Breve cata de Café Nómade en Experiencias Degusto Couture

Sinergia Design celebró, del 3 al 5 de agosto, un adelanto de su renovada plaza de comidas con una feria que conjugó gastronomía (Degusto) y moda (Couture). En ese marco, se realizaron las Experiencias Degusto Couture y el domingo 5 fue el turno del barista Ignacio Gallo, de Café Nómade, quien presentó las claves de la cata.

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La actividad, denominada Taller de Cupping, tuvo lugar en el Kitchen Studio de Sinergia Design con la presencia de más de treinta participantes, algunos vinculados a la gastronomía y otros en respuesta al interés en una bebida que cada día tiene más seguidores en nuestro país. En una gran mesa y rodeado de un público muy animado, el barista responsable de la cafetería Nómade expuso sus herramientas de trabajo y ofreció un marco para entender el creciente mundo del café. Gallo aportó historia, información de los granos, de la cata y del rol del barista, y en la V60 preparó extracciones con café de Uganda, Perú, Costa Rica y Colombia para el segmento de práctica.

«El desafío principal es trasmitir lo que se siente en el gusto y en el aroma; se trata de poner en palabras»

Según Gallo, la cata es el aspecto que más le interesa y confesó que el cupping y el sensoring «le volaron la cabeza», tanto como la primera taza del café de especialidad (The First Cup) que tomó hace unos años y que lo llevó a aprender cómo servir una buena bebida. En el café, la cata es posible con práctica y con las herramientas de medición que aportan la SCAA (Specialty Coffee Association) y Cup of Excellence, explicó el especialista. «Los protocolos buscan controlar ciertas variables para centrarse en el café que es lo más importante. Básicamente se trata de convertir a la persona en una herramienta de evaluación. Es un proceso científico que se entrena. El desafío principal es trasmitir lo que se siente en el gusto y en el aroma; se trata de poner en palabras».

La cata puede ser ciega o a la vista (con las fichas técnicas de cada producto) y, en esta oportunidad, la degustación se realizó con información en la mano. Además, el barista instruyó a los participantes para que pudieran animarse a detectar la acidez, la dulzura y la cafeína de los cuatro cafés propuestos.

Al principio del taller y al final surgió la pregunta inevitable: ¿cuál es el café más rico? Y Gallo respondió con convicción: «El que más te gusta». Entre los participantes, el de Uganda cosechó elogios y también gustó mucho el de Costa Rica.

¿Cuál es el café más rico? ¡El que más te gusta!

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«Al pintar, solo pienso en colores: hoy estoy nogalina y otros días en azul»

Libretas y cuadernos artesanales, las tapas de Amati

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Libretas para todos los gustos y necesidades

Para el escritorio, la cartera o mochila o incluso para el bolsillo. De hojas lisas, con renglones, cuadriculadas, milimetradas o pautadas. Cosidas, con ganchos o con espirales. Con elástico, con soporte para el lápiz o la lapicera. ¿Con sobre interior? ¿Y cubierta exterior? Con o sin separadores separadores. De hojas blancas, de colores, de papel reciclado. Con encuadernación artesanal o seriadas. De autor. Modernas o vintage. Clásicas o innovadoras. Discretas o de llamativos colores y texturas. Algunas son tan bellas que da pena usarlas.

Las combinaciones de las libretas y cuadernos son infinitas y un breve paseo por tiendas de regalos y librerías (físicas o digitales) da cuenta de una tendencia que gana lugar en estantes, bolsos y mochilas. La elección del adminículo para apuntes se ha complejizado. Un nuevo interés por la escritura a mano y las redes sociales que acercan el trabajo de artistas —conocidos y anónimos— muestran un panorama de novedosos artículos para tomar notas. La oferta satisface todos los gustos y los precios varían, también la originalidad.

En el panorama montevideano, diversos artesanos se dedican a la encuadernación y Jana, de Amati, tiene algo diferente para mostrar.

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A mano y con tapas exclusivas

Jana Ferrari (tallerista, maestra, madre y diseñadora gráfica) habla bajo, lo hace con suavidad y cautela. Abre grande sus ojos, que son muy expresivos, mueve las manos y explica rápido. Narra y describe con agilidad. Se para, se sienta y se vuelve a parar. Busca un ejemplo, saca una hoja, muestra un dibujo, va por las herramientas de trabajo. Con paciencia y con sus gestos explica qué hace y muestra sus creaciones. «Siempre me gustó el objeto libro. No tanto leer, sino el libro como objeto», explica con timidez.

Se asombra de que su arte genere interés, quizás porque convive con sus creaciones, son el producto de sus manos, una extensión de su ser. Jana hace encuadernaciones artesanales porque le nace y «tiene mano». Y eso se nota. Tiene arte, mirada sensible y esa intensa capacidad de plasmar sentimientos. «Primero, antes de ser maestra, fui tallerista. De grande estudié diseño y para una entrega de Facultad —Diseño Editorial, la materia que más me gustó— tuve que crear un libro que tenía que hacer a mano. Armé un cuaderno, en realidad, y aprendí a hacerlo por tutoriales».

Esa anécdota tuvo lugar hace siete años y tanto le gustó que buscó ayuda. Llegó a Agustín Montemurro, encuadernador de la Biblioteca Nacional. Con Agustín, una eminencia en la materia, tuvo una «masterclass de tres horas». «Él me dijo esto sí, esto no. Me dio muchos piques», dice Jana. Con el tiempo y algo de práctica experimentada continuó con las encuadernaciones y se animó a usar telas y sus pinturas para las tapas. Descubrió un mundo, una veta, un filón. «Mis amigas me dicen que haga cuadernos seriados, pero yo no quiero, todos hacen eso», admite en defensa de su arte y estilo.

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Sin control zeta

Jana confiesa que, en estos años, su producción ha sido irregular. Hace un tiempo se quedó sin trabajo y entonces hizo práctica y adquirió experiencia, pues pudo dedicarle tiempo a un proceso que demanda sosiego, además de técnica.

«Antes no existía esto de encuadernar, pasaba desapercibido. Pero hora no», dice Jana en tono reflexivo mientras explica y describe el proceso. Mira y muestra el papel y las tapas. Toca las hojas pintadas que servirán para cubrir los registros que poblarán cada libreta. Explica con parsimonia y aclara, una vez más, que la paciencia es esencial para encuadernar.

«Compro las resmas en el lugar más barato de todo Montevideo. En el barrio Reus. Son hojas de noventa gramos. Para el lápiz es mejor porque se desliza con más soltura. También son mejores para dibujar», agrega. «La pliego en dos y armo los folios. Es un trabajo que puedo hacer hablando con una amiga, con mis hijos dando vueltas en la casa. Después prenso». Pero no tiene prensa y añade que es fundamental porque da una terminación más acabada. Usa libros y discos para aportar peso. «No me ha rendido el trabajo para comprar una prensa todavía», aclara.

Jana guarda las hojas plegadas y luego cose. Usa hilo especial, «el posta». La aguja que utiliza, grande y fuerte, fue un regalo de Agustín. La muestra y se detiene a mirarla como si se tratara de un tesoro. Sabe que lo es. Se distrae con el detalle y luego sigue.

«Prenso y coso. Y comienzo con otra tanda. Tengo distintas camadas. Si tengo tiempo y espacio para pintar las futuras tapas, aprovecho y lo hago. Coso los folios y al final anudo. Después me encargo de las guardas que van pegadas a la tapa y luego de la tela del lomo que sirve para unir y que no se vea el aire entre las hojas. Esta tela porta firmeza y unidad», agrega.

Cuando las guardas están secas, hay que refilar y, como no tiene las herramientas para hacerlo, va a una imprenta. Luego llega el momento del lomo y de hacer los cálculos porque hay que armar canaletas para que el libro o cuaderno se pueda abrir. Se calculan los milímetros para que no se rompan las páginas de guarda y para que se abra bien.

Durante la charla, en más de una ocasión aclara que disfruta del proceso y realmente se nota. Es evidente en las libretas, en las fotos que toma para mostrarlas y en en cómo lo cuenta. «En diseño existe el control zeta que se usa para deshacer una tarea, pero aquí no», explica. Y agrega: «Aquí lo importante es respetar los tiempos. Este es el mundo de la materia, no podés ir para atrás. No hay retornos, es un trabajo que requiere otros tiempos, otras habilidades. Todo es corpóreo y reparar demanda otras técnicas».

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La expresión de su arte

Con cartulina blanca y muchos colores, Jana plasma estados de ánimo, percepciones e imágenes interiores. Dice que «en las tapas expresa su arte y que son su diferencial» mientras muestra varios ejemplos realizados con cascola, una técnica que aporta textura. Tiene una serie con hojas de ginkgo biloba que juntó y secó, y otra realizada con nogalina a espátula. «La serie ginko es única. Y está mi lado oscuro que se ve en la de nogalina. No la pensé como una serie, pero salió. La serie azul tiene caracoles porque es del mar», reflexiona. Dice que al pintar solo piensa en colores: «Hoy estoy nogalina y otros días en azul, por ejemplo. Todo surge desde el color. Tengo muchas ideas y voy plasmándolos de a poco. Tengo series en mi cabeza y un cuaderno específico para las ideas. En el arte me gustan lo abstracto y las vanguardias. Fuerza y colores fuertes. No soy pastel».

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«Esperé tanto tiempo y ahora puedo hacerlo»

El emprendimiento de Jana se llama Amati, «que significa amado. Amor por los libros, por lo que uno hace». El logo es un libro corazón y «es la representación del amor», explica.

Jana creó el logo, toda la gráfica de la marca y se encarga de la cuenta de Facebook. También, entre el ejercicio docente y el de su familia, encuaderna, procura aprender sobre redes sociales, saca las fotos y arma los textos. «Todo demanda mucho tiempo, pero seguiré de esta manera porque esperé tanto tiempo y finalmente ahora puedo hacerlo», agrega con la satisfacción de dar vida a Amati.

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Un curso de barista y un taller para amantes del café en che.co.ffee, la cafetería de los «chicos checos»

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La movida cafetera montevideana se enriquece con novedosas propuestas: bares y barras de café, venta de accesorios y de granos y, entre otros, un festival que se realizará en la primavera de 2018. El café de especialidad gana adeptos y las cafeterías se animan a enriquecer su propuesta cada día un poco más. Los «chicos checos», que abrieron una cafetería en Punta Carretas hace menos de un año, apuestan por los cursos y proponen dos para agosto: Llegá a ser un buen barista y Taller para los amantes del café.

Las dos actividades estarán a cargo de Haroldo Darnauchans, reconocido barista uruguayo, y tendrán lugar en che.co.ffee, en José Ellauri 544 (Montevideo). Llegá a ser un buen barista es un curso intensivo de dos meses, de 32 horas. Con cuatro horas semanales de clase, la propuesta hará énfasis en la práctica que se realizará en la cafetería. «Es un curso muy completo para formar profesionales que puedan trabajar en una cafetería o en un bar», dice Ladislav Jelínek, barista y responsable del local. «Va desde la semilla hasta el latte art, también los métodos y la máquina de espresso», explica el barista formado en Praga, su lugar de nacimiento.

El Taller para los amantes del café ya tuvo una primera edición y, por su éxito, se realiza una vez más. Es un encuentro especialmente pensado para quienes reconocen la trascendencia del café de especialidad, «quienes compran un buen grano y quieren saber todos los detalles para prepararlo en su casa», explica Jelínek. Además de aprender sobre el café, reconocer orígenes e indagar acerca de los diversos métodos de preparación (prensa francesa, filtro, V60, AeroPress), los asistentes podrán probar bocados dulces porque habrá maridaje con las especialidades que prepara Tomás Navrátil, el otro «chico checo», responsable de la cocina del local.

Con estas iniciativas, che.co.ffee ofrece dos instancias de formación en el ámbito del café en un lugar cálido, donde el café se sirve con profesionalidad y respeto, en el que se respira gratitud. El café de los «chicos checos» se forja así un lugar en el escenario montevideano, con un menú de bebidas de calidad, con diversos encuentros culturales y gastronómicos y la elaboración de bocados originales ―recomiendan el trdelník, un dulce checo muy tentador―.

Llegá a ser un buen barista
Curso intensivo con práctica individual a cargo del barista Haroldo Darnauchans (Uruguay), organizador oficial de la Competencia Argentina de Baristas para la WBC World Barista Championship y reconocido asesor de café en Argentina, Uruguay y Chile.
Primer inicio: lunes 13 de agosto, 15 h
Segundo inicio: sábado 1 de setiembre, 10 h
$ 14.000 (la reserva requiere una seña del 10 % / consultar por financiación en cuotas)
Contacto: 2714 5585, 091446437
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Taller para amantes del café
Un encuentro para sibaritas, para aprender y degustar diversos granos de café y los exclusivos petit fours de los «chicos checos». Un taller con cupos limitados a cargo de Haroldo Darnauchans, barista argentino, fundador de la Asociación Argentina de Cafés Especiales y de la Primera Escuela del Café de Sudamérica.
Fecha: domingo 12 de agosto, 16 h
$ 1.800 (reserva con seña del 50 %)
Contacto: 2714 5585, 091446437
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“Manjar líquido” para comer con cuchara. Sopas en #Alacarta.Uy

Con las temperaturas debajo de los diez grados y el viento ramblero que desmelena palmeras, la sopa gana presencia en los almuerzos y las cenas invernales. Aunque existen apetitosas versiones frías, en la gastronomía uruguaya suelen consumirse entre el otoño y la primavera, con especial énfasis en los meses más fríos.

La sopa es un plato básico que se encuentra en todos los países. Es un «manjar líquido», según el diccionario culinario Larousse Gastronomique, y en sus orígenes era una «rebanada de pan sobre la que se vertía caldo, vino, una salsa o una preparación líquida». Para Harold Mc Gee, referente gastronómico norteamericano y columnista en el New York Times (The Curious Cook), es una clase de de alimento muy versátil, pero difícil de definir. Se preparan con casi cualquier ingrediente, «pueden ser transparentes o turbias, homogéneas o con tropezones, espesas o diluidas, calientes o frías. Mientras sea lo bastante fluida para comerla con cuchara, se la puede llamar sopa», menciona el especialista.

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#MuseosEnGranizo: Facundo de Almeida en el MAPI

“En los carteles publicitarios no veo productos, veo sponsors”

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Museo de Arte Precolombino e Indígena: debates contemporáneos para conocer las culturas americanas

Generar diálogos. El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI, fundado en 2004) es la oportunidad local para acercarse a las culturas indígenas americanas. El MAPI cuenta actualmente con quince colecciones diferentes. «Tenemos algunas piezas del museo, la menor cantidad, que básicamente han ingresado por donaciones y el resto, la mayor parte, en comodato, préstamo o custodia», explica Facundo de Almeida, el director.

La temática del MAPI «no es el hit de Uruguay, obviamente. Lo tenemos claro. La clave es cómo enfocarla. Si este museo fuera tradicional, con el interés de exhibir piezas antiguas en una vitrina, probablemente el interés del público sería menor y vendría muchísima menos gente. Pero nosotros vamos más allá, la exhibición de piezas en una vitrina está supeditada a una práctica y a un discurso que las excede.

De Almeida profundiza: «Nos importan los objetos, por supuesto que los cuidamos y exhibimos, pero los tenemos en función de “decir algo”. En el MAPI nos interesa conservar los objetos para mostrar las culturas americanas. Tenemos piezas de hace diez mil años y algunas otras con un debate muy interesante —tienen treinta mil años y se discute, a través de ellas, si hay marcas humanas que puedan datar la población de América—. Y tenemos piezas contemporáneas: una vitrina con canastos realizados por una comunidad guaraní que vive en San José».

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Un uruguayo en Nueva York en #AlcartaUy

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Charrúa, la propuesta gastronómica de Gonzalo Bava

Hay miles de uruguayos en Nueva York y un buen número en el rubro gastronómico. Gonzalo Bava no es el único, pero tiene algo particular y se distingue, en la espesura de sabores de esa gran ciudad, por su genuina amabilidad y una propuesta culinaria con raíces criollas. Es un uruguayo de puertas abiertas y mesa tendida.

En Manhattan, en el Lower East Side —cerca de Chinatown— el Charrúa Uruguayan Bistro de este amable compatriota mira a la calle, en una zona de mucho tránsito que está, particularmente, de moda entre los foodies. El local es chico, con muchas sillas y algunos detalles uruguayos: el nombre, unas fotos, la bandera y un carta que es muy criolla.

Desde hace tres años, en el restaurante de Bava se sirven chivitos uruguayos y algunos otros platos de nuestra gastronomía en una ciudad en la que se encuentran todos los sabores del mundo. Y ese no es el único gran desafío, también «dar a conocer a Uruguay y su gastronomía», explica el empresario con cierto tono de resignación. Su experiencia gastronómica en los Estados Unidos comenzó en 2002. Trabajó en diversos restaurantes, aunque nunca en la cocina propiamente dicha porque, como explica, es un «cocinero amateur».

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Cuatro cafeterías con personalidad

La Greca Café, Tándem, Nómade La Tostaduría y Che.Co.Fee

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El panorama cafetero de Montevideo continúa nutriéndose de nuevas propuestas. En el último año, numerosos locales desde la Ciudad Vieja a Carrasco han abierto y ofrecen café en sus múltiples variedades. Más allá de la cercanía geográfica, de un determinado interés o vínculo, ¿cómo elegir y evaluar una cafetería?

Sabor, atmósfera y honestidad

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La empresa de alimentos Stockton Graham & Co (EEUU) se especializa en el tostado del café y en la implementación de cafeterías con vasta experiencia y renombre en el área. Según su eslogan, «fusionan el arte y el negocio del café» y para ello han desarrollado diversos programas. En particular, han investigado las claves del éxito y de la lealtad de los clientes y describen algunos parámetros esenciales: sabor, servicio y atmósfera.

El café es el aspecto más importante de cualquier cafetería

Para estos expertos, el café es el aspecto más importante de cualquier cafetería. En Winning Customer Loyalty mencionan que el 45 % de los consumidores de la bebida considera que el sabor es la razón por la que son fieles a un lugar.

En segundo término ubican el servicio pues,«al fin y al cabo, una taza de buen café depende de la habilidad del barista». Por ello, la experiencia y la formación permanente  son fundamentales. También consideran la eficacia, la rapidez y la comodidad del lugar.

Por último, pero no menos importante, está la atmósfera que sintetiza y representa los parámetros anteriores. La distribución de las plantas y la decoración impactan en la experiencia del cliente, además de la iluminación, los colores y la música. La atmósfera, según Stockton Graham & Co, debe estar en consonancia con los consumidores y a sus necesidades (mesas para reuniones si el local está ubicado en una zona comercial, áreas para el cuidado de los niños en las cafeterías próximas a tiendas de moda y acceso con mascotas para los cafés de los parques, por ejemplo). 

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En el ámbito local, Claudio Lombardo —Club de Chefs, Gerente de Márketing en Woow— también considera que una cafetería debe servir buena bebida, tener ambiente y atmósfera. «Lo más obvio, entre lo primero que busco, es el café», explica. «Pero suman mucho el ambiente y la atmósfera. Me gusta que tenga las posibilidad de estar, charlar y trabajar con el espacio adecuado para hacerlo».

En la búsqueda de esos lugares, Lombardo señala, con un dejo de pena, que casi han desaparecido los cafés de barrio, aquellos «atendidos por su dueño con el delantal puesto, el repasador en una mano y la oscilante bandeja (que nunca se caía) en la otra». «Se fueron perdiendo —agrega—, no supimos aprovecharlos ni disfrutarlos. En Buenos Aires o a cualquier lugar de Italia, esos cafés son los mejores. Los modernos, más cool están muy bien, pero para mí el café típico es inigualable. Estar parado en la barra y tomar un café con los parroquianos sigue siendo un lugar muy disfrutable».

La honestidad es fundamental

Los cafés de barrio tenían personalidad, eran auténticos y tenían «honestidad en la propuesta, algo que es fundamental», comenta Lombardo y que los más nuevos también pueden conseguir. «No se trata de buena vista, decoración o ambientación, sino de tener personalidad. Muchos de los cafés que abren ahora quieren parecerse a otros y al final eso no funciona. La honestidad en lo que ofrecen es fundamental. Ser propios, ser auténticos».

Con los parámetros propuestos por los especialistas, el paladar listo para abundantes cafés y libreta en mano, visitamos cuatro cafeterías montevideanas. Mientras tanto, la lista crece y las oportunidades de un café de verdad se multiplican en la ciudad.

La Greca Café (Barrio Sur)

Una casa vieja, reciclada, diversos ambientes, diferentes mesas. Un corredor al aire libre y una pared descascarada para recordar la historia de ese hogar. Sillas de reja de los años 80, otras de bar y gente muy amable (con acento del caribe). En La Greca Café abunda la calidez que brinda la  madera, en las mesas, en la mayoría de las sillas y en el servicio. Hay una vitrina con tentaciones para el desayuno y la tarde. Se escucha buena música y hay penetrante olor a café, intenso, inspirador. Así es la atmósfera de La Greca que tiene un logotipo encantador con la esencia del café italiano de hogar: la cafetera Bialetti. Un logo sencillo e icónico con recordación, ¡perfecto!

La carta de La Greca tiene espresso, doppio, lungo, americano, cappuccino, cappu largo, flat white, machiato, latte y latte macchiato con explicaciones para cada bebida. También hay jugos, té frío y refrescos Chi. Para acompañar: galletitas, magdalenas saladas, scones de queso, medialunas porteñas, tortas y budines y coffeecakes («Capas de distintas texturas: húmedas, suaves, crujientes. Son la mejor manera de acompañar un café», según se explica en la carta).

El cappu largo lo sirven en «tazón tipo casa de abuela» que concuerda con el lugar. Es vehemente y perfecto para un buen despertar y ni qué hablar para encarar la tarde, pues tiene la dosis suficiente que brinda la adrenalina de un buen café. Es una bebida contundente, se siente el aroma y tiene un sabor definido.

La Greca Café es un buen lugar para trabajar en solitario o en pequeños grupos. También para un encuentro en pareja, familia o amigos. Es distendido, acogedor y gentil.

Tándem (Cordón Soho)

Las grandes ciudades del mundo se precian de tener emblemáticos «cafés ciclistas» y Montevideo tiene el suyo desde hace unos meses . La propuesta local tiene el corazón ciclista del Rapha de New York o La Bicicleta Café de Madrid. Se llama Tándem, está en el Soho del Cordón y combina taller de reparación―desde pinchaduras hasta un ajuste general―, venta y alquiler de bicicletas, de ropa y accesorios, y cafetería.

En este bicicafé hay un atractivo despliegue visual de las marcas Linus y Thousand que aportan clase y garbo. Y, entre el brillo y la estética ligera de las bicicletas urbanas y de ruta, una mesa comunal de madera y una barra frente a la ventana invitan a saborear un café de origen en un lugar prolijo y ordenado (¡también la zona de reparación!).

La carta de Tándem ofrece espresso (simple y doble), americano, macchiato, capuccino, latte y mocha. El sabor del café no defrauda, tampoco el servicio y la presentación (arte late en jarritos de cerámica ALFE). Para los que gustan maridar café y leche, hay entera, descremada y vegetal, y bocados dulces y salados para acompañar. Además del rubro café, sirven té y jugos Good Vibes.

En el ambiente del pedal montevideano se elogia la apertura del emprendimiento que incluye alquiler de bicicletas, una estación de autoservicio (con inflador de pie y algunas herramientas) y la recarga de cafeína mientras se coordina o se espera una reparación. También de paso, en bicicleta (con bicicletero afuera y estacionar adentro, según las preferencias del ciclista) o en cualquier otro medio. Además, la bicicafetería comienza a posicionarse como un lugar temático de encuentro y con actividades especiales: la celebración del primer cumpleaños del grupo Café con Ruedas y la realización de un taller de reparación ligera de bicicletas ―planificado, en exclusiva, para mujeres―.

Café Nómade La Tostaduría (Cordón Soho)

En el último café Nómade de la ciudad, el del Cordón, se respira el aire de las cafeterías de las grandes metrópolis. La propuesta, que alberga la cafetería (Nómade) y la tostaduría de MVD Roasters, es la de una barra de café con un servicio rápido y muy profesional a cargo de baristas especializados.

El local es amplio, despojado, masculino y de estética fabril. Tiene mobiliario de metal negro, estacionamiento interior de bicicletas y un grafiti de marcada rebeldía. Las mesas y las sillas de Nómade La Tostaduría contrastan con un suelo de cemento pulido que favorece la continuidad de la calle al interior de un local en el que abunda la luz natural. El barrio se mete en la cafetería mientras los clientes piden las bebidas en la barra y los baristas despliegan técnica y arte.

La carta de la cafetería está agrupada en bebidas negras, con leche y frías. Entre las primeras hay espresso, long black, americano y los métodos. Con leche —entera o descremada— hay macchiato, flat white, capuccino y latte. Y, entre los fríos, se puede elegir un cold brew, ice latte o espresso.

Todas las bebidas con leche de Nómade La Tostaduría tienen la combinación perfecta y la cremosidad que aportan la máquina y la buena mano del barista. Las sirven en un tazón de cerámica que es el contenedor ideal para bebidas con intensidad y con delicados dibujos del arte late.

Los métodos (V60, Chemex, AeroPress, sifón y prensa francesa) son un capítulo aparte y merecen una visita en especial para ver cómo los preparan y degustar sus cualidades. Si, además, Nómade La Tostaduría justo está en «modo fabril» (tueste, molido, embolse), la experiencia será completa con un aroma insuperable.

Leer artículo de la autora en Alacarta.uy (portal gastronómico)

Che.Co.Fee (Pocitos)

Los #chicoschecos tienen un casa bien ambientada, con mesas de madera (lo suficientemente grandes como para trabajar), sillas muy cómodas, algunos enchufes y buena wifi. El encuadre del lugar es original, en especial la escalera pintada de rojo que hace las veces de biblioteca.

En Che.Co.Fee sirven bebidas frías y calientes con granos de especialidad de Nicaragua o Colombia. Entre las propuestas para acompañar, se destacan los dulces checos (dicen que la medovink, una delicia con miel y nueces, es inolvidable). El servicio es atento y esmerado y el cortado es rico, intenso, servido con la espuma suficiente para que se luzca el arte late. Tienen una promoción (tarjeta tipo cuponera) para premiar la fidelidad: cada ocho unidades, una va de regalo.

La «cafetería de los checos», como ya se conoce en el medio, ofrece además un programa cultural original con varios encuentros en torno a la cocina checa, sobre el café y de galletitas, entre otros.