«Al pintar, solo pienso en colores: hoy estoy nogalina y otros días en azul»

Libretas y cuadernos artesanales, las tapas de Amati

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Libretas para todos los gustos y necesidades

Para el escritorio, la cartera o mochila o incluso para el bolsillo. De hojas lisas, con renglones, cuadriculadas, milimetradas o pautadas. Cosidas, con ganchos o con espirales. Con elástico, con soporte para el lápiz o la lapicera. ¿Con sobre interior? ¿Y cubierta exterior? Con o sin separadores separadores. De hojas blancas, de colores, de papel reciclado. Con encuadernación artesanal o seriadas. De autor. Modernas o vintage. Clásicas o innovadoras. Discretas o de llamativos colores y texturas. Algunas son tan bellas que da pena usarlas.

Las combinaciones de las libretas y cuadernos son infinitas y un breve paseo por tiendas de regalos y librerías (físicas o digitales) da cuenta de una tendencia que gana lugar en estantes, bolsos y mochilas. La elección del adminículo para apuntes se ha complejizado. Un nuevo interés por la escritura a mano y las redes sociales que acercan el trabajo de artistas —conocidos y anónimos— muestran un panorama de novedosos artículos para tomar notas. La oferta satisface todos los gustos y los precios varían, también la originalidad.

En el panorama montevideano, diversos artesanos se dedican a la encuadernación y Jana, de Amati, tiene algo diferente para mostrar.

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A mano y con tapas exclusivas

Jana Ferrari (tallerista, maestra, madre y diseñadora gráfica) habla bajo, lo hace con suavidad y cautela. Abre grande sus ojos, que son muy expresivos, mueve las manos y explica rápido. Narra y describe con agilidad. Se para, se sienta y se vuelve a parar. Busca un ejemplo, saca una hoja, muestra un dibujo, va por las herramientas de trabajo. Con paciencia y con sus gestos explica qué hace y muestra sus creaciones. «Siempre me gustó el objeto libro. No tanto leer, sino el libro como objeto», explica con timidez.

Se asombra de que su arte genere interés, quizás porque convive con sus creaciones, son el producto de sus manos, una extensión de su ser. Jana hace encuadernaciones artesanales porque le nace y «tiene mano». Y eso se nota. Tiene arte, mirada sensible y esa intensa capacidad de plasmar sentimientos. «Primero, antes de ser maestra, fui tallerista. De grande estudié diseño y para una entrega de Facultad —Diseño Editorial, la materia que más me gustó— tuve que crear un libro que tenía que hacer a mano. Armé un cuaderno, en realidad, y aprendí a hacerlo por tutoriales».

Esa anécdota tuvo lugar hace siete años y tanto le gustó que buscó ayuda. Llegó a Agustín Montemurro, encuadernador de la Biblioteca Nacional. Con Agustín, una eminencia en la materia, tuvo una «masterclass de tres horas». «Él me dijo esto sí, esto no. Me dio muchos piques», dice Jana. Con el tiempo y algo de práctica experimentada continuó con las encuadernaciones y se animó a usar telas y sus pinturas para las tapas. Descubrió un mundo, una veta, un filón. «Mis amigas me dicen que haga cuadernos seriados, pero yo no quiero, todos hacen eso», admite en defensa de su arte y estilo.

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Sin control zeta

Jana confiesa que, en estos años, su producción ha sido irregular. Hace un tiempo se quedó sin trabajo y entonces hizo práctica y adquirió experiencia, pues pudo dedicarle tiempo a un proceso que demanda sosiego, además de técnica.

«Antes no existía esto de encuadernar, pasaba desapercibido. Pero hora no», dice Jana en tono reflexivo mientras explica y describe el proceso. Mira y muestra el papel y las tapas. Toca las hojas pintadas que servirán para cubrir los registros que poblarán cada libreta. Explica con parsimonia y aclara, una vez más, que la paciencia es esencial para encuadernar.

«Compro las resmas en el lugar más barato de todo Montevideo. En el barrio Reus. Son hojas de noventa gramos. Para el lápiz es mejor porque se desliza con más soltura. También son mejores para dibujar», agrega. «La pliego en dos y armo los folios. Es un trabajo que puedo hacer hablando con una amiga, con mis hijos dando vueltas en la casa. Después prenso». Pero no tiene prensa y añade que es fundamental porque da una terminación más acabada. Usa libros y discos para aportar peso. «No me ha rendido el trabajo para comprar una prensa todavía», aclara.

Jana guarda las hojas plegadas y luego cose. Usa hilo especial, «el posta». La aguja que utiliza, grande y fuerte, fue un regalo de Agustín. La muestra y se detiene a mirarla como si se tratara de un tesoro. Sabe que lo es. Se distrae con el detalle y luego sigue.

«Prenso y coso. Y comienzo con otra tanda. Tengo distintas camadas. Si tengo tiempo y espacio para pintar las futuras tapas, aprovecho y lo hago. Coso los folios y al final anudo. Después me encargo de las guardas que van pegadas a la tapa y luego de la tela del lomo que sirve para unir y que no se vea el aire entre las hojas. Esta tela porta firmeza y unidad», agrega.

Cuando las guardas están secas, hay que refilar y, como no tiene las herramientas para hacerlo, va a una imprenta. Luego llega el momento del lomo y de hacer los cálculos porque hay que armar canaletas para que el libro o cuaderno se pueda abrir. Se calculan los milímetros para que no se rompan las páginas de guarda y para que se abra bien.

Durante la charla, en más de una ocasión aclara que disfruta del proceso y realmente se nota. Es evidente en las libretas, en las fotos que toma para mostrarlas y en en cómo lo cuenta. «En diseño existe el control zeta que se usa para deshacer una tarea, pero aquí no», explica. Y agrega: «Aquí lo importante es respetar los tiempos. Este es el mundo de la materia, no podés ir para atrás. No hay retornos, es un trabajo que requiere otros tiempos, otras habilidades. Todo es corpóreo y reparar demanda otras técnicas».

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La expresión de su arte

Con cartulina blanca y muchos colores, Jana plasma estados de ánimo, percepciones e imágenes interiores. Dice que «en las tapas expresa su arte y que son su diferencial» mientras muestra varios ejemplos realizados con cascola, una técnica que aporta textura. Tiene una serie con hojas de ginkgo biloba que juntó y secó, y otra realizada con nogalina a espátula. «La serie ginko es única. Y está mi lado oscuro que se ve en la de nogalina. No la pensé como una serie, pero salió. La serie azul tiene caracoles porque es del mar», reflexiona. Dice que al pintar solo piensa en colores: «Hoy estoy nogalina y otros días en azul, por ejemplo. Todo surge desde el color. Tengo muchas ideas y voy plasmándolos de a poco. Tengo series en mi cabeza y un cuaderno específico para las ideas. En el arte me gustan lo abstracto y las vanguardias. Fuerza y colores fuertes. No soy pastel».

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«Esperé tanto tiempo y ahora puedo hacerlo»

El emprendimiento de Jana se llama Amati, «que significa amado. Amor por los libros, por lo que uno hace». El logo es un libro corazón y «es la representación del amor», explica.

Jana creó el logo, toda la gráfica de la marca y se encarga de la cuenta de Facebook. También, entre el ejercicio docente y el de su familia, encuaderna, procura aprender sobre redes sociales, saca las fotos y arma los textos. «Todo demanda mucho tiempo, pero seguiré de esta manera porque esperé tanto tiempo y finalmente ahora puedo hacerlo», agrega con la satisfacción de dar vida a Amati.

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Libretas solidarias para comenzar el año lectivo

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Perica Encuadernación Artesanal lanzó la serie Pericas Madanfo: libretas en formato A6, con 40 hojas y tapas teñidas con marmolado que incluyen un logo especial, el de la ONG Madanfo Project.

Estas libretas artesanales —bien cuidadas y prolijas—, que tienen diseños únicos, son propicias para comenzar el año lectivo con elegancia y con el abrazo de ser parte de una cadena solidaria. El formato (105 x 148 mm) es muy cómodo y permite tomar notas, dibujos y memorias con facilidad. Con la compra, además, se apoya a esta organización no gubernamental con sede en Ghana y padrinazgo uruguayo.

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Madanfo Project surgió a iniciativa de Antonella Sinacore (Uruguay) y Lucía de Usera (España) en el marco de un proyecto de arquitectura social y voluntariado que tuvo lugar en Abetenim, Ghana, en 2017. En esa instancia, el estudio de arquitectos Bo! Antonella Sinacore, Claudia Varin y Santiago Merello— fue el responsable de construir un aula para los profesores de Abetenim y, según cuentan, durante el tiempo en que Antonella y Lucía (que se sumó a la experiencia como arquitecta voluntaria) “vivieron en Abetenim, tuvieron la oportunidad de integrarse a la comunidad y visitar a las familias en sus hogares. De ese vínculo, de contacto directo con la realidad de los niños y sus familias, surgió la idea de crear la ONG Madanfo Project”.  

En twi, el dialecto local, madanfo significa “mi amigo”. Hoy, este Madanfo es una mano tendida que actúa en la aldea de Abetenim en la que viven 315 niños, muchos de ellos (la mitad) con imperiosa necesidad de recibir ayuda para poder desarrollar su proceso educativo. Desde el regreso de Ghana, Antonella y Lucía se han abocado a la apertura de la ONG que lanzaron hace poco y que, en este momento, se plantea tres proyectos puntuales: “¡A comer!”, “En sus zapatos” y “Conectados”.

Perica, por su parte, es un emprendimiento familiar que Antonella lleva a cabo con su mamá y en procura de difundir los propósitos de la ONG y recolectar fondos, surgió la serie Perica Madanfo. El cien por ciento de lo recaudado por la venta de esta colección especial será destinado a la ONG.

Las libretas, únicas por la modalidad en la que se tiñen, se entregan con un pequeño trozo de tela especialmente traído de Ghana y estampado con el logo de Madanfo Project. Perica Encuadernación Artesanal, a través de este proyecto, ofrece una instancia solidaria para que un pedacito de Ghana pueda habitar en los hogares de Uruguay.

 

Las Pericas se encargan por Facebook e Instagram y en la página web de la ONG se detallan otras forman de colaborar.

Para marchar con toda la fuerza, afirmada en la cartera

Bolsos, carteras, sobre, cintos y billeteras de cuero en colores fuertes y vibrantes, de cuidada terminación y con interiores a juego. Una paleta intensa y combinaciones con suela, jean y animal print. Diseños simples, pero de elocuente calidad con detalles que marcan un estilo emergente que Valeria Fonsalía Bags ha trabajado con esmero.

Tiene 47 años. Tres hijos (de 15, 13 y 8 años) y un trabajo de medio horario como secretaria en una consultora. Su emprendimiento surgió ante un replanteamiento de vida. En agosto de 2017 se lanzó al público a través de las redes sociales, pero su formación en la temática comenzó tres años antes. “Hice todos los cursos que encontré, en un mercado que no ofrece demasiadas ofertas de formación. Aprendí todo lo que pude acerca del cuero, el diseño, los accesorios, el cálculo de costos, la comercialización y la publicidad. Aprendí todo lo que pude y me llevó mucho tiempo hacerlo”, cuenta con elocuencia y sencillez.

“Creí que no podía hacerlo, que no era capaz. De a poco eso fue cambiando y me di la oportunidad”

Su casa, invadida por los cueros, con cajas en las que expone las billeteras y un exhibidor en el que cuelgan bolsos y carteras, es el centro de logística del emprendimiento. “Procuro mantener el orden”, agrega. “Pero me gusta ver los cueros y las carteras en casa”. En la conversación es franca y muy humilde. Sonríe con timidez y se sorprende ante sus logros. “Cuando a una clienta le gusta un bolso o una cartera, me digo: ´vos podés, Valeria, ¿viste que podés?´”.

Cuenta que siempre tuvo veta creativa y hasta hace un tiempo pensaba que tendría que haber estudiado Arquitectura. Hoy está convencida de estar en el camino correcto. Hizo un curso de diseño, “pero creí que no podía hacerlo, que no era capaz. De a poco eso fue cambiando y me di la oportunidad. Durante 40 años pensé que no podía y eso no era justo. Esto lo que me gusta. Vi una oportunidad y lo intenté. Es una exploración y recién estoy comenzando”.

La producción excede sus posibilidades, así que terceriza. Tiene varios talleres y aclara que es “gracias a una lista que recibió con datos de curtiembres. No podía creer lo que me estaba pasando. Fue muy importante, fue un golpe de suerte. Y ahora yo replico esa generosidad”.

Eligió talleres con experiencia porque quiere una confección buena, de calidad. Ella se encarga del diseño, visita las curtiembres y busca los accesorios. “El diseño me lleva mucha cabeza, pero me encanta. Busco piezas originales, busco identificarme con una línea, es una evolución… todavía no he llegado, estoy en el proceso, estoy en el comienzo”.

“Veo el cuero y sé si rinde”

Al principio, compraba piezas de cuero chicas, como para una cartera y un sobre. Ahora puede comprar más. Las curtiembres son su pasión, “¡trato de no descontrolarme cuando voy! Veo el cuero y sé si rinde, eso es algo que se aprende. Lo toco y lo siento. Trabajo con cien por ciento cuero. Sé que eleva los costos, pero yo quiero identificarme con algo propio de Uruguay porque sueño con vender en el exterior. Me doy el lujo de soñar… me gusta, me motiva, me hace bien”.

La próxima temporada, el otoño invierno 2018 de Valeria Fonsalía Bags, será verde esmeralda, principalmente. Valeria muestra el cuero elegido, lo extiende, lo luce y lo porta. Es una pieza de color intenso, totalizante y hermoso. De suave textura y con un tono convincente, que lo dice todo.

“Busco accesorios que digan todo y que no se necesite nada más”

“Me jugué a este verde para el próximo invierno. Es definido. Lo voy a apagar un poco con algo de negro, para darle la impronta invernal. Aunque mis carteras se pueden usar en invierno y en verano, todo el año. Busco accesorios que digan todo y que no se necesite nada más, para usarlos con negro, gris, beige o blanco”.

En la colección, también habrá croco que es cuero vacuno con un “tatuaje”, una textura que imprimen las curtiembres para lograr lagarto, iguana, etc. “Habrá piel, me gusta la de pelo bien corto, y pony en los cintos que incorporaré. Los cintos visten mucho y son importantes para levantar un look”.

“Soy muy del rojo”, añade Valeria. “Y, por eso, no faltará en la próxima temporada. Será rojo opaco que es ideal para las piezas grandes. Habrá negro que siempre es un clásico y plata, para darle un destello de luz al invierno. Los metalizados dan brillo y se pueden usar todo el año. Usaré una base amarronada, entonces la plata queda como vieja. ¡Es lindísima! Y un brillo en invierno cambia la perspectiva. Es para salir a triunfar y ni te cuento si le sumás la billetera roja. A través de los accesorios busco que las mujeres tengan presencia. Me imagino una situación en la que un mujer dice ´allá voy´, se afirma de la cartera y marcha con toda la fuerza”. Nos reímos, la figura que Valeria narra es convincente, ambas nos sentimos identificadas, ambas estuvimos afirmadas a una cartera en determinada situación.

Las publicaciones de Valeria, en las redes sociales, tienen una estética muy cuidada, son llamativas y prolijas. Su identidad digital responde a una línea planificada, tanto que contrató a una fotógrafa porque sabe que las imágenes son muy importantes. Ha descartado algunas fotos porque el color de una cartera no se ve exactamente tal cual es. “Y eso no es justo”, agrega.

La emprendedora se mueve en un ámbito en el que debe de hacer inversiones importantes para su economía: los cueros y la producción, fundamentalmente. “Es una apuesta grande. También hay que competir con empresas que tienen otra escala”. Valeria vende a través de Facebook, Instagram y Mercado Libre. Piensa ir a ferias, “Máxima es la máxima” y le gustaría ir. Las ferias estarán, entonces, en el calendario 2018 de Valeria Fonsalia Bags. Además, vende sus sobres en L-Perna (Punta Carretas) y busca otras oportunidades.

“Hay un gran cambio, una transformación en mí” 

En la cabeza de Valeria rondan las curtiembres, los talleres que son cuatro, los diseños, las fotos, las redes sociales, la comercialización. Su otro trabajo y sus tres hijos. Sueña con dedicarse cien por ciento al emprendimiento. No se visualiza con una casa para la venta directa, sino con llegar al exterior. Etsy es su próxima incorporación. Para eso tiene que mejorar los costos y que le cierren los números.

“Durante mucho tiempo no me creía capaz y hoy me proyecto”, dice Valeria. “Hay un gran cambio, una transformación en mí que se alimenta en la aceptación de mis creaciones”. También “soy muy organizada, me ayuda mi formación y experiencia como secretaria. Planifico y me organizo. Es uno de mis fuertes. Y he buscado formarme en mis áreas débiles, sé pedir ayuda y disfruto mucho de todo esto”.

Facebook / Instagram / Mercado Libre

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Abanico de sabores en ReencontraTé


En ReencontraTé Boutique de té (Punta Carretas, Montevideo) hay tés, infusiones y accesorios desplegados con esmero, pulcritud y belleza. Entre estantes de madera y con pequeñas luces cálidas, se muestran las mezclas que viajaron desde Oriente con escala en Alemania. Además, hay tazas, teteras, infusores, termos y latas de diversos tamaños.

En esta tienda, el té —verdadero protagonista— y sus accesorios se exhiben como piezas de joyería o de museo, y los objetos narran a través de sus formas y colores. Y cuando se abren las latas con las hebras, se escuchan las conversaciones milenarias del cultivo del té. Entre susurros, tonos y brillos, los sentidos se interpelan y llegan a su máxima expresión con la degustación de la bebida del día.

“El té es como una cápsula, en el proceso de marchitado y en la espera, durante el secado, se logran encapsular idealmente todas las propiedades”

Detrás de esa cuidada puesta en escena está María Victoria Rodríguez (42), “tomadora de té desde la niñez, debido a una intolerancia a la lactosa”. “Junto a mi abuela, tomaba ceylón, que es el té más común”, explica Victoria. Y aprovecha la ocasión para mostrar un ceylón op, “un té premiado por su calidad, el mejor en su rubro”, agrega con orgullo. Observamos la hebra que es larga, carnosa y perfumada. La ocasión es propicia para desplegar la veta didáctica de Victoria que agrega: “es una hebra que se hidrata, se abre y cuenta. Porque el té es como una cápsula, en el proceso de marchitado y en la espera, durante el secado, se logran encapsular idealmente todas las propiedades. Es como un zip de aceites naturales, antioxidantes, vitaminas, historia, tradición, valores y cultura”.

“Durante los años de estudio, el mate desplazó al té que regresó a mi vida hace un tiempo con otro sentido, como un ritual de familia. Se transformó en una ceremonia sencilla para esperar la infusión de un buen té. Muchas veces eran los cinco minutos en familia en los que nos sentábamos a conversar, a la espera del tiempo justo para tomar un té que, además, siempre es ofrenda.  Se tornó relevante, pasó a ser parte de mí y mis amigas y mi familia me lo hicieron notar”. Así narra Victoria los antecedentes del emprendimiento, mientras trabajaba en agencias de viaje y en proyectos de business intelligence, y tomaba el té que conseguía en el exterior.

El entusiasmo profesional en su vida, explica, se infusionaba en un cuenco de té. “Mi esposo es un apasionado de su trabajo (es controlador aéreo) y siempre me decía que yo debía encontrar mi pasión y entregarme. Sabía que tenía razón y un buen día me convencí de darle forma”.

Decidida, Victoria buscó un lugar para estudiar y así surgió el Club del Té en Buenos Aires. “Me llevé a mi esposo, como cable a tierra, para evaluar la viabilidad del proyecto porque cuando viajé ya sabía que tenía que formarme para después poner mi tienda. Fui con un propósito bien definido: armar un espacio donde la gente encontrara lo que yo quería encontrar en el mundo del té”.

“Aquí, en esta boutique, el té es lo más importante”

“Victoria Bisogno, del Club del Té, es mi docente y guía. Yo estudié en Argentina, pero la escuela está en otros países con certificación internacional y presencia a través de los miembros del tea team. Soy sommelier de té y tea blender y continúo estudiando. Tengo, entre manos, una certificación internacional a punto de rendir. Pero no me gusta hablar de mí”, dice Victoria. “Aquí, en esta boutique, el té es lo más importante”.

Esa bisagra en la conversación marca el protagonismo y los valores del emprendimiento con el producto como esencia. Victoria se toma un momento, sirve más té (Tesoros de China, una mezcla de té verde con aportes de tés blanco y azul) y comenta: “es antioxidante”. “Para estar más jóvenes”, respondo. Ella sonríe con timidez y aprueba con convicción. Hay magia en el momento que parece suspenderse… es el encanto del té y que Victoria riega con sus aportes: sobre el origen de las hebras, la selección de cada té, la importancia del tiempo y del agua.

Regresamos a la realidad con los sucesos que le permitieron dar vida a su sueño. Ya con la formación necesaria —aunque aclara, con insistencia, que recién ha comenzado— buscó muestras para armar su carta y cató más de 300 referencias. “No se puede comprar por catálogo sin probar. Fue una instancia maravillosa, aunque muy demandante”. Los detalles de esa cata son deslumbrantes, pues resulta una tarea difícil de abordar. “Cuando catás, hacés una taza pero no te la tomás toda. De lo contrario, te enloquecés”, agrega Victoria. “Tomás, olés, mirás, describís y calificás. Ese es el proceso. Utilicé una ficha técnica de cata que aprendí en el Club del Té. Tiene descriptores de calidad. El té se analiza desde la hebra en seco que debe de tener ciertas condiciones. El especialista debe poder darse cuenta si está ante un té de calidad, ante un té viejo o con notas no deseables. Así hice el primer descarte”.

“Si bien la hebra seca aporta datos, la hidratada habla más”

Después, con la primera ronda ya pronta, preparó los tés con las hebras seleccionadas. “Si bien la hebra seca aporta datos, la hidratada habla más”, explica. “La hebra humectada se huele en el ataque, en el medio y en el final, tres momentos diferentes que brindan datos diferentes. Así se descompone el abanico de notas de un té que puede ser de alta calidad o plano, de baja calidad, y que ofrecerá menos porque es más sencillo”.

Victoria quería una carta variada y por eso en la tienda hay infusiones —las frutales y las herbales—, rooibos y los seis tipos de tés, “los que tienen camellia sinensis”: el negro (que los chinos llaman té rojo y que en Occidente se conoce como negro), el blanco, el verde, el amarillo o dorado, el azul (oolong) y el dark tea (fermentado, añejado). Son hebras de Oriente, “magistralmente mezcladas por los mejores maestros alemanes”.

El nombre del emprendimiento surgió del encuentro familiar y “de reencontrarme con la Victoria que quería demostrar, con ejemplos, la importancia del valor y de atreverse”. Con ese espíritu, salieron a buscar el lugar. “Con Gustavo (Banfi, 43), mi esposo, evaluamos en qué zona instalarnos. Decidimos que Punta Carretas era el lugar perfecto porque es una ´zona boutique´. No teníamos un presupuesto para un local de 200 metros cuadrados porque lo nuestro es un emprendimiento familiar y recorrimos el barrio con esa consigna. Un día, desde Blanca del Tabaré vi la agencia de viajes El Corte Inglés. Mi ojo de ´agencias de viaje´ se fijó en el lugar y supe que tenía que ser ahí”.

“Convencidos, agrega, comenzamos a hablar con Guillermina, la directora. Fue una propuesta diferente y ella estuvo abierta al diálogo, desde el inicio. La sinergia que hemos logrado con la agencia es genial, sumamos valores y una experiencia de trabajo”. La alianza suma en las experiencias de cotrabajo (cowork) que fermentan en Montevideo y que se observan en diferentes puntos de la ciudad con la apertura a emprendimientos gastronómicos y de diseño.

“Haberlo intentado es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hija, más allá de cómo resulte comercializar el té”

Abrieron la tienda en noviembre de 2017 con el propósito de ofrecer “un té novedoso a un precio accesible, un té de calidad, el que yo me traería de un viaje. Y la gente es inteligente, percibe de qué se trata y comienza a aceptar otros sabores”, explica la sommelier. “Vamos al ritmo que podemos seguir, pautado por nuestra fuerza de trabajo y el aprendizaje. Porque aprendés de todo. Ahora sabemos las claves del negocio y esa la forma, para nosotros, de ser los verdaderos dueños”.

Victoria agrega que, además, “hay que tener motivos fuertes para mantenerse en el camino y no tumbarse”. Se toma un momento y, con suavidad y seguridad, agrega: “Todo te tumba. Los reglamentos no están pensados para un emprendimiento chico. Es un baile complicado, lleno de triangulaciones. Pero las cosas que te pasan no son las que te definen, sino qué hacés con lo que te pasa. Con fuerza, voluntad, valentía y miedos se puede seguir adelante, así lo siento. Haberlo intentado es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hija, más allá de cómo resulte comercializar el té”.

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Las coordenadas. José Ellauri 555, Punta Carretas (Montevideo). Facebook, Instagram y @reencontra_te en Twitter.

Los tés. Hay 60 variedades estables y las mezclas que salen a pedido, porque Victoria elabora sus propios blends personalizados, “que son muy habituales en las tiendas de té de Europa”, explica. Suele hacerlos en función de solicitudes puntuales, para una celebración, por ejemplo. Averigua las preferencias del agasajado y también indaga con qué se maridará. En el festejo, se sirve su té en un elegante samovar y los invitados se llevan una muestra como souvenir.

Los accesorios. Hay termos modernos, muy coloridos. También cuencos, tazas y jarras de diversos diseños. Se lucen las clásicas teteras, algunas con infusor, y las transparentes que permiten ver el color del licor. Las bolsitas reutilizables de seda —patentadas en 1901— son originales en el mercado uruguayo y concuerdan con el compromiso ecológico del emprendimiento (también usan el sistema de pago con tarjeta sin tique que envía el recibo de compra por teléfono o correo electrónico).

Efectos del cotrabajo. Viajes El Corte Inglés Uruguay, asociado al Club del Té de Argentina, ofrece un viaje por Japón en junio de 2018 para conocer todos los detalles del té con la compañía de expertos en la materia.

Un té para un cafetero. “Para un cafetero, la oportunidad es para el chai porque tiene fuerza y presencia”.

Cada momento del día tiene su té. “Todo es a gusto, obviamente. Sugiero comenzar con un pu-erh para aprovechar la fuerza de la teína. A media mañana, un té verde, por ejemplo. Después de almorzar, es bienvenido un herbal porque es digestivo. También puede ser un rooibos y hay tés negros que van muy bien, el Christmas que nació para ser digestivo, por ejemplo. En la tarde se bajan las cafeínas. Un té negro o verde según la merienda. Y para la noche, un rooibos, un té descafeinado o algún té chino con baja cafeína”.

Sabores para regresar por más. El Christmas tea, la receta que tomaba la reina Victoria luego de la Navidad. Es un té robusto, con cuerpo, que ofrece abiertamente sus notas cítricas.

El chai que despierta la tradición de la medicina ayurvédica. Transporta al invierno, a una taza que abriga ante las inclemencias del tiempo.

Rascal, una infusión de frutas con flor de hibisco, pasas de Corintino, manzana, rosa mosqueta, papaya, piña, cereza y frambuesa. Es una bebida con la pasión del rojo escarlata, profunda y frutal, para tomar caliente o fría, perfecta para mitigar el calor del verano uruguayo.

Winter´s Delight, otra infusión frutal con trozos de manzana, sultaninas amarillas, canela, pera, banana y almendras. ¡La versión líquida del crumble de manzana! Inolvidable.

 

 

Con identidad manual: kits de labores y talleres para fomentar la creatividad y reivindicar tradiciones

La experiencia Paquetín

 

En el taller de Paquetín, la casa de una de las socias, se respira aire artesanal. Las creaciones, coloridas y de diversas texturas, cuelgan de paredes, posan y descansan en sillones. Hay arte y mano. Hay estética. Hay técnica. Hay tiempo dedicado al trabajo manual.

Laura y Ana son tía y sobrina, además de las manos, el corazón y el cerebro de un emprendimiento que ofrece kits y talleres para realizar artesanías: bordar, pintar, hacer telar. Laura (56) es contadora, con experiencia en emprendedurismo y Ana (39) es diseñadora textil. Juntas han logrado un equipo sólido que se complementa armónicamente para desarrollar una línea de trabajo que se sustenta en reivindicar las labores manuales.

 

“Quería un bastidor y no había, quería más colores y no encontraba, surgían situaciones que ameritaban un producto para esa situación”

Paquetín, como otros emprendimientos, surgió de la adversidad. “Me había quebrado un hombro, explica Ana. Estuve tres meses curándome de la operación y no podía hacer nada manual, más que bordar. Y comencé a bordar como una desquiciada. Quería un bastidor y no había, quería más colores y no encontraba, surgían situaciones que ameritaban un producto para esa situación. Durante unos meses maduré la idea, finalmente armé un kit y lo publiqué en un grupo. Se vendieron 30 en la misma noche e inmediatamente llamé a mi tía”.

Ese conjunto tenía lo que Ana consideraba importante para comenzar un proyecto de bordado: un bastidor de aproximadamente 16 cm, doce hilos, un lienzo con un dibujito  y unas breves instrucciones. “Era todo lo necesario para aprender y tenía que tener un costo razonable. Además, debía terminarse con rapidez, no podía ser eterno”.

Laura agrega que ya estaban, como emprendedoras, trabajando en algo en conjunto. Era un producto con otros fines, muy diferente, “y como el kit de bordado funcionó, nos decantamos por ese producto y dejamos el otro para otro momento”, ilustra de forma pausada y didáctica.

Ante el entusiasmo de Ana, comenzaron a darle forma al kit de artesanías. Y surgió el nombre que, además de ser muy ilustrativo, tiene connotaciones familiares. “Es el sobrenombre de mi abuelo, el papá de Laura”, explica Ana. Dice que pidió permiso a la familia para usarlo. “Mi papá, explica Laura, murió joven y ella fue la única nieta que conoció. Es un nombre genial porque es un paquetito y me pareció muy oportuno para el proyecto”.

Paquetín, ya con nombre y un primer producto, comenzó a crecer. Al principio, fueron los bordados ―el ruso y el mexicano, muy de moda― y después comenzaron a desarrollar la idea de mostrar las producciones, “porque cuando terminás algo, mostrarlo es muy importante, es parte del proceso”, aclara Ana. Testearon los bordados en bolsos, portacosméticos, agendas y en almohadones, los que más salida han tenido. Las emprendedoras agregan que las agendas eran complicadísimas y las descartaron, ya que “tenemos claro que todo lo que ofrecemos debe ser viable. Queremos que entre en la cartera porque tiene que ser portable para que el bordado se pueda sacar en una sala de espera, en un ómnibus”.

Entre pruebas, comentarios y devoluciones, surgieron los talleres. “Yo pensaba que la gente podía aprender de la misma manera que aprendo yo”, confiesa Ana. “Para mí era natural que alguien entendiese un tutorial en YouTube o en una revista. Entonces me negaba a dar una clase, pero tanto nos pidieron, que finalmente abrimos mi casa”.

 

“Importa el grupo, la vivencia, el tiempo compartido, las personas llegan al taller porque quieren socializar”

En agosto de 2017 dieron el primer taller con diez personas y veinte que quedaron en lista de espera. Esa primera experiencia fue de bordado mexicano y la segunda ya fue diferente; comenzaron a variar la oferta para que los asistentes pudiesen tomar más de un taller, algo que ha sucedido con frecuencia. “Importa el grupo, la vivencia, el tiempo compartido, las personas llegan al taller porque quieren socializar”, explica Laura. El taller, entonces, cumple otras funciones y adquiere características distintas; no solo se trata de principiantes que buscan técnica y método, sino de un espacio para el intercambio en los que se cuidan todos los detalles, porque las emprendedoras ofrecen “experiencias sensoriales”. A ellas les gusta tocar las lanas, se cautivan con los colores que estimulan su creatividad, y ofrecen esa vivencia en cada paquete y en cada taller.

“Nos parece importante retomar labores perdidas. Que la gente sepa que puede pegar un botón, zurcir, bordar. Y despegarlo de la carga de género”, cuenta Ana. Para Laura, desde el paradigma de los números, es importante explicar que no se trata de costos, porque “sin lugar a dudas, gastás mucho más haciéndolo que comprándolo. La cuestión es diferente, es demostrarse que es posible hacerlo, que se puede. Es fomentar la creatividad”.

 

“Son muchas horas de trabajo y dos antenas para observar tendencias”

Paquetín surgió para costear los materiales de las emprendedoras a través de la venta de kits, pero ha crecido significativamente y hoy consume cada día de Ana, además de los talleres de los sábados que dan en conjunto. “Financieramente, comenzamos con muy poco y hemos invertido en el mismo proyecto. Se ha ido sustentando. Nuestra primera inversión fue una tijera de pico y luego un ovillador”, explica Laura entre risas, y agrega: “son muchas horas de trabajo y dos antenas para observar tendencias”. Al respecto, Ana acota que hoy el bordado mexicano es la moda, después podrá venir el crochet, la pintura sobre vidrio u otra técnica. Ellas tienen mano, aprenden y se adaptan, siempre respetando la identidad manual. 

Paquetín está en Facebook e Instagram. Venden los kits y ofrecen los talleres a través de estas dos redes sociales que les dan un gran marco de visibilidad, “que demanda mucha atención”, aclara Ana. Hay paquetes de bordado, de telar y de pintura, se pagan por transferencia, giro o contra entrega. También están en Mercado Libre y entregan al interior por DAC.

Ana y Laura aclaran que son felices con el proyecto, que disfrutan cada experiencia y que aprenden constantemente.  Se nota su entusiasmo y el orgullo por un “bebé que está en proceso de crecimiento”, como les gusta decir. Sienten a Paquetín como parte de la familia ―a la que agradecen constantemente, por otra parte―, lo cuidan y procuran su sustentabilidad para tener la posibilidad de pensar y proyectar. “¡Hasta el diplomado Paquetín no paramos!”, dice Laura y ambas ríen.

Si te gustan las labores, probá con un kit Paquetín. Si no te atrevés Laura y Ana afirman que todas las personas son capaces de hacerlo―, obsequialo para Navidad o un cumpleaños, porque es ideal para las siestas de verano, los viajes largos, las tardes de invierno. 

Mochila y bolso: una pieza de diseño, mudable y con estilo de Renata

Ochentosa, primaveral y con carácter; así es la mochila/bolso creada por Renata. Se llama Nuria y transmuta de manera simple y sin perder identidad. Es una pieza de diseño, mudable y estilosa, con la personalidad de la marca.

Nuria es una pirámide trunca que cierra con dos botones metálicos escondidos y tiene laterales ajustables para aumentar su capacidad. Está confeccionada en cuero marrón coñac y tiene un gran bolsillo externo y abierto de charol beige que aporta un toque de brillo y luminosidad. Es lo suficientemente grande como para contener una computadora portátil, billetera, cartuchera mediana, lentes y algunas pequeñas cosas más. Adentro está forrada con lienzo beige y tiene un pequeño bolsillo que es ideal para las llaves y el celular.

Las correas de la mochila están cosidas en el borde superior y se enganchan (a través de broches metálicos) a dos argollas rectangulares dispuestas en los laterales inferiores. Para mudarla a bolso, las correas se cruzan arriba y se fijan a través de los botones metálicos. El sistema es sencillo y práctico, y con elocuencia muestra diseño y creatividad.

Todas las terminaciones de la mochila/bolso están muy cuidadas (costuras, interior, broches). Es un accesorio perfecto para el día a día, para ir a trabajar y para viajar con todo lo necesario sin cargar demasiado. Para las mujeres ciclistas, como mochila es completísima por su tamaño y portabilidad; además aporta otra versión tan rápida como bajar de la bici.

 

En la sección “productos y servicios” presento descripciones de elementos que uso y que me gustan mucho, aunque quizás aparezca alguno con características de otra índole, también (si es que amerita decir por qué no vale la pena). Las reseñas están centradas en las razones por las que me siento identificada con el producto o servicio. De esta manera, procuro no caer en las descripciones clásicas e impersonales tan habituales en las reseñas de catálogos y tiendas en línea.

 

“Aprender y superarse”

Entrevista a Natali Santos: persona, productos, procesos y proyectos detrás de Cactus objetos

Elocuente, sincera, detallista y humilde. Así es Natali Santos, una de las diseñadoras de Cactus objetos. La entrevista, fijada hace un tiempo, debió posponerse porque Natali se fracturó la muñeca derecha. Fue un tropiezo, con fuertes implicancias en el trabajo, que le sirvió para tomar decisiones y replantearse varias cuestiones de su vida, en especial las relacionadas con el emprendimiento.

A pesar del dolor, de la escasa movilidad y del tiempo que le ha demandado la recuperación, Natali es muy positiva. “Cuando me sacaron la férula no podía mover la mano y sentí que se me caía el mundo. Después de unos días, hice toda la mímica del trabajo y me puse a hacerlo, pero no tenía fuerzas ni para abrir un frasco. Fue difícil, pero estoy en camino nuevamente”, expresa.

Dice que tuvo mucho tiempo para pensar y que sintió la falta de “la costura y del armado”. Extrañó el contacto con la producción mientras se recuperaba. Durante ese tiempo, recalculó y recapituló y hoy está en el camino de potenciar Cactus.

Con un espíritu provechoso y de innegable esfuerzo, la diseñadora relató su experiencia y los aprendizajes que ha cosechado en su vida de emprendedora. Habló de su historia, de los objetos que diseña y cose, y de los proyectos. Habló con fluidez y soltura, con amor y dedicación, con la entrega de quien deja cuerpo y espíritu en lo que hace.

“Soy artesana desde que tengo uso de razón”

“Soy Natali Santos, estudiante del Centro de Diseño y mamá de Maite (9 años) y Dante (2). Soy artesana desde que tengo uso de razón, de toda la vida. En casa no había nadie con un don así, salvo mi padre que era muy bueno para los arreglos del hogar”, se presenta. Agrega que fue un hogar en el que se la impulsó a desarrollar la creatividad a través de las manualidades, sin importar cuánto podía ensuciar.

Natali es de esas personas que crea todo el tiempo, más allá de los materiales con los que cuenta. Es un don que la acompaña desde siempre y que ahora, con orgullo, visualiza en Maite, su hija. La vida de emprendedora de Natali se inició en la adolescencia. “A los 12 años comencé a vender mis manualidades en un quiosco cerca de casa. Incursioné en todas las técnicas que pude conocer. No sé si calculaba bien los costos, creo que no, pero me fascinaba el hecho de que un adulto pagara por mi trabajo”.

A pesar de probar y dominar los más variados métodos en el rubro artesanal, aprendió a coser de grande, a los 19 años. Trabajaba en un taller y le enseñó Raquel, “una compañera, que destinó su hora libre durante un par de días. Me pagaron una deuda con una de las máquina de coser del taller y comencé a trabajar a fasón. Necesitaba el dinero y me animé”. Dice que, a prueba y error, aprendió y perfeccionó una técnica que hoy es fundamental para el emprendimiento.

Tiempo después comenzó a hacer bolsos y en 2014 nació Cactus objetos. “Conocí a Milagros Serra y entre las dos dimos vida a Cactus. Coincidíamos en la Feria Ideas +, ambas con bolsos. En aquel año, teníamos ganas de hacer algo nuevo y potenciamos el camino que habíamos recorrido en nuestros emprendimientos. A ambas nos apasionaba el estampado y decidimos que esa técnica sería nuestra diferenciación”.

Productos funcionales que transmiten trabajo y dedicación

Cactus ofrece bolsos, carteras y accesorios para mujeres. Después de un tiempo de investigación en conjunto, además de la experiencia anterior que cada una había cosechado, Natali y Milagros decidieron diseñar productos que se distinguen por el estampado a través de la serigrafía.

Son productos limpios, con un estilo bien definido, en los que las diseñadoras combinan colores lisos, estampados y mucho blanco. Utilizan algodón con apresto, ecocuero y herrajes. “Son productos funcionales que transmiten un relato: el trabajo que hay detrás. Se hace énfasis en los detalles, los que les gustan a las mujeres reales a las que se dirige Cactus”, acota Natali.

Dice que todo las inspira: la naturaleza, un paseo, el arte. “Buscamos crear objetos atemporales, aunque siempre tenemos algo nuevo para ofrecer y dar respuesta a las demandas. Ahora, por ejemplo, lanzamos una línea de mochilas”. Cactus sintetiza diversos valores: creatividad, diseño, artesanía, cuidado por el ambiente. “Reciclamos los estampados que no quedan perfectos, los usamos para el bies, por ejemplo. Siempre que podemos, damos nueva vida a una tela”.

Aprendizajes constantes

El proceso de elaboración de un bolso, cartera o accesorio comienza con un diseño ya ensayado y aprobado que se traduce en un molde con un estampado en particular, explica la diseñadora. “Cuando llega el momento de la producción, compramos el algodón, lo cortamos y achicamos. Después, se seca, se corta y se estampa”. Natali lo cuenta y explica con sus manos, dibuja en el aire el corte, muestra cómo se arma y el proceso de estampado que realizan a través de la serigrafía. Mientras sus manos se mueven para revelar el trabajo, describe con voz tenue, pero firme. Natali narra con convicción.

“En casa tengo montado un taller con máquinas fuertes que pueden coser estos bolsos”, agrega. “Pero nos quedó chico porque no nos daban las horas del día para producir, fundamentalmente en momentos en los que he compartido Cactus con la maternidad y con otro trabajo”. Entonces, desde el año pasado decidieron incorporar un taller que confecciona una parte de la producción. “Probamos muchos y finalmente encontramos uno con la calidad que nosotras buscamos. Fue muy difícil porque cuidamos las terminaciones, y por suerte estamos contentas con la elección que hicimos porque nos permite aumentar la producción. Es importante tercerizar cuando querés dar un salto”.

La materia prima, un elemento fundamental, la compran en Uruguay. Al respecto, Natali detalla las vivencias surgidas luego de buscar y seleccionar el proveedor cuidadosamente. “Un día llegamos y quien nos vendía el algodón nos avisó que no tenía más. Era noviembre, estábamos cerca de la feria de fin de año —nuestro gran momento— y nos quedamos sin material. Comenzamos a averiguar y encontramos otro proveedor. Hicimos las pruebas necesarias y funcionó. Pero puso en peligro nuestra producción. Por eso, ahora estamos pensando en buscar otro proveedor en la región, aunque desde el inicio queríamos favorecer a los proveedores nacionales”.

“Con los herrajes nos pasa lo mismo”, enfatiza la diseñadora. “Las tintas las compramos aquí, compramos los colores primarios y hacemos una carta propia que se basa en los ecocueros que hemos conseguido”. Agrega que “estas vueltas son aprendizajes constantes” porque así es la vida del emprendedor. Están los aprendizajes relacionados con los proveedores, los de las técnicas que utilizan y los de las ventas. Así, le ha tocado investigar sobre las redes sociales, cómo vender y promocionar los productos. “Siempre es aprender y superarse”, acota.

“Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”

Llega el momento de hablar de las utilidades y de si es posible vivir de un emprendimiento así. Natali, con la misma sinceridad con la que abordó cada pregunta, responde: “Es muy difícil vivir de un producto que no es de extrema necesidad, pero si hacés las cosas bien, se puede. Y eso es lo que quiero. Después de la caída y fractura, decidí dedicarme a Cactus, no voy a volver a otro trabajo. Me encanta Cactus y es muy gratificante cuando alguien elige tu producto”. 

Se viene Instagram en Cactus, está en los planes más próximos de Natali. Sabe que cuenta con material gráfico suficiente y un gran amor por lo que hace. “Etsy también nos gustaría, pero somos conscientes de que necesitamos sostener una producción constante”. Además, agrega que les falta mucho en la comunicación de la marca,  entienden que “es súper importante, pero no hemos podido dedicarle el tiempo necesario”.

Menciona que necesitan un punto de venta más céntrico, una vidriera permanente. Dice que extraña el trabajo del local y de las ferias que desarrolló en otro tiempo. Agrega que le hace falta porque le gusta hablar con la gente, pero es consciente de que le quita tiempo al diseño y a la producción. Entonces, suspira y sueña… “Tendría que ser diferente. Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”.

Pero aclara que, antes de dar estos pasos, deben estabilizar la producción. Y desarrollar otras líneas para desestacionalizar los bolsos que emergen en la primavera, fundamentalmente. Porque tienen que vender todo el año y como los textiles son su pasión, menciona que se “viene la línea hogar” que ya está a la venta en Facebook. Hay organizadores, individuales y senderos. Y tienen ganas de incursionar en una línea de escritorio con fundas para tabletas y computadoras. “Estamos trabajando en un modelo original que se adapte a la gran variedad de medidas y modelos del rubro”.

Además, para esta primavera-verano, Cactus innova en mochilas de mediano porte que, según Natali, son ideales “para la diaria, para viajar, para las que andan en bici, para ir a trabajar, para todo momento”. Al igual que los demás productos de la marca, las mochilas de Cactus transmiten energía y tienen encanto, porque “Cactus es un espíritu, más que una edad, son productos con personalidad, solo es cuestión de saber llevarlos”.

 

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