Entre la medicina y el crochet

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Tatiana Wozniak (33 años) es médica, está finalizando la especialidad en Imagenología, y su vida laboral oscila entre policlínicas y un pasatiempo artesanal que lleva a niveles profesionales: teje muñecos en hilo. Desde hace un año, creó StoLat, su marca de amigurumis. “Sto lat es una expresión polaca, mis abuelos paternos eran polacos. Significa ‘por cien años más’, es una canción tradicional que se canta en cumpleaños y otras celebraciones. La idea es que mis muñecos, que son muy simples, sean duraderos en un mundo en el que todo es tan efímero”, explica la artesana.

“Tejo en crochet desde niña, la técnica me la enseñó una vecina. En la adolescencia hacía morrales, gorros y esas cosas. Hace un año aproximadamente comencé a ver en las redes sociales los amigurumis y empecé a buscar tutoriales. El primer muñeco fue horrible y me di cuenta de que me faltaba mucho por aprender. Justo mi cuñada iba a Buenos Aires y le pedí que me trajese un libro. Así aprendí la técnica, soy autodidacta y me ha ayudado saber leer diagramas de crochet”.

Los amigurumis son muñecos tejidos de origen japonés. Además, el nombre refiere a la técnica de tejido circular que tiene características singulares. Según dicen, son muñecos que tienen alma y acompañan a su dueño (niños o adultos) en el hogar, la escuela, el trabajo. Porque de la simpleza del muñequito emana ternura y sencillez. Los amigurumis suelen tener formas de animales reales o mitológicos, aunque también hay otras figuras y “se tejen desde un anillo pequeño que crece en espiral. A través de círculos concéntricos y continuos se crea la pieza. Al aumentar crece el círculo, si se teje recto se construye un tubo y al disminuir se cierra. Los tutoriales originales son complejos porque son en japonés y los esquemas son muy raros”, explica Tatiana.

Algo más que un pasatiempo

“Me encanta tejer, dice Tatiana, me desconecta. La técnica de amigurumis se teje en espiral y tenés que contar vueltas, se aumentan los puntos cada tanto y eso requiere mucha concentración. Estoy como fuera del mundo cuando tejo. Hoy en día todo debe de ser rápido y en la salud también, así que al llegar a casa me desconecto con el tejido. Tengo muchos pedidos, pero yo manejo los tiempos. Si alguien quiere uno ya, para mañana mismo, contesto que no porque no puedo hacerlo. El tejido, que demanda tiempo y requiere paciencia, convive conmigo desde hace años, pero creo que ahora le di más vida”.

Dice Tatiana que cuando estaba terminando la carrera de Medicina no sabía qué especialidad seguir e incluso se planteó estudiar algo vinculado al diseño porque siempre le ha interesado la moda y los temas afines. “Me prendo en cualquier curso de manualidades, hace poco hice uno de bordado mexicano. Me gusta lo manual y sé cuán difícil es vivir de esto. Una artesanía hecha a mano cuesta cara y no siempre es fácil que la gente pague por ese trabajo. Me encantaría vivir de esto y por ahora, al menos, procuro que el hobby no me dé pérdidas”.

Crear un amigurumi: tiempo, dedicación y técnica

El proceso de creación de un amigurumi requiere tiempo y mucha dedicación, ¡además de saber la técnica! Para Tatiana, la creación comienza con la búsqueda de información, datos e inspiración. “Busco patrones en Pinterest, en blogs y páginas especializadas como Etsy.  Voy armando tableros con ideas, tutoriales y proyectos a realizar. Elijo los diseños y los pruebo para ver la reacción de la gente. Si gustan, sigo adelante. Hay un hipopótamo que es encantador, pero me da muchísimo trabajo. Ya no me gusta tanto tejerlo porque lleva varios días. También miro peluches y si me gustan, busco cómo tejerlos con esta técnica. Y la familia siempre sugiere”.

Tatiana explica que hay muñecos que demandan muchos días. “Y mi tiempo se divide entre las policlínicas y el tejido. Es mi segundo oficio, cuando estoy en casa tejo todo el tiempo. Probé en diversos lugares de la casa y el que más me gusta es el comedor porque tiene mucha luz y me gusta tejer sobre la mesa de madera natural. Ahora estoy a full con los pedidos navideños. Tengo una lista y voy calculando el tiempo que me lleva cada uno porque si me atraso se complica. Con un muñeco mediano estoy aproximadamente dos días y tejo unas ocho horas por día. Hay que tejer todas las piezas, después rellenarlas y unirlas y finalmente están los detalles, como el bordado de los ojos. Además me ocupo de armar el paquete, de perfumar el muñeco, de sacarle fotos y de la entrega porque ¡lo llevo a la puerta de tu casa! Además compré un sello para la marca, para estampar en el paquete, me lo hicieron las chicas de Kit Creativo.

El alce y el panda con unicornio: sus favoritos en el prolífero mundo de amigurumis

Entre fotos de los muñecos, Tatiana confiesa que “el alce es el que más me gusta y me agrada el estilo nórdico con grises y otros colores neutros. Julieta [hija de Nicolás, su esposo] es la primera testeadora de los muñecos, evalúa colores y formas. Los muñecos no son solo para niños chicos, Julieta ya es grande, tiene 9 años, y a ella y a sus amigas les encantan. El panda con unicornio, que se llama “pandicorn”, es un proyecto mío. Hice solamente uno que se lo regalé a Julieta y realmente me gusta mucho. ¡Es original y es todo mío! Y ella lo adora”.

El alce, el panda con unicornio, el hipopótamo, el pato, la ballena, diversos conejos, un pingüino y un caballito conforman el mundo de amigurumis de StoLat. Todos son simpáticos y están prolijamente realizados. Tatiana explica que lo más fácil es tejer cabeza, cuerpo y patitas como un todo. Los brazos van aparte. Pero, según menciona la artesana, hay que mantener el concepto de unidad para que no se desarme, porque es importante pensar en la seguridad de los niños. Por eso, Tatiana no agrega etiquetas ni ojos, “busco piezas homogéneas que sean resistentes y seguros”. Los amigurumis de la marca StoLat son muy suaves porque la artesana usa hilo de algodón que es más noble y que permite el lavado en el lavarropas.

Por otra parte, el tejido debe de estar en el punto adecuado. “El muñeco no puede quedar ni muy apretado porque queda feo ni suelto porque se escapa el relleno. Debe de tener un punto justo. Hay que cuidar el tejido y también la cantidad de relleno. Me he preocupado por la combinación de colores, he investigado bastante. Me cuelga todo lo que involucra a los amigurumis”.

El futuro de StoLat

“En primer término, quiero recibirme de Imagenóloga y tener más tiempo para tejer amigurumis. Y diseñar mis muñecos.  Es difícil dar un paso más. Además de los pedidos de amigos, los que llegan por correo e Instagram, me han contactado de varias tiendas, pero no es fácil mantener la producción. En Casa Ernesta se pueden comprar y también he estado en algunas ferias. Quise ir a una en Paysandú pero no me dio el tiempo de producir en cantidad. Estoy en esa disyuntiva, si voy a tejer debo tomar menos horas de policlínicas porque no me da el tiempo. He pensado en buscar a alguien, pero creo que perdería identidad”.

Tatiana demuestra pasión por su pasatiempo que, en definitiva, hoy ya es algo más que una forma de “pasar el tiempo”. Se entusiasma con los detalles y agrega que tejer amigurumis le gusta “casi tanto como la Medicina y la Neurorradiología. Por ahora no me puedo dedicar solamente a la Neurorradiología, soy muy joven y debo recorrer un camino todavía. También sé que es difícil vivir de hacer muñequitos, pero si pudiera hacerlo no tendría ni que pensarlo. Ya he tomado la decisión de hacer menos guardias porque no quiero pasarme todo el día enganchada en la Medicina, prefiero dedicarme también a mi hobby que ya tiene identidad propia”.

Para divulgar su trabajo, Tatiana usa una cuenta de Instagram. Con entusiasmo y cierto asombro, agrega que “¡a través de las etiquetas me han contactado de otros países, a través de #stolat y #amigurumis he recibido mensajes de lugares lejanos!”. Las fotos de los muñecos de Tatiana resumen dedicación, esmero y técnica. Pasen, vean y déjense seducir por las formas y los colores de estos encantadores amigurumis.

CamisasUY propone transformar camisas de adultos en vestimenta para niños

Rodrigo Silvera, Alexandra de León y Armando Acosta y Lara llevan adelante CamisasUY, un emprendimiento social que recientemente golpeó las puertas de las redes sociales de muchos uruguayos. El objetivo es reciclar camisas de adultos para transformarlas en vestimenta para niños.

El 27 de noviembre Rodrigo publicó en su muro de Facebook que había comenzado un proyecto social junto a dos grandes amigos (Alexandra y Armando, Mamo). Anunciaba que recogerían camisas para reciclar en ropa para niños. Por ese medio solicitaba hilo, elástico, botones, parches y también personas para colaborar. La publicación se viralizó y pasó de muro en muro, la compartieron casi 500 personas y la red comenzó a construirse.

Entrevisté a Rodrigo y Alexandra el lunes 5 de diciembre. Era una tarde muy calurosa, yo aparecí con dos bolsas de camisas, una de ellas me la había dado una compañera de trabajo que se había entusiasmado con el proyecto, la otra estaba repleta de camisas de mi esposo. Rodrigo y Alexandra me esperaban cargados con prendas, algunas nuevas, incluso, que habían recibido como donación. Ya tenían casi cien a la espera de mutar en nuevas prendas para niños y niñas.

Rodrigo supo de la experiencia en Lima (Perú), se enteró por la publicación de unas amigas de su novia. Le encantó, ya que cuadraba con sus valores, y se entusiasmó, pues hacía mucho tiempo que pensaba en comenzar un emprendimiento de carácter social. Sabía que Mamo, con quien estudia Márketing en la UDE, se sumaría inmediatamente. Y también Alexandra que es Psicóloga y tiene mucha experiencia en trabajo social. Los convocó y la respuesta fue inmediata. Tan inmediata que se largaron al ruedo y todo comenzó a andar rápidamente. Muy rápidamente.

Mientras convocaban a sus conocidos a través de Facebook en la primera comunicación personal, Alexandra investigaba en internet sobre patrones de costura. Entre blogs, Pinterest y otras páginas, descartó moldes, se entusiasmó con otros y finalmente eligió los que, a su modo de ver, eran los más apropiados. Alexandra aprendió a coser con su mamá y ellas son, por ahora, las costureras oficiales del proyecto.

En ese momento, el emprendimiento ni siquiera tenía un nombre y debieron pensarlo mientras comenzaban a coordinar las primeras prendas que ya comenzaban a recibir. Dicen que, en el apuro, el nombre que les salió  no es muy original ni creativo, pero necesitaban “salir de eso, darle un nombre fácil y con mucha recordación”. Así que una vez bautizado el proyecto, que oficialmente se llama “CamisasUY”, necesitaban una identidad visual y Hernán Pérez (novio de Alexandra) diseñó una imagen que emana fuerza, energía y calidez, “todo lo que necesitábamos transmitir”. Después llegó el momento de crear una página de seguidores en Facebook y comenzar a publicar contenidos para darle un marco profesional. “Porque nos interesa que la gestión sea profesional, con este emprendimiento de carácter social queremos también desmitificar el Márketing que está muy denostado”, explica Rodrigo.

El lunes 5, además de las cien camisas que ya tenían recogidas, se habían sorprendido con una donación de la Mercería Cadi (hilos, elásticos, parches y botones). Fueron vehementes al comentar el entusiasmo de la gente, no solamente de los cercanos, sino de una gran cantidad de personas desconocidas que ya los había contactado. Y también dejaron claro que desean que otras organizaciones se sumen de la misma manera que lo hizo Cadi.

Con tantas camisas y los materiales para coser, el próximo paso es transformar las prendas en nuevas camisas y vestidos. Pretenden realizar prendas para niños y niñas de diferentes edades. Alexandra tiene varios patrones seleccionados y probados, pero les gustaría contar con la ayuda de diseñadores para darle un toque original al proyecto. También quisieran agregar elementos decorativos, si fuera posible, y una grifa en la que se mencione que las prendas fueron hechas a mano.

Rodrigo y Alexandra hablan con fervor, sonríen y se sonrojan ante los elogios recibidos. También deben explicar son solamente “un grupo de amigos reunidos con un fin común” y que les basta con ayudar solidariamente, no pretenden nada más, “no buscamos beneficio de ningún tipo, salvo ayudar”, explica Alexandra. Agregan que hay gente que los mira con escepticismo, pero ellos están llenos de entusiasmo. Saben que será difícil sostener el proyecto en el tiempo, pero confían en la recepción y solidaridad de la gente y en su capacidad de trabajo.

Todavía no saben qué organizaciones se beneficiarán con las prendas. Tienen que evaluar y definirlo rápidamente porque sueñan con realizar la primera donación antes de Navidad. Quisieran que fueran organizaciones con familias, niños y niñas que sientan el valor del trabajo a mano que hay detrás de cada prenda. Eso sí tienen claro, que les gustaría que existiese una sinergia ante los valores que hay detrás de cada camisa reciclada. Y al momento de soñar, imaginan el proyecto convertido en un taller de costura que, además, sirva para transmitir el oficio. “¿Y si nos transformamos en una escuela de costura o contamos con el apoyo de la UTU y de sus alumnos… ¡eso sería fantástico!”, dice Alexandra.

Por ahora, gestionan CamisasUY entre la confección de las primeras prendas y la búsqueda del material (máquinas de coser overlock o rectas, elástico fino, botones y parches, camisas de mujer o de hombre). No aceptan donaciones en dinero y salvo esa cuestión, necesitan de todo: en especial, diseñadores, modistos y costureras, y hasta servicios de cadetería y lavadero. Ya tienen más de 200 camisas y dos mercerías más se sumaron al proyecto, además de cuatro particulares (con más camisas, telas y cintas para decorar y ¡hasta encaje!). Alexandra, además de coser, coordina el trabajo con cinco costureras más y con el trabajo de muchos, este tejido de apoyo social se construye día a día.

Más info y contacto: CamisasUY en Facebook / camisasuy@gmail.com

Una feria con objetos para anidar en tu interior: sábado 10 y domingo 11 de diciembre en OM+

Las ferias son tendencia y desde hace un tiempo la oferta montevideana ha crecido significativamente. Si eres mujer de más de 30 años, seguramente la cronología de tus redes sociales da cuenta de esta realidad porque en Facebook, Twitter e Instagram se anuncian las más diversas ferias: en espacios abiertos o cerrados, segmentadas o generales, gastronómicas, las que marcan las tendencias de la moda, las que ofrecen exclusivamente productos para el hogar y mucho más.

Desde noviembre, casi todos los fines de semana hay una feria para visitar y OM+ también realiza la suya el sábado 10 y domingo 11 de diciembre de 14 a 19 h. En un marco tan nutrido y con tantos paseos de compra, ¿qué ofrece OM+ en particular? Además de un espacio íntimo e ideal para alejarse de las multitudes, los productos de esta feria han sido cuidadosamente seleccionadas con el objetivo de “inspirar a vivir mejor”.

En 2015, en OM+ realizaron tres diferentes ferias. La experiencia fue gratificante y en 2016 la reeditaron una mayo; ahora se preparan para la de Navidad que se realizará, por primera vez, durante dos días. El espacio íntimo y versátil de OM+, que comúnmente alberga clases de meditación, yoga y talleres de cocina, se convertirá en un mercado con energía vibrante, como en las ediciones anteriores.

En la feria navideña de OM+ habrá productos que inspiran y que aportan tranquilidad, pues fueron seleccionados para favorecer el bienestar físico, emocional y para estimular la alimentación saludable. Son productos para el uso personal, el hogar y en especial para la cocina y que, por definición, están alineados con el espíritu de la organización. La de OM+ es una feria orientada básicamente a mujeres, aunque habrá juguetes para niños también, y la oferta de precios es amplia (hay productos desde $ 300 a $ 2000) con cabida para casi todos los presupuestos.

Cada proveedor es elegido a conciencia, ya que en OM+  importa la elaboración de los productos y, más allá del margen que pueda dejarles para hacer viable el emprendimiento, a los responsables de OM+ les preocupa el espíritu de los productos. Si tienen alma, son para OM+. La feria es diferente porque los objetos, más limitados que en otros mercados, apuntan al bienestar. Además, el paseo es una oportunidad para el encuentro y un contacto directo y abierto con el barrio. Así es que, el sábado 10 y el domingo 11, en OM+ podrás encontrar regalos de La Gracia, Me Encachilé, Prana, Mandalas, Fukuro, Los juguetes de mamá y Aceite Espagiria.

La Gracia: decoración y objetos para la casa (cubrecamas, bancos, alhajeros, móviles, percheros, alcancías y monederos de cuero, almohadones para meditar, pantallas, Budas, pequeños muebles, bolsos y carteras, zapatillas). Me Encachilé Accesorios: collares y pulseras con piedras. Prana: productos orgánicos, en especial una canasta Prana con un recetario realizado en OM+. Mandalas: cuadros únicos, hechos a mano, con mandalas de fuertes colores. Fukuro: libretas forradas. Aceite Espagiria: orgánico, fragante y cosechado armónicamente. Los juguetes de mamá: verduras y frutas en crochet, delantales, bolsas y juguetes artesanales que remiten a otras épocas.

Entre los diversos objetos cuidadosamente seleccionados, se destacan la canasta de Prana (quinua, bayas de goji, jarabe de agave, maca, aceite de coco, cúrcuma, harina de coco y azúcar de coco en una bolsa de lienzo reutilizable con un recetario para dar vida a los alimentos) que puede ser un regalo único o múltiples obsequios individuales. Las libretas de Fukuro son hechas a mano y se definen por su “creatividad al servicio del alma”: hay forradas en tela o papel, con y sin solapas, clásicas o con cordón, de hojas blancas y lisas prontas para desplegar ideas, tareas, proyectos. Los cubrecamas de La Gracia de tela suave y de impactantes diseños,  tan «cameleónicos» que también pueden usarse para decorar un sillón o una pared, como lona para la playa o para ir de pícnic.

Date una vuelta por la feria: seguro que encontrarás regalos que se identificarán con tu espíritu, además sentirás la energía entusiasta y pura que se vive en el espacio OM+.

OM+ nació a iniciativa de Nicole Babat en junio de 2015. Como psicóloga y terapeuta, Nicole tuvo como objetivo crear un “espacio de crecimiento personal”. Se lo imaginaba en Minas, alejado del ruido de Montevideo y en un área con cierta energética especial, pero finalmente se dio cuenta de que era realmente necesario en el medio de la ciudad, en el epicentro del movimiento. Y así nació OM+, en el Parque Rodó, sobre la transitada calle Eduardo Acevedo.

En el espacio ofrecen yoga, meditación y qi gong en horarios fijos cada semana y otras actividades puntuales y más esporádicas: nutrición con clases teórico-prácticas y talleres de diversos temas alineados al espíritu y a los valores de la organización.

OM+, que remite a la voz onomatopéyica de la meditación, invita a sumarse a un espacio en el que se aprende a vivir de otra manera. Nicole, su fundadora, luchó ante al cáncer en tres oportunidades en 41 años de vida. Su riqueza interior le permitió sobreponerse a una enfermedad recurrente e incluso, aunque los médicos no lo creían viable, ser madre. El legado de Nicole —que partió cuando OM+ tenía pocos meses de funcionamiento— está imbuido en la genética de la organización y encuentra en Jimena (coordinadora, su amiga) y en Ignacio (director, esposo de Nicole) pilares para dar vida a “un lugar para nutrirse”.

OM+ web.  Dirección: Eduardo Acevedo 1047 esq. Isla de Flores, Parque Rodó, Montevideo. Equipo responsable:  Prof. Ignacio Richard (director) Jimena Velázquez (coordinadora).

Una experiencia educativa concreta e inusual, una forma diferente de hacer arquitectura

El estudio Bo!, de tres jóvenes arquitectos uruguayos, construirá una residencia para artistas en Ghana

Un arthouse es una residencia para artistas, un concepto conocido en otras latitudes y aún virgen en Uruguay. Se trata de un hogar para vivir, inspirarse, desarrollar arte y exponer. El estudio Bo! participó en 2015 de una iniciativa internacional (Nka Foundation, EEUU) que proponía diseñar un arthouse en Ghana. La propuesta de los uruguayos incluyó un ámbito privado para que los artistas puedan vivir, áreas comunes con servicios (baño y cocina) y un espacio libre para crear y mostrar. El diseño de Bo! se ubicó entre los mejores, fue el único estudio latinoamericano elegido y con su iniciativa ganó el premio “mención honorífica”. La construcción de la residencia para artistas a cargo del equipo de Bo! comenzará en febrero 2017.

Antonella Sinacore, Claudia Varin y Santiago Merello se enteraron del concurso en octubre de 2015 a partir de un “correo electrónico que un docente de Facultad (Arquitectura, UDELAR) mandó a varios estudiantes, lo recibió Santiago. Justo en ese momento Claudia y Santiago estaban trabajando juntos y yo me había recibido hacía poco y estábamos con ganas de hacer algo entre los tres, algo que resumiera nuestro espíritu”, explica Antonella. “El proyecto era perfecto, se ajustaba a nuestra filosofía” y, según dicen los miembros de Bo!, “cayó en el momento justo ya que no teníamos trabajos específicos en curso”.

La Fundación Nka propuso —en su tercer concurso de arquitectura— la construcción de una vivienda innovadora utilizando materiales naturales para albergar a artistas en Abetenim, una pequeña aldea de Ghana. La modalidad que plantea Nka implica concursar para obtener la posibilidad de construcción. Los estudios ganadores se deben hacer cargo de los costos del traslado y mano de obra con voluntarios (del lugar y del mundo). La estadía y la comida, por su parte, se contrata localmente para favorecer trabajo en el lugar.

La idea de la residencia para artistas y la oportunidad que implica una construcción de este tipo (colaborativa, internacional, con el uso de materiales naturales) entusiasmó tanto a Antonella, Claudia y Santiago que diseñaron “todo el tiempo imaginándonos en Ghana, construyendo el arthouse”, dice Antonella. Claudia agrega que “la iniciativa surgió en momentos en los que ya estábamos construyendo algunas casas en Villa Serrana en las que usamos materiales de la naturaleza y el concurso era de arquitectura en tierra, a su vez se trataba de una residencia para artistas y el tema del arte nos cuelga a los tres”.

“Debimos resolver aspectos prácticos del proyecto para comenzar a diseñar rápidamente. Después lo enviamos por correo electrónico y en diciembre 2015 nos enteramos de que habíamos ganado”, dice Antonella. “En la locura de diciembre, llegó un mail a medianoche —por la diferencia horaria— lo vi y me dio un ataque. Mandé Whatsapp y llamé varias veces a Santiago y a Claudia y no me atendían. Recién se enteraron a la mañana siguiente y yo no podía dormir por la emoción”. Y agrega, con un entusiasmo que se renueva cada vez que lo cuenta, “no podía creer que tenía todo eso adentro y no tenía cómo vivirlo con ellos”.

En su diseño, presentaron una construcción con diversos gráficos para mostrar la versatilidad del espacio y en cada uno dibujaron los artistas que se imaginaron podían usufructuar esa residencia. En el plano hay un pianista y un percusionista porque en ellos se inspiraron mientras creaban. La música los acompañó mientras proyectaban, en particular la música africana. También buscaron referentes culturales y se empaparon de recursos simbólicos que les permitieran decodificar para crear. El diseño de la cubierta de la residencia planteada resume todo lo que pudieron aprender sobre el tema y en ella condensaron los símbolos más representativos del arte de África.

“En la estructura y en los muros —explica Claudia— usamos técnicas que ya habíamos probado en construcciones que hicimos en Villa Serrana. Son postes de madera y fajina, que es un entramado de cañas, relleno de una mezcla de arcilla, arena y paja. Todos materiales que se consiguen en el lugar o zonas cercanas. La cubierta es diferente y será de cerámica armada que es la tecnología desarrollada por [Eladio] Dieste. El desafío es combinar técnicas que hasta el momento no hemos visto trabajando juntas y que vamos a probar. Estamos llevando a África un desarrollo propio de nuestro país”. Agrega Antonella, “lo interesante es la utilización de la cerámica para la cubierta. En el concurso nos recomendaban usar chapa, por las lluvias copiosas, pero nosotros quisimos incluir mejores prestaciones para la cubierta, ya que hace mucho calor. Creemos que la cerámica armada funciona mejor que la chapa térmicamente y además es un material que se produce en el lugar”.

“La fundación apuesta al lugar y a las personas que viven ahí. El hecho de ir a construir ahí significa una alianza con el pueblo, los habitantes serán los encargados de cocinar, a ellos les compraremos los alimentos, algunos también trabajarán en la construcción de la residencia. Se generan oportunidades de trabajo en torno a un proyecto. Hace varios años que hay personas del lugar que trabajan en torno a las iniciativas de la fundación” cuentan con naturalidad, luego de explicar varias veces una modalidad de trabajo diferente.  “La fundación comenzó a trabajar hace ya varios años en Abetenim con objetivos educativos y sociales, por eso se han generado varios concursos para la construcción de escuelas, viviendas y el tercer concurso que fue el de la residencia para artistas. Nosotros intentamos explicar esta iniciativa comparándola con la experiencia de pueblo Garzón, salvando las distancias se puede hacer un paralelismo. En pueblo Garzón se ha trabajando en torno a una propuesta gastronómica que ha sumado diversas iniciativas. Abetenim se ha transformado en un polo de arquitectura de ciertas características con construcciones-escuela”.

Se van el 20 de febrero y están en una etapa difícil, pues les toca reclutar voluntarios, la mano de obra. “Necesitamos diez voluntarios más, queremos llegar a un equipo de 20 personas. Sabemos que no vamos a poder construir todo el proyecto que diseñamos, tiene 200 m2 y con el dinero que hemos juntado y la mano de obra que contamos creemos que podremos hacer un cuarto del proyecto con las técnicas constructivas planteadas”, plantean Claudia y Antonella con entusiasmo. En relación con el perfil del voluntario, las arquitectas comentaron que, más allá de cuestiones profesionales, lo más importante es el espíritu. “El voluntario va a construir, a vivir en comunidad y a aprender, fundamentalmente”. El equipo de construcción está formado, al momento, por los tres arquitectos que ganaron el proyecto, un estudiante de Administración de Túnez con experiencia en iniciativas similares, una arquitecta española que vive en Copenhague, otra norteamericana y una francesa, una uruguaya que ha hecho varios cursos sobre bioconstrucción y una argentina que está próxima a recibirse de arquitecta. “¡Y nuestras parejas!, un antropólogo y un contador”, agregan.

Además, están trabajando en un spot publicitario para difundir la iniciativa y recolectar más dinero a través del crowdfunding que han lanzado. Cuentan, actualmente, con el apoyo de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Educación y Cultura, la Facultad de Arquitectura, diseño y Urbanismo, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, la Cámara de Comercio Uruguayo-Africana, el Proyecto Ploteos y la agencia de viajes Rumbos. “Además, estamos trabajando en los detalles constructivos para llevar todo resuelto. Las uniones entre las maderas, las vigas, los pilares. Son los aspectos técnicos, los detalles constructivos, planos de obra. Y armando la planificación de lo que haremos día a día porque vamos a complementar la construcción con instancias teóricas, de discusión y de intercambio, para que sean verdaderas instancias de aprendizaje y exploración. También queremos que cada uno de los voluntarios demuestre su trabajo, sabemos que una de las chicas hace yoga y queremos por las tardes también tener tiempo para eso”, menciona Antonella.

Dice Antonella que piensan “grabar un documental con microprogramas, serán diez de entre dos y cuatro minutos cada uno con diferentes temáticas. Cubriremos la preparación del viaje, la salida, la construcción propiamente dicha. Estaremos en Ghana y sumaremos visitas a lugares emblemáticos. No nos podemos perder la oportunidad de visitar el Mole National Park que está muy cerca. Tenemos muchas ganas de llegar ya”.  Dice Claudia que “esto es una apuesta, para aprender, para conocer otras personas y ser parte de una dinámica de arquitectura diferente, centrada en la naturaleza. De alguna manera, en nuestras propuestas no nos consideramos arquitectos convencionales; nos planteamos con responsabilidad los materiales que vamos a utilizar”. “No es tan sencillo conseguir obras con este tipo de sistemas y tuvimos la suerte de construir en Villa Serrana”, cuenta Antonella. “Día a día es más fácil encontrar personas que valoran y buscan otros materiales, más allá de los convencionales, pero no es tan fácil. Es un trabajo educativo y a largo plazo”.

Bo! existe como estudio de arquitectos a partir del tercer concurso de la Fundación Nka. El grupo se formalizó en octubre de 2015 y el nombre remite al modismo uruguayo “bo”. El acento es la bombilla y el conjunto es la abstracción de la identidad del Uruguay. “Pensamos cómo se diría `espacio´ en quechua, `vivienda´ en japonés y nos sentimos más cómodos con algo muy autóctono, muy uruguayo, como la tierra, en lo que nos inspiramos para hacer arquitectura”.

Se conocen desde el comienzo de la carrera en la Facultad de Arquitectura (UDELAR). Claudia fue la primera en tomar contacto con las técnicas de permacultura (sistema de diseño agrícola, social, político, económico y cultural sustentado en patrones y características del ecosistema natural), hizo cursos en Argentina y en Uruguay.

Bo! propone una arquitectura acorde a quien solicita el trabajo, su objetivo fundamental es trabajar en conjunto y proponer materiales de la naturaleza, mayormente. Como estudio, anhelan construir un arthouse en Uruguay y llevar adelante otros proyectos de construcción colaborativa.  El proyecto en Abetenim, en particular, es parte del ADN de Bo! “Es una aventura colaborativa, una experiencia educativa concreta, es entrar en el mundo de una forma diferente de hacer arquitectura”, resumen los involucrados.

Una muñeca simple que se transforma y cobra vida con retazos de tela

Inés Blanco y Adriana Catelli son las creadoras de LoliModa, un juguete “a la antigua” que se desarrolla y vende en Uruguay. Inés (34) es arquitecta y especialista en márketing y, entre varios proyectos, es mamá de Emilia, Carmela y Bautista. Adriana (62) es escribana y, entre papeles y escrituras, disfruta de sus nietos Natalie, Juana, Pedro, Manuel y Oliver.

Más allá de cierto vínculo familiar (Inés es la esposa del sobrino de Adriana), son mujeres muy diferentes. A pesar de tener personalidades, intereses, edades y profesiones disímiles, hoy las une un proyecto en común: LoliModa, un juguete muy sencillo, aunque paradojalmente difícil de explicar con palabras.

LoliModa es una estructura de niña/mujer para vestir. En un placa de madera (MDF) se muestra el contorno en relieve (en alza) de Loli. Esa hoja tiene una tapa, a modo de block, para cerrar en el que aparece la figura troquelada de la muñeca. Cuando está abierta, Loli puede vestirse con diferentes retazos de telas que se entregan en el “pack LoliModa”. Los géneros, de diversos colores y texturas, pueden usarse como vestidos, faldas, blusas, pantalones y pañuelos. Loli es un contorno con un rostro muy expresivo, y cuando la tapa del block se cierra, la niña/mujer se transforma y cobra vida en función de su vestimenta. A partir de un simple dibujo, puede surgir una  it girl, una chica clásica que sale de paseo, una niña que celebra su cumpleaños o una emprendedora pronta para una reunión de negocios.

¿Cómo nació la idea?

Dice Adriana que a una de sus nietas le regalaron una muñeca artesanal. La niña se entretuvo durante horas, aun rodeada por juguetes visualmente muy atractivos y más comerciales. Tanto le gustó, que en un viaje a Buenos Aires buscó a la artesana que crea esas muñecas y compró una para regalarle a su otra nieta. Se la mostró a Inés, con “la convicción de que los niños necesitan volver a los juguetes más simples y esenciales”.

“A partir de ahí descubrimos que teníamos una pasión en común y, con las ganas de hacer algo juntas, trabajamos desde esa fuente de inspiración”, explica Inés. “Queríamos llegar a la matriz del juguete y despojarlo de todos los aditivos comerciales, el proceso inverso que creemos debe de haber realizado su creadora. Y luego de rescatar la esencia, lo transformamos de acuerdo a nuestros lineamientos y objetivos para adaptarlo al mercado y a nuestros gustos estéticos”.

Elegir el nombre fue difícil. Buscaban que fuera atractivo, fácil y pegadizo para impactar en los niños y buscar la recordación. Inés agrega que querían llegar al nombre que le hubiesen puesto ellas mismas de niñas. Hicieron y repitieron el ejercicio varias veces, como un “flashback” en procura de mirar el mundo con ojos de niñas.

Las dos creen que LoliModa es un juguete “espectacular para el desarrollo intelectual en la etapa infantil” y ese espíritu las une y fortalece para sobreponerse a las dificultades de un emprendimiento casi artesanal. La sociedad de Inés y Adriana es “claramente circunstancial, pero muy exitosa”. Las unió el interés en esta iniciativa, las ganas de hacer algo diferente para los niños de ahora como si fueran los niños de antes. La etapa de creación del emprendimiento las llenó de energía y felicidad, también de esperanza. Hoy están contentas con los resultados y muy entusiasmadas con las proyecciones a futuro.

“Con LoliModa, explica Adriana, pretendemos que los niños puedan diseñar vestimenta y desarrollar la imaginación”. Inés agrega que “es un juguete como los de antes, inspirado en nuestra infancia, para desarrollar la capacidad creativa de niños y niñas a través de un sistema muy sencillo e intuitivo”.

Las creadoras pensaron un entretenimiento sin orientación sexual y se han planteado un objetivo que pretende derribar barreras idiosincráticas, ya que que LoliModa es una muñeca orientada a niños y niñas. Ellas creen en el propósito de “favorecer el trabajo con telas, colores y texturas para lograr distintos diseños” y procuran, además, transmitir valores que consideran son importantes: “la valoración de lo simple y artesanal, la reutilización, el amor por lo nuestro y el hacer por sí mismo”.

La gestación y el futuro de LoliModa

El proyecto nació hace muy poco tiempo; en setiembre de 2016 definieron la idea y comenzaron a desarrollar el modelo de negocio inmediatamente. En octubre ya estaban trabajando en los primeros prototipos. A partir de la idea primaria de Adriana, definieron materiales, estética, “packaging”, terminaciones, etc. “La adaptamos al mercado local, pero fundamentalmente a los principios que queríamos que tuviera el producto. Queríamos que fuera de fabricación casi artesanal, con un ‘packaging’ en el que la muñeca y las telas fueran los protagonistas. En síntesis, un mensaje directo y limpio con la línea clara de la inspiración a crear”.

Lanzaron la venta directa a través de una cuenta de Facebook el primer día de noviembre. Menos de un mes después, comenzaron a consolidar acuerdos con jugueterías y librerías para ofrecer LoliModa en puntos de venta para Navidad.

Cada LoliModa contiene dos partes: la estructura con la muñeca y catorce retazos de telas . Inés y Adriana hacen énfasis que en el proceso de creación del “packaging” la sencillez era una prioridad. Querían un producto artesanal y se enfrentaron a un gran obstáculo: si agregaban mano de obra, el juguete crecía en costos y se alejaba de uno de sus objetivos (la accesibilidad). Por eso eligieron presentar a Loli en dos bolsas plásticas con cierres tipo ziploc, de fácil manipulación para los niños.

El único agregado es la serigrafía del logotipo y del eslogan: “Prueba, Diseña, Aprende, Crece…”. Dicen que fueron muy cuidadosas al momento de elegir los proveedores y que han buscado mantener sus lineamientos. Por eso escogieron la técnica de serigrafiado, que es de las más antiguas.

Hasta el momento no cuentan con financiamiento externo y trabajan “hasta de madrugada, cuando mis niños duermen”, dice Inés. Aclaran que han recibido mucho apoyo de sus familias y agradecen en particular a Heddy Catelli (suegra de Inés y hermana de Adriana) que las unió y “ha sido un gran apoyo en este proyecto”.

A corto plazo quieren llegar masivamente a los hogares del Uruguay, pues sueñan que “todos los niños, de cualquier edad y nivel socioeconómico, puedan tener una LoliModa”. A mediano plazo pretenden ofrecer LoliModa en otros países culturalmente afines (Chile, Paraguay). Con el desparpajo y el arrojo propio de los emprendedores, cuentan que han tenido una respuesta increíble del público y, convencidas de su producto, apuestan cada día a más.

Soluciones para la gestión de una práctica habitual: gestión y medios de pagos para colectas

La mejor manera de saber si funciona una buena idea es intentar llevarla a la práctica

María José, Mario, Andrés y Gonzalo conforman el equipo de ColectaTe, una empresa emergente (las ya conocidas start-up) que ofrece un sistema de recaudación con diversos medios de pago en línea (transacciones bancarias y débitos de tarjetas) y también a través de locales de pago de red de cobranza.

María José y Mario, una tarde de noviembre, en las oficinas del Centro de Innovación y Emprendimientos (CIE) de la Universidad ORT respondieron preguntas y charlaron animadamente acerca de sueños cumplidos, proyectos y objetivos.

Un claro propósito: facilitar la gestión de las colectas que rodean la vida cualquier adulto

Mario, que se define como “emprendedor nato”, trabaja en el Departamento de Sistemas de una gran empresa estatal y, como todos los integrantes de una organización, ha participado de las más diversas colectas: la fiesta de fin de año, un compañero que va a ser papá, una penca, etcétera. En su sector, una compañera se encargaba de administrar cada colecta; con papel y lápiz encaraba el tema y lidiaba con los clásicos: “me olvidé”, “hoy no tengo cambio”, “recordame el lunes, después de cobrar el sueldo”.

“Yo tengo la actitud de emprender y detecto necesidades todo el tiempo”, dice Mario. “Donde alguien ve problemas, desde siempre veo oportunidades. Tenía muchas ideas, pero nunca me había animado y finalmente, ante el tema de las colectas, me lancé”. El propósito era solucionar la gestión a quien hace una colecta y con la idea plasmada en una hoja tamaño A4, en agosto de 2014 Mario fue a hablar con Enrique Topolansky, Director del CIE.  Topolansky le dijo que empezara y le aclaró que la única manera de saber si funcionaría era intentándolo; mientras tanto, la idea seguiría durmiendo en el papel. Y agregó, “alguien más puede estar pensándolo, alguien más puede estar haciéndolo”.

Mario habló con Sergio, un amigo que también es analista en sistemas, y con quien muchas veces habían conversado acerca de hacer algo en conjunto. Sergio se entusiasmó ante la propuesta y la elocuencia de Mario, y repartieron tareas. “El se enfocó en estructura, tecnología y desarrollo de la web, y yo me dediqué a los servicios”, explica Mario. “De forma inmediata comenzaron a aparecer diferentes productos, no solo la colecta. Además de facilitarle el trabajo al que organiza la recaudación, enseguida pensamos en agregar medios de pago para el que quiere aportar”.

Sabían que una de las claves era diferenciarse y, mientras desarrollaban el prototipo de ColectaTe, investigaron el mercado y encontraron que en Uruguay casi no había servicios iguales, aunque detectaron algunos con características similares. “Y nos enfocamos en brindar servicios minoristas: soluciones para artesanos, organizar un asado, las colectas para las maestras. Comenzamos a ver diferentes posibilidades y al poquito tiempo teníamos un montón de ideas”.

Compraron un hosting con una inversión inicial de USD 100, armaron una cuenta de Facebook y otra de Twitter y el 29 de noviembre de 2014 salieron con el primer prototipo de producción. Se largaron al ruedo con todo lo que tenían: la web y las redes sociales. De forma inmediata, comenzaron a tener seguidores en las redes sociales, amigos fundamentalmente, y algunos usuarios. Hoy ven que todo era muy primitivo, pues necesitaban colaboradores especialistas en márketing y comunicación, aspecto que solucionarían tiempo después.

Para ello, María José se sumó en abril 2015. Ya conocía el proyecto y como especialista en márketing pensó en que estaría bueno dar una mano. Comenzó tirando ideas y luego su participación creció. Sergio se abrió y hoy su figura como “socio fundador” es importante en la breve historia de ColectaTe. Gonzalo y Andrés, del “palo de sistemas”, se unieron para dar impulso al proyecto. Se fue conformando un equipo que se consolida día a día y que les demanda un tiempo importante de trabajo.

El ruedo y los problemas de emprender

El primer cliente fue la protectora de animales SOS Caninos y Equipos, “fue el 5 de diciembre y llegamos casualmente, por un perrito que se había perdido en el barrio”, explica Mario. “Adoramos a esa ONG porque fue la primera que confió en nosotros. Cuando pensamos ColectaTe no pensamos en las ONG, las veíamos como grandes clientes, incluso. Y ColectaTe estaba enfocado a un modelo de negocios con clientes micro. Pero la realidad nos sorprendió y las ONG más necesitadas se sumaron inmediatamente, fue un boom”.

Hasta el momento han contado con ayudas del CIE y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Esta los apoyó en dos oportunidades y actualmente están en el proyecto “Jóvenes Emprendedores” con procesos largos y rigurosos (hitos a cumplir, informes, rendiciones de cuentas y gastos) que les han permitido crecer significativamente. Han cumplido con todo lo que se han propuesto y ya están pensando en un tercer apoyo para continuar consolidándose.

Dicen que necesitan firmeza, posicionarse y crecer. Todas las ganancias obtenidas hasta el momento se han reinvertido, pues los integrantes de ColectaTe viven de sus sueldos en otros trabajos. Además, han invertido dinero en el proyecto.  Aclaran que comienzan a tener lindos problemas: se preguntan si quieren tener un inversor ángel, también los han invitado al piso 40 del World Trade Center a exponer su idea frente a posibles inversores.

El próximo objetivo a corto plazo es posicionarse masivamente. Saben que lograrlo sin una inversión masiva es un objetivo casi imposible de lograr. Hasta el momento, la microempresa ha crecido de forma orgánica, pero necesitan dar el salto exponencial de visibilidad.

La flexibilidad para resolver problemas y buscar soluciones para los clientes

ColectaTe nació para resolver la colecta al compañero de trabajo que se encargaba de la tarea, pero “tuvimos que ir por más y hoy tenemos un ejemplo que nos encanta: Desayuno Continental, una banda de rock que hizo una campaña para grabar su primer disco a través de una especie de crowfunding. Nos contactaron, no teníamos ese servicio y se los diseñamos. Fue una experiencia enriquecedora para ellos y también para nosotros”.

“Una ONG nos planteó que iba a realizar una actividad y que necesitaban solucionar la recaudación de un bono colaborador. Analizamos si cuadraba dentro de la ley que nos rige, vimos que sí y les brindamos el servicio. Porque la flexibilidad nos caracteriza”.

También incorporaron servicio de subastas para las ONG y notificaciones cuando se vencen colaboraciones periódicas que se debitan través de tarjetas de crédito. Lo hacen directamente al correo electrónico de quien colabora para una determinada organización. “Es una facilidad para quien organiza la colecta y para quien colabora, ¡no tiene ni que agendarse la tarea!”

La empresa, por su naturaleza, está auditada por el Banco Central, ya que ColectaTe es una institución de intermediación financiera de colocaciones minoristas, aunque estrictamente no “colocan”, no reinvierten. Toman el dinero, retiran su comisión y lo pagan cuando se les solicita. Aclaran que pueden brindar muchos servicios dentro del marco legal que los rige.

Aprender, tomar decisiones, jugar en la cancha

Todos los días se enfrentan a experiencias distintas, dicen María José y Mario. “Al momento de emprender, la emoción, las ganas y el entusiasmo todo lo dominan. Después las cuestiones financieras y económicas comienzan impregnar la vida cotidiana y ya es diferente. Más que un hobbie, hay que hacer que el emprendimiento se vuelva rentable”.

“Son muchas horas de trabajo, se deja la familia de lado, los amigos, etc. Es la vida de todo emprendedor”, agregan. “El mundo de los negocios es cruel, pero estamos muy confiados en el proyecto. Sabemos que tiene potencial, aunque sabemos también que alguien con la inversión suficiente y con una idea igual o similar nos puede pasar por arriba. Pero mientras tanto, seguimos con convicción, porque sabemos que sirve, que es útil”.

Entre sus clientes, tienen varias recaudaciones por enfermedad o accidente y organizaciones que nuclean a personas con capacidades diferentes, y son conscientes de que ese rubro tiene futuro en su proyecto. “Estamos aprendiendo a manejar nuestra emoción en relación con esos clientes”, dice Mario. “Hoy tratamos de involucrarnos con cada caso para ver exactamente cómo ayudar. Así hemos incorporado a la Fundación Forge y otras tantas organizaciones. También hemos dado charlas sobre emprendedurismo y participado de actividades sociales y deportivas. Estuvimos en Fundación a Ganar, vamos a ir al Liceo Francisco en Paysandú. Nos alimenta el espíritu, nos roban sonrisas.”

Hasta el momento han tenido un solo caso que les generó dudas y decidieron no sumarse al proyecto como plataforma de recaudación. “Las dudas no tenían relación con los valores de esa organización, sino con la transparencia de los fondos”, dice María José. “Si no queda claro el propósito, no lo aceptamos. No se trata solamente de aceptar clientes, sino que estudiamos todo y si nos cuadra, lo incorporamos. Manejamos dinero que la gente dona con un fin, entonces somos estrictos porque debemos brindar seguridad y confiabilidad”.

El futuro de ColectaTe

María José y Mario, con seguridad y sin titubear, dicen que “quieren vivir de ColectaTe”. Agregan que pretenden terminar por adelantado el año y los objetivos de la ANII. En concreto, en nueve meses quieren hacer una encuesta a 2000 mil personas y que se los conozca. También seguir consiguiendo transacciones, nuevos clientes que traerán nuevos clientes. “Queremos alimentar el clásico boca a boca”.

“Las ONG son grandes canales de difusión, pero queremos también atraer otros canales y hacer foco en casamientos, cumpleaños, colectas en colegios. Hoy tenemos nueve medios de pagos y queremos ampliar la oferta. Pronto seremos la primera empresa con la que ANDA probará medios de pagos digitales”.

También quieren anexar Paganza, porque en definitiva buscan anexar todos los medios de pago y que nadie se quede sin colaborar. “Nos gustaría que el usuario que desea pagar, tenga varias opciones y que decida cómo hacerlo. Nos gustaría que al momento de pensar en una colecta, nuestro servicio sea el primero que esté en la mente de los usuarios y que brinde todo lo que esa colecta demanda”.

Ficha técnica ColectaTe: servicios

El negocio es ofrecer medios de pago, armar una página web (estrictamente una landing page) para promocionar la recaudación y difundirla a través de las redes sociales de ColectaTe. El servicio está orientado a quienes necesitan recaudar dinero y no tienen cómo hacerlo.

Ofrecen pagos en línea: transferencia bancaria, tarjetas (VISA, ANDA, Creditel y OCA)  y PayPal. También pagos en la red de cobranza de RedPagos.

Ficha técnica ColectaTe: integrantes

Mario Camerota. Licenciado en Sistemas egresado de la Universidad ORT y, fundamentalmente,  emprendedor por naturaleza.

María José Lorenzo. Analista en Marketing, UDE. Invitada a participar del proyecto, seguidora de ColectaTe desde los inicios del proyecto.

Andrés Pavoni. Analista en Sistemas, estudiante de Ingeniería en sistemas en UDELAR.

Gonzalo Gutiérrez. Analista en Sistemas, estudiante de Ingeniería en sistemas en UDELAR.

Sergio Garrido. socio fundador, ya no forma parte de la organización.

Entrevistas I

 

A fines de 2012 entrevisté a Beatriz Grecco para la revista del Instituto Crandon. Comparto la nota pues en ella se recoge «un desafío personal» hecho realidad a partir del esfuerzo, la dedicación y el entusiasmo.  El Curso de Guía de Crandon le permitió a Beatriz dedicarse al turismo y disfrutar trabajando durante los fines de semana.

BEATRIZ GRECCO se dice tímida pero cuando narra su vida y su quehacer es locuaz, animada y muy entretenida. Charlamos sobre el Curso de Guía en Turismo durante más de una hora, compartimos un par de cafés y gentilmente contó cómo llegó al mundo del turismo, algunas anécdotas y muchos de sus planes.

¿Desde cuándo te dedicas al turismo? Soy secretaria ejecutiva bilingüe y trabajo desde hace muchísimos años en una institución educativa. Desde 1997 coordino y acompaño a grupos de quinceañeros a Estados Unidos y en 2003 comencé a armar programas internacionales de turismo cultural y educativo para adultos mayores que buscan conocer la región. Por ello estudiar y trabajar profesionalmente en turismo era un tema pendiente en mi vida.

¿Por qué elegiste al Instituto Crandon para tu formación en turismo? Crandon es una institución muy seria y en su momento consideré que era la mejor opción pues me daba las garantías para un curso en turismo. Hoy estoy encantada de haberlo hecho ahí.

¿Qué te dejó el curso de Guía en Turismo? Me encantó, aprendí muchísimo. El curso es muy exigente pero también es accesible para quienes trabajamos muchas horas diarias. Le dediqué tiempo y esfuerzo y me dejó muchos conocimientos, seguridad, contactos y posibilidades de postularme a ofertas laborales en el mundo del turismo.

¿Cuáles fueron las asignaturas que más te gustaron? Turismo, Fauna, Historia.

¿En qué momentos te dedicas al turismo? Lo hago fundamentalmente en enero con los cruceros, traslados y city tours. También los fines de semana en temporada alta. Es una experiencia muy positiva, me divierte, me demanda actualización y es un desafío constante. Es un trabajo acotado, variado, entretenido y si no hay química dura poco y no genera angustias. Aunque debo decir que la gran mayoría de las veces hay buen vínculo y el grupo y yo la pasamos muy bien.

¿Con qué público te gusta trabajar? Con todos, no tengo predilección por ningún grupo en particular ya que lo que más me gusta es conocer gente de diferentes culturas. Prefiero trabajar en inglés, considero que es una ventaja dominar otra lengua en el mundo turístico. Me gusta trabajar con grupos pequeños en camionetas y en autos porque esta modalidad permite mucha interacción con los turistas. Aquí el vínculo es más estrecho y la retroalimentación es inmediata.

¿Cuál es tu evaluación a dos años de haber realizado el curso? Me ha ido bárbaro, estoy muy contenta con haber tomado esa decisión a pesar de haber comenzado a estudiar turismo siendo una persona adulta con una carrera laboral afianzada y una familia a cargo… Hoy cosecho excelentes frutos para un pendiente de mi vida, el turismo era un desafío personal que hoy veo concretado.

¿Cuáles son tus recomendaciones para quienes desean trabajar en turismo? ecomiendo formarse pues es difícil insertarse laboralmente sin estudiar. La formación va más allá de saber historia o idiomas, un curso como el de Crandon es más que un grupo de asignaturas, es abarcativo y práctico y te enseña hasta cómo pararte frente al público y cómo hablar por micrófono. Esos detalles son muy importantes.

El curso me abrió puertas, me brindó técnicas y la posibilidad de trabajar en horarios flexibles y en una actividad que me genera un buen ingreso extra. Por eso considero que alguien que quiera dedicarse al turismo debe estudiar. Y Crandon es una institución que brinda garantías, el grupo de docentes es excelente y hay un muy buen clima de estudio. El diploma es importante porque te “abre puertas”.

¿Qué te gustaría hacer en el futuro en relación con este tema? Cuando me jubile me gustaría dedicarme al turismo, hacer tours por la ciudad, mostrar nuestro país. Me gustan mucho los paseos en Montevideo y también hay otros lugares que hoy no hago porque no tengo tiempo.

Beatriz habla de su actividad en el turismo con entusiasmo, se nota que disfruta de esos fines de semana en los que pasea a extranjeros y espera la temporada alta para plasmar una vez más ese «pendiente personal» que hoy es una realidad.

revista crandon 2012 24