Las listas son tan importantes que también merecen una tipología

Las listas demostraron ser un tema que genera apasionamiento, además de rigor (casi científico) en su elaboración. Quienes las usan como ayudamemoria, las defienden con fervor. Y resultaron ser de interés, incluso, para aquellos ajenos a la práctica.

La reseña generó múltiples comentarios y no solo de mujeres; aunque a simple vista el tema pareciera ser del mundo femenino, hay hombres que también son adictos a las listas y confiesan usarlas de diversas maneras. Hugo combina “el método Minguito” (papeles tomados al azar, arrollados, muy casuales y un tanto bohemios) y también usa listas digitales para ocasiones específicas que demandan mayor profesionalización (cuando debe considerar varios y diferentes elementos y no olvidar nada, en sus competencias de rally, por ejemplo).

Los diversos tipos de listas —para ocasiones puntuales, como un viaje o campamento, y también las de todos los días— tienen, por definición, características identificatorias, más allá de las que el usuario le asigna como impronta personal. Las listas son esquemáticas y abstractas. A simple golpe de vista parecen frías, pero los verdaderos ‘listeros”, si se me permite el neologismo, aplican entusiasmo, método, experiencia y dedicación.

Supermercado. Se trata de una lista que, por naturaleza, es sintética. Conozco tres tipos de ordenamiento: alfabético por productos, por temática y por distribución geográfica del supermercado. Yo utilizo la segunda, básicamente porque no voy siempre al mismo lugar y porque me resulta más fácil pensar en términos de temas y conjuntos de productos. Reúno los elementos de limpieza (baño, cocina, muebles, pisos), los cosméticos, los de almacén y los que no entran en las categorías definidas anteriormente. Mientras realizo la compra, armo un nuevo listado si no consigo algún ítem. Las frutas y las verduras no entran en esta lista, pues las compro en la feria cada sábado.

Fernando es ordenadísimo en las compras y suele ir al mismo supermercado siempre; con mucha experiencia y extremo cuidado ha conseguido una fantástica y exhaustiva lista de compras (en Word) en función de la distribución de las góndolas del local que visita. Con una planificación excepcional, realiza compras grandes en las que se surte de todo lo que puede. Tiene una alacena digna de admirar y una heladera muy grande, y su lista merece exponerse en un museo. Con ella y en el supermercado correcto, el recorrido es sencillo ya que se trata de un paseo guiado entre estantes y góndolas. Dice Fernando que con su lista, debido al perfecto ordenamiento del supermercado al que va, los productos quedan ordenados por temas. Como es una lista nutrida, también hay que cuidar el orden en el carro (que se transforma en un verdadero “tetris”), de lo contrario será necesario un convoy.

Feria. Mi lista de feria es similar a la del supermercado y tiene los siguientes apartados: frutas, verduras, hojas verdes, otros. Las frutas más pesadas van primero en el carro (no uso bolsas de polietileno porque generan mucha contaminación) y luego las verduras (aunque si compro zapallo, procuro cambiar el orden y hacerlo en primer término para ubicarlo abajo). En último lugar, el bolso Built NY, van las hojas verdes (varios tipos de lechuga, espinaca, albahaca, perejil) y también tengo el clásico rubro “otros” o “cajón de sastre”, pues a veces consigo hongos, por ejemplo.

Elijo los productos en función de la estación, aunque las manzanas son invitadas permanentes en nuestra heladera. También las hojas verdes porque somos adictos a las ensaladas. De otoño a primavera consumimos sopa casera, así que tengo en cuenta las verduras necesarias según el color que nuestro paladar determine. A veces domina la sopa verde y en otras oportunidades la amarilla.

Viajes. He identificado dos tipos de listas en relación con los viajes: la del equipamiento y de los lugares a visitar. Somos muchos los que destinamos un  tiempo considerable a la confección de la lista de ropa y elementos a usar en los viajes, más allá del armado de la valija o mochila. Si la lista está bien hecha, la valija sale en un ratito y sin olvidos. Yo preparo el listado de cada viaje con tiempo suficiente para revisarlo varias veces. Tengo en cuenta: el tipo de actividad o viaje, la previsión del estado del tiempo, la capacidad del equipaje, los movimientos y los traslados necesarios.

Mi lista de viajes, básicamente, incluye: cosméticos, dos equipos deportivos y dos conjuntos para el día, además de un atuendo para salir (uno solo porque agrego accesorios, pañuelos o collares, que suelo adquirir en el lugar). Agrego ropa interior y medias, equipamiento tecnológico y un adaptador universal, una libreta y la lapicera en la mochila, además de un sobre pequeño con los cosméticos para el viaje propiamente dicho. Llevo siempre jabón para lavar la ropa y un par de “pulpitos” y palillos para armar tendederos. Lavo a diario y no permito que la ropa se ensucie, salvo al final del viaje, y en ciertas ocasiones he llegado a casa con todo limpio y listo para guardar en el armario.

Para estas ocasiones el listado de los medicamentos no me desvela, pues cuento con un médico “a mano”. Suelo viajar con él y si necesitamos algo que no tenemos, sabe cómo comprarlo porque conoce los compuestos químicos. Pero Carolina, que tiene mucha experiencia en viajes y sufre de alergias, se toma un buen tiempo para armar su botiquín en el que, por otra parte, no falta nada. Primero repasa la lista y revisa las existencias. Esa lista, que ha perfeccionado en cada experiencia viajera, le da seguridad; es “su” único listado, ya que no arma la valija de esa manera. En definitiva, para viajar, dice que solo necesita tres elementos: el cepillo de dientes, su linterna en forma de tortuga (que le regaló su abuela y con la que siempre viaja) y el botiquín. ¡Nunca, nunca le faltan!

Mónica prepara el viaje, fundamentalmente, con dos listas. Suele viajar con su familia o en pareja, casi nunca lo hace sola. Con tiempo suficiente, hace un listado de los lugares más importantes para ver. Esa información la consulta con amigos, TripAdvisor o en internet. Se fija, fundamentalmente, en los comentarios de otros viajeros y en las recomendaciones de conocidos. Luego busca el mapa de la ciudad e identifica los lugares. Define qué visitar en función de la cantidad de días y comienza a armar el itinerario. Siempre deja margen para los imprevistos. En esos listados hay de todo: museos, parques, locales gastronómicos, de manualidades, papelerías, y opciones de diversión en general (además de supermercados y ferias).  También les gusta sentarse en una plaza o en un café y ver el ritmo de la ciudad y la gente.

Cada día, antes de ir a la cama, y con el objetivo de organizarse muy bien, leen el itinerario para la jornada siguiente.  El listado, que armó en Word, viaja impreso en su cartera, bolso o mochila, además lleva una pequeña libreta y una lapicera. Anota los lugares que descubren y otros detalles. Al regreso, agrega estos datos al plan original para recomendaciones futuras o por si vuelven.

Mónica es súper organizada y también presta mucha atención al listado del equipamiento que llevará en el viaje. Dice que antes esta lista era más extensa, pero que ahora encuentra todo en todos lados y puede viajar más liviana. Una vez le robaron el portacosméticos en el que llevaba su aparato bucal (miorelajante). Fue a una farmacia porque lo necesita para dormir y encontró uno que se amoldaba con el calor de la boca. Le mandó fotos, vía WhatsApp, a su odontóloga con el objetivo de corroborar la elección. ¡Y resolvió algo que parecía complicado! Así que ahora, se preocupa sin desvelos e incluye la mínima ropa necesaria en función de la estación y el estado del tiempo del lugar que visitará.

Regalos. Los regalos de viajes o los de Navidad merecen una mención aparte y se reconocen como listas complejas en las que ¡no hay que olvidarse de nadie! Yo las preparo por grupos, es decir: pareja, familiares (adultos, adolescentes y niños), amigos muy próximos, hijos de amigos, compañeros de trabajo, otras obligaciones (que siempre hay).

En los viajes uso una lista digital para ir borrando los regalos que ya compré, de modo tal que aparezcan solo los pendientes. Para Navidad el listado es más largo y suelo indicar al lado de cada nombre algunas ideas que tengo en mente para facilitar la compra. La mayoría de las veces, reordeno los nombres en función de los lugares de compra. Entonces puesto que los presentes de “familiares niños” e “hijos de amigos” se resuelven, básicamente, en el mismo lugar.

Hay un listado que merece un artículo aparte: el de las tareas del día, semana o mes. El tema, complejo y fascinante, ha sido abordado por diferentes disciplinas, desde la Psicología Laboral a los gurús de autoayuda y es tan complejo que próximamente, la saga de tareas tendrá un nuevo capítulo.

Amor por las listas

Sé que hay muchos adictos a las listas, veo sus ojos brillar frente a una linda libreta en blanco (como un lienzo sin pintar), los capto cuando se pasean entre las góndolas del supermercado con anotaciones digitales o en papel, los reconozco de lejos cuando de un saque perfecto tachan algo para indicar que ya fue realizado. ¿Por qué somos adictos a las listas? ¿Qué buscamos, más allá del método? ¿Se trata de una forma compulsiva de ordenar y controlar? ¿Queremos que nada se nos pase? ¿No confiamos en nuestra memoria? Son muchas las interrogantes que conviven detrás de una tarea simple y vital para quienes buscamos organizarnos a través de las listas. Dejo estas dudas para la sesión de terapia y para los artículos de prensa especializados en las ciencias del comportamiento, pues en esta reseña me referiré a cuestiones más banales.

Hago listas desde siempre, creo que al inicio fue imitando a mi madre que en la heladera nos dejaba las tareas pendientes para la mañana, para hacer antes de ir a la Escuela. Comencé a hacer mis propios registros con cierto grado de prolijidad y esmero en el liceo cuando procuraba ordenar las obligaciones de las diferentes asignaturas. Y en la vida adulta mi adicción a las listas se agudizó con el pago de facturas, el detalle de la compra en la feria y en el supermercado, los arreglos en el hogar, los trámites, los recordatorios de cumpleaños y un largo etcétera. En particular, lo que más me gusta de una lista es tachar las tareas: ¡siento que me despojo de un peso y que aliviano la mochila de los pendientes de cada jornada! Es un placer liberador que produce endorfinas, incluso.

Llevo mis listas al día con diversas herramientas y combino métodos digitales con analógicos. En el celular uso gTasks que sincronizo en diferentes dispositivos. La aplicación permite elaborar diferentes listas y en cada una de ellas se crean tareas a las que se le asignan fecha, repetición, alerta, notas y prioridad. gTasks es una herramienta sencilla y muy intuitiva en la que consigno tareas periódicas, cumpleaños y demandas puntuales.

En el trabajo uso el sistema Bullet Journal porque se adapta a mis necesidades y permite escribir a mano, aspecto fundamental al momento de pensar, planificar y proyectar. Escribo cada tarea en un renglón de forma sintética para mirar a vuelo de pájaro el día y saber qué es lo que tengo que hacer. Además, utilizo la bandeja del correo electrónico como una lista de las tareas a realizar. A cada mensaje le asigno las etiquetas correspondientes con diversos colores para facilitar la labor cotidiana a través de la nemotecnia y lo archivo solamente cuando está pronto.

En la mochila o cartera tengo una libreta con elástico para lo que sea. Me gustan las de tapa dura, fundamentalmente, y con diseños coloridos. Pueden tener renglones y en particular me atraen las cuadriculadas, no sé exactamente por qué. Si tienen rulo son más cómodas para plegarlas y escribir en el aire. En las libretas suelo escribir con lapiceras (o similares) de colores y la línea Stabilo point 88 es un deleite por el trazo suave y la gran cantidad de tonos.

En casa uso artilugios para la heladera, son los que me resultan más cómodos para indicar los productos y alimentos que hay que comprar, puesto que la mayor parte de las demandas hogareñas se originan en la cocina. Hasta hace poco tenía libretas con imán; en particular me gustan las largas y angostas con hojas de colores y muchos renglones. Cambié de dispositivo recientemente, cuando me enamoré de una pequeña pizarra blanca de plástico con forma de una burbuja de diálogo. Así que ahora, en lugar de arrancar la hoja a la libreta antes de ir al supermercado o la feria, saco una foto a mi original pizarra con el celular.

Con estas diferentes herramientas intento mantener el equilibrio ante la gran cantidad de tareas que se originan en mi vida personal y profesional. Siempre estoy atenta a los diversos métodos y, más allá de que me siento muy cómoda con los actuales, me gusta innovar.  Tomo ideas de las muchas comunidades de “amantes de las listas y de la organización” que hay en las redes sociales y de entradas de blogs, también. Y esta es mi humilde contribución, una más en el enjambre, la simple reseña de prácticas que presumen mostrar un interés que con el tiempo he intentado “profesionalizar” y que da cuenta de mi amor por las listas.

 

Imágenes extraídas de Pixabay