Las caras dominicales de Montevideo en #GranizoUy

Publicado en Granizo / 22 de octubre de 2018

Rambla, deporte, ferias, gastronomía y museos. 

Con suave temperatura y ondulante viento, Montevideo se quita, minuto a minuto, los resabios del invierno. A media mañana de un domingo de fines de setiembre, muestra colores de primavera en el cielo, los árboles, el césped, las ropas y los rostros. Rambla, deporte, ferias, gastronomía y museos: así es una de las caras dominicales de Montevideo.

Fotografías: Erika Keuroglian

La rambla es uno de los escenarios más originales de la capital. Desde las primeras horas hay ciclistas (algunos con vistosas bicicletas, ropas y accesorios y otros en birrodados más modestos), corredores y caminantes. Hay locatarios y también hay turistas que se identifican por su voz, alguna bandera distintiva y por las sucesivas fotos en los icónicos emplazamientos de la ciudad. En la zona también hay muchos autos y algunos pocos buses.

En veintidós kilómetros de rambla, Montevideo enseña edificios y casas, áreas verdes, dos puertos, monumentos, plazas, palmeras y algunos bancos. Todo mira al Río de la Plata. La rambla es un borde sinuoso que divide dos mundos. De un lado, hay verde, arenas blancas o rocas y el agua mansa de un río marrón lechoso; del otro, la gran metrópoli del país con sus luces y sombras, que los domingos elige despertarse más tarde. En ese borde ondulante se congregan miles de personas para hacer deporte y pasear. La rambla es un motivo de encuentro, de esparcimiento y de inspiración que se refleja en el arte: pintura, fotografía, literatura, música. En las veredas y en los parques linderos los uruguayos toman mate. Algunos lo hacen en solitario, otros en pareja o en pequeños grupos. También hay cafés para degustar buenos granos, los de especialidad, una tendencia internacional que Montevideo acompaña. En la tarde, hay vendedores ambulantes que ofrecen helados: barritas, conos, sándwiches. Son cremosos, dulces y de estridentes colores; son los preferidos de los más pequeños.

Desde Carrasco —encumbrado barrio capitalino— hacia el Puerto (el kilómetro cero) hay puntos estratégicos para contemplar la ciudad y el manso recorte del horizonte. El largo collar se forma con el Hotel Carrasco, un imponente edificio que fue inaugurado a principios del siglo XX con reciclaje a cargo de la cadena Sofitel, la playa para kite surf y otros deportes de viento en Malvín, el Puerto del Buceo, el cartel de Montevideo en Pocitos que es cita obligada para la foto turística, el Club de Golf y el Parque Rodó que aportan sus espacios verdes, la Fotogalería de la zona —una exposición a cielo abierto que se renueva periódicamente—, la pista de patinaje y el otro embarcadero, el fundamental collado de Montevideo con fama de tener el mejor calado del Río de la Plata.

Fotografías: Erika Keuroglian

Sobre el Puerto hasta Palermo se congregan los pescadores con sus cañas y carnadas en una zona en la que la rambla es ancha y bastante más tranquila. Ahí también se toma mucho mate y reinan la concentración y el silencio. No se escuchan estridencias, solo el ronroneo de los autos y de alguna radio. Los pescadores comparten escenario con los ciclistas que, afanados contra el viento que siempre sopla en Montevideo, pegan la vuelta hacia el este, y también con los patinadores que cada día son más.

En la rambla o en algún otro barrio montevideano es habitual encontrar carreras pedestres. El runninges un deporte fermental en el Uruguay, como en el resto del mundo. Si bien en la ciudad hay carreras todo el año, en primavera y en verano el calendario es más activo. En estos encuentros hay despliegue de color, endorfinas, sudor, música y jolgorio contagiante.

En las zonas de playa hay bañistas que aprovechan el sol. La temperatura del agua está fría y se ven pocos en el agua, solo los más atrevidos. La mayoría se asolea en la arena. Hay pocas sombrillas y mucho filtro solar que hace brillar la piel. Algunos juegan a la pelota, otros al tejo y varios se entretienen leyendo.

Montevideo es una ciudad muy arbolada —con más de doscientos mil ejemplares, algunos centenarios— y en primavera se lucen varias especies. El palo borracho (Ceiba speciosa) muestra brillantes flores rosadas, de cinco pétalos que, muy tupidas, generan un manto como de croché. Los plátanos (Platanus acerifolia), que emanan molestas pelusas que se pegan en la garganta, se meten por los ojos y la nariz y dan a la piel textura de arcilla, preparan sus frondosas ramas que regalarán excepcional sombra en el verano.

En la ciudad florece el lapacho (el amarillo y el rosado) que es autóctono. También el jacarandá que es regional y que se adaptado muy bien al país. Hay ceibo, espinillo y coronilla —todos criollos—  en el Parque Rodó. Los primeros están en su esplendor y la última tiene flores algo discretas, todavía. Los paraísos perfuman el ambiente montevideano, hay grandes ombúes cerca del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío, en la zona del Club de Golf, con flores masculinas y femeninas en el mismo ejemplar. Y las palmeras nativas (Butiá yatay, Butiá capitata y Pindó), que perlan toda la rambla, exhiben grandes racimos de flores que luego serán coquitos.

Fotografías: Erika Keuroglian

Cada domingo, durante todo el año, Montevideo arma sus ferias. En la avenida Julio Herrera y Reissig, en el Parque Rodó, se despliegan en paralelo cientos de puestos con ropa y accesorios, fundamentalmente. También se venden pequeños muebles y enseres para el hogar; hay plantas, juguetes y diversos puestos de alimentos. La del Parque Rodó es una feria colorida en la que se muestran las tendencias de moda. En una de las esquinas, además, hay una pequeño mercado de productos orgánicos: frutas, verduras, lácteos y comidas. Un reducto para sibaritas.

Cerca está la Feria de Tristán Narvaja: otro clásico. Más chabacana, más genuina y con el atractivo de los contrastes. En Tristán —así se la conoce familiarmente— se vende de todo. ¡De todo! Hay comida para perros y gatos, frutas y verduras, sellos postales, ropa, juguetes (casi siempre viejos), choripanes, buñuelos y arepas, jugos y bebidas, productos de limpieza, cosméticos, libros nuevos y usados, revistas y diarios viejos, lentes de sol y de aumento —con armazón de colores, de pasta, de acrílico, de metal— y partes de electrodomésticos, también de autos y de motos. Tristán Narvaja es la suma de diversas miradas. La feria tiene perfumes y olores, y despierta estupor ante la exuberancia porque se puede encontrar hasta una dentadura postiza usada a un precio accesible, ¡por supuesto!

Fotografías: Erika Keuroglian

La Ciudad Vieja brilla los sábados con interesantes museos (se destacan Figari, Torres García y Gurvich, reconocidos pintores nacionales), una feria de antigüedades, otra de artesanías y múltiples comercios abiertos. Los domingos muestra su pluralidad de símbolos históricos en un marco más apagado, más deslucido. En el barrio, ameritan una visita el Palacio Salvo, la Plaza Independencia y la puerta de la Ciudadela, el Teatro Solís, la Plaza y la Iglesia Matriz, las peatonales, la Plaza Zabala y el Mercado del Puerto, entre otros.

Para el almuerzo montevideano hay una variada ofertas en sabores y precios: los puestos de las ferias con choripanes, milanesas al pan y chivitos; las clásicas parrilladas uruguayas desperdigadas por toda la ciudad; restaurantes con suculentos platos de pasta que dan cuenta de una viva tradición italiana y los mercados con su especificidad. Hay cuatro en este momento: el del Puerto en la Ciudad Vieja (icónico y con suculentas parrillas carnívoras), el Agrícola de Montevideo con un edificio que merece una visita, el Ferrando que es gastronómico exclusivamente y el Sinergia Design que tiene aires vintage y mucho estilo.

La tarde de los domingos invita a visitar museos, aunque hay varios que cierran ese día. El Museo Nacional de Artes Visuales en el Parque Rodó —en la misma acera de la feria— cuenta con la pinacoteca más grande del país, además de un hermoso jardín que es patrimonio nacional.  En El Prado, está el Museo Blanes que muestra obras de Juan Manuel Blanes y de otros artistas nacionales. El Museo tiene un delicioso parque —el Jardín de los Artistas— y comparte escenario con el cuidado Jardín Japonés. Muy cerca también está el Rosedal que fue construido a principios del siglo XX y que actualmente exhibe más de trescientas variedades de rosas híbridas y silvestres en arcos, columnas y pérgolas.

Fotografías: Erika Keuroglian

Montevideo sostiene tradición de nutridas librerías. Además de las que están en la calle Tristán Narvaja y los puestos de la propia feria, por su especificidad (gastronomía y diseño) merecen una visita la Librería del Mercado en el Mercado Ferrando y la de El Virrey en Sinergia Design. También hay modernas tiendas de libros en los centros comerciales. Visitarlos, una alternativa con otro enfoque, es una opción oportuna para los días en los que no acompaña el estado del tiempo. Hay varios en la ciudad y, en términos arquitectónicos, el más original es el de Punta Carretas que albergó un penal desde 1915 a 1986.

Para la puesta del sol, la rambla se posiciona, una vez más, como uno de los escenarios más atractivos. La Plaza Virgilio, en Punta Gorda, ofrece una vista panorámica de la ciudad. La perspectiva, con la alcurnia del barrio, es abierta y permite apreciar el agua que muchas veces toma color fuego, la playa que se oscurece y la ciudad que brilla en luces ocres. Pocitos y Punta Carretas muestran gran movimiento de público y el Parque Rodó se ilumina con la atmósfera setentista de su parque de diversiones. Sobre las calles hay larga fila de autos y en las veredas hay jóvenes en flirteo permanente. En la rambla se escucha música, algún que otro auto «roncador», se insinúa, se muestra… Hay escotes, brillos, tacos. Hay seducción. Es un plató para dejarse ver.

Montevideo tiene mil esquinas y fachadas, cientos de oportunidades, decenas de posibles dibujos. Hay innumerables esquemas turísticos. Este trazo hace foco en ciertos matices y revela algunas de las capas de una ciudad que vive en diferentes ritmos, que se sostiene con tenue brillo y que ofrece la cadencia de una exigua capital que mira al mar.

Fotografías: Erika Keuroglian
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Vigente y con constantes mejoras: Ideas + no defrauda

A fines de noviembre, la plaza Florencio Sánchez del Parque Rodó se prepara para un clásico del paisaje montevideano. Cuando llega el último mes del año, los puestos y el escenario ya están prontos, los artesanos pasaron noches sin dormir para mostrar sus productos y la esquina de 21 de Setiembre y Gonzalo Ramírez se prepara para recibir oleadas de visitantes cada noche.

Desde el primer día de diciembre hasta el 24, la feria Ideas +  muestra calidad. El paseo ha procurado, a lo largo del tiempo, sofisticarse para mantener vigencia; condición fundamental en épocas en las que proliferan las ferias.  El proceso de selección de los artesanos es exigente en calidad y en atención, y ambos aspectos se perciben al mirar, consultar y comprar.  El público responde a la Feria con presencia sostenida e Ideas +, como en años anteriores, no defrauda y muestra diversas opciones de regalos, además de una nutrida agenda cultural.

En Ideas + el rubro orfebrería parece ser el más fuerte, el que aporta la identidad. Los materiales más originales y los clásicos están presentes en un amplio rango de precios. La decoración es otro punto fuerte con propuestas ornamentales en vidrio, cerámica y madera, y el vinilo que se impone junto con algún otro material innovador.  Hay luminarias, juguetes para niños, agendas y cuadernos, jabones, algo de ropa, bolsos y carteras, mates y otros objetos utilitarios. Están las librerías y el repertorio gastronómico se ha ampliado significativamente con la inclusión de alimentos y bebidas de corte gourmet.

 

Cada año, entre el bullicio y los puestos que se suceden uno al lado del otro, se destacan ciertas propuestas por su originalidad. En 2017, vale detenerse en Jacarandá, Aromas de la naturaleza, Zampin, Comolópezenelagua y Enanas de Jardín.

Jacarandá ofrece encuadernación artesanal con toques rústicos. Hay agendas, cuadernos, álbumes para fotos y bitácoras de viaje en diversos materiales y tamaños, con predominio de los colores tierra. En la propuesta de Jacarandá hay interés ambiental con el uso del papel reciclado y tapas de tela con impresión botánica (técnica de ecoimpresión con tintes naturales).

Los perfumadores para pequeños ambientes de cerámica artesanal de Aromas de la naturaleza son los más originales en el rubro. El emprendimiento invita a impregnar la vida cotidiana con perfumes naturales. Por eso, las fragancias de los perfumadores están inspiradas en el aire, el agua, la tierra y el fuego. Se compran por unidad o toda la colección.

Zampin es la opción de regalos para los más pequeños con creaciones que dan cuenta de creatividad, originalidad y armonía conceptual. Se nota el trabajo interdisciplinario en el que el diseño tiene un rol importante, con especial énfasis en la función didáctica. En este puesto hay “cuentacartas” (para reconocer, organizar y contar números e imágenes), rompecabezas reversibles de la línea Animalia (con dibujos muy simples e icónicos), juegos para estimular la memoria y tazas con animales y frases. La propuesta de Zampin es singular, los materiales son durables y los trazos son bellísimos.

Comolópezenelagua es el puesto de Diego López Brandón. El artista, en esta ocasión, muestra piezas en madera calada: cuadros pequeños y medianos, algunas esculturas, móviles y ornamentos para colgar. El trabajo artesanal de López Brandón es delicado y extraordinario; la temática varía entre animales y flores de colores sutiles, muy bien manejados. Entre gatos, perros, peces, ranas y crisantemos, sobresalen dos piezas inspiradas en el Quijote que demuestran el prodigio del artesano.

Enanas de Jardín es la alternativa uruguaya en alforjas, bolsos, riñoneras y chalecos para ciclistas. En la propuesta de Enanas predominan el color y la comodidad. Los materiales son a prueba de agua y muy resistentes. Hay alternativas para niños y grandes, con diseños muy jugados y otros más clásicos.

La incorporación de Enanas en la Feria refleja una tendencia que se impone en Montevideo y evidencia la necesidad de considerar estacionamientos para bicicletas en cada emprendimiento (en especial, si son públicos). No es responsabilidad exclusiva de la Intendencia Municipal de Montevideo —que prometió mucho y ha hecho bastante poco—, los operadores privados también deben sumarse a una realidad que no es solo moda, sino una necesidad urbana.

La falta de un espacio para estacionar las dos ruedas es una de las debilidades de Ideas +. Con seguridad, un estacionamiento con estas características será considerado en próximas ocasiones, puesto que los organizadores han demostrado estar atentos a las necesidades del público. La ampliación de la oferta gastronómica y el repertorio de actividades para niños revela adecuación, una de las claves de la Feria que se mantiene vigente a partir de altos estándares de calidad y un radar puesto en el público.

 

Las listas son tan importantes que también merecen una tipología

Las listas demostraron ser un tema que genera apasionamiento, además de rigor (casi científico) en su elaboración. Quienes las usan como ayudamemoria, las defienden con fervor. Y resultaron ser de interés, incluso, para aquellos ajenos a la práctica.

La reseña generó múltiples comentarios y no solo de mujeres; aunque a simple vista el tema pareciera ser del mundo femenino, hay hombres que también son adictos a las listas y confiesan usarlas de diversas maneras. Hugo combina “el método Minguito” (papeles tomados al azar, arrollados, muy casuales y un tanto bohemios) y también usa listas digitales para ocasiones específicas que demandan mayor profesionalización (cuando debe considerar varios y diferentes elementos y no olvidar nada, en sus competencias de rally, por ejemplo).

Los diversos tipos de listas —para ocasiones puntuales, como un viaje o campamento, y también las de todos los días— tienen, por definición, características identificatorias, más allá de las que el usuario le asigna como impronta personal. Las listas son esquemáticas y abstractas. A simple golpe de vista parecen frías, pero los verdaderos ‘listeros”, si se me permite el neologismo, aplican entusiasmo, método, experiencia y dedicación.

Supermercado. Se trata de una lista que, por naturaleza, es sintética. Conozco tres tipos de ordenamiento: alfabético por productos, por temática y por distribución geográfica del supermercado. Yo utilizo la segunda, básicamente porque no voy siempre al mismo lugar y porque me resulta más fácil pensar en términos de temas y conjuntos de productos. Reúno los elementos de limpieza (baño, cocina, muebles, pisos), los cosméticos, los de almacén y los que no entran en las categorías definidas anteriormente. Mientras realizo la compra, armo un nuevo listado si no consigo algún ítem. Las frutas y las verduras no entran en esta lista, pues las compro en la feria cada sábado.

Fernando es ordenadísimo en las compras y suele ir al mismo supermercado siempre; con mucha experiencia y extremo cuidado ha conseguido una fantástica y exhaustiva lista de compras (en Word) en función de la distribución de las góndolas del local que visita. Con una planificación excepcional, realiza compras grandes en las que se surte de todo lo que puede. Tiene una alacena digna de admirar y una heladera muy grande, y su lista merece exponerse en un museo. Con ella y en el supermercado correcto, el recorrido es sencillo ya que se trata de un paseo guiado entre estantes y góndolas. Dice Fernando que con su lista, debido al perfecto ordenamiento del supermercado al que va, los productos quedan ordenados por temas. Como es una lista nutrida, también hay que cuidar el orden en el carro (que se transforma en un verdadero “tetris”), de lo contrario será necesario un convoy.

Feria. Mi lista de feria es similar a la del supermercado y tiene los siguientes apartados: frutas, verduras, hojas verdes, otros. Las frutas más pesadas van primero en el carro (no uso bolsas de polietileno porque generan mucha contaminación) y luego las verduras (aunque si compro zapallo, procuro cambiar el orden y hacerlo en primer término para ubicarlo abajo). En último lugar, el bolso Built NY, van las hojas verdes (varios tipos de lechuga, espinaca, albahaca, perejil) y también tengo el clásico rubro “otros” o “cajón de sastre”, pues a veces consigo hongos, por ejemplo.

Elijo los productos en función de la estación, aunque las manzanas son invitadas permanentes en nuestra heladera. También las hojas verdes porque somos adictos a las ensaladas. De otoño a primavera consumimos sopa casera, así que tengo en cuenta las verduras necesarias según el color que nuestro paladar determine. A veces domina la sopa verde y en otras oportunidades la amarilla.

Viajes. He identificado dos tipos de listas en relación con los viajes: la del equipamiento y de los lugares a visitar. Somos muchos los que destinamos un  tiempo considerable a la confección de la lista de ropa y elementos a usar en los viajes, más allá del armado de la valija o mochila. Si la lista está bien hecha, la valija sale en un ratito y sin olvidos. Yo preparo el listado de cada viaje con tiempo suficiente para revisarlo varias veces. Tengo en cuenta: el tipo de actividad o viaje, la previsión del estado del tiempo, la capacidad del equipaje, los movimientos y los traslados necesarios.

Mi lista de viajes, básicamente, incluye: cosméticos, dos equipos deportivos y dos conjuntos para el día, además de un atuendo para salir (uno solo porque agrego accesorios, pañuelos o collares, que suelo adquirir en el lugar). Agrego ropa interior y medias, equipamiento tecnológico y un adaptador universal, una libreta y la lapicera en la mochila, además de un sobre pequeño con los cosméticos para el viaje propiamente dicho. Llevo siempre jabón para lavar la ropa y un par de “pulpitos” y palillos para armar tendederos. Lavo a diario y no permito que la ropa se ensucie, salvo al final del viaje, y en ciertas ocasiones he llegado a casa con todo limpio y listo para guardar en el armario.

Para estas ocasiones el listado de los medicamentos no me desvela, pues cuento con un médico “a mano”. Suelo viajar con él y si necesitamos algo que no tenemos, sabe cómo comprarlo porque conoce los compuestos químicos. Pero Carolina, que tiene mucha experiencia en viajes y sufre de alergias, se toma un buen tiempo para armar su botiquín en el que, por otra parte, no falta nada. Primero repasa la lista y revisa las existencias. Esa lista, que ha perfeccionado en cada experiencia viajera, le da seguridad; es “su” único listado, ya que no arma la valija de esa manera. En definitiva, para viajar, dice que solo necesita tres elementos: el cepillo de dientes, su linterna en forma de tortuga (que le regaló su abuela y con la que siempre viaja) y el botiquín. ¡Nunca, nunca le faltan!

Mónica prepara el viaje, fundamentalmente, con dos listas. Suele viajar con su familia o en pareja, casi nunca lo hace sola. Con tiempo suficiente, hace un listado de los lugares más importantes para ver. Esa información la consulta con amigos, TripAdvisor o en internet. Se fija, fundamentalmente, en los comentarios de otros viajeros y en las recomendaciones de conocidos. Luego busca el mapa de la ciudad e identifica los lugares. Define qué visitar en función de la cantidad de días y comienza a armar el itinerario. Siempre deja margen para los imprevistos. En esos listados hay de todo: museos, parques, locales gastronómicos, de manualidades, papelerías, y opciones de diversión en general (además de supermercados y ferias).  También les gusta sentarse en una plaza o en un café y ver el ritmo de la ciudad y la gente.

Cada día, antes de ir a la cama, y con el objetivo de organizarse muy bien, leen el itinerario para la jornada siguiente.  El listado, que armó en Word, viaja impreso en su cartera, bolso o mochila, además lleva una pequeña libreta y una lapicera. Anota los lugares que descubren y otros detalles. Al regreso, agrega estos datos al plan original para recomendaciones futuras o por si vuelven.

Mónica es súper organizada y también presta mucha atención al listado del equipamiento que llevará en el viaje. Dice que antes esta lista era más extensa, pero que ahora encuentra todo en todos lados y puede viajar más liviana. Una vez le robaron el portacosméticos en el que llevaba su aparato bucal (miorelajante). Fue a una farmacia porque lo necesita para dormir y encontró uno que se amoldaba con el calor de la boca. Le mandó fotos, vía WhatsApp, a su odontóloga con el objetivo de corroborar la elección. ¡Y resolvió algo que parecía complicado! Así que ahora, se preocupa sin desvelos e incluye la mínima ropa necesaria en función de la estación y el estado del tiempo del lugar que visitará.

Regalos. Los regalos de viajes o los de Navidad merecen una mención aparte y se reconocen como listas complejas en las que ¡no hay que olvidarse de nadie! Yo las preparo por grupos, es decir: pareja, familiares (adultos, adolescentes y niños), amigos muy próximos, hijos de amigos, compañeros de trabajo, otras obligaciones (que siempre hay).

En los viajes uso una lista digital para ir borrando los regalos que ya compré, de modo tal que aparezcan solo los pendientes. Para Navidad el listado es más largo y suelo indicar al lado de cada nombre algunas ideas que tengo en mente para facilitar la compra. La mayoría de las veces, reordeno los nombres en función de los lugares de compra. Entonces puesto que los presentes de “familiares niños” e “hijos de amigos” se resuelven, básicamente, en el mismo lugar.

Hay un listado que merece un artículo aparte: el de las tareas del día, semana o mes. El tema, complejo y fascinante, ha sido abordado por diferentes disciplinas, desde la Psicología Laboral a los gurús de autoayuda y es tan complejo que próximamente, la saga de tareas tendrá un nuevo capítulo.