8M y café en Uruguay

Texto publicado el Círculo Café / 8 de marzo de 2019

De la finca a la taza, las mujeres tienen su lugar en el ámbito del café. Son productoras, tostadoras, baristas y emprendedoras y, en el trabajo cotidiano, aportan una mirada comprometida y pasional.

En nuestro país, diversas mujeres se implican en la preparación del café y entre los tostadores artesanales —que son seis— representan la mitad. Dahianna Andino, Alicia Radi y Verónica Leyton son parte de la mirada femenina del café y por ello las elegimos para conmemorar este 8 de marzo.

@carlosmcontrera

«La mujer ha sido parte de la cosecha del café. Lo más clásico es verla trabajando en el campo. Sin embargo, hay dueñas de fincas, empresarias, tostadoras y baristas. Las mujeres abren sus cafeterías para llevar adelante sus familias y eso me empujó a mí», explica Dahianna Andino, de Ganache Café de Especialidad.

El interés de Dahianna surgió como consumidora y su preocupación la llevó a formarse como barista primero y tostadora después. Para ello viajó al exterior en más de una oportunidad. En 2012 abrió su primera cafetería en Colonia del Sacramento y dos años después comenzó a tostar. La calidad y el compromiso con el producto marcan su perfil. «Hago tuestes personalizados para mis clientes y para mi cafetería. En gastronomía hay que tener una estrella y la nuestra es el café. Lo demás —servicio y bocados— va en consonancia».

@carlosmcontrera

Alicia Radi (Cafetto Prado) es barista y tostadora y es la única uruguaya que brinda capacitaciones SCA (Specialty Coffee Association) en el país. También formada en el exterior, en 2014 abrió la cafetería y tres años más tarde comenzó a tostar. «Solo tostamos microlotes, ediciones limitadas, pequeñas porciones de un terroir definido, lo mejor que salió de una tierra en determinadas condiciones. Hemos traído microlotes de Brasil, Perú, Etiopía, Uganda».

Generar cultura de café, aportar un producto saludable y el compromiso con el comercio justo son algunas de las preocupaciones de Alicia. «El consumo de café de especialidad en Uruguay se afianza y va tomando cuerpo de a poco. Eso hace que sigamos trabajando en procura de un comercio justo para productores y consumidores finales porque yo quiero que en todos los barrios de Montevideo se tome un café de calidad, que no haga daño», explica Alicia.

Verónica Leyton se interesó en el café de especialidad cuando tenía 15 años, en una visita a El Salvador. Ahí se formó, tiempo después, como barista y tostadora. Abrió su primera cafetería The Lab Coffee Roasters en marzo de 2016. El emprendimiento creció, se transformó en cadena y en la actualidad hay cinco locales en Montevideo. Verónica es la especialista de café de la marca: viaja a catar, asiste a ferias y se encarga de los perfiles de tostado. «Tostar un café es, básicamente, cocinarlo. Cuando llega fresco es una semilla verde que hay que llevar al punto en el que se puede consumir», explica.

En The Lab reciben muchos turistas, pero también han generado un público fiel en cada una de las cafeterías. «Los clientes preguntan por el café, el origen y esas cuestiones. Es parte de lo que nos planteamos desde el inicio: generar cultura del café de especialidad y hoy en día se ha logrado». Siempre que puede, Verónica insiste en los aspectos éticos del café de especialidad. «Es importante saber de dónde viene. El café se produce entre los trópicos y se ha dado mucho trabajo injusto. El café de especialidad no solamente es muy bueno, sino que el precio que se paga permite volcar algo al productor para que pueda mantener sustentablemente su finca».

@carlosmcontrera

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«El mundo del café»: cuatro cursos en The Lab Coffee Roasters

The Lab Coffee Roasters, la cadena uruguaya de cafeterías de especialidad a cargo de Verónica Leyton, lanza en 2019 cuatro cursos de formación en torno al café. El programa incluye opciones básicas y otras más avanzadas para quienes ya cuentan con formación.

Introducción al mundo del café
Curso doméstico, de tres horas, que no requiere experiencia. «El objetivo es transmitir la cultura del café», es ideal para quienes están interesados en el tema, pues realiza un recorrido «desde la finca a la taza» con especial énfasis en dos métodos: prensa francesa y V60.

Brewing 101
Brewing requiere experiencia o haber cursado Introducción al mundo del café. «Es un intensivo de métodos —prensa francesa, AeroPress, sifón, V60, chemex y cold brew— que abarca todas las variables para llegar a la “taza ideal”. Se dicta entre cinco o seis horas».

Latte Art
En una clase de aproximadamente seis horas, The Lab muestra la esencia del arte en leche. Requiere «saber sacar un espresso y manipular la máquina». En Latte Art se enseñan y se practican las figuras básicas (corazón, roseta y monje) primero en jabón —para dominar la técnica del texturizado— y luego en leche.

Barismo Profesional
Con tres clases de cinco horas, es un curso teórico-práctico intensivo que capacita para trabajar como barista. Incluye la posibilidad de realizar pasantías en The Lab. «Es un curso completo, con mucha práctica, que permite salir a trabajar».

Todos los cursos se coordinan a partir de la demanda, se dictan en el elegante local de Punta Carretas y cuentan con certificado de participación. Verónica Leyton y Robert Flores son los docentes. Verónica se formó en El Salvador y Robert en Venezuela.

La «academia y laboratorio The Lab» ya había incursionado en formación hace unos años con propuestas a cargo de Verónica Leyton, su responsable. «No tuve tiempo para seguir dando los cursos, pero ahora con la ayuda de Robert —barista de la cadena desde diciembre de 2017— podemos retomar al proyecto de escuela de café», explica Verónica.

Con estos cursos, The Lab Coffee Roasters se propone «seguir transmitiendo la pasión por el café de especialidad, generar cultura y formar baristas», comenta Verónica. The Lab es un emprendimiento de la familia Leyton-Ponzo, comenzó en marzo de 2016 con un primer local en la Ciudad Vieja y en dos años y medio abrieron cuatro más. Ofrecen una amplia carta de cafés a partir de dos grandes compras anuales; en la última (noviembre de 2018) recibieron materia prima de Congo, Papúa Nueva Guinea, Tanzania, Kenia, Etiopía, Burundi, Colombia, Costa Rica, Brasil y El Salvador. «Trabajamos con orígenes puros, muy pocos blends, porque así podemos mostrar las tendencias de sabores en el mundo», agrega Verónica. Ella es la responsable del café en The Lab: viaja a catar, asiste a ferias y, cuando reciben el stock de granos verdes, perfila los tostados.

Dice Verónica que en The Lab ofrecen «cafés de altísima gama» que seleccionan, tuestan y preparan con extremo cuidado. Además del servicio en las cafeterías, tienen café a la venta en grano entero y molido en el momento. «Asesoramos con el tipo de molido y en otras cuestiones para que el resultado sea excelente porque el café de especialidad es dejar de asociar el café a un único sabor y pasar a entender que hay una gama infinita».

Sauco: para mirar fotos y tomar café

Imagen de Santiago Rovella

Abrir el juego y ampliar la carta

En Sauco Café &Afines hay café de diversos orígenes y tostados, hay diseño, buen gusto y oportunas ideas. Sauco es la barra de café de Casa Arbus, el cowork fotográfico de Montevideo y es un espacio para aprender y complacer la mirada.

En el Parque Rodó —sobre Canelones, con vista a la calle y entrada directa al cowork—, la cafetería está a cargo de Federica Caviglia, Florencia Scorza y Federico Roche, también responsables de Comino (catering) y Yo Desayuno. Desde diciembre de 2018, en Sauco venden café que preparan en una máquina Astoria y pronto prepararán prensa francesa, especialmente para los clientes del cowork. Además del espresso, del macchiato y del americano, están las variantes con leche (entera, descremada y de almendras) y las de estación. «Ahora tenemos bebidas con helados, tés y cafés fríos, y en invierno tendremos submarino, café irlandés, chai latte», explica Federica Caviglia. «En comida ofrecemos croissants, budines y muffins que también cambian según la estación. Ahora es temporada de frutos rojos y arándanos, entonces preparamos un budín de arándanos, limón y crumble que es una delicia. Todo lo producimos nosotros. Además, tenemos servicio de almuerzo: dos platos, ensaladas, wraps, sándwiches y tartas que varían en sabores, y tres variedades de té en hebras de La Tienda del Té (verde, rooibos y English Breakfast)».

Hacerse cargo de una cafetería fue un gran desafío, comenta Federica. Si bien tenían experiencia en el área gastronómica —específicamente en catering—, el servicio diario implica otras demandas, pero «entrar en la onda del café» los entusiasmó. Quisieron, en consonancia con la idea abierta y colaborativa del cowork, ampliar la carta de cafés a los diversos tostadores e importadores de Uruguay y ofrecer las variantes que hay en el mercado. «Federico [Roche] tuvo la idea de los diferentes cafés, nuestro propósito es servir todos los que hay. Vamos a ir variando. Tuvimos Seis Montes, MVD Roasters y ahora The Lab Coffee Roasters, además de Amor Perfecto y Fecafé. También tenemos venta de paquetes de café en grano y molido».

Sauco es una cafetería abierta a pequeñas mascotas y con servicio de bicicletero, dos tendencias que se imponen en el rubro. En las mesas hay flores o una pequeña tuna y un cartel que indica que no hay servicio a la mesa: un detalle que permite que el cliente entienda la dinámica de barra de café. Un sistema que se implementa cada día más en Montevideo y que «viene dando resultado», dice Federica.

Imagen de Santiago Rovella

Un interiorismo con materiales económicos que lucen bien

El diseño de la cafetería continúa la línea estética del cowork, «con una marcada intención en el uso de materiales económicos de un modo noble, para que luzcan bien, al estilo Lacaton y Vassal, una pareja de arquitectos franceses que son una gran inspiración para mí cuando estudié Arquitectura», explica Francisco Pastori, uno de los socios de Casa Arbus. «Si bien el café es Sauco, es parte del cowork, es la vidriera a la calle y la puerta de entrada a la galería principal, el lugar donde mostramos a artistas que exponen en Casa Arbus».

En Casa Arbus y en Sauco hay mucha madera compensada —ocv—, la más económica de la industria. «El uso de esta madera fue una decisión tomada. En el café está en las paredes y también en la barra que tiene granito en la parte superior. El material barato se equilibra con otros, como el granito, por ejemplo». El piso es de vinílico de alto tránsito, simula una madera lavada, fue un aporte realizado por Fabián Melo de Bertoni. El mobiliario de Sauco también es de Bertoni y variará esporádicamente, pues es un préstamo y funciona a modo de sala de exhibición.

Las mesas son cuadradas, para dos personas, «ideales para poder fraccionar y unir, con el concepto de diseño modular», agrega Francisco. Toda la luminaria es de Serlux, otra empresa amiga del cowork. «Su apoyo fue vital porque este es un espacio de trabajo y la luz era fundamental. No contábamos con gran presupuesto y en Serlux nos dieron una mano, al igual que en Bertoni, porque confiaron en la idea». El resultado es muy bueno, con balance entre la luz artificial que apoya el caudal natural que entra por la gran vidriera que mira a la calle. En la barra, hay bombitas vintage, muy de moda.

Observar miradas

El conjunto se completa con una colección de cámaras fotográficas antiguas y dos exposiciones de fotografías: una permanente y otra temporal. La permanente es una grilla en escala de grises con cuadros del barrio. Las imágenes fueron tomadas por quienes estaban trabajando en el cowork al momento de planificar la cafetería. «La consigna fue salir en un período de 24 horas por el barrio. Es la pared de los miembros de Casa Arbus. Es la mirada de cada uno», dice Francisco. Esa es la exhibición fija, está a la entrada, frente a la pared de las cámaras y la conexión es inmediata, de los lentes de esas máquinas viejas brotan las fotos del barrio: playa, veredas, autos, edificios y la puerta de Casa Arbus.

En la zona de la muestra temporaria actualmente hay fotos de Pablo Albarenga que antes estuvieron en la galería principal de Casa Arbus. Esa exposición «estará abierta a diferentes fotógrafos y será una vidriera que no necesariamente responda a grandes proyectos, como sí responde la galería principal». Esa pared, en consonancia con la estética del café, tiene como propósito mostrar fotos; será menos pretenciosa, más abierta y, al igual que el resto de las exhibiciones, contará con la curaduría de los cinco socios de Casa Arbus en procura de abrir el espectro, mostrar y enseñar porque tienen un marcado fin didáctico, «somos un cowork y una escuela», aclara Francisco.

Sauco Café &Afines: la barra de café del Casa Arbus, cowork de fotografía
Canelones 1989, esq. Juan Manuel Blanes. De lunes a viernes, de 8 a 20 h.
Desayuno, almuerzo, merienda y también una cena temprana.
Café de especialidad —de diferentes orígenes y tostadores— y muestras fotográficas. Ambiente propicio para estudiar o trabajar: cómodas mesas para dos o más y una barra frente a la calle con sillas muy espigadas.

Buen café en el hogar: la prensa francesa y la cafetera italiana

 

En el hogar se puede disfrutar de un buen café, tan rico como los de bar, sin la necesidad de contar con un costoso y enorme despliegue. Para ello hay dos artefactos que son muy recomendables, prácticos y fáciles de usar: la prensa francesa y la cafetera italiana.

La prensa francesa —también conocida como cafetera de émbolo o de pistón— es un cilindro, comúnmente de vidrio, con un émbolo que filtra el agua. Su funcionamiento es sencillo, pues solamente hay que verter café en el fondo del cilindro —una medida por cada taza—, incorporar agua caliente, presionar el émbolo hasta abajo para que se sedimente el café y filtre el agua, y en último término dejar reposar unos minutos.

De la prensa francesa resulta una bebida fuerte, con el cuerpo de un café recién colado: perfecto para el shock de cafeína que se necesita en el desayuno, por ejemplo. El café está listo en minutos, a tiempo mientras se preparan las tostadas o al regreso de la jornada laboral cuando las energías menguan y todavía hay que encarar un sinfín de tareas y actividades.

Hay cafeteras de émbolo de diversos tamaños: las pequeñas para una o dos tazas y las grandes para toda una familia. Los cilindros suelen tener una cubierta de metal, caucho o plástico con diversos diseños y colores. Algunas tienen un soporte con pie, incluso; las hay clásicas, modernas, minimalistas.

Esta cafetera se limpia con facilidad ya que únicamente hay que retirar el remanente de café y la estructura que recubre el cilindro antes de lavar (vaso y émbolo) con abundante agua para que no queden restos de café en el filtro. La prensa francesa es, en síntesis, muy práctica y por ello muy recomendable para el hogar y el trabajo, incluso.

La cafetera italiana es una belleza de estilizado diseño, y produce un café sin igual, tanto que para algunos “baristas” es una de las mejores opciones. La bebida que elabora la italiana es muy intensa y emana un aroma penetrante. La Bialetti de base hexagonal es la más conocida entre su especie, pero en el mercado hay una gama muy amplia, desde las clásicas hasta las más modernas con diseños de última generación (algunos de vanguardia y con espectaculares colores).

La italiana está hecha de aluminio o de acero inoxidable y consta de tres partes principales: calentador (también conocido como tetera), filtro y recolector. En el calentador se agrega el agua y se coloca el filtro. En este se vierte el café molido hasta el borde y sin presionar, y arriba se enrosca el recolector. La cafetera va directo al fuego —sobre la hornalla— y luego de unos minutos, después de que el agua hierve, comienza a salir vapor. En ese momento se retira del fuego y el café está listo para una dosis de perfecto sabor que hará mágico ese instante.

Para lavar la italiana se desenrosca el recolector, se retira el filtro, se desecha el café y con se limpian todas las piezas con cuidado. Así de simple; así de eficaz es esta cafetera que, por todo ello, es la elegida por los italianos.

Un café que se precie de tal necesita —además de un dispositivo acorde— granos de buena calidad, que pueden ser molidos o enteros. Si se eligen los enteros, hay que contar con un molinillo; si se optan por los granos molidos, el tipo de cafetera definirá el grosor. En Montevideo hay una interesante oferta de puros y mezclas de diversos orígenes y sabores. Kenia, Sumatra, Brasil, Costa Rica, Perú y Colombia pueden estar en las tazas hogareñas luego de  una visita a El Palacio del Café, The Lab Coffee Roasters o La Madriguera Café. En estas tiendas ofrecen una amplia variedad, saben qué es lo que venden y asesoran con criterio. En los supermercados también hay reconocidas marcas extranjeras y en las tiendas gourmet la oferta se amplía a la gama de los orgánicos.

Con la italiana o la prensa y unos buenos granos está todo listo, luego resta probar y dejarse llevar por el torrente de energía que se dispara al ingerir una verdadera taza de café recién preparado. Hay quienes lo toman solo y fuerte, otros lo cortan con leche (entera, descremada, deslactosada) y algunos lo endulzan con azúcar rubio, edulcorante, miel o agave.

El café marida con todas las ocasiones: las especiales como una primera cita, el fin de una comida y también un momento cotidiano a solas. Es una bebida con vasta  historia y motivo de encuentros y desencuentros en la literatura y en el cine. También tiene vida propia en las redes sociales y actualmente hay sugestivas imágenes en Pinterest e Instagram con la etiqueta #café.  En Montevideo se disfruta un momento de auge en el que el café se sirve cada día con mayor profesionalización y quienes quieren ir por más pueden asistir a clases sobre brewing, cafeteras, “barismo” profesional, “latte art” en The Lab Coffee Roasters o Caffetto Prado.

 

Crédito de imagen. <a href=”http://www.freepik.es/foto-gratis/cafetera-en-la-hornilla_934088.htm“>Diseñado por Freepik</a>

 

Un café para cada ocasión

 

La web está repleta de reseñas y calificaciones de cafés. Antes de entrar a uno, se pueden revisar los comentarios en la página de Facebook del lugar, también en TripAdvisor y en blogs especializados. En Uruguay, las chicas de Caramelos de Lima relevan las opciones vegetarianas y veganas y Valentina Baccino —licenciada en nutrición— describe los lugares y aporta valiosas sugerencias nutricionales.

Entonces, ¿por qué volver sobre un tema tan trillado? La razón es simple y práctica: en esta reseña aportaré, desde mi vasta experiencia en cafés, para qué ocasión es ideal cada lugar. Se me ocurrió ante varias consultas, pues mis conocidos saben que relevo lugares y me preguntan cuando necesitan uno en especial.

Desde hace un tiempo uso cafés y bares para estudiar. Escribí mi tesis en esos recintos, aprendí a concentrarme y a inspirarme. Lo hacía para aprovechar mejor el tiempo porque en casa cualquier excusa era buena para distraerme: el sillón, la cama, los quehaceres de la cocina. Y fue muy productivo e inspirador, tanto que tengo decenas de fotos de las diferentes ocasiones que publiqué con las etiquetas #tesis, #inspiración, #superación. Incluso, desarrollé una estética particular en esas imágenes que luego acompañaron mi defensa de tesis.

Debo aclarar que, además del café, soy amante del té. Pero no suelo tomarlo en las cafeterías ni bares porque habitualmente ofrecen saquitos. No reniego de ellos, pero puedo prepararlos en casa en donde tengo una vasta colección a la que me referiré en otra reseña. En cambio, el café de bar tiene sus encantos: el vaso, las capas de colores, su sabor tostado, el mágico momento en se amalgaman la leche, el café y la espuma. Cuando el café está bien hecho —es fundamental que lo sirvan con leche descremada o al menos semidescremada— es como viajar a Perú, Brasil, Guatemala, Costa Rica. Sumatra.

En las condiciones antes mencionadas, ofrezco un listado que, por supuesto, es inacabado y muy personal.

Agosto Café (Parque Rodó). En Agosto me encuentro con una amiga porque es estupendo para tomar un rico café y parlotear. Es muy chiquito, así que nunca se me ocurrió desplegar computadora, apuntes, cartuchera, etc.

Bar Luz (Cordón). Es uno de los pocos bares de barrio que quedan en la zona (y me atrevería a decir en Montevideo). Tiene un muy buen café, con leche descremada y servido en vaso de vidrio. También hay wifi y un par de enchufes. Con dos cortados es posible pasar horas de estudio o de trabajo.

Café del Sol (Puerto del Buceo). ¡Un café con una vista espléndida, una de las mejores de la rambla montevideana! El lugar es perfecto para una larga charla de amigas y también una salida romántica.

Café Martínez (Carrasco). Hay cafés de varios lugares del mundo y sirven el “montevideano”: cortado en vaso de vidrio, como a mí me gusta. En ese lugar descubrí que no soy la única con esa obsesión. Tiene mesas en el interior en las que se puede estudiar y trabajar, buena wifi y es bastante tranquilo (aunque a veces la música es muy melosa). Y tiene una terraza preciosa para disfrutar en otoño y primavera, incluso en verano debajo de las amplias sombrillas.

Camelia (Pocitos, no he ido a las sucursales de Ciudad Vieja y Carrasco). Tiene mesas amplias diseñadas para grupos, pues ir a trabajar o estudiar está arraigado en su concepto de negocio. Cuenta con buena wifi, pero el café lo sirven en vaso de telgopor que lo convierte en un atropello. Hay aguas saborizadas y aire acondicionado para hacer frente al calor del verano.

Deli Hyatt (Puerto del Buceo). Es deli como su nombre, es bonito, atildado y chic. El café es muy rico, aunque chico y caro. La wifi no es buena, pero bien vale una charla de trabajo en un lugar con una vista fantástica.

Escaramuza (Cordón). Una amiga, antes de la inauguración, me envió la primicia con esta acotación: “Se eleva el barrio” y ¡cuánta razón tenía! Escaramuza es una librería muy bien equipada en una casona reciclada que despierta el interés de todo el que pasa por ahí. Y el café es muy bello, tiene estilo y ricas opciones. La wifi no es suficiente para trabajar, creo cuando fui con esa intención había varias personas colgadas y tuve que usar mi propia red.

La Pasionaria (Ciudad Vieja). La Pasionaria me gusta porque además del café y restó tiene una tienda de diseño que es un placer (y una tentación). Este lugar es perfecto para hacer una pausa en solitario, un encuentro de pareja o charlar con amigos. Sirven buen café y una limonada riquísima. Tienen wifi, pero no es un lugar al que he ido a estudiar o trabajar porque no está abierto sábados y domingos en la tarde y en la semana cierran temprano.

Sweet House (Pocitos). Solía ir mucho pues fue uno de los primeros lugares con enchufe y wifi. Me pasaba horas en el piso de arriba, cómodamente instalada y con la adrenalina que me aportaba su buen capuchino. En el último tiempo, lo encontré un poco descuidado. Es un café ideal para estudiar y trabajar.

Un Secreto (Punta Carretas). Rico café, buena vajilla y mesas amplias. Un Secreto es uno de mis lugares favoritos. Además, en verano mi tesis se refrescaba con un vaso enorme de limonada. Tienen buena wifi y un ambiente lindísimo.

The Lab Coffee Roasters (Ciudad Vieja). Es un lugar moderno, amplio y decorado con muy buen gusto. Es como viajar al exterior. Son especialistas en café, así que nada puede agregarse acerca de la calidad de lo que sirven. Tienen buenas tazas y decoran la espuma de cortados y capuchinos (¡un primor). Hay mesas amplias así que es un lugar espectacular para trabajar, aunque la wifi no es buena. Me pareció caro y el mayor problema es su ubicación (en una de las zonas más feas de la Ciudad Vieja, además hay que pagar estacionamiento de lunes a viernes).