Bicis que encuentran cafés

Captura de pantalla 2018-03-18 a la(s) 11.23.18

Punto de encuentro

Café Latente abrió un nuevo local en el Parque Rodó y desde hace unos meses, está en Panyaro, un centro recreativo en Luis Piera casi Jackson. La cobertura de este nuevo café fue polifónica, a modo de entrevista cruzada, con los ciclistas de Café con Ruedas a quienes quería cubrir desde hace un tiempo, por la novedosa actividad que realizan.

El martes 6 de marzo, a media mañana, llegaron tres de los integrantes de esta original comunidad. Son cinco ciclistas uruguayos y han creado Café con Ruedas, un grupo que “visita diferentes lugares de venta de café en busca de nuevas experiencias para usuarios y amantes de la bicicleta”. Martes y jueves hacen el programa, que está en Facebook exclusivamente y que puede verse siempre, solo hay que buscarlo en la cuenta de la red social. Después de rodar un par de horas —salen muy temprano y a buen ritmo—, entran a un café, toman algo, charlan y puntúan el lugar. Tienen buena onda, son muy amenos y distendidos. Acumulan, en casi un año de vida, una experiencia interesante, con miles de kilómetros recorridos y más de sesenta cafés relevados.

Tuvimos una charla “de contertulios”, en un lugar que merece una parada. Café Latente en Panyaro es un café cien por ciento “biciamigable”, tanto que ese día estaban instalando un nuevo bicicletero —fuerte, robusto, indestructible— porque el anterior había sido vandalizado. Sirven buenas bebidas, cuentan con potente wifi y una vista inmejorable: al Río de la Plata.

Hechas las presentaciones, comenzamos a rodar. Con cadencia liviana, para entrar en calor.


Los primeros kilómetros

Ese martes, los chicos de Café con Ruedas venían del este, en sus bicis ruteras, equipados con el maillot del grupo, como siempre. E inmediatamente aclararon: “salimos para el mismo lado, no somos como los ciclistas [se refieren a los profesionales] que salen con viento en contra para volver con viento a favor”, aclaró Marcos Martínez.

Antes de entrar al local, con la cámara del celular ya prendida, Marcos hizo la presentación para la audiencia que ya esperaba en el mundo virtual. Luego habló con las chicas que estaban a cargo del café y describió la propuesta. Así empezó el programa, con el ritual de siempre. Luego armaron la mesa (el “set”), pidieron los cafés, el jugo “que debe ser natural” y los sólidos. El programa estaba en su curso natural y ya rodábamos los primeros kilómetros de acondicionamiento o entrada en calor.

Fue una charla muy divertida, una conversación informal. Debo confesar que a escasos minutos, me había olvidado de la cámara ante la naturalidad con la que se manejan. Porque esa es su fortaleza: la soltura, la picardía y el intercambio de intereses en común. Ellos hablan y se “pisan”, se ríen, hacen comentarios y anotaciones al margen y las que van al margen del margen, todo con efusividad y elocuencia. Son simpáticos, manejan cierto humor negro en determinadas circunstancias y se ríen de sí mismos. Si bien, pedalean de verdad, no lo hacen saber.

En una articulación de entrevista cruzada que no había sido pautada, quisieron saber mi experiencia como ciclista urbana. Hablamos de la vestimenta, de los zapatos, del casco y de otras cuestiones del ciclismo de ciudad. Convinimos en que los cambios de Montevideo no han sido significativos, pues todos esperábamos más y la ciudad necesita un acondicionamiento vial en el que se incluyan los birrodados a pedal. Observamos, con preocupación, el gran número de ciclistas que salen con audífonos y los que no usan casco, y Marcos fue rotundo: “Salir sin casco, no es de ciclista”. Alejandro Rodríguez y Marcelo Gopar tienen hijos pequeños y comentaron la naturalidad con la que sus niños usan el casco. “Bien por las nuevas generaciones”, concluimos.

Sostuvimos una conversación caótica, que nunca decayó, saltamos de tema en tema que osciló entre cuestiones de ciclismo urbano, las carreras, este blog, los cafés, su experiencia como deportistas y la historia de Café con Ruedas.


Constancia, ritmo y cadencia

Entre los ciclistas que usan las redes sociales, Café con Ruedas ya es un punto de encuentro que suscita comentarios. La iniciativa “surgió mucho antes que el programa”, explica Marcelo. “El año pasado entrenamos Marcos y yo solos, y al terminar íbamos a la ANCAP del Faro por un ´café con cookies´. Una promo que estaba buenísima. Lo hicimos así todo el invierno”. Y Marcos agrega: “Cuando dábamos la vuelta, en El Pinar, ya estábamos pensando en esas cookies. Estábamos deseando llegar a la ANCAP”.

Mientras tomaban ese café y degustaban las galletitas, que dicen estaban deliciosas, charlaban unos cuantos minutos más. “Lo mismo que ahora”, dice Marcelo. “No inventamos nada nuevo, es igual que ahora. Solo que pusimos la cámara”, aclara Marcos.

Marcelo es muy cafetero, tiene sus rituales y buen paladar para la bebida. Durante sus jornadas laborales, suele parar en Los Araucanos y un día invitó a sus compañeros de entrenamiento a cambiar de lugar. En ese entrenamiento, también estaban Juan Alloy. Fueron a Los Araucanos y a Marcos se le dio por filmar desde su cuenta de Facebook, era mayo de 2017 y así, con la espontaneidad que los caracteriza, surgió Café con Ruedas.

Ya están por celebrar el primer aniversario. “Habrá catorce barras y quince orquestas”, dice Marcos con desparpajo. Y comenzó el sprint de ideas, inusitados planteamientos que se suceden uno tras otro y que van perfeccionado con los agregados que aporta la audiencia. Esa dinámica, constante y jocosa, les sale naturalmente, pues la tienen muy bien aceitada.

Para el festejo proponen repartir café de un balde de veinte litros de pintura, “¡pero con decorado!”, dice Alejandro. Y lo servirán con cucharón o “se podrá tomar directamente”, aclaran. El pie era obvio: comenzamos a contar historias de hidratación en carreras. Y así, se escaparon de un tirón, dejaron el pelotón y tuve que ir a buscarlos.

Armamos nueva escalera y Marcos acotó que la primera filmación fue malísima, casi no tenían experiencia. Mejoraron rápidamente, armaron una página en Facebook y, cuando tuvieron seguidores, comenzaron a emitir desde Café con Ruedas. Meses después surgió la ropa y tienen merchandising también: gorros, remeras, buffs y jarritos.

Son cinco en total: Marcos Martínez, Marcelo Gopar, Juan Alloy, Alejandro Rodríguez y Daniel Guerequiz. Rara vez pueden salir todos, pero se las arreglan para darle continuidad. Entre solo dos y un día cualquiera, los he visto “remar” un programa. Con sagacidad, con pasión y constancia. “Lo nuestro es todo improvisación”, dice Marcos. Alejandro aclara que están atentos a los cafés y reciben piques de los seguidores y “de las familias, que no los abandonan”. Tienen más de sesenta lugares visitados y el orgullo de no haber repetido ninguno. Café con Ruedas ha cubierto un menú amplio, desde Carrasco a Ciudad Vieja y con áreas inexploradas porque advierten “que no han peinado el Centro, ni el Prado, por ejemplo”.


Cuestiones de técnica y vuelta a la calma

La evaluación de café, al final de cada encuentro, es fundamental y se lo toman en serio. Manejan diversos criterios que dejan claros mientras los comentan. Marcos acota que “un cinco ruedas, máxima calificación, debe ser un lugar bikefriendly, con productos buenos y un bicicletero seguro y a la vista. La bici tiene que estar segura y próxima al ciclista. No vamos, ni entramos si no es así, porque si no están dadas las condiciones, no es para Café con Ruedas”.

Dentro de las cinco ruedas, están también “las de carbono”: ¡la máxima expresión! Alejandro recuerda que “en Café Nómade entramos rodando. Fue superior: un lugar pensado para la bici”. Hay tres “cinco ruedas de carbono” en Montevideo: MAPI Café, Café Nómade y Tándem.

La charla se extendió, el programa fue el más largo hasta el momento y aportó otra cuestión novedosa: fui la primera mujer ciclista en participar. Marzo era un mes propicio para incorporar la experiencia femenina y así lo observaron las espectadoras. Varias de ellas eran mis compañeras de Chicas en Bici, vale decirlo. Pero había muchas más, porque las mujeres somos parte activa del ciclismo que, en Uruguay, viene creciendo pedal a pedal.

Con la cadencia de la vuelta a la calma, hablamos del futuro y Marcelo dejó bien en claro que “la impronta natural es el espíritu del grupo, algo que no se puede perder. Estas charlas son como las que tenemos en una reunión de amigos. Esta es la consigna”. Alejandro acotó que brindan información que el ciclista o el amante de la bici quiere tener, “queremos seguir en esa línea y seguir siendo espontáneos”.

Café con Ruedas ha generado un espacio de información en el ciclismo competitivo, además, porque no hay medios que cubran esas actividades. Ellos aprovechan las carreras, comentan y brindan datos, y cuentan con la ventaja de conocer a los ciclistas profesionales (con los que comparten competencias). Han hecho coberturas especiales en diferentes carreras y encuentros: La Eroica Punta del Este, Rutas de América, la Doble de Melo y desde Piriápolis, Cardona y otros tantos lugares. También reciben invitados, los improvisados y otros agendados previamente. “Nos gustan los invitados, sus historias y anécdotas. Nos gusta que nos cuenten ´las perdidas´, fundamentalmente”, acotan.

La interacción con los espectadores es lo más importante que tienen, mencionan una y otra vez. Por eso están en Facebook y no en YouTube. Tienen muchos seguidores, en todo el país y también en el exterior. Y uno en particular, el sexto integrante: Rodolfo Alejandro Miguez, un amante del ciclismo que los sigue desde el primer día.

Pronto habrá autoadhesivos Café con Ruedas para los lugares que han visitado, una de las tantas ideas que nació en el programa. Habrá más iniciativas, sin lugar a duda, porque son una usina de proyectos. Ahora se preparan para la cobertura de Café con Ruedas en el Gran Fondo Schneck 2018 que convocará, a fines de abril, a 1200 ciclistas. Llegarán al punto de encuentro de este Gran Fondo, frente al glamoroso Hotel Casino Carrasco, en un carro de bomberos con sirena abierta, en bote o en un carro tirado por caballos. Habrá que ver.

 

Café con Ruedas y Para despuntar el vicio:
https://www.facebook.com/cafeconruedasuy/videos/395896114214403/

Los cafés cinco ruedas
Café Solana / Diego´s Coffee & Food / La Farmacia Café / Farola / Café & Animé Shop Macaco / Pachu´s / Tropical Smoothies / Beatniks Café / Amadeo BAR / La Isla Surfshop Café / Nescafé Dolce Gusto Uruguay / Deli / Café Doré / Café Latente en Alma Libre / Tienda de Café / Almacén de Pizzas / Café Latente en Panyaro

La Farmacia, un elegantísimo café de la Ciudad Vieja, fue el elegido por los seguidores en una votación que realizaron en diciembre de 2017.

Los cinco ruedas de carbono
MAPI Café en MAPI Museo: “El primer cinco ruedas de carbono. Llegás por ciclovía, tienen estacionamiento cerrado y con minitaller. Generaron un espacio para ciclistas, lo crearon aunque el edificio no tenía las condiciones, quisieron hacerlo y lo lograron”.

Café Nómade: “Entrás andando con la bici, es lo máximo. Está pensado así. Y ellos ya nos seguían, fue todo una sorpresa. Cuando nos dijeron que la rampa estaba pensada para entrar andado, ¡colapsamos! Ese programa fue compartido hasta en Brasil con el comentario: ´Cuando las bicis encuentran café´”.

Tándem: “Bici, taller y café, ¡es el sueño del pibe! Todos los ciclistas queremos tener un café así. Tienen nuestro espíritu, nos sentimos a gusto”.

Anuncios

Un café para cada ocasión

 

La web está repleta de reseñas y calificaciones de cafés. Antes de entrar a uno, se pueden revisar los comentarios en la página de Facebook del lugar, también en TripAdvisor y en blogs especializados. En Uruguay, las chicas de Caramelos de Lima relevan las opciones vegetarianas y veganas y Valentina Baccino —licenciada en nutrición— describe los lugares y aporta valiosas sugerencias nutricionales.

Entonces, ¿por qué volver sobre un tema tan trillado? La razón es simple y práctica: en esta reseña aportaré, desde mi vasta experiencia en cafés, para qué ocasión es ideal cada lugar. Se me ocurrió ante varias consultas, pues mis conocidos saben que relevo lugares y me preguntan cuando necesitan uno en especial.

Desde hace un tiempo uso cafés y bares para estudiar. Escribí mi tesis en esos recintos, aprendí a concentrarme y a inspirarme. Lo hacía para aprovechar mejor el tiempo porque en casa cualquier excusa era buena para distraerme: el sillón, la cama, los quehaceres de la cocina. Y fue muy productivo e inspirador, tanto que tengo decenas de fotos de las diferentes ocasiones que publiqué con las etiquetas #tesis, #inspiración, #superación. Incluso, desarrollé una estética particular en esas imágenes que luego acompañaron mi defensa de tesis.

Debo aclarar que, además del café, soy amante del té. Pero no suelo tomarlo en las cafeterías ni bares porque habitualmente ofrecen saquitos. No reniego de ellos, pero puedo prepararlos en casa en donde tengo una vasta colección a la que me referiré en otra reseña. En cambio, el café de bar tiene sus encantos: el vaso, las capas de colores, su sabor tostado, el mágico momento en se amalgaman la leche, el café y la espuma. Cuando el café está bien hecho —es fundamental que lo sirvan con leche descremada o al menos semidescremada— es como viajar a Perú, Brasil, Guatemala, Costa Rica. Sumatra.

En las condiciones antes mencionadas, ofrezco un listado que, por supuesto, es inacabado y muy personal.

Agosto Café (Parque Rodó). En Agosto me encuentro con una amiga porque es estupendo para tomar un rico café y parlotear. Es muy chiquito, así que nunca se me ocurrió desplegar computadora, apuntes, cartuchera, etc.

Bar Luz (Cordón). Es uno de los pocos bares de barrio que quedan en la zona (y me atrevería a decir en Montevideo). Tiene un muy buen café, con leche descremada y servido en vaso de vidrio. También hay wifi y un par de enchufes. Con dos cortados es posible pasar horas de estudio o de trabajo.

Café del Sol (Puerto del Buceo). ¡Un café con una vista espléndida, una de las mejores de la rambla montevideana! El lugar es perfecto para una larga charla de amigas y también una salida romántica.

Café Martínez (Carrasco). Hay cafés de varios lugares del mundo y sirven el “montevideano”: cortado en vaso de vidrio, como a mí me gusta. En ese lugar descubrí que no soy la única con esa obsesión. Tiene mesas en el interior en las que se puede estudiar y trabajar, buena wifi y es bastante tranquilo (aunque a veces la música es muy melosa). Y tiene una terraza preciosa para disfrutar en otoño y primavera, incluso en verano debajo de las amplias sombrillas.

Camelia (Pocitos, no he ido a las sucursales de Ciudad Vieja y Carrasco). Tiene mesas amplias diseñadas para grupos, pues ir a trabajar o estudiar está arraigado en su concepto de negocio. Cuenta con buena wifi, pero el café lo sirven en vaso de telgopor que lo convierte en un atropello. Hay aguas saborizadas y aire acondicionado para hacer frente al calor del verano.

Deli Hyatt (Puerto del Buceo). Es deli como su nombre, es bonito, atildado y chic. El café es muy rico, aunque chico y caro. La wifi no es buena, pero bien vale una charla de trabajo en un lugar con una vista fantástica.

Escaramuza (Cordón). Una amiga, antes de la inauguración, me envió la primicia con esta acotación: “Se eleva el barrio” y ¡cuánta razón tenía! Escaramuza es una librería muy bien equipada en una casona reciclada que despierta el interés de todo el que pasa por ahí. Y el café es muy bello, tiene estilo y ricas opciones. La wifi no es suficiente para trabajar, creo cuando fui con esa intención había varias personas colgadas y tuve que usar mi propia red.

La Pasionaria (Ciudad Vieja). La Pasionaria me gusta porque además del café y restó tiene una tienda de diseño que es un placer (y una tentación). Este lugar es perfecto para hacer una pausa en solitario, un encuentro de pareja o charlar con amigos. Sirven buen café y una limonada riquísima. Tienen wifi, pero no es un lugar al que he ido a estudiar o trabajar porque no está abierto sábados y domingos en la tarde y en la semana cierran temprano.

Sweet House (Pocitos). Solía ir mucho pues fue uno de los primeros lugares con enchufe y wifi. Me pasaba horas en el piso de arriba, cómodamente instalada y con la adrenalina que me aportaba su buen capuchino. En el último tiempo, lo encontré un poco descuidado. Es un café ideal para estudiar y trabajar.

Un Secreto (Punta Carretas). Rico café, buena vajilla y mesas amplias. Un Secreto es uno de mis lugares favoritos. Además, en verano mi tesis se refrescaba con un vaso enorme de limonada. Tienen buena wifi y un ambiente lindísimo.

The Lab Coffee Roasters (Ciudad Vieja). Es un lugar moderno, amplio y decorado con muy buen gusto. Es como viajar al exterior. Son especialistas en café, así que nada puede agregarse acerca de la calidad de lo que sirven. Tienen buenas tazas y decoran la espuma de cortados y capuchinos (¡un primor). Hay mesas amplias así que es un lugar espectacular para trabajar, aunque la wifi no es buena. Me pareció caro y el mayor problema es su ubicación (en una de las zonas más feas de la Ciudad Vieja, además hay que pagar estacionamiento de lunes a viernes).