Leer a Leila

“Plano americano”: la cultura hispanoamericana a través de perfiles

Plano americano, de Leila Guerriero (Argentina, Junín, 1967) recoge veintiún perfiles; son reseñas de mujeres y hombres vinculados a la cultura de Hispanoamérica publicados en diversos medios escritos. Guerriero, impecable periodista, colabora con destacadas revistas y diarios de América y de España y Ediciones Universidad Diego Portales (Chile) seleccionó un conjunto de esas publicaciones en un libro ineludible para el periodismo narrativo.

Fluye. El texto de Leila fluye. Es de una mecánica perfecta, es como salir a andar en bicicleta por la rambla de Montevideo en una máquina de alta gama. En la escollera Sarandí se ven el río y los pescadores; más adelante, en el barrio Sur, el verde de la Embajada de Estados Unidos y luego el Parque Rodó con la Ramírez, una playa de arena ancha.

Así, con ritmo y cadencia, al igual que en esa bicicleta de impecable funcionamiento, en los textos de Leila se avanza en imágenes que describen y narran diferentes situaciones, sin sobresaltos innecesarios pues las comas están en su lugar y los puntos dan cuenta del manejo de cada párrafo (algunos cortos y otros más largos, para dar ritmo).

La velocidad que las piernas le imprimen a la máquina se siente en la respiración, que también es rítmica. No hay jadeos, aunque se eleven las pulsaciones en una recta perfecta. Al igual que la escritura de Guerriero: sin interrupciones, salvo las que ella propone para hacer un énfasis, generar una duda en el lector, otorgar importancia a una frase que el entrevistado propone.

Leuda. Las historias de Leila leudan sobre datos que se abrigan en un manto de firme metodología. En los perfiles emergen las horas de entrevista cara a cara, las conversaciones con otros, las referencias históricas y las visitas a las bibliotecas, incluidas las de los entrevistados.

Se siente la solidez de la investigación, la rigurosidad de cada dato contrastado una y otra vez. En los perfiles no hay cabos sueltos y el lugar de la duda está dado por la opinión del entrevistado, nada más. Por eso, los textos de Leila se elevan desde una estructura sólida de datos contrastados y se apoyan en un magnífico manejo del español. Las reseña que traza Guerriero leudan, se hinchan, fermentan.

Entrelaza. Los perfiles de Leila se entrelazan, las historias se cruzan y los entrevistados se miran y conversan asicrónicamente. A su vez, se reflejan en espejos colectivos que dan cuenta de vínculos y relaciones, amores y rencores. En las historias, también hay referencia a otros actores contemporáneos, íconos del accionar cultural de una Hispanoamérica prolífera. Hay hombres, mujeres, ciudades, editoriales, diarios y revistas que ofrecen un panorama fértil de desarrollo de símbolos.

En Idea Vilariño se despliegan referencias a Juan Carlos Onetti, vínculo ineludible. Onetti también está en Homero Alsina Thevenet. Homero, con sus consejos para periodistas, está siempre presente en los textos de la propia Leila y Emil Rodríguez Monegal es también un nombre que se surge una y otra vez. Nicola Constantino y Felisa Pinto estrechan referencias, en Felisa también está Pablo Ramírez. En Hebe Uhart está Juan José Millás y así un hilo, como el de Ariadna, recorre el laberinto de una Hispanoamérica culta a través de mujeres y hombres que la han hecho grande.

Leer a Leila es imprescindible para los que gustan del periodismo narrativo; además, el género y la periodista invitan a otros públicos. El libro se devora porque genera placer intelectual ante párrafos que se deslizan entre datos, anécdotas y frases. Plano americano puede leerse —fagocitarse— de un tirón, de una historia a la otra tal como se proponen y, en futuras ocasiones, releer aquellas historias que más interés concitan: por gustos personales, por la estructura del perfil, por amor o, incluso, rechazo al entrevistado.

Plano americano es una invitación de regocijo intelectual porque fluyen los textos, leudan las historias, se entrelazan los actores y, fundamentalmente, se aprende.

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