El ciclista Marco Aurelio Fontana, medallista olímpico, fue parte del Gran Fondo Punta del Este

El sábado 24 y domingo 25 de noviembre de 2018, Punta del Este fue el escenario del primer gran fondo ciclista por etapas del Uruguay. La actividad, que congregó a numerosos ciclistas de ruta del país y también del exterior, estuvo a cargo de Elequipo Eventos Deportivos y contó con la presencia de Marco Aurelio Fontana, reconocido deportista de la firma Bianchi.

Los fondos son recorridos largos que ponen en juego la resistencia de los participantes y para el de Punta del Este los organizadores eligieron dos circuitos exigentes y entretenidos. El sábado fueron 97 k rumbo a Piriápolis y el domingo 80 k hacia La Barra, rutas 9 y 12. El viento de la península —que nunca falla— fue particularmente intenso y dificultó las dos jornadas. El sábado, además, hubo persistentes lloviznas. Las etapas del Gran Fondo de Punta del Este congregaron casi doscientos participantes en dos categorías: ruta y vintage. Los colores de la indumentaria de los participantes, el brillo de las bicicletas y el despliegue de infraestructura aportaron un carácter particular a la zona del puerto, lugar de salida y llegada.

Las marcas más importantes que comercializan bicicletas en el país también fueron parte del espectáculo. En la zona de la salida, Scott, Bianchi, Trek y Merida brindaron el apoyo de sus técnicos, mostraron sus más lindas bicicletas y permitieron a los participantes descansar en los livings.

Bianchi Uruguay subió el nivel del espectáculo con la presencia de Marco Aurelio Fontana, una de sus figuras. El deportista italiano, medallista olímpico en Londres 2012, es uno de los mejores ciclistas de mountain bike del mundo y participa, además, en diversas competencias de ciclismo de ruta y de gravel, entre otras.

Fontana llegó a Uruguay el jueves, estuvo en el local de KØM en Montevideo, recorrió la rambla de la capital en bicicleta, participó del programa Café con Ruedas y el sábado fue parte del Gran Fondo de Punta del Este. En la mañana puntaesteña, fue la sonrisa de innumerables fotos, lo entrevistó el presentador minutos antes de largar y realizó el recorrido propuesto en una de las ligeras bicicletas de la marca que lo patrocina. Esa tarde, además, estuvo en Grøn Punta del Este charlando con los ciclistas aficionados que se acercaron para conocer al campeón italiano.

El ambiente en Grøn fue distendido y las conversaciones se concatenaron entre las elegantes bicicletas y accesorios de la marca; un entorno propicio y con estilo para que Fontana narrara sus experiencias en el mundo del ciclismo internacional.  El deportista desplegó carisma, simpatía latina y también humildad. Pasó del italiano, al español y al inglés —que maneja con fluidez— en más de una ocasión para responder preguntas sobre entrenamientos, competencias y premios y, por supuesto, sus impresiones sobre Montevideo y Punta del Este. Además, demostró entusiasmo por haber conocido el país y haber participado de un fondo que elogió en más de una oportunidad. En especial, mencionó la belleza del circuito y los cuidados de la organización.

El ciclista de Bianchi fue el centro de un encuentro entretenido que, por momentos, parecía desarrollarse a ritmo de sprint. Fontana marcó intensa cadencia a la conversación con elocuencia y genuino interés. Durante el encuentro social reveló la misma desenvoltura con la que coordina plato y piñón, y durante la charla compartió, con gracia, parte de sus tantos kilómetros de experiencia.

El domingo, Fontana estuvo en la línea de salida del Gran Fondo pero no pudo participar, pues debía viajar a Chile para continuar con su gira. Los organizadores de la actividad lo invitaron a correr la segunda edición del fondo de Punta del Este y la próxima Scott Marathon, una carrera de mountain bike por etapas que tiene lugar en las sierras de Lavalleja cada octubre. Fontana se tentó ante las descripciones de la geografía minuana y prometió volver.

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“Hablo de la carrera y me sube la adrenalina”

Trail run por etapas en Uruguay: la primera edición del Raid de las Sierras

El último fin de semana de octubre de 2017 una carrera pedestre de tres etapas en la serranía de Minas debutó en el calendario del trail run del Uruguay. El Raid de las Sierras es la segunda carrera en su modalidad en nuestro país ―la primera es la MATT Trail Run―  y cuenta con un detalle que la hace singular en el Uruguay: es la única, en el rubro, con pernocte incluido. Este estilo de carreras, por etapas y con alojamiento, se ha popularizado en el mundo; en la región, incluso, hay clásicos que concitan interés internacional (el Cruce Columbia y el Raid de los Andes, por ejemplo).

El Raid de las Sierras estuvo a cargo de Elequipo Eventos Deportivos. Rodrigo Tomas, Marcos Martínez y Cecilia De Oliveira dieron vida a la carrera a partir de la experiencia recogida en las ediciones 2016 y 2017 de la Scott Marathon MTB, también bajo su responsabilidad. Este raid uruguayo, en su primera edición, acumuló más de 70 km en las sierras de Minas (Aguas Blancas) del 27 al 29 de octubre con cerros, cuchillas, senderos de ripio, campo, una cantera de piedra laja, más campo, algo de agua, trillos, barro, lluvia y sol.

Marcos Martínez fue el encargado de trazar los circuitos con la ayuda de Cecilia, quien además es su esposa. “El armado es la parte más fácil, lo más complicado es que te dejen pasar por esos lugares porque son predios privados. Fuimos armando los circuitos, buscamos que fueran lindos a la vista, atractivos para los corredores y con cierta dificultad. Los tres fueron diferentes, unos más técnicos y otros más rápidos”. Los circuitos se diseñan con suficiente anterioridad, se marcan con gps y tres días antes los vuelven a hacer para señalizarlos. Además, “24 horas antes de cada etapa, lo hacemos nuevamente para revisar todo, por si se vuelan marcas o si alguien las quita, no queremos que los corredores se pierdan”, acota Martínez.

La carrera se promocionó en Uruguay exclusivamente, aunque contó con algunos participantes extranjeros. “Quisimos hacer la prueba con corredores de aquí, porque es muy difícil vender un producto que no existe”, explica Martínez. “Se anotaron y pagaron algo más de cien corredores. Era lo que esperábamos, sabíamos que iban a ser pocos participantes y trabajamos para lograr el cien por ciento de satisfacción. Eso será lo que le dará el crecimiento, como en la Scott Marathon”.

El jueves 26 de noviembre el cielo de Minas estaba gris y llovía, el retiro de kits fue ágil y la charla técnica con pocos asistentes. El viernes 27, el día 1 de la carrera, bien temprano en la mañana el bus esperaba los bolsos de los corredores y la “cosa se animaba”. Había música y rostros expectantes. La salida fue desde la ciudad, con la Iglesia de fondo y una vuelta a la plaza, en “tren controlado” hasta llegar a un camino vecinal que dio comienzo al trail. El recorrido fue largo, de 34 k, y los corredores arribaron al camping de Aguas Blancas.

Ese día, de mayor kilometraje, había dos puestos de hidratación durante el recorrido y uno al llegar. Los puestos ofrecían “tres tipos de gomitas, maní, maní con chocolate, pasas de uva, barritas energéticas, pastafrola, naranjas, bananas y manzanas. Además, gatorade y agua para la hidratación”, explica Cecilia De Oliveira. Al llegar a la meta, había naranjas y agua fresca; un detalle que los corredores agradecían y consumían antes de alojarse en las carpas y pasar por las duchas. 

Mientras la élite ya se encontraba en manos de los kinesiólogos (un servicio extra de uso opcional), la mayoría de los corredores comenzó a arribar al campamento.  El almuerzo estaba pronto y el bufet ofreció carnes roja y blanca (recién salidas de la parrilla), pasta (se consumieron más de 90 kilos durante la competencia) y salsas, lentejas, verduras frescas y cocidas, pan, fruta y postre. Había abundante agua y bebidas Salus, y también vino. Martínez explica que “el menú fue definido por profesionales en nutrición para cubrir las demandas de los deportistas. Consideramos a los vegetarianos y veganos, también. Estaba todo calculado”.

“La organización superó mis expectativas, me había llevado comida por si había poco y volví con todo. No necesité nada. Los desayunos, almuerzos y cenas estuvieron muy bien, disfruté del vino en la noche, incluso”, Juan (30 años)

Participé en carreras similares en el exterior, también de tres etapas con campamento. Y el Raid de las Sierras no tiene nada que envidiarle a una carrera de afuera.  Solo le agregaría algunos kilómetros más al final; aunque estás muerto, es bueno para los más veloces” (Celika, 50 años)

En las primeras horas de la tarde del viernes, se descolgó la lluvia y una tormenta inusualmente fuerte con mucho viento, situación inesperada a pesar de que el pronóstico no era bueno. “Fue terrible prueba. Se complicó todo, no solo lo que se voló en el campamento, sino que estábamos marcando la segunda etapa y se hizo muy difícil, además tanta lluvia nos obligó a cambiar el recorrido del tercer día. Esa tormenta no fue algo lindo, pero hay que estar preparado y pudimos sobrellevar uno de los obstáculos más difíciles que puede tener una organización. Tuvimos, además, el apoyo de los corredores. En el campamento se sentía buena onda”.

La tormenta desalentó a algunos corredores que decidieron no continuar con el Raid, otros se fueron a dormir a Minas (que ya no tenía alojamiento, por otra parte) y algunos enfrentaron la adversidad y pernoctaron en el campamento que era un lodazal. La carpa comedor estuvo casi vacía en la noche del viernes, pero el espíritu de quienes cenaron fue animoso, así lo recuerdan los corredores consultados. El bufet repitió la oferta y los corredores iban y venían en busca de alimentos para reponer energías.

El sábado el desayuno no defraudó, según comentan los participantes. Además de café y té para consumo permanente, había fruta, cereales, yogur, pan, queso y dulces (mermelada, dulce de membrillo y dulce de leche) y tortas caseras.

El circuito del segundo día, de 25 k, implicaba un traslado en bus hasta las Cumbres del Ramallo en la ruta 60, una de las alturas más altas del país con un paisaje de abundantes sierras. La etapa se largó algo tarde, ya con calor, y los participantes fueron testigos, nuevamente, de un circuito privilegiado con la agreste naturaleza de las sierras como protagonista principal.

La tarde fue diferente, ya sin viento y con sol, el camping mostró su carácter: el almuerzo fue distendido, la siesta tranquila para recuperar las piernas y, más tarde, la cena para socializar y recuperar energías. Las fotos y el video del día despertaron comentarios, mientras los ganadores se preparaban para la entrega de premios que sumó, además, los del día anterior.

El recorrido del tercer y último día debió cambiarse y sumó un kilómetro más. Parece algo menor, pero cuando el acumulado es significativo, hasta un metro cuenta. La etapa del domingo salió del camping y regresó al mismo lugar. Fueron 16 k rápidos porque el acto de cierre con las premiaciones (de la etapa y la final) sería largo y los corredores, cansados, se disponían a regresar a sus hogares.

“Lo mejor de la carrera fue la organización, que fue excelente. El campamento fue brutal porque es una forma de compartir experiencias con otros corredores y, además, los recorridos estuvieron muy buenos”, (Celika, 50 años)

EL RAID EN DATOS

3 personas a cargo: Rodrigo, Marcos y Cecilia.
3 encargados de logística. 
35 personas que trabajaron durante la competencia.
110 carpas armadas.
1 carpa comedor para el servicio bufet con escenario incluido.
1 semana de armado y 4 días de desarmado.

Duchas con agua caliente. Conexión eléctrica para la carga de 
artefactos. Hospital de campaña. Zona de prensa. 
Zona de patrocinadores. Zona de recuperación. Almacén. Vigilancia.

5 categoría para individual damas + 5 para individual caballeros
4 categorías para duplas damas + 4 para duplas caballeros 
4 categorías para equipos mixto

Para Mónica (43 años), con experiencia en carreras similares en el exterior, el balance de la carrera es altamente positivo. “El Raid merece un lugar en el calendario uruguayo de trail. Volveré a correr la carrera otra vez. La recomiendo, sin lugar a dudas. Hablo de ella y me sube la adrenalina”.

A mediados de enero comienza la promoción del Raid 2018, explica Cecilia, y la carrera promete crecer porque, como dice Daniela (49 años), “Marcos y Cecilia son muy responsables y cuidadosos. Todo estuvo muy prolijo, un grupo de trabajo dedicado, ni hablar de cómo sacaron adelante todo luego del temporal fuerte del primer día”.

Dice Martínez que “para la segunda edición, con un producto que ya existe y está probado, saldremos a la región”. “Tenemos la experiencia de los corredores que ya hicieron el Raid en 2017 y un registro de imágenes, fotografía y video de calidad porque contratamos un equipo muy profesional”, confiesa Martínez con un dejo de orgullo. Las fotos estuvieron a cargo de Paola Nande y los videos son responsabilidad de Niko Silva Audiovisuales.

El primer Raid de la Sierras tuvo alrededor de cien participantes y la infraestructura permite entre 400 y 500 participantes. “Ese es el crecimiento esperado”. “Creemos que el año que viene el número de participantes se duplicará porque el producto es bueno y el trail run viene creciendo a nivel mundial”.

En las carreras de este tenor se anudan otras carreras, se hilvanan experiencias y anécdotas de otras instancias similares. En la carpa comedor, en cada encuentro, se escucharon proezas con relatos pasados y con el cansancio, la sed, las ganas de llegar y algunas caídas como protagonistas. También estuvieron los relatos de cada día, de 60 kilómetros, fueron relatos con lluvia, barro y mucho sol. El tiempo compartido, luego del esfuerzo, permitió tejero nuevos vínculos y proyectos, algunos locales y otros más lejanos, todos con el esfuerzo del entrenamiento y del placer de la vida al aire libre.

“El Raid significó superación. Fue un esfuerzo que realmente valió la pena. La complejidad estuvo dada por el acumulado de kilómetros y, a pesar de que me costó, quería subir más y ver las sierras desde la más alta”, Juan (30 años).