejandro Rodríguez y Daniel Guerequiz. Rara vez pueden salir todos, pero se las arreglan para darle continuidad. Entre solo dos y un día cualquiera, los he visto “remar” un programa. Con sagacidad, con pasión y constancia. “Lo nuestro es todo improvisación”, dice Marcos. Alejandro aclara que están atentos a los cafés y reciben piques de los seguidores y “de las familias, que no los abandonan”. Tienen más de sesenta lugares visitados y el orgullo de no haber repetido ninguno. Café con Ruedas ha cubierto un menú amplio, desde Carrasco a Ciudad Vieja y con áreas inexploradas porque advierten “que no han peinado el Centro, ni el Prado, por ejemplo”.


Cuestiones de técnica y vuelta a la calma

La evaluación de café, al final de cada encuentro, es fundamental y se lo toman en serio. Manejan diversos criterios que dejan claros mientras los comentan. Marcos acota que “un cinco ruedas, máxima calificación, debe ser un lugar bikefriendly, con productos buenos y un bicicletero seguro y a la vista. La bici tiene que estar segura y próxima al ciclista. No vamos, ni entramos si no es así, porque si no están dadas las condiciones, no es para Café con Ruedas”.

Dentro de las cinco ruedas, están también “las de carbono”: ¡la máxima expresión! Alejandro recuerda que “en Café Nómade entramos rodando. Fue superior: un lugar pensado para la bici”. Hay tres “cinco ruedas de carbono” en Montevideo: MAPI Café, Café Nómade y Tándem.

La charla se extendió, el programa fue el más largo hasta el momento y aportó otra cuestión novedosa: fui la primera mujer ciclista en participar. Marzo era un mes propicio para incorporar la experiencia femenina y así lo observaron las espectadoras. Varias de ellas eran mis compañeras de Chicas en Bici, vale decirlo. Pero había muchas más, porque las mujeres somos parte activa del ciclismo que, en Uruguay, viene creciendo pedal a pedal.

Con la cadencia de la vuelta a la calma, hablamos del futuro y Marcelo dejó bien en claro que “la impronta natural es el espíritu del grupo, algo que no se puede perder. Estas charlas son como las que tenemos en una reunión de amigos. Esta es la consigna”. Alejandro acotó que brindan información que el ciclista o el amante de la bici quiere tener, “queremos seguir en esa línea y seguir siendo espontáneos”.

Café con Ruedas ha generado un espacio de información en el ciclismo competitivo, además, porque no hay medios que cubran esas actividades. Ellos aprovechan las carreras, comentan y brindan datos, y cuentan con la ventaja de conocer a los ciclistas profesionales (con los que comparten competencias). Han hecho coberturas especiales en diferentes carreras y encuentros: La Eroica Punta del Este, Rutas de América, la Doble de Melo y desde Piriápolis, Cardona y otros tantos lugares. También reciben invitados, los improvisados y otros agendados previamente. “Nos gustan los invitados, sus historias y anécdotas. Nos gusta que nos cuenten ´las perdidas´, fundamentalmente”, acotan.

La interacción con los espectadores es lo más importante que tienen, mencionan una y otra vez. Por eso están en Facebook y no en YouTube. Tienen muchos seguidores, en todo el país y también en el exterior. Y uno en particular, el sexto integrante: Rodolfo Alejandro Miguez, un amante del ciclismo que los sigue desde el primer día.

Pronto habrá autoadhesivos Café con Ruedas para los lugares que han visitado, una de las tantas ideas que nació en el programa. Habrá más iniciativas, sin lugar a duda, porque son una usina de proyectos. Ahora se preparan para la cobertura de Café con Ruedas en el Gran Fondo Schneck 2018 que convocará, a fines de abril, a 1200 ciclistas. Llegarán al punto de encuentro de este Gran Fondo, frente al glamoroso Hotel Casino Carrasco, en un carro de bomberos con sirena abierta, en bote o en un carro tirado por caballos. Habrá que ver.

 

Café con Ruedas y Para despuntar el vicio:
https://www.facebook.com/cafeconruedasuy/videos/395896114214403/

Los cafés cinco ruedas
Café Solana / Diego´s Coffee & Food / La Farmacia Café / Farola / Café & Animé Shop Macaco / Pachu´s / Tropical Smoothies / Beatniks Café / Amadeo BAR / La Isla Surfshop Café / Nescafé Dolce Gusto Uruguay / Deli / Café Doré / Café Latente en Alma Libre / Tienda de Café / Almacén de Pizzas / Café Latente en Panyaro

La Farmacia, un elegantísimo café de la Ciudad Vieja, fue el elegido por los seguidores en una votación que realizaron en diciembre de 2017.

Los cinco ruedas de carbono
MAPI Café en MAPI Museo: “El primer cinco ruedas de carbono. Llegás por ciclovía, tienen estacionamiento cerrado y con minitaller. Generaron un espacio para ciclistas, lo crearon aunque el edificio no tenía las condiciones, quisieron hacerlo y lo lograron”.

Café Nómade: “Entrás andando con la bici, es lo máximo. Está pensado así. Y ellos ya nos seguían, fue todo una sorpresa. Cuando nos dijeron que la rampa estaba pensada para entrar andado, ¡colapsamos! Ese programa fue compartido hasta en Brasil con el comentario: ´Cuando las bicis encuentran café´”.

Tándem: “Bici, taller y café, ¡es el sueño del pibe! Todos los ciclistas queremos tener un café así. Tienen nuestro espíritu, nos sentimos a gusto”.

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Ciudades en domingo

El primer saludo a Apolo: la mañana del domingo
Ocio sin consumo / Niza, enero de 2018, temporada baja
Movimiento sobre manto blanco / Val-d`Isère, enero de 2018, temporada alta

EL PRIMER SALUDO A APOLO: la mañana del domingo

Desde el año 321, los domingos son días de reposo para la gran mayoría de los trabajadores. Salvo ciertos rubros, los demás gozan de un día libre para “conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol”, a instancias del emperador Constantino. Los domingos, entonces, se celebran ritos familiares, religiosos, deportivos y sociales porque, en definitiva, se descansa. También se celebran ceremonias menos prosaicas, las de limpieza y compras para el hogar, por ejemplo.

Las ciudades se muestran de otra manera, cambian de ropa y se animan a salir sin maquillaje, más auténticas, más relajadas. Su fisonomía se transforma porque los domingos operan servicios diferentes al resto de la semana. Algunos comercios cierran y, en cambio, otros abren específicamente: hay ferias, actividades lúdicas y deportivas, paseos distendidos. Los domingos muestran otra faceta de la vida cotidiana, muestran valores y creencias, costumbres y rituales. Los domingos son más destensados y auténticos; en especial, por la mañana, cuando las ciudades relatan costumbres, modos de vida y qué ofrecen a los turistas que viven, a diferencia de los locatarios, siempre en domingo.

OCIO SIN CONSUMO, propuestas alternativas para un clásico de la costa azul francesa: Niza / 21 de enero de 2018 / Invierno, temporada baja

Un domingo de invierno, con las primeras luces de la mañana, cerca de las ocho, la “Promenade des Anglais” en la Bahía de los Ángeles comienza a animarse con corredores y caminantes. La temperatura del invierno europeo en la costa del Mediterráneo es estupenda para hacer deporte y la rambla invita en una mañana luminosa, sin bruma y casi sin viento.

El Paseo de los Ingleses, quizás la semblanza más característica de la ciudad, es ancho y espacioso. Mira al Mediterráneo que es tan azul como en las postales y sugiere un chapuzón o mojar los pies cuando no es estación de playa. El mar, en lugar de arena, tiene piedras de diferentes tamaños, algunas son pequeñas, de esas que se inmiscuyen entre los dedos de los pies.

En la rambla, cada tanto, una hilera de sillas invita a contemplar el agua. La escena se repite en varias ocasiones. La silla azul de metal es otro de los emblemas de la ciudad. También hay grandes macetas con flores, pérgolas, faroles y quioscos. El conjunto es singular, armónico, de cuidada estética.

Sobre una pequeña parcela de la playa, una de las pocas áreas con arena gruesa, entrena un equipo femenino de fútbol. Son preadolescentes, están todas vestidas de rojo; practican técnica en un pequeño espacio, se ríen y conversan en francés. El mar está vacío y solo una persona, a lo largo de muchos kilómetros, toma un baño corto. Si bien está agradable para correr, quienes caminan están abrigados porque hace frío. La bañista, una intrépida mujer de tercera edad, apura el baño y se envuelve en una toalla grande.

Pasan los minutos y se incorporan más deportistas en el entorno. También hay patinadores. En el bulevar que está próximo a la rambla —con palmeras y estilizados edificios art nouveau del otro lado de la calle se ven numerosos ciclistas. Van de a uno, en parejas o en tríos, y otros en grandes grupos. También hay ciclistas que transitan por el carril bici de la propia rambla, una incorporación significativa para la movilidad de la ciudad. Algunos van en bicicletas tándem y otros en bicirodados más extraños, esos que atraen a los turistas.  

Sobre la calle se ven autos, algunos veloces y todos costosos. También hay buses locales y muchos de turistas. No hay vestigios de una noche frenética de sábado, el espacio está impecable, dispuesto para el disfrute de quienes salen temprano en la mañana. Algunas áreas públicas y ciertas veredas tienen el pavimento mojado, como si recién las hubiesen lavado.

La rambla, que no tiene interrupciones, ofrece varios kilómetros para recorrer sin pausa con una vista excepcional. La ciudad tiene edificaciones claras sobre el mar y otras de colores armoniosos en el centro histórico, con construcciones rosadas y amarillas principalmente. Detrás están las primeras elevaciones: hay canteras y barrancos con casas de diferente tamaño, luego hay sierras con vegetación muy verde y en el fondo, lejos pero no tanto, montañas con nieve.

A media mañana, los comercios están cerrados, solo algunos cafés están abiertos con locatarios que leen la prensa y turistas que miran sus mapas. Se perciben y se disfrutan los olores del pan francés recién salido del horno y del café que acaba de prepararse. La ciudad recién comienza a moverse, lentamente. Incluso, sobre el mediodía en la zona turística, los locales de venta de ropa y de accesorios siguen cerrados. Todos: los de baratijas y también los más encopetados, esos que atrapan gruesas billeteras y que también dan identidad a la propuesta nizarda.

En temporada baja, los domingos de Niza son de pausa comercial. La ciudad convoca al deporte y a la cultura. Además de la rambla, un paseo por las cercanías (con muy buenos senderos en la zona de Tourrette-Levens) o caminar por la ciudad, hay varios museos atractivos. El nacional de Chagall, el de Matisse, el de Bellas Artes, el de Arte Moderno y Contemporáneo, y el de Fotografías, por ejemplo. También una visita por las iglesias, aunque la más hermosa y elegante, la Catedral Rusa, está cerrada al público, pues es día de oficio religioso. A pesar de ello, vale la pena asomarse entre las rejas para admirar su arquitectura colorida y suntuosa, para dejarse llevar por su porte elegante, tan adecuado a la ciudad.

Niza, uno de los centros turísticos más famosos de la costa azul francesa, saluda a Apolo con mesura y se aleja del consumo con propuestas que revalorizan su patrimonio. Sin lugar a dudas, una buena invitación para vivir la ciudad sin gastar mucho dinero.

MOVIMIENTO SOBRE MANTO BLANCO: Val-d’Isère, Francia / 14 de enero de 2018 / Invierno, temporada alta

Val-d’Isère, en los alpes franceses, es una pequeña ciudad que no alcanza los 2000 habitantes. Su estación de esquí es reconocida entre los aficionados y especialistas en el deporte por una geografía generosa en extensiones, pendientes y con gran caudal de nieve. Junto a Tignes, la localidad más próxima, conforma una de las zonas de esquí más importantes de Europa que congrega un alto caudal de turistas. El pueblo, mayormente en madera y piedra, es un conjunto armonioso y bien cuidado de construcciones bajas, con balcones y techo a dos aguas. Tiene un pequeño canal y, como no podía ser de otra manera, una iglesia que le aporta historia y tradición, construida en 1664.

A media mañana de domingo, en plena temporada invernal, la ciudad está fría. Hay seis grados bajo cero y la sensación térmica es menor, todavía. Está todo blanco, del cielo al piso, y el suelo algo resbaladizo. Se ven turistas en movimiento. Son esquiadores, mayormente; portan su equipaje: esquíes, bastones y botas, y van con lentes, gorro y guantes, algunos también llevan casco. Caminan lento y con movimientos poco gráciles. Se mueven en grupos de a dos o tres, algunos más numerosos.

Los comercios están abiertos, hay tiendas de ropa y de accesorios de esquí, también varios supermercados, bien surtidos y con precios similares a otras ciudades (salvo las frutas y las verduras que son significativamente más caras). Todo parece funcionar con normalidad. En la estación de policía terminan de limpiar la entrada, se nota que barrer la nieve da trabajo. La funcionaria a cargo se mueve rápidamente y su rostro congestionado muestra el contraste ante el calor que desprende su cuerpo y el frío del exterior.

Hay nieve por todos lados, gruesas capas que cubren todo, vehículos totalmente tapados y enterrados bajo una capa blanca. El día está muy gris y el límite de las montañas, cubiertas de nieve, es apenas perceptible. El cielo parece fundirse entre las elevaciones que muestran protuberancias, pinos de diversas formas, pistas de esquí, carriles de funiculares, construcciones.

Los cafés están casi vacíos, en algunos hay turistas que compran bebidas calientes para llevar y algún croissant. Hay poco movimiento, la movida se desplegará más tarde, hasta la noche cuando los servicios gastronómicos despachan platos calientes y bebidas frías entre animadas conversaciones.

El escenario general es de postal europea de invierno. Icónico e ineludible para el registro mental de referencias geográficas. También el frío, que es inapelable.

El bus local, gratuito, recorre parte de la ciudad acercando a los esquiadores a la zona de subida. En las paradas, hay dispositivos digitales que indican el tiempo que falta para el próximo servicio. Cuando para el bus, los deportistas suben y bajan, cuidan que los esquíes no se golpeen, se mueven lento, trabajosamente.

La gente es cálida y educada, en los comercios y en la calle. Hay algunas familias y pocos adultos mayores. El público ronda, en líneas generales, entre los 25 y los 50 años. Se nota su alto poder adquisitivo en la ropa y en los accesorios. Visten de colores brillantes: azul, verde, amarillo, fucsia. Los lentes son envolventes, los guantes muy grandes y también las botas, firmes, de un plástico duro y con trabas en la suela. Hablan diferentes lenguas: francés, inglés, alemán y, esporádicamente, se escucha el español.

Se respira un aire turístico pautado por la adrenalina que espera fluir arriba, en la montaña. Se palpa ese aire de ansiedad, la espera de algo bueno que sucederá. En la playa, la sensación está ahí, sobre el mar; en cambio, en una ciudad turística con estación invernal, la adrenalina está arriba y comienza a brotar cuando los esquiadores suben a las pistas.

Sin viento, en Val-d’Isère todo parece inmóvil, pero el movimiento es imperativo porque, de lo contrario, el frío penetra y lacera. Primero llega a la piel, luego al músculo y finalmente al hueso. Ahí se instala, sin pudor y sin piedad. Los turistas lo sienten, sus rostros evidencian el frío pero parece que no les importara porque van en busca de la adrenalina del manto blanco. Los locatarios, agradecen ese manto blanco que atrae turistas y, con la calefacción arriba de 24º, miran la escena desde las ventanas de los comercios y de los hogares.

El lunes, Val-d’Isère despierta de la misma manera y a la escena del domingo se le suman los vehículos para retirar la nieve, los de limpieza y los que abastecen los servicios gastronómicos y de hotelería. Es un lunes resplandeciente, con el cielo tan azul como se pueda imaginar y sin tanto frío, para alivio de los trabajadores y gozo de los turistas. Otra postal europea de invierno.